4ª de Fallas en Valencia. Ni buenos ni mediáticos
12.03.07 @ 21:09:38. Archivado en Toros, Crónicas
Rizando el rizo de la falta de interés y del consabio aburrimiento, padecimos la cuarta de feria a la paciente espera de próximas y mejores ocasiones sobre el papel. No hubo gente como en la anterior tarde ni tampoco los tres modestos y por nada mediáticos matadores lograron estar a la altura de un estupendo envío de Samuel Flores. Tan solo destacó El Califa que solo cortó una oreja del muy noble cuarto toro cuando debería haber desorejado a los dos de su magnífico lote. Como desmotivado y falto de ilusión pareció andar Encabo y para el arrastre terminó el casi desconocido Tomás Sánchez. Infumable jornada, pues.
Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 12 de marzo de 2007. Cuarta de feria. Tarde muy fría con media entrada. Seis toros de los dos hierros familiares de Samuel Flores, presentados con mucho cuajo y abundante aunque gacha cornamenta. Salvo el segundo, mirón y corto de viajes, y el mansote tercero que se vino abajo, los demás muy manejables y algunos como el primero, el cuarto y el sexto, francamente nobles. José Pacheco El Califa (nazareno y oro): Pinchazo en los bajos y estocada caída, ovación y vuelta por su cuenta. Buena estocada, oreja. Luís Miguel Encabo (azul cobalto y oro): Tres pinchazos, estocada y dos descabellos, aviso y silencio. Metisaca en los bajos, silencio. Tomás Sánchez (verde botella y oro): Buena estocada, palmas. Pinchazo hondo, estocada tendida tres descabellos, silencio.
Apenas encuentro motivos y aún menos perchas o pretextos donde agarrarme para escribir esta crónica con argumentos mínimamente entretenidos para el lector. Y como nos aburrimos cual ostras abandonadas en los fríos mares, mejor no aburrir yo a mis seguidores con excesivas cuitas sobre lo mal que anduvieron ayer los meritorios toreros. Y si digo meritorios es por el respeto que se debe tener a estos tres muchachos por el solo hecho de ponerse delante de unos morlacos con toda la barba y sin afeitar, por cierto.
El cartel carecía de atractivos pese a que la corrida de Samuel Flores sí tenía interés por su fama y la buena presencia con que suelen criarlos en esta ganadería y lo cierto fue que cuatro de los seis embistieron con notable franquía, sobre todo el lote que le correspondió a El Califa. Un torero como ahora El Cid, casi siempre favorecido por la suerte a la hora de hacer los sorteos.
Cuando vimos aparecer en la puerta de cuadrillas al ya casi olvidado El Califa, no pude por menos de acordarme de aquellos años en los que a los colegas de la prensa taurina valenciana y a varios de los de Madrid les dio por creer y hasta por repetir que estábamos ante otra gran figura de esta tierra valenciana, capaz incluso de competir con Enrique Ponce. ¡Nada menos¡. Hasta acusaron a Ponce de vetarlo. ¡Pero hombre, por Dios…¡ Yo, desde luego, no ví tantas virtudes a El Califa y mis muchos detractores volvieron a señalarme enfurruñados. Al cabo del tiempo, siento que no tuvieran ellos la razón en vez de tenerla yo como en tantas otras ocasiones. Y sobre todo lo sentí mucho más ayer porque si cualquiera de las denostadas figuras de cualquier época se hubieran encontrado con los dos toros de Samuel que ayer le correspondieron a José Pacheco, habrían logrado un triunfo de clamor. El Califa consiguió salvarse a medias de la quema, incluso cortó la oreja del cuarto, como por poco corta también la del primero, pero ninguna de sus dos faenas tuvo la categoría de los toros con que se tropezó y pese a que en comparación con sus compañeros de terna anduvo y hasta pareció mucho más torero, no dio la talla. Nunca la dio.
Aún menos, como digo, la dio Luís Miguel Encabo al que vimos como desilusionado, desmotivado, mecanizado para cumplir simplemente el compromiso en sus intervenciones por supuesto que en su caso obligadas en los tres tercios. Ni siquiera brilló a la hora de banderillear primero alternando con Tomás Sánchez y luego en solitario. En el momento de escribir estas líneas una hora y media después de terminada la corrida, no me acuerdo de nada de lo que hizo. Síntoma fatal. Nada que objetar en su primero que fue el peor toro con mucho de la tarde. Pero con el bastante mejor quinto, infinidad de pases sin sustancia alguna. Como un robot sin alma.
Peor y ya es decir, el bastísimo Tomás Sánchez del que me niego a escribir una palabra más para que ustedes no me manden a mí al infierno que es en donde terminaríamos todos si relatásemos los horrendos lances y pases que pegó en derroche vulgar. Volverle a ver será un suplicio.
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José Antonio del Moral
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