Olivenza: Ponce y El Juli no encuentran quien les tosa
05.03.07 @ 08:31:51. Archivado en Toros, Crónicas
El valenciano abrió su campaña española con un faenón inenarrable que fue, con mucho, el mejor de la feria. Y el madrileño dando una magistral clase de técnica y de temple con lo que arregló un desastroso festejo por culpa del ganado, por cierto muy deficiente en líneas generales pese a la categoría de las divisas anunciadas en las tres corridas. Lo que ambas grandes figuras lograron, independientemente de los trofeos que consiguieron, tuvo mucha más importancia y tendrá más trascendencia que lo conseguido por los demás triunfadores de la feria oliventina que, en esta ocasión, se superó a sí misma en asistentes hasta el punto de convertirla en incómoda y carísima. Una verdadera crisis de crecimiento a la que habrá que poner remedio para que no se desborde por completo.
Impresionante el gentío que abarrotó Olivenza el pasado fin de semana convirtiendo en casi impracticable el precioso y ya famoso pueblo de Badajoz. Absolutamente imposible lograr sitio en los mejores restaurantes; carísimos los mediocres y más los malos; atiborrados hasta lo imposible los bares; dificilísimo poder aparcar; complicado buscar plaza en un hotel decente; y la mayoría de los que tuvieron la suerte de tener un sitio en la plaza de toros hubieron de ocupar sus asientos con muchísima antelación y tardaron aún más en poder abandonar sus localidades. Los accesos y vomitorios, atascados, resultan a todas luces insuficientes y hasta diría que potencialmente peligrosos. La feria de Olivenza está creciendo tanto que, de seguir en su progresión ascendente, podría terminar desvirtuada víctima del éxito. Lo digo porque eso mismo ha ocurrido con otras fiestas populares y/o elitistas aunque los que las organizan se muestren siempre encantados con el crecimiento. Sobre todo por cómo se forran. Pero, en fin, otros vendrán que buenos les harán.
Los muy atractivos carteles – tres corridas en dos jornadas con Enrique Ponce como base, El Juli abriendo la feria y varias jóvenes promesas del toreo - dos de ellos locales - en lid frente a los maestros, concitaron una expectación ilimitada. La temporada se ha ido muy arriba antes de empezar a cuenta de lo que la afición espera de la batalla que se anuncia entre los consagrados y media docena de ilustres aspirantes, y la presión que depara tal disputa ha puesto las calderas a reventar. Y eso pese a la forzosa ausencia en Olivenza de Sebastián Castella, el más adelantado entre los principales acosadores. E incluso sin que la empresa hubiera podido contar con José Tomás, como todos ya saben decidido por fin a reaparecer aunque después de que finalicen las ferias de más compromiso.
Otro cantar fueron lo toros. Muy mal presentadas las dos primeras corridas de Daniel Ruiz, disminuída en todo, y de Zalduendo, en desigualísima escalera. Bien en cambio la tercera y más cuajada de Núñez del Cuvillo. Y en general de muy pobre juego con lo que contrariaron a su fama y categoría. La peor, la primera que arregló El Juli con una faena frente al toro con más personalidad de los corridos, un manso muy huidizo con buen fondo que el madrileño supo descubrir con la maestría que le caracteriza hasta lograr redondear un trasteo realmente soberbio en el que la ciencia se tiñó de excelencia estética, perfecto desarrollo y brillante armonía. Un imán la muleta de El Juli con el que subyugó a su oponente. Y antes, un precioso y preciso quite por chicuelinas y tafalleras que anunció lo que vendría después. Toda una lección del todavía joven maestro a sus esa tarde atentos alumnos, José María Manzanares y Miguel Ángel Perera, que también cortaron oreja aunque poco tuvieron que ver en peso las que cortaron ellos en comparación con la que le dieron a El Juli que perdió la segunda por pinchar.
Y es que antes le habían regalado la primera a Perera por puro paisanaje. No logré ni adivinar esos progresos de los que tanto hablan sus nuevos mentores. Muy valiente, como siempre, pero tan vulgar y tan inexpresivo como casi siempre. Y Manzanares, en mi opinión mucho mejor - por mecido, templado y solemne - con su primer y flojo toro – el segundo – que con el más brioso quinto con el que se aceleró demasiado, sin duda espoleado tras la prodigiosa demostración de El Juli. Hay que mantener la calma y no dejar que los pulsos se alteren. Magnífico, sin embargo, con la espada en sus dos toros Manzanares. Ahora mismo es el matador más seguro de todo el escalafón. Se perfila en corto con la espada girada en vertical que entierra derecha horizontal inmediatamente después con una entrega y una seguridad propias de elegido. Por eso cortó la oreja del quinto. Yo le hubiera dado la del segundo.
Enrique Ponce actuó en las dos corridas del domingo. Portentoso en la matinal con un toro de Zalduendo – el muy manso y al final muy noble cuarto – para dar respuesta inapelable a lo que ya habían hecho Morante de la Puebla con el segundo, por sembrado e inspirado artista, y Alejandro Talavante con el tercero al que cuajó una faena bastante mejor que las que le vimos en Écija. Pero ambos anduvieron por bajo de la clase de sus dos toros y de ahí la enorme distancia con lo que luego llegó de las manos de Ponce. Un faenón marca de la casa – el primero de éste en el que cumple dieciocho años de alternativa - que quizá sea de los mejor ligados por Enrique en su larga vida profesional. Sobre todo los ayudados por bajo rodilla en tierra finales en los que la filigrana técnica que supusieron unos especiales cambios de mano entrelazados, fueron una nueva aportación técnica que esta temporada llamará mucho la atención cada vez que los lleve a cabo. De haber matado como al primero, habría cortado un rabo. Pero nadie parece importar ya que Ponce pinche cuando torea como últimamente. Incomparable e indestronable Ponce. Tanto es así que, después, Morante y Talavante con otro toro de clase – se llevó el mejor lote – no dieron pie con bola víctimas del síndrome poncista.
Luego, por la tarde – lluviosa e incomodísima -, el valenciano no tuvo ninguna suerte con sus toros de Cuvillo de los que, no obstante, sacó todo el partido que cabía esperar, mientras sus colegas sí encontraron material idóneo a sus intenciones. La atención se centró sobremanera en José Ortega Cano que reapareció enlutado y más teatral que nunca en medio de centenares de cámaras y enviados especiales de los espacios del corazón. Me abstengo de opinar taurinamente por respeto a su desgracia que él, por lo visto, no tiene, como tampoco por sí mismo ni por su propia historia y dignidad. Era una locura y a fe que mejor hubiera sido quedarse en casa. Y ello pese a la orejita de regalo. Ya lo verán si es que alguien le contrata. Solo será, imagino, en las plazas de sus apoderados. Porque en las otras… Qué penita y qué dolor.
Y el triunfo insoslayable del espectacular Antonio Ferrera en su tierra. Tan efusivo, entusiasta, tan dispuesto y demagogo como siempre. Salió, claro estuvo, a hombros y, por supuesto, siguió y seguirá donde estaba que es bastante. Enhorabuena.
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José Antonio del Moral
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