Si hubo un español, fue Lope. En él se encuentra cuanto fuimos mientras fuimos algo. Y en la plenitud de su triunfo, aclamado, querido y amado, cuentan que la envidia lo devoraba. Quiso ser reconocido y admitido entre los poderosos, entre los dueños de la sangre, entre los cortesanos, los aristócratas, los alzados a la condición de semidioses bajo el sol de la Monarquía, y nunca lo consiguió. Era envidiado y envidioso, todo lo contrario de lo que nos había recomendado Fray Luis (“…ni envidiado ni envidioso”) algunos años antes, él, al que la “envidia y mentira” lo enviaron a la cárcel. Lope creyó que el mérito le llevaría hasta los Grandes, y los grandes en España siempre miran al mérito como a una cucaracha: es la cooptación, la pertenencia y el apoyo del clan lo que conduce en España al palacio cerrado de los elegidos.
Zapatero ha llamado a los pretorianos no sé muy bien si para que le defiendan o para defenderse de ellos. Hace muchos años que pedí que su guardia acabara con Zetalígula, y ese es, al fin, el resultado práctico del cambio de Gobierno y el ascenso a valido de Rubalcaba: que nos encontramos con un gobierno intervenido por su propia facción y ficción, que a ZP lo han secuestrado en la máquina del tiempo felipista y lo han desembarcado en aquellos años finales del GAL y la corrupción a los que quiso repudiar, entre aquellos veteranos a los que despreció, para que sepa y deguste que sin ellos no es nada, un fantoche que en una situación incomparablemente mejor que la que ellos se encontraron ha conducido a España a la ruina y al PSOE al ridículo.
Han decidido que vuelvan las mordazas. Lo que al algunos más nos irritaba del franquismo era su mojigatería, aquel puritanismo hipocritón que en nombre de Dios mataba la vida. Pero al menos aquellos curas creían en Dios. Y estos curas socialistas de hoy cambian de Dios hijo sin cambiar de Dios padre, el poder, y ya no creen ni en Zapatero, el robespierre meapilas, el mosquica muerta que hizo de la cobardía un ideal de conducta, bajo la que escondía las pulsiones totalitarias con las que la izquierda acaba siempre pretendiendo someter a los pueblos y perpetuarse como “clase gozante”.
Eso, el control de las sociedades, la imposición de una ideología que desarbole la libertad y envíe a los gulags, reales o morales, a los disidentes, es lo que se esconde tras la escandalera farisea
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez