Yo quiero que Zapatero se quede, que se presente, que gane. Cinco años más con este prodigio de jeta (por eso pacta con los jetales, ¿o son jeltzales?) podrán dejar España en polvo, sin sentido, polvo será, mas polvo desguazado, y que me perdone don Francisco de Quevedo, pero nunca habremos visto tales maravillas. No le bastaba con darles naciones a cuantos se las pidieron, ni hasta el último euto que quedaba en la sentina, ahora les ha entregado el mar, la mar inmensa, convertida en jugosas parcelas. Coalición Canaria se va de la Moncloa llevándose el mar con ella, unas aguas territoriales en las que ya no podrá pescar ningún godo jediondo.
Cada día se parecen más a lo que recuerdo del franquismo, la excomunión de los discrepantes, la atribución de intenciones oscuras y 'subversivas' a cualquiera que criticara la infalibilidad del Caudillo o el encanallamiento que había ido floreciendo a su alrededor, recubierto siempre de 'ideales' y retórica obscenamente hueca. Se habían convertido ya en la carcasa de sí mismos, un decorado institucional que se caía a pedazos a la misma velocidad que el envejecimiento del General.
Y será porque buenas parte de los jerarcas del Régimen Socialista son descendientes de aquellos que medraron al amparo de Franco, pero sus gestos, sus conspitraciones permanentes, su uso de los medios bajo control, su intento de ordenar la vida y, sobre todo, su descalificación de cuantos manifiestan el rechazo a Zapatero bajo la especie de 'ultraderecha', recuerdan en todo a aquellos ultras recalcitrantes que llamaban 'rojo' a cualquier muchacho que se manifestara por la democracia.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez