La idea vendría a ser ésta: ahorrar es de derechas; gastar, de izquierdas. A partir de esta simpleza, empezarían los matices. La derecha limitaría el llamado gasto social (pensiones, sanidad, educación, subsidios varios), y reduciría el Estado, privatizando servicios y bajando los impuestos para dar oportunidades de negocio a la clase dominante a la que pertenece. Al contrario, la izquierda incrementaría el gasto social, subiría los impuestos y agigantaría el Estado, creando cada vez más nichos de compromiso público (lo que otros llaman el pesebre), extendiendo sus tentáculos y subvenciones a todos los ámbitos de la sociedad, ocupando crecientemente los espacios de libre iniciativa, e invirtiendo ingentes cantidades en aparatos ideológicos que convenzan al ciudadano de las ventajas de la estatalización, para ser guiados en la vida por el Estado Gran Hermano que les proveerá de cuanto necesiten.
Íbamos a fascinar al mundo. Otra vez la España carcomida de deudas, de hidalgos hipotecados y lazarillos en paro, la de los nuevos señores en sus carrozas audi municipales y tintadas, volvía a creerse la dueña de los mares simbólicos. Cuatrocientos años de derrotas serían, al fin, vengados, y nuestros once estilistas rojos, convertidos en ídolos contra la tristeza, pasearían sus naves victoriosas por los estadios del edén. España fatal y siempre ignorante de la fatalidad. España de los milagros, de la Providencia, convencida de nuevo de que los cielos del tiqui-taca la protegerían, que su solo nombre pondría en fuga a los ingleses, que ayer eran suizos. Pero sigue habiendo elementos. Y nosotros nunca los tuvimos en cuenta.
Preparan los alemanes la máquina de fabricar marcos –esa moneda a la que los demás llamamos euro- para salvarse de nuestra ruina. De momento nos sostienen de los pelos, pero si no aprendemos a nadar solos, terminarán por soltarnos. Entretanto, gastamos el dinero que no tenemos en entregárselo a una banca cuasi rota para que nos compre la deuda que necesitamos vender para darles el dinero a ellos. Al engendro le llaman FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria). Lo mejor es que es un fondo sin fondo y sin fondos. Detrás no hay nada. Ni industria ni productividad alguna. Sólo los sueños de grandeza de un tenor hueco que hasta hace un año se paseaba por el mundo, ufano y risueño, alardeando de nuestra fortaleza bancaria y de nuestro ‘sorpasso’ (adelantamiento) de economías como la francesa y la italiana. Acabamos de tener que soportar que il cavaliere Berlusconi se descojone de ZP y de la España que representa, le diga tonto delante del mundo y lo deje descompuesto frente a las cámaras y los micrófonos. España es hoy el payaso de Europa, otra vez la tribu de Caín incapaz de gobernarse a sí misma, hidalga y mísera.
Hay que echar pieles de cristiano a los leones de la clientela. En el pesebre braman porque van a reducirles las gollerías, y hay que calmar a los adeptos. Mientras el Imperio se hunde, vuelve el circo con más fuerza que nunca, y la arena se llena de Cristos, sotanas, cofias frescas de monja para entretener a los desesperados que creyeron en un PSOE socialdemócrata y europeo y se encontraron de nuevo con el anticlericalismo enmohecido, con el Frente Popular pasado por los espejos del Callejón del Gato y aliado con la carcundia nazionalista de cuantos odian a España.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez