El fútbol es la infancia que perdimos. Por eso es más grande que la vida, porque es la única vida en plenitud que hemos conocido, la única perfecta, completa. El fútbol es la memoria de aquel paraíso donde sólo importaba el balón, el juego en el que alguna vez fuimos ángeles, aquel pase, aquel remate de cabeza, la gloria de una finta. Me desplomé el pasado miércoles cuando un joven croata nos dejaba otra vez sin Copa de Europa, nuestra copa. Hacía muchos años que no sentía un dolor casi físico, tan limpio y tan intenso, tan infantil, tan puro. No era el dolor adulto, inaplacable, que el deambular de los años nos ha ido infligiendo con la muerte de los que amábamos o la conciencia de nuestro acabamiento, ese dolor que se extiende y te acompaña para siempre y al que llamamos congoja.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez