Pasear por las calles de la Habana vieja es hacerlo sobre el cadáver de España. Carcomidos por la ruina, la humedad, el abandono, apenas sostenidos por vigas improvisadas, los palacios y las casas coloniales van siendo devorados por la soledad y la tristeza de unas calles semiinundadas, llenas de socavones, sucias y malolientes por las que los negros, los mulatos, los lavados sobreviven a su miseria. He visto la pobreza en muchos sitios, pero esto es otra cosa, un desmoronamiento, la extinción de un mundo, una memoria desconsolada de lo que algún día fue una de las ciudades más hermosas que los hombres jamás levantaron.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez