Confieso que me sorprendió. Escuchar el discurso que nuestro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dirigido al mundo desde Copenhague me ha producido una intensa emoción. Tengo que reconocer en justicia que la alocución ha sido un acontecimiento
Toda la realidad de este socialismo falsario que se dice defensor de los desheredados, podría resumirse en el muy diferente trato que les ha dado en los últimos días a los agricultores, siempre los últimos, y a los de la zeja, artistas presuntos y millonarios verdaderos. Mientras Zapatero y su gobierno se esmeraban en satisfacer las demandas de sus apesebrados, hasta que la revolución de internet se les echó encima, con los pobres agricultores todo fueron desprecios. No se dignó ni a recibirlos en Moncloa.
Me crié en el cine. Primero me llevaban mi madre y su amor al cine en el cesto. Luego, me soltó por el pasillo y ejercí la impunidad de corretear arriba y abajo ante los seguros deseos de asesinato del resto de espectadores. Pero entonces todo era familiar, empezando por los propios cines, y siguiendo por la películas, en las que raramente ocurría algo que no pudiera ver un niño. Y, si ocurría, nos decían “tápate los ojos” y tú abrías los dedos y veías el beso encendido, la alcoba que se cerraba o el crimen con que comenzaban o culminaban las “pasiones humanas”.
Jueves, 16 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo