Ha vuelto y ya tiemblan las hordas catalinas. Florentino Pérez supone la continuidad de aquel imperio que construyó Bernabéu porque es el único que ha sabido entender y adaptar al siglo XXI la esencia del fútbol que definió el gran don Santiago: que el fútbol es, como el cine, una fábrica de sueños, y el Real Madrid, su profeta.
Y los sueños se encarnan en arquetipos, en mitos, en héroes o semidioses que alientan la emulación, el talento, el sacrificio y la lucha, la imaginación y el genio creativo, todos los valores que los totalitarismos intentan sofocar siempre para someter al individuo. El fútbol, o el tenis, son aún reinos de la meritocracia, los últimos en un país como España que ha expulsado al mérito de su sistema de promoción social y de su educación, y que por eso se hunde, por la ruina de todo aquello que alguna vez, aun cuando fuera en escasos momentos de nuestra historia, nos hizo una gran nación.
Dicen que en una situación de crisis resulta obscena la cantidad que el Madrid va a pagar por dos jugadores.
Al contrario, creo que es lo único esperanzador que ha ocurrido en los últimos años. Florentino es el modelo de cómo y en qué hay que gastar lo que tenemos, frente a los ejemplos de Calderón y ZP, auténticas simas donde se combinaron –y qué curiosa su coincidencia- el derroche idiota, el uso torticero de las leyes y la concepción del poder como un instrumento para el propio medro, con los resultados conocidos: la vergüenza para el primer club del mundo, y la conversión de España en una nación dudosa y dudable en manos de quienes sólo soñaron siempre con destruirla. Laporta, por ejemplo, síntesis del resentimiento por lo que nunca serán.
Por eso resulta tan reveladora la reacción del nacionalismo catalán –no de todos los catalanes, hagamos siempre esta precisión-, tanto en la boca del pequeño Napoleó –así llaman ya a Laporta-, como de esos sicarios del peor nacionalismo en que han acabado convertidos los antiguos comunistas catalanes del PSUC. Me refiero a esa cosa llamada Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV), que a través de su portavoz parlamentario, Joan Herrera (el Madrazo catalán), ha reclamado nada menos que la limitación de salarios de los deportistas. ¡Odo!, sólo se le ha ocurrido cuando el Madrid ha fichado a Cristiano Ronaldo. Era esperable: ellos quieren que, como en Rumanía, siempre gane el Steaua, el equipo de Ceacescu; o sea, el Barçeaua, el equipo de Zapatescu.
No conviene olvidar, sin embargo, que Florentino cometió graves errores, no empresariales, pero sí derivados de una concepción en exceso empresarial de un fenómeno humano, demasiado humano, como es el fútbol. En primer lugar, y por una cierta revancha, se deshizo del mejor medio centro que ha tenido el Madrid en décadas, Fernando Redondo, por apoyar a uno de sus adversarios en las elecciones. Y lo remató permitiendo la marcha de Makelele, por no considerarlo ‘galáctico’, con lo que dejó al equipo roto, sin lo que es decisivo en el fútbol moderno: el centro del campo, los que organizan, pìensan, marcan los tiempos. El Madrid siguió fichando estrellas, pero ya no levantó cabeza. Traicionó su propio pensamiento, se equivocó al confundir a los mejores con los más famosos.
Y por eso cometió su mayor error: echar a Vicente del Bosque, el que debió ser su Miguel Muñoz y ganarle muchas Ligas y Copas de Europa. Otra vez le perdieron el glamour… y Valdano. El exceso de menottismo de Valdano le lleva a creer que un buen entrenador depende de sus trajes. No sé si Pellegrini será capaz de reunir voluntades tan arriscadas como las de los niños mimados que inevitablemente son siempre los mitos, pero para manejar ese vestuario nadie como Del Bosque. Pónganle a Valdano a alguien que le recuerde que el fútbol es también sudor y lágrimas, barro y furia.
La que le regalaron al Barcelona en forma de Eto´o. Ese fue su cuarto y definitivo error. Eto´o estaba destinado al Madrid, a llevarlo a una hegemonía de una década. Tenía en estado puro, y se las dio a un Barcelona que nunca las tuvo, todas las virtudes que nos hacen ser madridistas: las de quien no deja de luchar, de matarse por los colores que viste, de dar el alma en cada partido. La velocidad, la agresividad, la tenacidad, la garra, el hambre, el espíritu de superación, el carácter indomable de los guerreros como Pirri, Di Stéfano, Stielike, Grosso, Camacho, Hierro o Raúl. Fue, por tanto, una vez más, la traición a sí mismo la que le llevó a desprenderse de quienes hacían posible el brillo de sus estrellas y alimentar así al enemigo. Es como si Mariano Rajoy hubiera escondido a Pizarro en el Congreso después de ficharlo. ¿O es eso lo que ha hizo?
Habrá que confiar en que hayan aprendido las lecciones de su propio pasado: que los grandes equipos no se construyen sólo con el dinero. Al fin, lo que Florentino trae es imprescindible: la ilusión, una fe renovada en que es posible salir de los agujeros negros en que los malos gobiernos nos dejaron fichando a los mejores, que es el único modo de recuperar la supremacía, de volver a conquistar la voluntad popular, de rehacer la máquina de sueños. Y de salvarse económicamente.
Florentino viene con la última tecnología, los investigadores punteros, los ejecutivos más avezados, la creatividad empresarial, la competitividad de primer nivel. Y, sobre todo, con la convicción, con las ideas, con un verdadero proyecto y la firmeza y la audacia suficientes para llevarlo a cabo. ¿Alguien podría contárselo a Mariano?
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Solo por ver la cara de rabiosa envidia que se le ha puesto al catafacha tritranquilo, ya merece la pena la vuelta de Mr. Floren. Encima el tipejo azuza contra el madrit acusandole de ser lo que realmente es el -tipico en esta chusma-, "imperialista y prepotente", ademas de cinico y envidioso, añadiria. Si tendra cara el payo.
Estos nacionalistas catalanes, tienen en su barça el ejercito ilusionario de mercenarios co su Napoleó al frente (el tal laporta)para derrotar a huestes Españolas, Ahora el napoleó tiembla, su imperio se puede tambalear.
Miércoles, 15 de febrero
Carlos Ruiz Miguel
Avelino Vallina
Raúl González Zorrilla
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Miguel Barrachina
José Pómez
Pedro Fernández Barbadillo