Si el socialismo sigue al frente del Gobierno, destruyendo España, en el futuro el río Segura no pasará de ser una charca de ficción. Seguramente harán de él un parque temático para educar en la ciudadanía sostenible a los niños autonomizados. Mientras las macrourbanizaciones de las llanuras del Guadiana, alimentadas con agua del Tajo, constituirán un símbolo egregio de la nueva nación manchego-socialista, la Cuenca del Segura será un modelo de imperio depredador que el buen zapaterismo aniquiló para gloria del progreso y otro mundo posible: el del Pocero.
Mientras los parados crecen, los rojos cazan. Aquí debería terminar este artículo. Si fuera un poema, ya estaría dicho todo. Hasta ahora nos faltaba la metáfora, el icono, la imagen, el retruécano con gorro tirolés que revelara para siempre la verdad de este socialismo de ojos fríos y revancha caliente, este partido Iznogud.
Durante treinta años hemos trabajado con denuedo para construir un país mediocre. Hoy no deberíamos quejarnos de una clase política y dirigente sin talento, sin imaginación, sin voluntad. No son más que el resultado de una sociedad que arrancó de cuajo el mérito desde casi su origen mismo. Soñábamos que al desaparecer el franquismo caería con él aquello que entonces llamábamos el enchufe, el nepotismo institucionalizado de un régimen de buenos y malos. ¡Qué fácil era residenciar en Franco todas nuestras miserias! No fue sino morirse y comenzamos una frenética carrera para legalizar y multiplicar exponencialmente ese mismo nepotismo, una generalizada corrupción en la promoción social que hoy ha estallado dejándonos inermes, incapaces de reaccionar ante una crisis que creemos ajena cuando no es sino nuestra propia crisis como nación.
Quiero hacerles partícipes de una grave preocupación que me aqueja desde hace ya algún tiempo. Intento escribir en serio, de rabia y oro, pero no lo consigo. No consigo tomarme en serio a España. Se me carga la mano sin que yo quiera hacia el astracán, la sal gorda. No alcanzo siquiera la ironía, sino sólo la burla, la chanza, la quevedesca exageración. Ver a mi país, ‘con quien tanto he amado’, hundiéndose en una crisis económica cuasi barroca y, sobre todo, en una desidia moral abotargante, ya no me produce más que risa. Debe de ser una reacción anticipatoria de algún delirio que me acecha irremediable.
Jueves, 16 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo