En estos días de zozobra, supone una gran tranquilidad saber que estamos dirigidos por un hombre que aprendió economía en dos tardes. Sólo un sabio, un Gran Timonel, un nuevo Mao, es capaz de semejante prodigio. Iremos a la ruina, pero llevados por su mano firme y bondadosa, la de quien lleva las ideas en el corazón, como confesó hace unas semanas, en una de esas frases quen han de convertirse en luz para confusos, guía de socialdemócratas sin rumbo, horizonte de liberales arrepentidos.Desde ese día, intento purgarme y entender a Zapatero.
Seguramente, la transformación de nuestra democracia en el actual chafarrinón nazi-estalinista que sufrimos, comenzó el día en que el PSOE aplastó la separación de poderes convirtiendo la Justicia en un adminículo del Ejecutivo. Aquella muerte de Montesquieu que cantó Alfonso Guerra, empieza hoy a dar sus mejores frutos para los nuevos socialistas que han hecho de ‘Arfonzo’ un mayordomo fantasma. No estoy diciendo que estemos ante una dictadura en plenitud, pero sí que lo que se ha construido estos últimos años es una federación de pequeñas tiranías populistas, más próximas, por supuesto, a nuestra tradición hispanoamericana, hortera y caudillista, que a una democracia liberal (palabra ésta, liberal, de curioso origen español, pero que aquí sigue produciendo sarpullidos).
Se sueña negro en la Moncloa Blanca. Ante el espejo mágico de Pepiño se siente líder universal y no sabe que ya es el pasado, que ya es nuestro Bush, el que nos dividió, el que nos ha conducido con mano firme a la ruina. Y, sobre todo, a la inanidad, al desánimo, al paroxismo de todas nuestras debilidades, hasta dejarnos inermes: el cainismo, la corrupción otra vez, el asalto al Estado desde el partido y las taifas, la complicidad en la expulsión y hasta en la persecución de la lengua española, la cada día mayor brecha entre los humildes y los poderosos a los que va a blindar las fortunas con el dinero de todos. Ha gobernado para los ricos, para los cómicos millonarios, los rojos de BMW, las castas de los instalados, mientras engañaba a los humildes con derechos virtuales. Quisiera ser Zobama y ni siquiera es Zbush, que al menos deja una nación.Cuando ZP se vaya, si alguna vez lo hace, nos dejará felizmente multiplicados y se irá gritando ¡milagro!
Muchas veces tengo la impresión de que estamos criando a nuestros hijos como a animalitos de granja, ‘cochiniños’ a los que engordamos y mantenemos rebozados en una idea de la vida que ha de servirles para cualquier cosa menos para vivir. Al menos para vivir en plenitud, o con la noción de la plenitud que nosotros heredamos: la de la intensidad de las emociones, de las pasiones, de la alegría, pero también del dolor y de la pena. Todo lo que ha sido eliminado de la formación de nuestros niños, hiperprotegidos no ya físicamente, sino aislados de cuanto sea moralmente fuerte, intenso, de una percepción de la belleza ligada al riesgo y a los sentimientos verdaderos.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez