Hay zemanas en que uno ze reconzilia con Ezpaña, con zu Gobierno y zus Gobernáculos. La humildad franciscana que está demostrando el Prezidente ZP, arrastrándose por esos mundos de Bush, postrándose ante todos los cortesanos y emires del Imperio para que intercedan por él ante el Emperador y le sean perdonadas sus ofensas, es una de las performancias más sorprendentes de los últimos milenios. No le basta con salir en tromba a salvar al malvado capitalismo, en lugar de aprovechar la crisis para hundirlo y construir ese nuevo mundo posible donde ya no habrá mercado, ni comercio, ni beneficio, ni trabajo, ni ná, sólo concordia y paz universales en una humanidad refundada por ZP, más que un Prezidente, más que un dios, una deidaz post-divina, el dios sin dioses, el DioZ. Sino que ahora, encima, peregrina para ser atendido por la nación que despreció, a la que ha culpado de todos los males, al demonio con el tenedor que le sirve para escapar a sus propias responsabilidades tancrediles en una crisis que no existía.
Con la paciencia y la tenacidad silenciosa de un miniaturista, y la doblez sibilina de un Fouché, Zapatero va encajando las piezas de ese puzzle que hace varios años llamé Zetapaña, la España diseñada en el Pacto del Tinell. Lo que allí se prefiguró fue -para recordatorio de quienes desearían que la crisis nos conduzca a una amnesia general-, ni más ni menos, una España con un núcleo central de regiones llamemos españolas, destinadas a permanecer como meros mercados cautivos de aquellas otras que fueran afectas o hubieran sabido dotarse de partidos-chantaje, las cuales sostendrían al Gobierno central a cambio de la consolidación de sus privilegios. Es un diseño medieval, feudal, más que propiamente confederal, en el que un ‘Primus inter pares’, el primero entre sus iguales (de ahí la escenografía de la Conferencia de Presidentes), el rey ZP, se apoyaría en sus caciques, duques y condes, según su categoría, y a cambio les concedería fueros e impuestos.
Una de esas cuestiones que, como las tormentas, regresan al inicio de cada curso escolar es la de la afición a la lectura de nuestros estudiantes. El asunto no suele pasar de algunas referencias periodísticas, tan superficiales como todo lo que tiene que ver con la enseñanza en una sociedad falsamente preocupada por ese enigma que nadie quiere resolver: cómo es posible que con el mayor despliegue de medios que jamás se emplearon en la educación española, se obtengan resultados tan bochornosos como los que todos conocemos.
Entre la soluciones en las que más insisten los mismos pedagogos que prohibieron leer a una generación entera antes de los seis años de edad, está la de extender lo que llaman el “hábito lector”, que antes decíamos gusto por la lectura. Cabe, no obstante, la sospecha de si no serán determinadas cualidades las que llevan a la lectura y no a la inversa. Los verdaderos buenos estudiantes fueron siempre buenos lectores. Pero hay ilustrísimos ejemplos de muy malos estudiantes que también lo fueron, lo que incluso les apartaba aún más de un sistema que no alimentaba suficientemente sus necesidades intelectuales y su talento, y que hoy ha llevado al paroxismo la exaltación de la mediocridad como ideal social.
Ustedes hagan lo que quieran, pero yo voy a fundirme lo poco que me queda antes de que las deudas se me lo coman 'tó'. He hecho balance y me sale que debo 167.000 euros, más mil doscientos de atrasos de la comunidad y el pan de la semana en mi panadería, y que al precio que está ya me sube otro pico. Total, que visto lo visto he decidido no darle un jodío euro más a mi querido Banco (que ojalá alcance la Gloria antes de que yo acabe estas líneas), aunque sólo sea por hacer lo contrario que Zapatero, que es la norma que me he impuesto en la vida para mantener cierta integridad moral. Ya no temo nada. Si esto se va a tomar por saco, porque se va. Y si no se va, porque no se va, me pienso dar los lujos que aún me dejen mis acreedores antes de enviarme al cobrador del frac a correrme a cocotazos y mandarme a vivir a una solución habitacional de cielo raso.
Han respondido, al final han respondido. La reiterada invitación de Pepiño Blanco desde Villa PSOE –el ático de playa que se está haciendo la oligarquía sociata en la Ría de Arosa: para ellos no rige la ley: ellos son la ley- para que el PP se dignara “arrimar el hombro” contra la crisis, mientras él los machaca con cinismo incomparable, ha encontrado por fin la adhesión de las filas populares. La grave situación que atraviesa España necesitaba una enérgica acción gubernamental, apoyada por la oposición, para denunciar los excesos que nos han conducido a este Titanic general. Eso fue lo que debió mover a la popular gallega María Jesús Sainz a denunciar el oprobio machista del ya famoso anuncio de las croquetas. Por supuesto, la simpar Bibiana acudiría rauda la pasada semana al quite de la popular, para solicitarle la censura inmediata del anuncio al ministro Solbes, el hombre tranquilo. Y con estas cosas nos entretenemos.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez