El mensaje vino a ser el siguiente: “Si quieres ascender socialmente, igualarte con nosotros y ser aceptado, tendrás que hacerlo en catalán, abjurar de lo que fuiste y fueron tus padres, olvidar el lugar del que viniste y asumir los mitos de la ‘nación’ catalana para comulgar con ella. Cambiarás tu nombre y tus sentimientos, y serás un hombre nuevo, incluso podrás convertirte en funcionario o te otorgaremos muceta."
El proceso se llama transculturación y asimilación, y se justificaba a través de una de las más formidables invenciones de la sociolingüística catalana, que cambió lo que eran simplemente lenguas en contacto, con sus interferencias y su enriquecimiento mutuo, por lo que llamaron “conflicto de lenguas”, una concepción por la que las lenguas se transformaban en cuerpos de ejército de ‘naciones’ enfrentadas, en “guerra de lenguas” que conducía inevitablemente a la desaparición de una de las dos.
Lo que exigía todo tipo de medidas (la normalización, la inmersión) para someter a la lengua no deseada (culpable, impropia), a lo que se llama proceso de inversión diglósica, uno de los más brutales jamás llevados a cabo en el mundo, por el que –en este caso- la lengua común, la más utilizada como lengua de comunicación e intercambio, la considerada “fuerte” por su implantación universal, el español, debía pasar a una situación subalterna, íntima, débil, fuera de la vida oficial y limitada al ámbito doméstico. Y lo que era una región bilingüe, con una cultura y unas tradiciones plenamente españolas en dos lenguas, pasó a ser una sociedad escindida en la que una de sus ‘almas’ debía ser aniquilada: justo lo contrario de lo que predican.
Jamás, repito, jamás existió intención alguna por parte de los ideólogos de la inmersión de caminar hacia el bilingüismo, pues consideran que siempre habrá diglosia (lengua fuerte/lengua débil), y desplazamiento lingüístico (una lengua va ocupando paulatinamente el lugar de la otra). Había que poner, pues, toda la maquinaria del naciente Estado catalán al servicio de la construcción de diques lingüísticos insuperables para la lengua española.
Pero, claro, como las lenguas no andan solas, ni pones la oreja en el suelo y escuchas la lengua ‘propia’ del territorio, lo que se puso fueron diques contra las personas, filtros que nadie pasaría sin hacer explícita su asimilación catalanista, empezando por cambiarse el nombre. Quienes lo hicieron así, la ‘Carme’ Chacón, el ‘Josep’ Montilla, o los que cambiaron la acentuación de sus apellidos y pasaron a ser ‘Sànchez’ y hasta ‘Sàntxez’, fueron los que medraron hasta hacerse, como lacayos simpáticos, con el control de los partidos obreros, que eran los que tenían en principio que haber defendido el elemental derecho de la gente a llamarse y hablar como le saliera de la punta del capullo, con perdón. Es decir, a ser ciudadanos en plenitud.
Cuando hoy la Chacón, desde su agradecimiento de asimilada, dice que gracias a la inmersión ha dejado de haber catalanes de primera y de segunda –que, por cierto, sigue siendo falso, repasen los apellidos del capitalismo catalán o del recientísimo instituto para la Paz o así, magnífico chupetín-, reconoce estúpidamente, aunque dicen que es tan lista, que sin superar ese filtro del catalán y sus principios fundamentales del Movimiento, estás condenado a la exclusión. Ellos te curan de tu culpa ‘castellana’ a la fuerza: te despojan de ti para ‘integrarte’, para ‘salvarte’. Otra vez el más inmundo e hipócrita de los totalitarismos.
La inmersión, en concreto, consiste en lo siguiente: el español está proscrito de las aulas catalanas. Cuando las criaturicas llegan a la escuela, si piden educación en español, se las coloca al final de la clase, apartadas, marcadas, y al acabar la mañana el maestro les hace un resumen en castellano de lo que ha dicho durante cinco horas en catalán. Se trata de inculcar en los niños un sentimiento de rechazo hacia su lengua materna, de inutilidad, de ‘mancha’ ("La mancha humana") que les estigmatiza, mientras el catalán es presentado como la lengua que les permitirá integrarse. Y hasta jugar en el recreo.
No te envían a las duchas de gas, sólo te extirpan la tradición y la lengua de tus padres, la mayoritaria en tu región y en tu país. Gracias a este sistema los hijos de los trabajadores, en cuyas familias el dominio de la lengua no suele pasar del nivel coloquial, cuando no directamente dialectal, nunca adquieren el registro culto, académico, del español, limitado a una consideración escolar de lengua extranjera. Así se les garantiza su permanencia en la clase obrera por el resto de sus días y se perpetúa el orden social progresista. El castellano culto, el que abre las puertas del mundo, para quienes pueden pagárselo, como los hijos de los socialistas que van a centros privados de élite.
Les contaré un caso. Hasta hace tres años al menos, cuando supe del caso, había una familia castellanohablante (quizás hayan conseguido irse ya), o sea, y en general, humilde y condenada a la enseñanza pública, con una pareja de niños sordomudos que gracias a unos implantes cocleares habían podido recuperar parte de su capacidad auditiva. Al escolarizarlos, demandaron que se les enseñara el español, que era la única lengua de la familia y con la que podrían comunicarse con sus padres, ya que por sus condiciones auditivas bastante tenían con poder aprender una lengua. La democrática y tripartita y zapatera administración catalana se negó. No hubo forma. Aquello era Cataluña y sólo se enseñaba en catalán. Serían o catalanes o sordomudos. El caso provocó mucha tinta pero nada se pudo hacer. Esta inhumanidad, esta maldad, esta saña nazi es lo que el extensor de derechos, ZP, ha asumido como propio para el PZOE, antaño español, tras su último congreso anterior al verano.
Lo que el nacionalismo lingüístico catalán ha cambiado, pues, ha sido la realidad de una región bilingüe dentro de una nación variopinta, por la invención confederal, ya legitimada por el Estatut nazional-socialista, de que España es un conjunto de naciones en la que una, Castilla, había colonizado a las demás, y ahora toca la revancha, la asimilación o expulsión del invasor y de los traidores propios (Boadella), y la reconstrucción de un pasado monolingüe (catalán, vasco o gallego) en el que no quede ni el menor rastro de la nación de todos y de su lengua común. Y, de paso, cerrar la llegada de españoles de otras regiones que puedan disputarles su “propiedad”.
Cataluña para los catalanes catalanistas. Y España, pues también.
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Leer los comentarios a su texto (que comparto) es muy diferente a padecerlos en Cataluña, especialmente con la virulencia ciega con que los "cristianos nuevos" deben exagerar para ser, ásí aceptados (¿por quien?, ¿quienes son los catalanes, más allá de los ciudadanos que viven en Cataluña?). Comprenderá que, después de 35 años de vivir allá, en cuanto he escolarizado a mis hijos haya optado por marchar a Castilla (donde no nací)...
Cuando aludes a la "nación de todos" y "lengua común" supongo que te referirás a eso que un día pasó a denominarse "España" y a la "lengua española". Te diré que puede ser la de mucha gente, pero en absoluto es "mi" nación ni "mi" lengua. Soy catalán de nacimiento y mi lengua materna es también el catalán, aunque sea bilingüe por la imposición que recibí en la enseñanza. El castellano en Catalunya es una lengua advenediza, enterate. Y no está en absoluto discriminada, y si no te lo crees pásate por aquí y date una vuelta por la calle y los centros de enseñanza. Además, es evidente que lo que estáis intentando hacer es dividir la sociedad catalana. Y eso no lo vamos a permitir. ¿Queda claro?
Pues muchas gracias, sr. Orrico, y ya que mi comentario no ha salido completo, aprovecho para añadirle alguna cosa. Decía que la política de UPN en estos últimos trece años ha sido, en general, la de identificar cultura vasca y proyecto político nacionalista, pero así como critico esto, también voy a reconocer algo bueno: el sistema educativo navarro garantiza que nadie tenga que aprender la lengua vasca si no quiere y, sobre el papel al menos, que nadie se quede sin aprenderla si quiere.
Ya decía Baroja que "Pensamiento y navarro, imposible", pero algunos navarros consideramos signo de estrechez mentalel clasificar ideológicamente a la gente por el hecho de hablar una lengua u otra. Y en tiempos dije que en este tema los catalanes nos daban cien vueltas a los vascos y a los navarros, pero claro, era mucho antes de que apareciese el inefable Carod Rovira y compañía.
Con respecto a la inmersión lingüistíca en las escuelas lo decía uno de Esquerra: "Hemos gannado la guerra dentro de las aulas pero la hemos perdido en el patio del colegio". En España ya han existido en el pasado intentos de extirpar unas lenguas e imlantar otras y no han funcionado. Los nacionalistas se empeñan en un imposible. En Cataluña, en la calle, el castellano y el catalán conviven sin problemas y seguirá así en el futuro. El problema de la lengua en Cataluña no es problema de lenguas es un PROBLEMA DE DERECHOS.
Es inútil. El señor Federico seguirá sin comprender que su hijo es perfectamente bilingüe porque en el colegio recibía la clases en castellano. ¡Pero qué cojones tendrá que ver la bonita historia de su familia que nos cuenta, con lo que aqui se narra sobre la familia de sordomudos!!!!
Me parece que hay mucho SORDO
He recibido un par de comentarios en mi correo que no sé por qué no aparecen aquí, y venían con plena seguridad remitidos desde esta página. Como no se debe a ningún tipo de censura y eran muy correctos y diversos, los añado a continuación:
Comentario por BILINGÜE:
No sé desde cuando se habla español en Cataluña, pero si recuerdo, que realicé un trabajo sobre las licencias de obras
por parte de los habitantes de HORTA creo que en el siglo XVIII, y todas las peticiones estaban en español, o sea, que en Cataluña, durante mucho tiempo,
se ha hablado español.
Comentario por Javier Pérez:
Así como hay lingüistas que piensan una cosa -Gregorio Salvador o Juan
Ramón Lodares (qepd)- también los hay que piensan la otra: Enrique Bernárdez, Juan Carlos Moreno Cabrera, etc. Habría que leer y escuchar a ambos, ¿no es así?
¿Cuál ha sido esa "nefasta política de UPN"? Hace una veintena de años parecía que buena parte de la sociedad navarra...
Me gustaría saber si el autor del artículo, se considera a si mismo NACIONALISTA por defender SU LENGUA PERSONAL, y si los que defendemos NUESTRA LENGUA PERSONAL debemos aceptar el calificativo de NACIONALISTA, como algo peyorativo, por no aceptar a otra lengua SIN DUDA HERMOSA, como mis hijos que son las más hermosos de este planeta, y MI LENGUA es tan HERMOSA para mí, como el japonés lo es para un japonés, aunque no sea una lengua oficial de Naciones Unidas, como el árabe o el chino. Ahí queda eso, con un castellano pésimo, según me critican...
Tengo tres hijos, nacidos en Cataluña, como su padre y su abuelos patenos. En casa se hablaba catalán a pesar que la madre era castellano-hablante. Dos de los hijos en edad infantil se le diagnosticó en los años 1960's en pleno auge de los "25 años de paz" que debíamos hablarles en castellano para evitarles dificultades de aprendizaje. No hicimos caso a este consejo. La hija mayor debutó en el mundo laboral como profesora de francés, más tarde de catalán, la segunda no-dislèxica ha sido profesora de inglés y de francés, y el tercero un varón es investigador como Doctor en Física en Montreal, Quebec, Canadá, siendo allí tan bilingüe en francés-inglés como en Barcelona en castellano-catalán. Por cierto nuestra lengua con su madre y con su padre sigue siendo la misma de siempre, la muy criticada lengua catalana, por los que no pueden comprender que en el único lugar del mundo donde se nos critica, es en España, no en Hispano-América ahora aceptado con el calificativo anglo-sajón y racista...
Una cosa muy valida es que un pueblo tenga celo por su identidad cultural; pero otra muy distinta es la enfermiza arrogancia de ir en contravia con la realidad de nuestra aldea global; donde hay que aprender muchas otras lenguas, especialmente las que hablan los que se sienten "Senores de la historia"; y con todo respeto, no creo que el Catalan califique para ello; pero el castellano, sin duda si; lengua hermosa hablada en 23 paises con casi 500 millones de parlantes. Despierten de su sopor tierras de cataluna, que el mundo no se acaba, en la frontera con Francia.
Viernes, 17 de febrero
Raúl González Zorrilla
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Vicente Torres
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Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
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