El socialismo murciano, que gobernó durante quince años una comunidad tradicionalmende de izquierdas, vive hoy hundido en el polvo de una contradicción: la de seguir a un ZP que es quien los ha llevado a la ruina. Pero en lugar de hacer frente al jeroglífico, que al final no es sino el de la España compuesta de Zapatero, en la que los partidos regionales se ven forzados a enfrentarse a su partido o a su pueblo, se dedican a asesinarse y cambiar secretarios generales a la espera de un milagro o de la Delegación del Gobierno, lo único que les queda para pillar unos sueldos.
Siempre fue así. Parafraseando a Clausewitz, la política no es más que el arte de asesinar por otros medios.
Aburren. Más que una gangrena. No es ya desesperanza, más bien spleen, melancolía, una mueca de sarcasmo, un dolor leve por la España que alguna vez soñamos y que hoy estamos despidiendo, deshuesada como un mueble viejo, por una clase política que es, en efecto, eso, una clase, un estamento de ácaros autónomos anclada al polvo de lo que un día fue una nación. O quiso serlo. Acabaremos pidiendo votar como en Rusia, donde hasta las últimas elecciones (las de recuperación definitiva de la ‘nomenklatura’ soviética, transmutada en muchimillonaria) había una papeleta específica para votar contra todos. No en blanco, sino así, contra todos.
Vuelve Madrid a su plenitud de Corte. En las callejas reinan los embozados prestos a acuchillarse. Los aceros compromisarios se forjan en los mentideros y se compran en las tabernas, mientras el Valido y sus secretarios, desde el Alcázar de Moncloa, esperan para enterrar los restos de los que fueron sus adversarios, ahogados en la sangre de su discordia interior. Los ven morir y aún aprietan para rematarlos, entre risotadas del Inquisidor Blanco y sus monjas destocadas. Las gacetas a sueldo de reptiles y juegos de pelota sirven para aventar las heridas de aquellos que hasta ayer se le opusieron, y no se mueve en Madrid una pluma sin que lo sepa el Valido.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez