Hace unos días, el jueves 17 de abril, el nuevo director general del Libro, Francisco Giménez, de quien depende la Editora Regional, se despachaba con las siguientes declaraciones: “En Murcia hay más poetas que perros descalzos”. La brillante y simpática fórmula para referirse a los poetas de la Región que le paga, y con la que pretendía justificar la restricción de las ediciones, bastaría para calificar a cualquier político.
Esta vergüenza os acompañará siempre. Si el día en que Rodríguez Zapatero, hipotecado por Maragall, decidió la derogación sectaria del Trasvase del Ebro, hubierais salido a la calle y quemado en una pira los carnés de ese partido que os traicionaba, a vosotros y a las gentes de esta región a la que os debéis, a lo mejor hoy podríais mantener la mirada sin recibir otra cosa que desprecio y bochorno. Podríais haber refundado esa organización cada día más marginal y hasta es posible que ahora, con vuestros tres escaños o más, hubierais podido hacer algo por vuestra tierra. Pero vais a pasar a la Historia como el Partido Socialista de la Región de Murcia que abandonó a los suyos para servir a un tiranuelo.
Vuela majestuosa sobre la España feliz el Ave Zelig. Ya se sabe inmortal, fuera del juicio de los hombres, ajena a la moral y a cualquier verdad que no sea la establecida por su voluntad. Once millones de votos avalan su impostura. Zapatero ha traído una revolución de gran calado para el futuro de las democracias: la simulación y la mentira no son ya sólo las viejas armas políticas de siempre, que una vez descubiertas eran necesariamente castigadas por el pueblo para su más elemental defensa, sino que hoy se han visto premiadas y convertidas en escuela, en modelo de conducta al que todos habrán de someterse. El nuevo paradigma es Zelig, el mimetizador que inventó Woody Allen, pero con una variante: que el nuestro, Zapazelig, se mimetiza sólo para confiar al adversario y atravesarlo con su daga en cuanto se descuida.
Al final tendremos que hacerles un homenaje. No sé si los funcionarios de Justicia de lo que va quedando del Estado, cada vez menos, son plenamente conscientes del significado de la huelga que están llevando a cabo, con grave quebranto económico, además de soportar el desprecio y las manipulaciones informativas con que un ministro de acreditada prepotencia ha pretendido humillarlos y enfrentarlos a la sociedad. Que es primerísima sufridora de cuanto ocurre. Pero lo que ocurre no es una mera huelga en reivindicación de un aumento salarial, sino algo mucho más trascendente: estamos ante la primera rebelión verdadera contra el desguazamiento del Estado que nuestra clase política, tan frívola y escapista como la sabemos, ha venido practicando desde la Santa Transición, cuando tantos errores y tantos huevos de la serpiente pusimos a incubar.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez