Le entregaron una tribu ibérica, un comando de Pancho Villa con más derrotas que un boxeador sonado, y ha dejado un equipo de fútbol. El último italiano al que engañamos para venir a España fue al pobre de Amadeo de Saboya, aquel príncipe europeo al que el general Prim eligió para intentar construir una nación normal. Antes de bajarse del barco, ya nos habíamos cargado a Prim con nocturnidad.
Amadeo aguantó poco más de un año aquella España de caciques y pícaros tan similar a la nuestra. Y, desesperado, se volvió a su país dejándonos una hermosa República cantonal de la que tuvimos que salir a bombazos. A Fabio, el centurión, lo trajeron para hacer de aquel “mustio collado” de señoritas millonarias que era el Madrid valdanizado de Florentino, un grupo de profesionales que recordara siquiera que jugaban para el mejor y más glorioso club de la historia, para ese símbolo de talento y convicción, de sentimiento e inteligencia con que Alfredo Di Stéfano marcó para siempre la camiseta blanca de un equipo que ya nunca aceptaría el fracaso.
Puede que en este Madrid de Capello no supieran mandar en medio campo, no tuvieran a nadie capaz de ralentizar y acelerar, de templar y mandar (el mayor error de Florentino fue, y mira que los tuvo, echar a Fernando Redondo), pero a cambio lo que hemos visto este año ha sido a unos tíos que se dejaban la piel corriendo, que salían a escape en cuanto tenían el balón y que, a veces, en su precipitación, en su fútbol de caballos locos, podían ligar jugadas velocísimas que dejaban a los rivales, como le hicieron al Barça en los dos partidos, pellizcándose para despertar de la pesadilla.
A mí tampoco me gustaba que saliera sin Guti, nuestro curroromero del puntapié, y que me aparecieran los gladiadores númidas incapaces de entender el aroma de un natural de la zurda de Gutiérrez, de uno de esos pases delicados y elegantes que rompen defensas y cinturas. Pero, seguramente, lo que necesitaba un Madrid tan frágil como el de los tres últimos años era a los etíopes encadenados de la guardia de Miramamolín. O sea, a Diarra y Emerson.
Esta es la vieja historia argentina entre el fútbol-arte y el fútbol-degollina, pero nadie convencerá a Capello de que el camino para hacer un equipo es perder. Él cree que lo importante es que no te metan goles, y luego ya habrá tiempo para ‘jogar bonito’ . Yo soy de los del toreo del arte y amé a Velázquez, que no sé si por su apelllido, daba pases de luz en los años sesenta; a Netzer, lo más majestuoso que se vio en un campo; a Santillana volando; a Amancio, que bailaba el chotís en el área pequeña; a Gento, saliéndose del campo y regresando a tiempo de marear al pobre lateral que intentaba seguirlo en su aventura; a Cunnigham, el desdichado; a Del Bosque, disfrazado de poste repetidor y repartiendo juego como un croupier con bigote; a Figo, el gran malafolla; y a Zinedine, claro, el águila real, grandiosa y berberisca, al que una desgraciada coyuntura histórica privó de ganarnos cuatro o cinco copas de Europa como ya lograra el gran Alfredo cuarenta años atrás.
Y aun así, hacía mucho que no disfrutaba tanto como con este Madrid aguerrido e imposible de Fabio Capello, este equipo lanzado al éxito con la fe de un maletilla. De este Madrid de corazón y de deseo, noble y feliz como siempre fueron los verdaderos deportistas-niños, los que se hacían mejores venciéndose y venciendo los obstáculos, las caídas, las desgracias, hasta a los jodíos árbitros zapateristas vendidos al catalanismo culé que han llegado, en su desvarío, a legalizar los goles a mano alzada de los mercenarios del nacionalismo. Que se jodan todos esos resentidos de las naciones advenedizas, que no han podido con el Madrid. Con el Madrid nunca podrán ellos. Al Madrid sólo lo destruye el Madrid. Y eso, metáfora de España, lo hace estupendamente lo peor del madridismo: el arribista, el sacabuches.
La han vuelto a hacer. Años atrás largaron a Antic, que iba primero con muchos puntos de ventaja, porque había subido a Fernando Hierro al centro del campo y se estaba hinchando a meter goles. Aquello de machacar a los rivales no era estético. Había que perder la Liga. Yo hubiera echado a Antic por su incapacidad para usar artículos en las frases, pero jamás por ir el primero. Luego, se cargaron a Del Bosque porque a don Jorge Valdano, el logópata, le parecía que no le caían bien los trajes para llevar a Beckham de excursión. Y el equipo no volvió a respirar. Y una vez que Capello ha hecho lo que tenía que hacer, ganar la Liga, dar una imagen de dignidad, valor, lucha, decencia y fe, lo ponen de patitas en la calle, de manera , además, impresentable para el club que simboliza cuanto de noble admiramos en el fútbol.
Le deseo lo mejor a Bernd Schuster. Fue un jugador excepcional y parece un entrenador de primera. Si mantiene lo mejor de este Madrid de legionarios de Roma -comparte, curiosamente, muchas de las ideas de Capello-, y consigue hacerles jugar mandando, disfrutaremos mucho. Pero lo peor es que un Madrid veleidoso, sin palabra, sin estructura, lleno de trepas e intermediarios, incapaz de premiar a quien gana en su nombre, como se hizo siempre, no produce ninguna confianza. El Real, que así se le conoce en Italia, ha sido el más grande porque era el más fiable: por eso aspiraban a venir los mejores. Ahora los vemos irse. Malifuti, que decíamos de críos. Un Barcelona otra vez ganador, representando a una España a la que envidia y desprecia, es malifuti. Nos haremos del Sevilla.
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Javier, estoy acabando de leer tu libro y a este paso me voy a encontrar con que esto sigue parado.
A ver si acabas las vacaciones y actualizas el blog porque temas hay últimamente cantidad para que les saques punta.
Un saludo
Estimado Don Javier:
He otorgado premios en mi blog. En dicho premio (simbólico) se mencionan los 5 blogs favoritos de uno mismo, y usted ha sido incluido. Enhorabuena!
http://zpedo.blogspot.com/
No sé nada de futbol, pero me parece genial el artículo. Mucho de historia,de costumbres, en fin de vida y de futbol por supuesto, igual que aquí, en Italia, no se habla de otra cosa después de la moda. También mi profesor citaba a Amadeo el Saboya escapandose de España, comentando " una gabbia di matti!"( un país de locos). Será po eso,que se marcha Cannavaro, es él del que habla Usted,señor periodista?
Gran artículo, sí señor. Lo leí hace tiempo en papel y estaba esperando para enlazarlo (http://docedoce.net).
Saludos.
Buen comentario, y relajante para estos dias calurosos, el futbol siempre es un tema socorrido para " desgrasar " los periodos invernales de tanto plato con fundamento.( estatutos, inmigracion, ipc, tipos de interes etc ).
Saludos
Martes, 14 de febrero
Manuel Molares do Val
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Francisco Rubiales
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Miguel Barrachina
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