Mientras en la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre propone la división en circunscripciones para acercar el voto a la realidad territorial madrileña, en la Región de Murcia el movimiento se presenta al contrario. Todo depende de los intereses, no del pueblo. Al final tendremos diecisiete sistemas electorales. Simplificando, que se dice. Y es que, al parecer, la rogativa inscrita en la camiseta que el líder de IU-RM, Pujante, lucía en el reciente debate de Investidura, ha conmovido al presidente Valcárcel, hasta el punto de llevarle a prometer el cambio de la ley electoral que IU viene demandando una elección tras otra. El Partido Popular estaría así a punto de cometer un gravísimo error y una injusticia mayor que la –supuesta- que pretende atender.
Con las víctimas mortales del terremoto de Lorca aún en las calles, sobre el dolor de los españoles de bien, los barcelonistas de todas las Españas salían jolgoriosos el pasado día 11 a celebrar el triunfo del catalanismo sobre la idea de una España de todos. Eso es, no se engañen, lo que significa el ‘mès que un club’, que el Barcelona F.C. es el ejército del imperio imposible para cuyo regreso melancólico han inventado una nación que nunca existió. Ganar la Liga es imperar simbólicamente en la odiada España, una compensación sentimental frente al desdichado destino español a que les condenó la geografía.
Entonces de niños leíamos a los clásicos, que se quedaban ya para siempre con nosotros. Del Poema del Cid, en el que años más tarde tuve que adentrarme y analizar casi entero en su estadio original, lo que permanece en mi memoria es lo primero que guardé de él, ese verso que refleja la admiración de su propio pueblo hacia el hombre que no se inclina ante la injusticia: “¡Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen señor!”. Ese era, por demás, su mejor resumen, la verdadera tesis no sólo sobre el Cid, sino sobre Castilla, esa nación magnífica que terminó por incorporarnos, repoblarnos y hacernos a su imagen.
El Barça es más que un club porque cada vez que juega contra el Madrid castizo de los españoles del pueblo llano (aunque ellos pretendan hacerlo contra un Real Madrid que encarnaría la Nación institucional e histórica), lo hace contra España. Para derrotar y humillar a España, para cobrarse pequeñas revanchas contra su devenir de imperio frustrado, contra su fracaso para el Estado propio que nunca han alcanzado por su propia cobardía.
La reacción del Gobierno y el debate abierto en España a partir del proyecto de un bachillerato de excelencia en la Comunidad de Madrid, revela, más que todos los datos sobre nuestra situación económica, la verdadera naturaleza de lo que nos pasa y sus causas: la corrosión del mérito como sistema de promoción social, la estigmatización del talento, la entronización de la envidia y el resentimiento hacia los mejores, la guillotina virtual contra el que destaca, el igualitarismo más ramplón y mezquino como eje de la organización social y sobre todo como concepto vertebrador de la educación española; y la conversión de partidos y sindicatos en las casi únicas plataformas de selección y ascenso, basados en las relaciones mafiosas, las servidumbres voluntarias o exigidas, el intercambio de corruptelas y favores, las leyes del silencio y el apuñalamiento del rival interno, la cooptación, de la que la universidad es ejemplo magistral, y el aislamiento y blindaje de esta casta frente a las condiciones de vida del pueblo. Todo lo que fueron siempre las señales preclaras de que en las sociedades avanzaba la descomposición, el hedor, la ruina.
Lo que se está abrasando bajo las bombas contra Libia es la izquierda española. Después de Zapatero ya no quedará nada, una mueca de cinismo, un reguero de cómicos desenmascarados en sus reverencias al tiranuelo, un pacifismo selectivo y meramente instrumental según quien ataque, una extrema izquierda cuyos rastas y piercings son el epigrama de una rebeldía subvencionada, y silencio, silencio vergonzante y avergonzado de todos los que entonces se mostraron furiosos contra la guerra y hoy se arrastran para no ser oídos en su rendición sectaria.
Si no advertimos que cuanto nos está pasando es, sobre todo, la crisis de un Estado que no podemos pagar, y de la mentalidad corporativo-social-nacionalista que lo ha hecho posible, no podremos encarar una solución duradera. En este sentido, la asfixia a que está siendo sometida la Región de Murcia por parte del Estado socialista y sus sindicatos enharinados, la única comunidad a la que se le ha negado refinanciación para su deuda, ha terminado por convertirse en un laboratorio que debería llevarnos a reflexionar no sólo sobre cómo salir de la asfixia, sino cómo impedir asfixias futuras.
Si tuviera su edad y a nadie más conmigo, seguramente haría como Larra, levantarme la tapa de los sesos. O huiría, como Gauguin, a algún paraíso donde no se viviera en permanente contienda, en permanente mentira, en permanente impostura. Allí escribiría versos sobre las flores y las muchachas hermosas, que fue lo que debí hacer siempre, y me olvidaría de España, el cáliz amargo de Vallejo, la pasión inútil de todos aquellos que la soñamos otra. España es un burro atado a una noria que vuelve siempre igual ante nosotros. Me hastía esa recurrencia de las celebraciones, cómo van releyéndolas cada año para construir ficciones e inventar heroísmos que nunca existieron.
Ahora que los privilegios catalanes han obligado a Z a abrir la caja (vacía), y que la mayoría de los sindicatos acaban de pactar con Valcárcel, quizás sea el momento de hacer balance de lo sucedido en Murcia durante los últimos dos meses. Y lo ocurrido tiene mucho que ver con tácticas de todos conocidas: la izquierda aprovechó unos recortes salariales mucho menores que los de Zapatero en mayo, para lanzarse a una campaña de agit-prop que resquebrajara el fortísimo apoyo electoral que las últimas encuestas daban al presidente murciano.
Está en la naturaleza de la izquierda el gen totalitario. Los que estudiamos el marxismo y conocimos el funcionamiento de los partidos socialistas y comunistas nunca deberíamos haberlo olvidado. Pero entonces nos engañaron. Aún recuerdo las convocatorias alrededor de un gran canuto para reivindicar la libertad de consumo del cannabis, y cómo las tabletas y lor tarros de maría aparecían como señas de identidad libertarias de un PSOE y un PCE que hoy convierten a los fumadores ¡de tabaco! en reos de heterodoxia, sospechosos de corrupción burguesa o revisionismo ideológico, cuestiones que en los sistemas socialistas conducían a un campo de concentración, y en la España de ZP a que te cierren el bar.
¿Quién decidió que el ejercicio de la política se convirtiera en una fuente de privilegios? Recuerdo cuando en la Transición, aquella época ingenua en que creíamos que la democracia sería el reino de las ideas y la igualdad, discutíamos sobre si los cargos públicos debíar estar remunerados y cuánto. Hasta entonces, por ejemplo, los concejales y los alcaldes realizaban gratis su trabajo. Se decía que era porque sólo los caciques y los ricos se dedicaban a la política, y que si queríamos que el pueblo pudiera ejercer sus derechos y ser representante de los ciudadanos, había que recompensar ese trabajo, había que facilitar y hasta convertir en atractiva la acción política. Es decir, fue la igualdad, el afán igualitario, el que condujo a que los políticos hicieran de su desempeño un oficio.
Si hubo un español, fue Lope. En él se encuentra cuanto fuimos mientras fuimos algo. Y en la plenitud de su triunfo, aclamado, querido y amado, cuentan que la envidia lo devoraba. Quiso ser reconocido y admitido entre los poderosos, entre los dueños de la sangre, entre los cortesanos, los aristócratas, los alzados a la condición de semidioses bajo el sol de la Monarquía, y nunca lo consiguió. Era envidiado y envidioso, todo lo contrario de lo que nos había recomendado Fray Luis (“…ni envidiado ni envidioso”) algunos años antes, él, al que la “envidia y mentira” lo enviaron a la cárcel. Lope creyó que el mérito le llevaría hasta los Grandes, y los grandes en España siempre miran al mérito como a una cucaracha: es la cooptación, la pertenencia y el apoyo del clan lo que conduce en España al palacio cerrado de los elegidos.
Lunes, 13 de febrero
Toni García Arias
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Javier Vicente Gil
Francisco Rubiales
Enrique Zubiaga
Raúl González Zorrilla
Graciano Palomo