Ha ido Rajoy a Cataluña a no discutir. Asumiendo, en el mejor espíritu de su predecesor, que la nación es un concepto discutido y discutible, y no atreviéndose a decir delante de Mas que España es una gran nación, ha realizado una pirueta táctica desconcertante para los separatistas catalanes: ya que la nación es el conflicto, pues su existencia se fundamenta en la igualdad, no hablaré de ella, no importa si somos una nación o no, ahora somos un equipo. España es un equipo. Seguramente pensó que Cataluña, en el fondo, es el Barça,
Por fin España ha conseguido echar a otro genio. Hemos vuelto a nuestro verdadero ser: la intolerancia más fanática hacia todo aquel que destaque, hacia el que, ignorante de las esencias patrias, se manifieste orgulloso de sus méritos, de su ascenso social a esfuerzo y pulso. Eso no lo consiente una prensa, especialmente la deportiva, integrada por filósofos de baja estofa, sectarios de la peor especie y tontos de capirote de todos los colores que no han cesado de acosar a Mourinho, y que encima se escandalizaban si se atrevía a contestarles. Ha sido un auténtico Auto de Fe de tres años.
La respuesta es, penosamente, obvia: porque no existe alternativa ni, por tanto, esperanza. La izquierda, que es la que maneja las calles, insiste en su demanda de un aumento del gasto público y del tamaño del Estado, que es el disparate que nos ha traído hasta aquí: comunidades, diputaciones, veguerías, mancomunidades, ayuntamientos, sindicatos y empresas públicas de todas y cada una de estas instituciones, creadas bajo la especie de agilizar la administración, y convertidas en la práctica en los nichos de empleo de esas únicas empresas de España que son los partidos políticos y los chupetines sindicales. Y la derecha liberal, que es la que debiera haber encabezado el desmontaje del socialismo (desnatado, zapatero, burgués, pero socialismo, lo de arriba, el Hiperestado) que ha llevado a España a la ruina, se desangra atrapada en su propio clientelismo,
El mejor equipo desde el Big-Bang, la Armada Invencible del recientemente descubierto Imperio catalán, recibió ayer un palizón que hizo felices a millones de españoles. Los que decían que España no estaba rota, tuvieron que asistir este martes histórico, 23 de abril de 2013, día de San Jorge en Aragón, a la obscenidad de su ruptura, la peor de todas, la irreversible: la sentimental.
Lo que nos fascinó de Hormigos, de Olvido, fue la veladura, sus pechos preciosos sobre un cuerpo que se adivinaba delgado, pero contundente. Lo que nos fascinó fue lo que no veíamos. Sabíamos lo que hacía, sentíamos (en su doble y preciosa acepción popular) sus gemidos, pero no veíamos su mano acelerando y frenando, bajando y entrando, apretando tan dulce como el Olvido de su nombre. Estremecía su belleza de hembra entera y adúltera,
La Monarquía comenzó a derrocarse a sí misma el día en que decidió prescindir del Misterio. Dejar de ser Sagrado Enigma, Reverencial Símbolo, Poder Visible, pero sin carne, sin realidad material. La monarquía no puede ser democrática, igualitaria, humana, materia para gusanos como lo somos los demás. Es que entonces no tiene sentido. Se mantiene a una Familia Real precisamente para que no sea real, sino institución, aire, altar.
Crónica de las palabras de Sandro Rosell a niños de doce años de un IES del Barrio del Carmelo, en Barcelona. El instituto se llama Ferran Tallada, nombre muy apropiado para El Carmelo, donde todos son lo que siempre se llamó ‘mursianus’, los pijoapartes de Marsé, los inmigrantes que venían a trabajarles a los señoritos catalanohablantes, y a los que hace pocos años les hundieron el barrio. ¡Ah!, sin embargo, ahora el catalanismo les ofrece una patria futbolingüística,
Aquellos grandes maestros de mi infancia, que sabían de todo y eran capaces de meter la Enciclopedia Álvarez en unos caletres, los nuestros, que sólo pensaban en el partido de fútbol del recreo, se encontrarán hoy arrebatados de vergüenza al comprobar lo que ha sido de su antigua y noble profesión. La Comunidad de Madrid, al dar a conocer los resultados de las oposiciones –nombre simulado, se trata de procesos amañados para regularizar interinos- para maestros del 2011, ha hecho público lo que sabíamos: que los cuerpos de profesores en España, desde la universidad a las escuelas, pasando por los institutos, han sido corroídos
Con la clasificación del Málaga CF, que se unía a la del Real Madrid de la pasada semana, dos equipos españoles han alcanzado los cuartos de final de la Liga de Campeones. España confirma así, sin olvidar a los dos representantes alemanes, su hegemonía en el fútbol europeo y mundial. Junto a españoles y alemanes, se han clasificado también un equipo francés, el PSG [pesejé, por favor]; uno italiano, la Juventus de Turín; uno turco, el Galatasaray; y el FC Barcelona, representante de Catalunya, nuevo “sujeto de soberanía” en Europa tras la autoproclamación que tuvo lugar en el Parlamento de la antigua región española
A veces me despierto de madrugada y siento que, como un nuevo Gregorio Samsa, en mi lugar hay otro. Hay días en que soy Llamazares, sé que no volveré a reír nunca más y que mi sueño es llegar a presidente de la República Plural de las Naciones Ibéricas Independientes y Socialistas. Sospecho que me he quedado tonto sin enmienda posible y entro en melancolías. Claro que mucho peor hubiera sido levantarme Madrazo o Joan Herrera, el charnego traidor. Y mucho mejor, devenir Gordillo, que al menos da acceso gratis a los supermercados. Gratis, esa compulsión sagrada de la izquierda. Y de la derecha, porque un día me desperté Ana Mato y alguien me pagaba las fiestas y los coches. Pero como no me enteraba, también me sentí mal.
A mi añorado amigo Pepe Perona le encantaba la palabra oxímoron. Creo que era para él un término fetiche, algo así como “austrohúngaro” para el gran Berlanga. En el caso de Pepe, el oxímoron era la más perfecta definición de la estupidez que veía extenderse como plaga irremediable en la vida española. Hay un oxímoron creativo, claro, como vieja arma retórica, pero en nuestro hispánico caso la gente caía en cada vez más frecuentes oxímoron porque no sabía lo que decía.
Un boxeador solo en el ring nunca puede ser noqueado. Salvo que se golpee a sí mismo. Y el PP anda en ello, en el autoknockout, pero ni así. No es sólo que Rubalcaba haya terminado por ser un malo de spaghetti-western, inconsistente y rehén de su pasado. Es el pasado del PSOE y su absoluto no-futur, su punkización desnatada, su imposibilidad de cambiar el modelo de gasto público inacabable que nos ha llevado a la ruina.
Martes, 21 de mayo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Ramón Moscad Fumadó
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Enrique Zubiaga
Rufino Soriano Tena
Toni García Arias