Blog de Jairo del Agua

Los pecados de "la oración a los santos" I - (¿Quién como Dios?)

18.09.18 | 08:00. Archivado en Religión

(Ruego encarecidamente que NO LEAN esta meditación los católicos de fe frágil, insegura, rígida o fanática. Va dirigida a quienes están convencidos del viejo principio: "Ecclesia semper reformanda", es decir, la Iglesia ha de estar siempre reformándose. Creo que éstos podrán meditar con aprovechamiento cuanto expongo).

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Primer pecado: Sacralizar y Empoderar
Faro 3

Cuentan que a un pescador de bajura le sorprendió un terrible temporal. Con toda lógica arrumbó hacia la costa buscando refugio. Al poco tiempo vislumbró la intermitencia de un faro y navegó a toda máquina hacia aquel punto luminoso.

Tan obsesionado estaba por alcanzar la luz que terminó embarrancando en las rocas al pie del faro. No se percató de que el faro anunciaba la costa pero también avisaba del peligro de un abrupto morro de rocas que había que sortear.

Tengo la impresión de que muchos católicos caemos en la misma prisa que el pescador de este cuento. Nos dirigimos a los santos conseguidores con interesada urgencia, como si ellos fueran la salvación. Les profesamos utilitaria "adoración" y pleitesía, sin darnos cuenta del mayor de los errores: el escabroso morro de la idolatría.
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Asombro

No salgo de mi asombro al observar la complacencia de los guías de nuestra fe ante esta "religión egoísta y tergiversada". Pareciera que lo importante es que la gente se acerque a la iglesia. No importa si es para colgarse del badajo, abrazar gárgolas o untar el santoral.

Me llamarán protestante por escribir estas cosas. Pero es que nuestros hermanos protestantes -hermanos mal que le pese a alguno- tienen gran parte de razón, aunque se hayan deslizado por el extremo opuesto tirando a los santos con las telarañas que intentaban limpiar.

La verdad es que más que "protestante" soy un católico "protestón" porque no me gusta comulgar con ruedas de molino, ni ser manipulado por los poderes religiosos de turno. En eso imito el ejemplo de Aquél al que amo y pretendo seguir. Intento entrar por la puerta estrecha y huyo de supersticiones, supercherías y religiosidades de barro con supuestas soluciones milagrosas a gusto del consumidor.

Además soy devoto de un hermano santo sin fama de milagrero (al que nadie regala flores, lamparillas o limosnas) que me sopla cosas como ésta: "No apaguéis el Espíritu. No despreciéis las profecías. Examinadlo todo, y quedaos con lo bueno. Evitad toda clase de mal" (1Tes 5,19).
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Santos = ejemplo

Esta meditación, por tanto, quiere quedarse con lo bueno e intenta evitar tanta falsa religión, tanta carcoma y telaraña, como hemos dejado que invadiera nuestro precioso Santoral. Pero de ningún modo elimina la "comunión" con nuestros santos y toda la fuerza de su testimonio.

Los santos nos iluminan, ciertamente, pero no son la Luz. Como dice el evangelista Juan del Bautista: "Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. No era él la luz, sino testigo de la luz. Existía la luz verdadera que, con su venida a este mundo, ilumina a todo hombre" (Jn 1,7).

Nuestros hermanos canonizados lo son para servirnos de ejemplo y no para usarlos como gusanos de anzuelo. Ellos no son el puerto salvador, solo nos anuncian que, evitada la escollera, el refugio está cerca.

A nuestros santos hay que tratarles como al resto de nuestros difuntos: Imitando su buen ejemplo, evitando sus errores y perdonándoles, si es que algo de ellos nos hirió. Porque sin duda cometieron errores, a veces flagrantes, aunque tuvieran buena intención.
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Vidriera 3

Ahí está la interminable lista de "santas aberraciones", entre las que incluyo los errores de su época. Ahí está el flamante san Juan Pablo II por el que muchos "fieles vivos" -con razón o sin ella- se sintieron heridos.

Me recordaban el otro día la fatiga y la prisa de mi querido Francisco Javier por bautizar a miles de asiáticos para "librarles de la condenación". Como si la salvación dependiera de los límites de su brazo.

Hoy habría descubierto por la "revelación progresiva" -a la que algunos se resisten resistiendo al Espíritu- que bautizar no consiste en regar cabezas sino en convertir corazones. Pegado a la Misericordia universal habría evangelizado con el mismo fuego pero con menos ansiedad.

Empeñados en "sacralizar" a los santos hemos tapado su plena humanidad. Les hemos elevado tanto que les hemos puesto fuera de nuestro alcance. No fue así al principio. Nuestros primeros mártires fueron admiración y ejemplo para los cristianos. Su testimonio de fortaleza, fidelidad, perdón, entrega y amor era lo que infundía valor a los que seguían viviendo.

Después nos hemos fabricado "poderosos" santos que no tienen ningún poder. Solo su testimonio y sus palabras, traducidas a nuestro tiempo, pueden sernos útiles. Sublimar a los santos hasta convertirles en influyentes "conseguidores" es un tremendo error. Fabricar estatuas, elevar peanas, multiplicar reliquias, agitar incensarios, sin adhesión a su ejemplo, es una fatuidad.
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No a nosotros

Estoy seguro que todos ellos, ante nuestras exageradas "dulías" -concepto abstracto con el que se justifica la doctrina-, cantan a coro: "No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria" (Sal 113).

Y, con toda seguridad, Pablo nos grita como en Listra: "¿Por qué hacéis esto? Nosotros somos hombres como vosotros, que hemos venido a anunciaros que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios vivo, que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos" (He 14,15). ¡Nos tendríamos que poner más colorados que un tomate!

Lo expuesto no es más que uno de los problemas: sacralizar a los santos y olvidar la realidad humana de su vida. Como mucho, recordamos el anecdotario de sus leyendas milagrosas pero olvidamos seguir su camino.

Esa SACRALIZACIÓN lleva consigo el EMPODERAMIENTO, atribuirles un PODER que no tienen. Si pudieran conseguir algo de Dios es que "ese dios" no es pleno, ni omnipotente, ni misericordioso, ni providente, ni padre… Necesita que sus santos le completen y le muevan, demostrando así que son más misericordiosos que el mismísimo Dios.
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Lo mismo debe decirse -por las mismas evidentes razones- de nuestra larga colección de Vírgenes, aunque escandalice a muchos incautos.

Para mí, las muchísimas Vírgenes no son más que un multicolor "álbum de fotografías" de Alguien a quien amo, que me acompaña e ilumina, pero nada puede conseguir del Abba. Ella lo sabe perfectamente y nos empuja a cantar: ¡Tuyo es el poder y la gloria, solo tuyo Señor!

Cuánta oscuridad se cierne sobre nuestras oraciones, usos y costumbres… ¡Cómo hemos podido tragar estas barbaridades sin nauseas y seguir practicando esa idolatría! La inconsciencia, otra vez la inconsciencia… De la que nadie, al parecer, nos quiere sacar.

En la siguiente parte hablaré de la otra gran "corrupción" en el trato con los santos: el utilitarismo. Dos son, pues, las nefandas perversiones en el culto a los Santos y a la Virgen: SACRALIZAR (en su sentido original de "divinizar") y UTILIZAR (¿demandaderos para conseguir la misericordia que Dios nos niega o raciona?)

En nuestra ignorancia y promocionada mentalidad infantil nos hemos construido un "cielo de cuento terrenal" en el que colocamos a nuestros santos y les tratamos como si estuvieran inmersos en los poderes, intereses, influencias y regateos de nuestro mundo.

¡Hace falta ser tontos! Y lo digo especialmente por mí, porque cuando me deslizo por esa trampa -pocas veces ya-, demuestro tener por cabeza un tarugo, por corazón una escoba y un espantapájaros por religión.

¡Qué duros de oído Señor!

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14) Imagenes de Dios

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Comentarios
  • Comentario por Antonio Llaguno 01.10.18 | 15:44

    Antonio Manuel
    los relativistas de verdad no somos excluyentes. precisamente por ser relativistas (lo que algunos llamáis herejía modernista) no excluimos nada. Cuando los carcas neo inquisidores me llaman hereje yo no les cuestiono el derecho de orar como ellos quieran o de creer o de celebrar la misa como les plazca (como ellos sí hacen/hacéis conmigo).
    Es su/vuestro derecho y quizás tengan su parte de razón. Igual que los mormones o los adventistas del quincuagésimo séptimo milenio o quién sabe que otras religiones.
    Todo ser humano es libre de encontrar su camino hacia Dios porque creo firmemente que como decía el poeta Leon Felipe: "Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol... y un camino virgen Dios."
    Eso no es autosuficiencia sino más bien al contrario. Humildad en el respeto a cualquier forma de relacionarse con Dios. Incluso a las que acaban en supersticiones que el entendimiento humano no puede aceptar.

  • Comentario por Antonio Manuel 29.09.18 | 11:30

    Autosuficiencia: " f. Estado o condición de quien se basta a sí mismo."
    Las sociedades humanas opulentas (que alcanzan el bienestar provocando el empobrecimiento de otras sociedades) tienden a un relativismo excluyente. Lo analizan todo en el hilo de su interés. No conciben la trascendencia del ser humano, y tienen como dios al dinero. No se puede hablar de religiones, y menos si éstas propagan el "castigo" al malvado. El mal "no existe en el hombre", ya que el ser humano es bueno, porque Dios es bueno y perdona a todos, es el nuevo paradigma. De esta manera se justifica la autosuficiencia, ya que el daño que se produce, no es tal daño, sino una consecuencia necesaria para seguir creciendo en el "bienestar material", que logran los propios humanos.
    El Evangelio, la misericordia, el perdón, aceptar a Dios, tiene un camino difícil para llegar a los corazones de esta sociedad opulenta actual.

  • Comentario por saruce 27.09.18 | 14:50

    ...
    El comentario anterior entronca con lo siguiente:
    Hace pocos días visitamos al hijo recién nacido de unos amigos nuestros, a los que tenemos verdadero cariño.
    Cuando ya llevábamos un rato en casa de ellos, nos comentaron que no habían bautizado al niño. Ambos son cristianos, pero no practicantes.
    Cuando salimos de aquella casa, "amenazamos" a los padres con bautizar al crío, en cuanto tuviésemos ocasión de ello. Ambos rieron. Nos despedimos con sendos abrazos de auténtico cariño.
    Unos meses más tarde, nos visitaron en casa.
    Se marcharon a hacer unas compras, y nos dejaron al cuidado niño, una media hora.
    Cuando regresaron, nos preguntaron si habíamos bautizado a su hijo, y entonces las risas partieron de nosotros.
    Días más tarde, los volvimos a ver, y aprovechamos para bautizarlo con agua, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y así se lo comunicamos a ellos.
    Pensamos que fue un maravilloso regalo...

  • Comentario por saruce 27.09.18 | 14:34

    Hoy, como casi siempre, estoy de acuerdo con algunos, y disiento de otros, y por suerte, me siento con vitalidad para debatir un poco.
    Hace unos días tuvimos la ocasión de encontrarnos con unos buenos amigos, que han cambiado en bastante sus postulados y actitudes vitales, sociales y familiares. Quizás el mayor error en el que caían durante nuestra conversación, era el de exigir que les convenciéramos de nuestra fe, que ellos habían perdido, por razones que no vienen al caso.
    Pienso que la fe en Dios, es un regalo de... Dios.
    No pretendo echar balones fuera, ni justificar mi actitud de respeto, y no de pasotismo, sino considerar el derecho de cada persona a creer en aquello que desee, sienta, o se incline.
    La intensidad de esa fe, o de esa falta de la misma, pertenece a su interior, a su alma, a sus conocimientos, o hacia su sabiduría.
    Que Dios me libre de imponer mis criterios sobre la conciencia de los demás.
    ...

  • Comentario por Antonio Manuel 20.09.18 | 16:23

    Tirando de hemeroteca, esto decía yo:
    Comentario por Antonio Manuel 21.09.17 | 18:39
    Apreciado Saruce, nunca me molestaran tus palabras. Pido perdón si las mías si lo hacen. Yo no digo que acudo a un Santo para que me consiga algo del Padre. Yo digo que acudo a un Santo para que me ayude a encontrar el camino que ha de llevarme al Padre; después claro que pido al Padre. La devoción a los Santos era el Ejemplo de su vida, para imitación nuestra. No se cuando, pero derivó hacia el "amigo al que pido recomendación". San Antonio de Padua realizó muchos milagros, en aquel momento lo normal sería que si me acercaba a él, obtendría mi petición, y quizás por derivación llegamos a la tradición de visitar a un Santo para pedir su intercesión, pero todo el mundo sabe que es el Padre el que nos escucha.

  • Comentario por Antonio Llaguno 19.09.18 | 11:56

    Amigo Jairo
    Sería interesante que abordaras, desde el mismo punto de vista que abordas el de la oración, el tema de la eucaristía.
    Hoy he leído un artículo en que un sacerdote (Es verdad que es un sacerdote muy desprestigiado por defender a machamartillo a los torturadores y violadores represores argentinos, entre ellos su padre, pero cura a fin de cuentas. No importa que no sea digno de la sotana que viste) defendía, según él con criterios teológicos de peso, que la liturgia tridentina de la misa fue la ¡¡¡¡Establecida por el propio Jesucristo!!!
    ¡¡Y no se le cae la cara de vergüenza!!
    De estos polvos vienen elresto de los lodos

  • Comentario por José Luis González Regueiro 19.09.18 | 10:22

    Hermano Jairo, supongo que como todos (yo me incluyo) te equivocas muchas veces ,"siete veces peca el justo al dia," y puedes estar errado en tus ideas y apreciaciones, pero es de borregos , fanáticos y gente sin luces el no considerar y reflexionar sobre lo que una persona piensa, siente o vive, y concluir que puede tener razón, aunque no coincida con lo que uno piensa siente o vive. Deberíamos enmarcar en nuestra iglesias y corazones lo que dice S. Pablo, al que citas " probarlo todo y quedaos con lo bueno", y recordar de paso que lo de iglesia siempre reformada exige la propia y permanente conversión de uno. Y digo todo esto (perdón por la perorata( debe ser defecto de cura) para concluir que estoy plenamente de acuerdo con tu artículo, no cambio ni una coma. El Maestro dijo " porque me llamas santo uno solo es Santo" y eso debería bastarnos, Hay un cuento de T de Mello a propósito , si lo encuentro te lo envío.
    Espero con ansia la próxima entrega. Ánimo y un abrazo fr...

  • Comentario por Antonio Llaguno 18.09.18 | 10:18

    Recuerdo la primera vez que , siendo niño, vi la película "Hermano Sol Hermana Luna" sobre Francisco de Asisy recuerdo desde entonces la escena en que Francisco, iluminado por el conocimiento profundo de Dios, se despoja en público de sus vestiduras y se dispone a ser un "hermano menos" un pobre entre los pobres.
    No seré yo quien se compare con el santo, pero esa imagen me ha sido muy útil en catequesis para presentar lo que debe ser la religión y la Iglesia.
    Si despojamos a nuestra fe y nuestra Iglesia de sus ropajes, de sus vestiduras de sus parafernalias creadas por hombres que, en muchos casos con su mejor intención, solo tratan de acercar a Dios a su conocimiento del mundo. No ser signos y portadores del amor de Dios sino hacer a Dios portador e imagen de las miserias humanas.
    Entonces habremos conseguido de verdad acercarnos al padre bondadoso que tenemos ahí donde esté.
    Y entonces nos daremos cuenta de que basta con "¡¡Hágase tu voluntad!!"

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