Blog de Jairo del Agua

¿A quién oramos? I - (Errores en la oración)

30.05.18 | 08:00. Archivado en Religión

La práctica religiosa esencial es la oración. Para eso son las capillas, iglesias y catedrales. Para eso hay curas al frente de ellas. Curas devenidos en meros "tiralevitas" y "repartidores de ritos y rogativas" como principal actividad, con poco sueldo y enorme sacrificio. ¿Será por eso que escasean?

Inexplicablemente, en vez de enseñarnos a orar y caminar a la luz del verdadero rostro de Dios, nos confunden y pretenden alimentar nuestra natural religiosidad con ritos y rutinas equívocos.

Convierten la oración en soga de campana y a nosotros en meros papagayos que todo lo fían a un "dios pasivo y falso" al que hay que sacar de su sordera y conseguir que se movilice. ¡Menos mal que queda a salvo nuestra buena intención y nuestra maltratada espiritualidad latente!
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No es verdadero el "dios pasivo y juez" al que hay que mover constantemente con nuestras oraciones, sacrificios y súplicas de perdón.

El Abba de Jesús es una "Madre activa" que todo lo ha creado, todo lo mantiene, todo lo cuida y todo lo inunda. De ninguna manera necesita que le recordemos "sus deberes" y la empujemos a "actuar".

El Abba nos ama gratuitamente y actúa continuamente, aunque nos ha entregado la administración de este mundo por respeto a nuestra libertad. Sin ella seríamos como hormigas o lagartos que nacen, se aparean, se reproducen y mueren, sin consciencia ni decisión alguna.

¡Somos nosotros los que tenemos que movernos y administrar nuestras vidas de forma autónoma y libre! Dios no vendrá a removernos el cocido aunque nos haya regalado todos los condimentos. Y ahí entra la oración para ayudarnos a encontrar LUZ y ENERGÍA para acertar en ese "camino de maduración autónomo" que es la vida humana.
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¿Y qué estamos haciendo? Pues nos tienen "atrapados" en un pasivo "Cristianismo judaizante", cuya actividad religiosa se reduce, casi exclusivamente, a pedir a Dios que nos perdone, se mueva, nos mire, nos escuche, se acuerde de nosotros y de nuestros muertos, para que todos nuestros problemas se resuelvan por su mano milagrosa. ¡Un verdadero disparate!

¿Dónde queda nuestra libertad, nuestra autonomía, nuestra responsabilidad, nuestra actuación, nuestra capacidad de decidir y resolver? ¡Que lo solucione todo Él que para eso nos ha creado! Oración para enterrar talentos. Ni nos preguntamos por ellos.

Voy a volver a meditar sobre este importantísimo tema durante unas semanas para ayudar a la gente sencilla. Los mandamás están desahuciados para mí: "Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis reo del infierno dos veces más que vosotros" (Mt 23,15).

Han perdido totalmente la brújula de los "signos de los tiempos" (Lc 12,56), es decir, del "progreso de la sabiduría y del tiempo" en que se mueve nuestra autónoma existencia humana. Sus consignas se reducen a repetir y repetir. Lo llaman tradición y la embalsaman, demostrando así que es un cadáver.
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Sin embargo, el Evangelio es un grito indescriptible que nos llama a permanente "renovación, conversión y progreso", tanto personal como grupal.

Allá voy de nuevo. Serán unos minutos muy útiles para "pensar con sentido común". ¿A quién oramos? ¿Oramos al Abba de Jesús, o al iracundo e influenciable Zeus, o al implacable jefe Yahvé? ¡La religiosidad y buena intención no bastan, no bastan!

La Verdad absoluta está vedada al ser humano, somos incapaces de alcanzarla. Lo que sí podemos hacer es reconocer y retirar los errores para aproximarnos a ella. Eso es lo que intentaré en esta larga meditación.
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Un amigo mío me confesaba: De niño aprendí que "orar es levantar el corazón a Dios para pedirle mercedes". De mayor he comprendido que "orar es fabricar `mercedes´ para avanzar en la vida ofreciéndosela a Dios". Tras el chiste, hay mucha teología de la buena.

En nuestro subconsciente y en nuestra imaginería late la idea de que Dios está en las alturas y hay que alcanzarle con esforzadas oraciones para que nos haga llegar su favor desde allá arriba. Estoy convencido de todo lo contrario: Dios es la cercana luz que quiere traspasar nuestras oscuras barreras y atraernos a sus brazos.

Somos nosotros los que tenemos que dejarnos alcanzar y no a la inversa. Es Él quien llama "con gemidos inenarrables" (Rom 8,26) a su desorientada y amadísima criatura: “Estoy a la puerta llamando: si me oís y me abrís, entraré en vuestra casa y comeremos juntos” (Ap 3,20). Solo hay que abrir y dejarle pasar.

Habitualmente pretendemos que nuestra oración mueva a Dios y nos resuelva los problemas, mientras nosotros esperamos el favor o el milagro sin utilizar nuestros dones, sin saber siquiera que los tenemos. Con demasiada frecuencia acudimos a la oración de petición sin acertar a pasar de ahí o, lo que es mucho peor, sin percatarnos de que oramos a los ídolos. Citaré algunos, sólo como ejemplo:
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- El dios de la manga, al que imaginamos en el Olimpo, distraído, absorto en sus cosas, incluso encolerizado por nuestros pecados. Y necesitamos llamar su atención, tirarle de la manga, para que se acuerde de nosotros y nos escuche: ¡Eh, que estamos aquí, auxílianos! O como decimos en las preces litúrgicas: "Te rogamos, óyenos". Pero los problemas no se resuelven e inconscientemente nos vamos convenciendo de que es sordo. Incluso hay quien habla del "silencio de dios", también es mudo.
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- El dios grifo, que nosotros abrimos a nuestro antojo con la oración y se cierra automáticamente cuando no nos acordamos de pedir. Sólo obtendremos el líquido deseado si apretamos el botón o giramos la llave. Si no responde a nuestra petición, pensamos que es un mal grifo, que está seco o que otros -más buenos- le han agotado.

- El dios negociador, al que ofrecemos algún sacrificio, alguna promesa, alguna vela, a cambio de la deseada concesión. Negociamos de mil maneras para conseguir aquello que deseamos. Negociamos incluso con nuestro dolor: Si me disciplino o uso cilicio o camino de rodillas, seguro que le conmuevo.

No nos damos cuenta de que ésos son dioses falsos, ídolos, que ni ven, ni oyen, ni entienden. El Dios verdadero sólo quiere nuestro bien y nuestra felicidad sin precio alguno, totalmente gratis. Basta con que lo busquemos por el camino correcto y nos dejemos inundar porque “mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,30).
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¡Yo creo en TI, mi Dios Torrente, que te derramas sobre tus criaturas sin dilación ni pausa, aunque no oren ni sepan rezar!

Hace poco leí en la portada de una revista católica algo que me estremeció: "Un milagro arrancado a Dios a base de oración". ¿A qué "dios de granito" ora esa gente? ¿Cómo es posible pensar que hay que alcanzar la mano de Dios con escoplo y martillo? Yo creí que estas cosas no podían siquiera pensarse en nuestra Iglesia, y mucho menos publicarse.

El Dios en quien yo creo declara abiertamente: “encuentro mis delicias con los hijos de los hombres” (Pro 8,31). Nos creó con todos los recursos, nos ha dado preciosos dones, que debemos descubrir y explotar.

Somos nosotros los que hemos de movernos, conocernos, hacer fructificar nuestros talentos, los que Él nos regaló cuando nos pensó desde la eternidad.

Nuestro Dios no nos da peces cuando los pedimos en la iglesia, sino que nos proporciona la mejor caña (nuestros dones personales), nos muestra sus mares y nos enseña a pescar (con su vida, su palabra y sus luces puntuales).

Decía Martin Luther King: "Dios, que nos ha dado la inteligencia para pensar y el cuerpo para trabajar, traicionaría su propio propósito si nos permitiese obtener por la plegaria, lo que podemos ganar con el trabajo y la inteligencia".

Y en Mateo se lee:

"No todo el que dice: ¡Señor! ¡Señor!, entrará en el reino de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial... El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a un hombre sensato que ha construido su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se echaron sobre ella; pero la casa no se cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Y todo el que escucha mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre insensato que ha construido su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se precipitaron sobre ella, la casa se cayó y se arruinó totalmente" (Mt 7,21).

Son por tanto las obras, las actitudes, la “decidida decisión de volver al Padre" lo que hará nuestra vida sólida como una roca y exitoso el camino de regreso. Nuestra apertura interior a su llamada, la andadura decidida y esforzada hacia sus brazos, es lo que conseguirá colmar nuestros anhelos. NO el palabreo rutinario e interesado.

Juan nos advierte:

"Todo lo que pidamos, Él nos lo concederá porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada" (1Jn 3,22). Es decir, el resultado está ligado a la aceptación de su maternal cuidado, de su amor gratuito, del respeto a las reglas de su creación (su viña). Lo mismo que la luz y el calor están asegurados para quien se expone al sol.

Mateo insiste:

"Al rezar, no os convirtáis en charlatanes como los paganos, que se imaginan que serán escuchados por su mucha palabrería. No hagáis como ellos, porque vuestro Padre conoce las necesidades que tenéis antes de que vosotros le pidáis" (Mt 6,7).
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No, nuestro Dios no es un grifo, ni un buhonero de feria con el que se pueda hacer cambalache. Sería un dios muy pequeño.

Nuestro Dios es un torrente que se vierte permanentemente sobre nosotros. ¿Qué hacer para obtener su agua? Abrirse, ensanchar el recipiente, vaciarse de estorbos, reconstruir las grietas. Si no, estarás bajo el Torrente pasando sed o recogiendo tu pequeñísima medida o perdiendo al instante lo recibido por tus múltiples ranuras...
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Afirmaba san Ignacio: "Haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en el resultado como si todo dependiera de Dios".

San Agustín es todavía más rotundo: "La oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros" (Carta a Proba).

Cuando hablo o escribo estas cosas siempre hay alguien que pregunta: ¿Entonces por qué dice el evangelio "pedid y recibiréis"? En la próxima meditación mi modesta respuesta.

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Comentarios
  • Comentario por Vicente 11.06.18 | 21:34

    al Padre Dios bueno.

  • Comentario por Jairo [Blogger] 05.06.18 | 21:25

    Recibido de David:

    Apreciado Jairo: Es la primera vez que me pongo en contacto pero suelo leer sus artículos que se publican en Religión Digital.

    Soy una persona mayor (cumpliré próximamente 75 años), estoy casado y tengo 2 hijas y 4 nietos. Vivo en Vitoria y en verano suelo estar en un pueblecito de la Rioja alavesa, donde en ocasiones presido la Celebración de la Palabra y puedo hablar de lo bueno que es Dios.

    En estas líneas quiero explesarle un “me gusta” lo que ha escrito sobre la oración. Yo siempre suelo decir que casi mi única oración es de acción de gracias por todo lo que el Señor me ha regalado. No me siento a gusto en la oración de petición, pues, El sabe de sobra todo lo que me pasa y lo que hay en mi corazón: grandeza y miseria.

    Mi cambio comenzó a gestarse a raíz de ser padre. Ver a mis hijas pequeñas, indefensas, plenamente confiadas, no necesitaban pedirme nada, pues yo se lo ofrecía todo en la medida de mis posibilidades. A medida que fueron creciendo mi amor les respetó su libertad y hoy estoy orgulloso de las dos, porque siguen con sus hijos la misma línea.

    Mi vida ahora la siento en manos de Dios y mi oración de la mañana es ésta: "Gracias Señor por este nuevo día. Que todas las personas con las que me encuentre hoy vean en mí algo de Ti".

    Puedo decirle que vivo feliz.

    Como anécdota puedo decirle que un día en una reunión de Cáritas, porque soy voluntario desde hace muchos años, les dije: Yo, a la noche, al repasar el día termino con esta frase: "Gracias, Señor, porque me queda un día menos para encontrarme contigo". Los compañeros se echaron a reír con cara de sorpresa, pero es la realidad.

    Perdón por esta perorata.

    Un abrazo en la distancia y a seguir enseñando.

  • Comentario por Antonio Manuel 04.06.18 | 15:56

    Rezar con la mente y el corazón puestos en la oración que nos enseñó Jesús, "Padre nuestro que...", es la oración perfecta, sin errores. En mi opinión, rezar el Padrenuestro en la misa, o donde se haga, debiera tener un contenido de enseñanza, al igual que cuando se explica la Palabra de Dios; quiero decir, que rezar el Padrenuestro no debiera ser algo "mecánico" sin tiempo a la meditación, y dándonos cuenta de que estamos "hablando" con Dios Padre.

  • Comentario por saruce 01.06.18 | 20:26

    Llevo unos meses en los que, sin saber por qué, mis intentos por conectarme en mi blog, o en mi correo, salen por peteneras, siendo eliminados, o ignorados.
    Hoy acabo de conectarme, pero tengo mis dudas sobre el éxito de este intento. Por mí que no quede.
    El tema del post me resulta altamente atractivo.
    ¿Cómo rezar, sin caer en errores?.
    Posiblemente, siendo un espíritu puro.
    Porque, ¿quién es capaz de comunicarse con Dios, con algo parecido a un Padrenuestro, que tenga igual o similar carga de espiritualidad, de fe, de amor y de esperanza, que un Padrenuestro?.
    "Orar es rezar a Dios y pedirle mercedes" ( Ripalda, 1.954).
    Y después de pedirle "mercedes" a Dios, el gesto de confianza el Hijo al Padre Dios:
    "Pero que no se haga mi voluntad, sino la Tuya".
    Todo esto no puede salir de un cerebro y un corazón solo humanos.
    Creo que no he hecho más que liar, ¿no es cierto?.
    Un abrazo.

  • Comentario por Antonio Manuel 31.05.18 | 20:00

    NOTA:
    Los tres comentarios que he incluido, estaban en el "email" que envié a Jairo. Hemos intercambiado ideas, y el propio Jairo me pidió que los incluyera en este apartado de Comentarios. No lo había hecho antes por un error mío en el acceso de este blog, por no "abrir" el mensaje, no me aparecía el apartado de intercambio de opiniones.

  • Comentario por Antonio Manuel 31.05.18 | 19:58

    La verdad objetiva nada tiene que ver con los potenciales defectos de las personas. Los curas son personas y también "esclavos" de sus limitaciones, como todos nosotros. Cuando uno descalifica al otro, ya pierde la razón objetiva.
    Todos vemos que en la Iglesia hay exceso de "burocracia" por exceso de normas y diversidad de culturas. Vayamos a lo más sencillo: ¡ Dar "altavoz" a las enseñanzas de Jesús, que son las palabras del Dios -Abba-! . No podemos entenderlo todo, pero podemos ser fieles, a pesar de nuestros egoísmos, a algo tan maravilloso de que Dios viniese a nosotros en la persona humana de Jesús.

  • Comentario por Antonio Manuel 31.05.18 | 19:54

    Por lo que se ve, y lee, hay personas que de palabra dicen estar cerca de Dios, que le conocen y que son los fieles buenos; luego cuando se refieren a los demás, los valores se elevan a insulto, a escarnio, a elevar la intransigencia dolosa hacia el prójimo, porque sea cura, o porque dicen otras cosas que no les gustan. Siento dolor por lo mordaz a lo que uno puede llegar. Y lo peor, estar convencido de que se está haciendo un bien.
    En mi opinión, Jairo, usted no puede ser cristiano y, claro está, católico; sino sus planteamientos tendrían la carga positiva de enseñar y ayudar a la mejor comprensión del Evangelio para iluminar el verdadero Camino que Jesús nos enseñó. "... a tu hermano repréndele en privado, y perdónale hasta setenta veces siete...". También me pregunto, ¿qué clase de curas conoce usted, Jairo?.

  • Comentario por Antonio Manuel 31.05.18 | 19:47

    El Publicano pedía perdón a Dios, porque era un pecador... y salió justificado.

    "...dijo Jesús a sus discípulos: Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. (Mateo 6, 7-15)

  • Comentario por Jairo [Blogger] 30.05.18 | 22:49

    .
    No encuentro contradicción alguna en tu comentario con lo expuesto (observación consciente y meditación) en mi escrito.

    Salvo que creas que los "milagros" se consiguen a demanda.

    Estoy convencido que TODO, absolutamente TODO, lo tenemos PRECONCEDIDO. Pero hay que saber trabajarlo y encontrarlo (como los peces del mar).

    Abrazos amigo.

  • Comentario por Antonio Llaguno 30.05.18 | 09:39

    .....Continua
    se conjuren para que lo que le he pedido a Dios se produzca.
    Obviamente no estoy hablando de que me toque la lotería ni cosas así.
    Y no viene del cielo, uno debe poner de si mismo (En mi pueblo dicen eso de "Fíate de la Virgen y no corras")
    Lo que sí tengo claro es que el párrafo final de Marcos se ha hecho realidad en mi vida en varias ocasiones:
    "A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos." (Mc. 16 16-20)
    Solo hay que saber identificar esos milagros y dar gracias a Dios por ellos.

  • Comentario por Antonio Llaguno 30.05.18 | 09:34

    Hola Jairo
    Reconozco que no estoy de acuerdo del todo contigo esta vez.
    Dios siempre sale a nuestro encuentro y la oración del Padrenuestro es "Hágase tu voluntad" que seguro que es buena y que es lo que necesitamos.
    Pero está bien contarle a Dios nuestras penas (y nuestras alegrías), nuestras esperanzas (y nuestros problemas), nuestros anhelos (y nuestros sinsabores).
    En mi vida, tengo la experiencia de que Dios (y en mi caso muy particular, María su madre a quien tengo especial devoción) ayuda.
    Es cierto que como dice el refrán, "Dios ayuda a los que se ayudan", pero no es menos cierto que también allana el camino.
    Es difícil combinar esa intervención de Dios en nuestras cosas con la libertad y el libre albedrío que nos ha regalado. Pero es posible. A veces las cosas se dan. Y yo tengo experiencia en mi vida de pedirle algo a Dios y que salga adelante. Es decir que "milagrosamente" se den las condiociones para que libremente las personas de mi al...

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