Blog de Jairo del Agua

Expiación vicaria - (Una blasfemia arrastrada y sacralizada hasta nuestros días).

12.02.17 | 20:00. Archivado en Religión

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"En vano me rinden culto enseñando doctrinas que son preceptos humanos. Dejáis el mandamiento de Dios y os aferráis a la tradición de los hombres" (Mc 7,7).
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expiacion

Se llama "expiación vicaria" al pago de una culpa por una persona distinta al culpable por medio de algún doloroso sacrificio o incluso la muerte. Es decir, pagas tú mi culpa para que no tenga que pagarla yo, ni sufrir las consecuencias de mis actos.

Esa posibilidad no existe en el ordenamiento jurídico mundial. Una madre no puede ir a la cárcel en vez de su hijo culpable -por ejemplo- aunque lo desease y lo pidiese insistentemente.

Y no existe porque es una injusticia flagrante. Somos individuales y libres, por tanto las consecuencias de la conducta han de ser soportadas por el individuo. Aunque pertenezca a algún grupo delincuente o el delito se cometa en grupo, cada uno deberá ser juzgado por su participación individual.

Otra posibilidad sería fuente de innumerables arbitrariedades. Ya me estoy imaginando a más de un ricachón contratando a algún pobre esclavo para "expiar" por los delitos de que pudiera ser acusado. Existe de hecho, en grupos tramposos, el "cabeza de turco" que es una forma fraudulenta, miserable y opaca de evitar la propia responsabilidad.

Pero mira por dónde lo que no existe en la Justicia humana, por ser radicalmente injusto, se lo hemos colgado a la Justicia divina que acepta -decimos- "sacrificios vicarios", bien para su honra, bien para perdonar pecados. Así, desde las brumas de la historia humana, se han sacrificado vírgenes, niños y primogénitos a un "dios avaro y cruel" para tenerle contento o para obtener su perdón.
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Abraham

La Biblia recoge el sacrificio de Abrahán, interpretado durante mucho tiempo como el súmmum de la "fidelidad". Sin embargo el mensaje es totalmente inverso: El Dios único y verdadero detiene el brazo parricida y abate la conducta pagana de Abrahán porque no admite sacrificios humanos, habituales en pueblos y religiones limítrofes.

¿Y qué pensar hoy de Jefté que sacrificó a su única hija por una "promesa" hecha a su "dios"? (Jue 11,34). Parecidos hechos terroríficos se relatan de una religión, en gran medida bárbara, como la judía. (Me llega esta inspiración mientras escribo: "O nuestro Cristianismo rompe totalmente con las aberraciones judías, por muy bíblicas que sean, o en vano vino Cristo").

Y es que los judíos hicieron de la "expiación" el centro de su liturgia. Había que aplacar a un "dios iracundo" y comprar su perdón. Ese "dios terrible" se cobraba las culpas no solo del culpable sino que "castigaba la maldad de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación" (Ex 34,7 y otros). Y, desde luego, ordenaba exterminar a los enemigos.

Todavía en el Evangelio emerge la pregunta: "¿Maestro, quién pecó éste o sus padres, para que naciera ciego?" (Jn 9,2). Es que ese "dios de la expiación" no pasa ni una, o pagas tú o paga otro por ti... Pero ese no es el Abba revelado por nuestro Señor. ¡Ni muchísimo menos!

Sin embargo, los escritores judíos del NT no pudieron evadirse de su "mentalidad judía" al interpretar la muerte de Cristo. Les fue imposible entenderla y explicarla en otra clave que la que conocían. De ahí sus alusiones, más o menos claras, al "sacrificio expiatorio y vicario" de la Cruz.
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Escritura por ordenador

No es racional exigirles otra cosa por muy iluminados que estuvieran. Sería como pretender que nos hubiesen transmitido el mensaje en un ordenador, con fotos a color y música de fondo. ¿O es que el Espíritu Santo no conocía estas modernidades? No podemos confundir la "esencia de la revelación" (el mensaje del cuadro) con la interpretación judía del escritor sagrado (el marco, colores y figuras).

Claro que eso lo sabemos ahora, con la perspectiva que da habernos alejado de la "pura letra". Lo que no ocurría en el siglo XI cuando san Anselmo escribe, resume y consagra la teoría de la Redención como "expiación vicaria" de Cristo que sufre y muere por nuestros pecados. Y de esa forma obtiene el perdón de Dios para toda la humanidad. De ahí los extravíos de muchos Santos que se instalaron en la "auto agresión" (pecado contra el 5º mandamiento) para "expiar" sus pecados o los de otros.

Detrás de la "expiación propia o sustitutiva" está la imagen troglodita de un "dios terrible y justiciero" que solo perdona si hay pago. Y acepta, además, el dolor y la sangre como única moneda de cambio.
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Saturno 0

Vuelvo a preguntar: ¿Qué "dios" se alimenta de dolor, sangre, sacrificios y lágrimas? ¿Qué "dios" devora a su propio hijo? Y vuelvo a responder: Un ídolo mítico, tétrico, terrible y vengativo, como Saturno, que en nada se parece al Dios de los cristianos.

Es más, es una aterradora blasfemia tal paralelo. Nos la han tapado con palabras e imágenes dulces de un Padre con melena y barba blancas, que amó tanto al mundo que sacrificó a su Hijo... ¡¡Hipócritas!! (Por algo este epíteto es uno de los más evangélicos).

Soy incapaz de describir el agudo dolor que siento al comprobar que nuestra "autoritaria madre y maestra" (la prostituta que se auto proclama "santa", por lo que está exenta de cualquier conversión o cambio) sigue difundiendo negras leyendas del pasado como una madrastra peligrosa y oscura. Y me duele porque es mi Iglesia, mi Familia, el Pueblo con el que camino a cuestas con mis pecados. Me duele porque hiere mi fe, la certeza del Dios amante y amado que palpita en mi corazón.

Lo digo porque esta meditación nace como respuesta a una "hoja dominical" del Arzobispado de Madrid donde un clérigo de campanillas escribe: "El sufrimiento vicario del Siervo, a favor de toda la humanidad, carga sobre sus espaldas el pecado de todos para liberarnos a todos… Los sufrimientos y la muerte del Siervo tienen carácter sustitutorio y expiatorio. Él actúa en nombre de Dios a favor de la colectividad. Toda la historia de la salvación se asienta sobre el concepto de personalidad corporativa y sobre la sustitución, etc.".

Este teólogo "actual" nos vuelve a embarrar con absurdos conceptos sacados de viejos libros momificados. No nos habla con la "sabiduría del corazón" que intuye que un Dios amante no puede exigir el sacrificio de su propio Hijo como "pago vicario" de un castigo, decretado por Él mismo y ejecutado de forma terrible e inhumana sobre el Inocente, para cumplir su voluntad...
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Desconcertante

¡Qué desconcertante y horrendo que nos sigan golpeando con antiguas interpretaciones incoherentes y aterradoras que hacen daño a cualquier conciencia medianamente humana!

¿Qué diferencia hay, por ejemplo, con los sacrificios mayas de vírgenes y niños para satisfacer al dios Chac? Aquellos "salvajes" -de avanzada civilización- se creían perdonados y protegidos al ofrecer víctimas expiatorias a su "dios", sangre humana a cambio de perdón y bendición. Es una constante histórica de muchas épocas y pueblos ante un "dios iracundo y vengativo".
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En contrario, la Buena Noticia nos revela que el Dios único y verdadero es un Padre amoroso. ¿Y qué hemos hecho, hermanos míos, con esa revelación central? Nos hemos deslizado por interpretaciones judaizantes hacia el primitivo "dios iracundo y vengativo" confundiendo la causa y el sentido de la Cruz del Señor.

¡Qué daño hacen estos curas y jerarquías a nuestra fe! Los fieles de hoy no podemos comulgar con ruedas de molino. Hacen daño, mucho daño, insistiendo en la "expiación vicaria" y envenenando con ella la Liturgia. ¡Cuánta conversión pendiente tenemos los católicos! ¿Los cerebros de los "planes pastorales" y los promotores de "vocaciones" quieren atraer a los jóvenes de hoy con estas historias de terror?
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Flagelarse

El sacrificio, el dolor y la sangre, no son ofrenda grata al Dios Amor, salvo que sean irremediables y se vivan con humilde aceptación.

Él está contra el dolor de sus hijos -como cualquier padre- y nos consuela en los sufrimientos causados por nuestros propios errores o por la injusticia de otros. Siempre apoya, sostiene y abraza. Jamás exige dolor a cambio de perdón, ni sacrificio a cambio de amor.

Su amor y su perdón están gratuita y permanentemente garantizados. ¿Entendemos esto de la gratuidad? ¿Cómo, entonces, podemos pensar que exige "expiaciones propias o sustitutorias"?

Otra cosa muy distinta a la "expiación" es el esfuerzo, el trabajo, la constancia y el sudor de quien quiere progresar en la vida, de quien quiere explotar sus talentos, de quien busca humanizar y humanizarse.

Otra cosa muy distinta es la "ley de la causalidad": A tal causa corresponde tal efecto. Si te dedicas a robar terminarás pudriéndote en la cárcel. Si no trabajas y te esfuerzas, terminarás en la miseria. Si no respetas tu cuerpo y lo cuidas, terminarás enfermo y sufriente. De esas consecuencias tendrás que salir con esfuerzo y dolor. No son "expiación" ante un Dios justiciero, son las consecuencias de tus malas elecciones.

Otra cosa muy distinta es la "conversión" y la "rehabilitación" de los malos funcionamientos que te han degradado como ser humano. Si descendiste a la degradación, tendrás que hacer el esfuerzo de volver a subir a la condición humana.

Damian de Molokai

Otra cosa muy distinta es el "gratuito amor oblativo" de quien se dedica a cuidar y ayudar a otros por encima incluso de sus propias necesidades.

Ahí están miles de religiosos y religiosas renunciando al amor de pareja, al dinero y a su libertad de movimientos (castidad, pobreza y obediencia) para dedicarse a ayudar. En muchas ocasiones para paliar las consecuencias de pecados y errores de otros (cárcel, enfermedad, pobreza, adicciones, tristeza, inseguridad, etc.).

Ahí están miles de padres y madres de familia poniendo por delante el bien de sus hijos. O miles de profesionales cristianos viviendo su trabajo con verdadera y solidaria entrega.
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Nada que ver todo esto con la "expiación vicaria". La hemos conservado como piedra angular de un tinglado religioso irracional, que agrede al Abba revelado en el Evangelio, que cierra la puerta al Espíritu y a su llamada continua. "Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa" (Jn 16,12). No dice que la conseguiremos o la hayamos conseguido -como presumen quienes dicen tenerla en el bolsillo- sino que nos guiará en su búsqueda.

Nos han creado individuales y libres. Y así debemos afrontar nuestro progreso en la vida. Los otros pueden reconocer nuestro potencial, iluminarnos, querernos, acompañarnos, pero no pueden crecer por nosotros, ni pueden discernir, elegir y actuar por nosotros. Es absurdo pensar que puedan "expiar" por nosotros. Y más absurdo todavía pensar que Dios exige "expiación" alguna.
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Jesus-puerta

El Dios de los cristianos solo busca encontrarse con nosotros para ayudarnos a desarrollar la vida y hacernos felices acá y allá. Esa es la finalidad de la Creación, de la Encarnación y de la Redención. Y nosotros enredados en seguir jugando con crucigramas judíos...

Si no somos capaces de escanciar la novedad del Evangelio y de renunciar con inteligencia a la ancestral barbarie religiosa, seremos incapaces de avanzar y descubrir la "nueva" evangelización que necesita el evolucionado ser humano de nuestro tiempo.

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Tropezar

Meditaciones desde la calle

¿En qué Dios crees?
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¿A quién oras?
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¿Por qué crees?

¿Porque te lo han dicho otros o porque has identificado el lenguaje de tu corazón?

Precisamente ahí nacen las certezas y las evidencias.
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Dios guie tuspasos

¿Tu fe es de papel o de sólida roca?

Las meditaciones de este libro te ayudarán a analizarte y a construir sólido cimiento a lo que crees, a lo que oras y a lo que obras.

Lo escribí para ti, después de larga búsqueda, para que evites mis dolores y mis errores.

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Un lugar para morir

D. Mariá Moreno es un humanista católico que trabaja por la transformación personal y social.

Tiene publicada, en versión digital, una magnífica novela: "Un lugar para morir, un lugar para nacer"

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Comentarios
  • Comentario por BALDO 24.02.17 | 12:31

    La colonización económica es la que configura y mueve al grupo de los trabajadores. El trabajo es únicamente mercancía, para ricos y para pobres. La satisfacción del trabajo se mide únicamente por el dinero que proporciona.
    Las pequeñas acciones de gratuidad son el pez que se da para comer. Aunque mejor, no sería bastante que esas acciones gratuitas se orientaran a enseñar a pescar el pez. La única solución eficaz es luchar por que desaparezca la jerarquización de los valores, sean los religiosos– que estuvieron en la cúspide hasta hace bien poco–, o los económicos y biopsíquicos –que son los que están ahora–, u otros que se coloquen en el futuro en esa cúspide.

  • Comentario por BALDO 24.02.17 | 12:28

    Si consideramos que la principal expresión del ser buena persona (ética) es que sea justa, hoy la justicia se ha concentrado y limitado al reparto de valores o bienes económicos. No se tiene conciencia ni se da importancia a que hay multitud de otros valores que están injustamente repartidos. Todos los aspectos deportivos (lúdicos) de unos y otros eventos son conformados por los ingentes intereses económicos de los que los manejan y de los que los reciben. Las grandes religiones que subsisten en nuestras sociedades poseen, por lo regular, un rico y variado patrimonio cultural. Parte de este patrimonio ha revivido en la actualidad como una fuente abundante de actividad económica. Los valores de tipo biopsíquico y económico se han convertido en el único objetivo de políticos y de gobiernos. No les interesa en absoluto el reparto (justicia, valor ético) cuanto el crecimiento económico.

  • Comentario por BALDO 24.02.17 | 12:27

    Amigo Ramón: ¿cómo voy a decir yo que en la sociedad actual, donde todo tiene un precio, no existe la gratuidad gratuidad? Hay miles de casos de gratuidad desinteresada. Tú señalas el del voluntariado. Pero, así y todo, esa gratuidad es un grano de arena frente al gran desierto que es la influencia profunda que ejercen los valores económicos y biopsíquicos en la mayoría de los seres del planeta, incluso en los que carecen de ellos. El conocimiento científico ha desbancado a los demás saberes porque es el único apto para la producción de bienes de consumo. El arte ha sido convertido en una mercancía más, que llama la atención por sus elevadísimos costes añadidos. En una viñeta de El Roto, dos hombres contemplan cuadros es una exposición de pintura. Uno le pregunta al otro por el cuadro que está mirando: "¿es bueno?" El otro le contesta: "no sé; "no trae el precio".

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 23:36

    Baldo, no corazón, no, no trato de situar a Chávarri en ninguna parte. Solo quería que comprendieras que aunque partimos de enfoques filosóficos y sociológicos distintos, tú, Ramón y yo tenemos las mismas inquitudes: comprender la gratuidad contemporánea tan marcada como está por valores/contravalores biopsíquicos y exconómicos. Lo que Ramón y yo tratamos de decirte solo es que si ya de por sí la impregnación económica de la gratuitdad es una flagrante injusticia que clama a los Cielos, la actitud que adopte el dador, los contravalores que jalonen su relación de gratuidad, puede aún empeorar la gratuidad. Y entre esos contravalores, lo que decimos Ramón y yo, es que la soberbia es el prominente, pues destruye la condición de igualdad que requiere la relación de gratuidad. Como los sepulcros bñanqueadod que dice Ramón, como el que ora dándose golpes de pecho... En definutiva, la soberbia cierra el paso a la misericordia. Y misericordia y gratuidad van de la mano. Gracias, Baldo.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 23.02.17 | 22:48

    Amigo Baldo, tú ya me has oído decir o leído que en nuestra sociedad, si bien en ella predominan los valores económicos y de placer hasta atrapar en su órbita a los todos los demás, se están gestando valores como el voluntariado que nada tienen que ver con los primeros. Está naciendo otra sociedad, la de la gratuidad, formada por millones de seres humanos para quienes el dinero queda reducido a la condición de instrumento y el placer personal pasa a segundo plano. Me refiero, por tanto, a una sociedad "humanizada"rompiente, que está escribiendo páginas muy gloriosas de nuestra historia. No importa que la batalla para ganarle terreno al dinero y al placer como valores dominantes sea dolorosa y lenta. El soberbio de que tanto habla Oliva es un ser que se entrega de lleno al dinero y al placer, los suyos claro está, incluso cuando tiene gestos de gratuidad, como el fariseo que oraba en lugar destacado del templo contándole a Dios sus méritos y despreciando a sus semejantes..

  • Comentario por BALDO 23.02.17 | 22:22

    Oliva, amiga. 1. La teoría de Eladio Chávarri no tiene ningún parecido con biopoder-psicopoder-neoliberalismo y con otras de las que hablas. Es otra cosa. 2. La soberbia ayuda a evitar la tiranía de los valores económicos y biopsíquicos tanto como la avaricia, la ignorancia, el menosprecio, etc.: en nada. 3. Lo que realmente arreglaría esa tiranía -y la que ejercieron los valores religiosos hasta hace bien poco- serían relaciones entre los valores que no fueran jerarquizadas, sino de mutua colaboración. Sería un enriquecimiento para la persona, porque se vería beneficiada por la variedad e insustituibilidad que aportan los valores en su naturaleza original. La ciencia sería ciencia y no como hoy, que es ciencia cautiva por su capacidad de producir valores económicos y biopsíquicos. El arte sería arte y no una mercancía de alta rentabilidad. Y así con todos los valores y sus respectivos contravalores. ¡Buen viaje!

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 21:52

    Una abrazo a todos y a todas y... ¡nos vemos en diez minutos en la acción de gracias, familia!

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 21:50

    de producción y sentido (biopoder-psicopoder-neoliberalismo) debemos comprender no solo las prácticas de gratuidad contemporáneas, sino también nuestras prácticas religiosas. Desde un enfoque postestructuralista las prácticas de libertad constituyen una forma de ética en la medida en que la libertad consiste en la resistencia a las relaciones de poder que nos pautan los límites dentro de los que nos podemos pensar como sujetos y constituir como tales. De forma que ejercemos la libertad en la medida en que nos resistimos a esos patrones económicos y biopsíquicos de comprender la gratuidad contemporánea. Y ahora te pregunto, ¿en qué ayuda la soberbia, el desequilibrio que se provoca en la relación igualitaria entre el dador y el receptor, a romper los patrones biopsíquicos y económicos actuales?.

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 21:38

    Pido perdón a los lectores por lo que haré. No es mi intención hacerlo todo oscuro, sino justo lo contrario. Intentaré ser precisa, pero creo que si no aclaro mi posicionamiento seguiremos enredados. Baldo, sobre tu punto 2, comprendo la profundidad de los valores y contravalores actuales. Los patrones (lo que tú llamas valores y contravalores) dentro de los que nos construimos como sujetos son contigentes, es decir, están atravesados por coordenadas sociales, culturales e históricas. Estos patrones delimitan los contornos de lo pensable, de lo que es posible pensar para nosotros en nuestro aquí y ahora. La gratuidad o cualquier otra acción humana no se puede comprender fuera de su marco sociocultural de producción y sentido. Dicho esto, paso a tu punto 3. Efectivamente, como bien señalas, el biopoder y el psicopoder (desde un enfoque postestructuralista, es lo que tú llamas valores económicos y biopsíquicos) están íntimamente ligados al neoliberalismo. Y dentro de este marco

  • Comentario por BALDO 23.02.17 | 20:08

    1.Quizás haya en Oliva alguna experiencia que le hace destacar la soberbia como máximo contravalor de la gratuidad. Me gustaría saber cuál esa experiencia, pero a lo mejor ni ella misma la conoce explícitamente. 2. Tanto Oliva como Ramón estáis hablando de una gratuidad sin contaminaciones de contravalores. Y los contravalores tienen su función en el caminar del ser humano. Así, disfruta mucho más de la salud quien ha estado enfermo que el que nunca ha padecido enfermedad. 3.Creo que no valoráis en toda su hondura el que en nuestra cultura los valores económicos y los biosíquicos hayan colonizado a todos los demás, y que la variedad de la vida humana se haya reducido a ser mera mercancía o satisfacción biopsíquica. Ésta es la entraña más profunda de nuestra cultura. Ningún sociólogo ha llegado a esta entraña profunda. La familia actual está permeada y transformada por los valores económicos y biopíquicos. No se puede hablar de la familia en general, porque no existe.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 23.02.17 | 17:43

    Amigo Baldo, que la gratuidad esté contaminada, por lo económico es, desde luego, mucho más grave que el que lo esté por la soberbia del supuesto dador. La injusticia es más grave que la soberbia porque, mientras aquella afecta a muchos, esta solo afecta al sujeto. Pero para que la gratuidad brille con todo su esplendor y fuerza, que es lo propio de la fe y de la vida de un cristiano, necesita sacudirse ambas contaminaciones, porque, a la postre, de morir matado, tanto muere el que ingiere una cápsula de cianuro que el que es volatilizado por una explosión atómica, si bien esta muerte es mucho más impactante. No hay gratuidad posible en el que depreda y no la hay tampoco en el que se engríe y se considera superior a los demás. Y, si no hay gratuidad en ellos, no hay obra de Dios que les valga, ni la creadora, pues ambos son engendros, ni la redentora, pues ambos son tontos.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 23.02.17 | 17:34

    Seguimos en un torrente de claridades y sin tormenta dialéctica alguna. Oliva y Baldo merecen un aplauso por su esfuerzo clarificador. La forma de vida del hombre actual, que mira a lo económico y a la vida misma como ejes, es, desde luego, fabulosa, pero está henchida de, por lo menos, tantos contravalores como los valores que fomenta. En nuestro ámbito, el deseo y la misión de conseguir una forma de vida cuya transversalidad sean los valores propiamente religiosos (bondad, gratuidad, perdón, justicia y humanidad en definitiva) es una vocación. Los ejes de lo que pone de relieve Oliva y de lo que aclara Baldo son obviamente dos: Dios como sujeto de total gratuidad y el hombre como centro autónomo, engreído y soberbio, prendado de sí mismo, cuya gratuidad no será tal porque obra en función de sí mismo. Ese es el hombre soberbio que detesta Oliva, el sepulcro blanqueado que solo aparenta generosidad para con sus semejantes. Gracias a ambos.

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 13:38

    Querido amigo Baldo, la primera circunstancia que recoges es jodida: por contaminación económica. La segunda, doblemente jodida: por contaminación económica y por soberbia. El problema de la soberbia es que pisotea la dignidad del receptor y, en consecuencia, participa de los mecanismos de opresión y poder y reproduce la desigualdad. Así no se allanan caminos de salvación y resurrección ni para el dador ni para el receptor.

  • Comentario por BALDO 23.02.17 | 13:01

    ¿Y qué me dices, Oliva Amiga, de que la gratuidad está transformada y adquiere un modo económico y biopsíquico en nuestra cultura? ¿ Es más o menos grave que el que esté contaminada de soberbia? Para mí, infinitamente más grave lo primero.

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 12:38

    *gratuidad, perdón, no gratitud. Problemas con el corrector.

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 12:24

    Quien considera que está solo para dar está reconociendo, a su vez, que no necesita recibir nada, que dispone de todo, y manifiesta un ego desproporcionada. Asimismo, con esta actitud se eleva por encima del otro y rompe la relación igualitaria que requiere el amor gratuito. Por ese motivo, facilitar las condiciones para que el otro sea el dador en la relación de gratitud (Jesús y Zaqueo) es un gran gesto, pues allana la condición de partida: la igualdad entre quien da y quien recibe. Y a quien me pueda objetar: sí, también una relación igualitaria entre madre/hijo pues a la igualdad a la que me refiero es que el dador y el receptor partan de que ambos son sujetos con dignidad y, además, del reconocimiento por parte del dador de que lo ofrece no es suyo. Y la soberbia afecta también al ámbito de lo económico. El soberbio en grado extremo, por ejemplo, considera que merece lo que tiene y ha logrado, ¿para qué "dar", entonces? Muestra, así, un desprecio absoluto hacia el prójimo.

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 12:12

    Baldo, no abusas de nada. A mi siempre tus comentarios me saben poco y me quedo con ganas de leerte más. No creo que haya mucho que decir después de lo que has escrito. Conforme en que hay al menos ocho ámbitos de la vida humana según plantea E. Chávarri y muy acertado el planteamiento de que el valor de la gratitud y su contravalor de la in-gratitud son transversales y se manifiestan en los distintos órdenes vitales. Sin embargo, la soberbia es también un contravalor transversal. Quien mantiene una actitud soberbia no deja de ser en mayor o menor medida in-grato porque cualquiera de sus actuaciones tiene un precio que cobrar: la retribución del ego. la gratitud requiere una relación abierta e igualitaria entre el dador y el receptor en la medida en que quien "da" sabe que no es dueño de lo que entrega y que el acto de dar no lo eleva sobre quien recibe. Es decir; el dador no puede considerarse más o mejor que el receptor porque lo que aporta es don recibido.

  • Comentario por BALDO 23.02.17 | 11:33

    Los valores que están en la cúspide de esa jerarquía impregnan de su propia sustancia a los que están debajo; de tal manera, que éstos pierden su naturaleza propia y adquieren la de los que están en la cúspide.
    En la cultura actual, globalizada, esos valores de la cúspide son los económicos y los biopsíquicos. Su influencia es tal, que todos los ámbitos de la vida nos saben a economía y a biopsiquismo. Pues bien, infinitamente más perniciosa que el contravalor de la soberbia para el ejercicio de la gratuidad es esta situación que refiero. La gratuidad que se da, que se espera y que se valora es la gratuidad económica y la gratuidad biopsíquica. Diríamos que las demás ni existen. Recibir el testimonio apasionado sobre el Gratuito Abba Padre produce infinitamente menos atracción que recibir un regalo económico o el don del disfrute biopsíquico en unas islas paradisíacas. Esto conviene no olvidarlo, por su trascendencia, y para no dar palos de ciego.

  • Comentario por BALDO 23.02.17 | 11:31

    No son la misma la gratuidad la de la persona que asea a un anciano impedido (bio), la de la que consuela a una persona deprimida (psíquica), la de la que da dinero (económica), la del que deja meter un gol a un compañero pudiendo hacerlo él (lúdica) y la de la que ama a su pareja (sociopolitica). Las conductas de gratuidad de cada uno de los ámbitos de vida son, por lo mismo, intransferibles: no valen unas para otras. Dar besos no produce higiene, ni el dinero arregla la depresión.

    Pues bien, las únicas gratuidades e ingratitudes que existen son éstas que están particularizadas y diferenciadas en cada ámbito de vida. No hay la gratuidad en general, nada más que como concepto para la reflexión. Y una persona puede ser gratuita en un ámbito de vida y muy ingrata en otros ámbitos de vida.

    2. Los valores y contravalores de esos ámbitos de vida no tienen todos el mismo peso, sino que están jerarquizados. En cada cultura, hay una jerarquía distinta.

  • Comentario por BALDO 23.02.17 | 11:29

    Abusando de la gratuidad del Blogger (que aconseja brevedad) y de los Lectores, quiero añadir dos cosas sobre la gratuidad.

    1. La vida humana no es monolítica y uniforme, sino que se ramifica en grandes y diferenciados ámbitos de vida. Eladio Chávarri escoge una muestra de ocho ámbitos de vida con sus respectivos valores y contravalores (vida biopsíquica, cognitiva, económica, estética, ética, lúdica, religiosa y sociopolítica). Ninguno de estos ámbitos puede ser sustituido por otro. Pues bien, la gratuidad y su contravalor la ingratitud son un par que no está encajado en un ámbito específico de estos ocho señalados, sino que es un valor/contravalor transversal, que se da en todos los ámbitos de vida y, además, según la naturaleza específica de cada ámbito.

  • Comentario por Oliva 23.02.17 | 00:59

    Hay un conmovedor relato en el que el receptor inicia la gratuidad al abrirle al otro un espacio para que sea dador y aporte lo mejor de sí. Puede verse también de otra forma: el dador se inhibe y se convierte en receptor para ofrecerle la oportunidad al otro de ser dador. Dice así: "Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo: -Zaqueo, baja, porque hoy he de alojarme en tu casa- Zaqueo bajó aprisa y con alegría recibió a Jesús. Ese es un amor gratuito que a mi me arranca lágrimas, porque restituye al caído, al humillado, al despreciado, al roto legitimándolo con dignidad al facilitarle el espacio para que sea él quien tome sus riendas. La misericordia está ahí en el permitir al otro ser misericordioso y participar de la gratuidad del Padre Bueno. Quien cree que solo está para dar y no para recibir, se coloca en un plano superior al de su prójimo, actúa movido por la soberbia y se priva de vivir amores gratuitos tan hermosos como el de Jesús y Zaqueo. Y lo lamento de corazón

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 22.02.17 | 22:56

    Amigo Jairo y Antonio Manuel: cuando las cosas están meridianamente claras no es preciso que agitemos con una cucharilla el líquido de un "chupito" buscando olas de metros (¡jajajá!). La gratuidad, si realmente es tal, es gratuidad y basta. La insistencia de quienes parece que hemos levantado esta liebre viene de postular que el dador se sienta mero transmisor, no dueño y señor, de lo que da. A veces, en el ánimo de quien da está el sentirse generoso y deseoso de que se reconozca su "gran gesto". Es el contravalor que lleva aparejada la gratuidad como vicio que la invalida y la destruye. De ahí, amigo Jairo, que muchas veces un gesto de gratuidad pueda resultar muy "soberbio". Naturalmente, en el amor que Dios nos tiene y en todo lo que Él nos regala con ese amor, el ser y todas nuestras potencialidades, obviamente no hay contravalor posible. De todo ello se deduce claramente que en lo expuesto no hay ni discusiones ni polémicas de ninguna especie.

  • Comentario por Antonio Manuel 22.02.17 | 21:48

    Si cuando doy una limosna o quiero ayudar a alguien, tengo que hacer tantas disquisiciones, va a ser que no seré capaz de saber qué es lo que estoy haciendo.
    Jesús, en numerosas ocasiones, nos recomienda insistir en nuestras peticiones al Señor. En sus milagros, Jesús atiende las peticiones de la gente y siempre las condiciona a que en sus corazones tengan la Fe que salva.
    (Creo que no hace falta que enumere todos los pasajes de los Evangelios sobre este tema).

  • Comentario por Jairo [Blogger] 22.02.17 | 20:55

    .
    Amor gratuito y soberbia son incompatibles. Donde hay soberbia hay ambición de retribución (lo contrario de gratuidad).

    Es importantísimo afinar el concepto de "amor gratuito" para poder intuir quién y cómo es el Dios Amor. Donde hay "gratuidad", entrega total, no caben expiaciones, sacrificios, holocaustos compensatorios; ni siquiera peticiones, rogativas, reparaciones, y mucho menos sorderas (óyenos), olvidos (acuérdate), etc. Muy distinto es hablar de las respuestas humanas...

    El "amor gratuito" humano puede tener imperfecciones y entonces pierde "gratuidad", pero jamás puede amasarse con la soberbia.

    El problema puede estar en el receptor que ve y juzga subjetivamente lo que recibe como soberbia, intromisión, acoso, limitación de libertad y mil matices más (conozco problemas conyugales con este origen subjetivo y no aclarado por falta de comunicación):

    "La gratuidad no es un camino de rosas. La relación de gratuidad resulta a veces incómoda, incluso dolorosa y amarga, porque el otro puede mostrar indiferencia, enemistad, agresividad, egoísmo, injusticia, suficiencia, incomprensión, etc." (BALDO).

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 22.02.17 | 20:26

    Claro como el agua clara, amigo Baldo, y fresco como agua de manantial. La hermosa lección sigue siendo la misma: debemos dar gratis, a ser posible multiplicado, lo que gratis recibimos, pero procurando que esa acción nuestra de dar se parezca a las dádivas divinas, es decir, que no nos creamos alguien por el mero hecho de dar y, menos aún, que demostremos una cierta superioridad o incluso desprecio al hacerlo. Gracias Baldo.

  • Comentario por BALDO 22.02.17 | 18:22

    A Oliva y Ramón. No hay en el ser humano ningún valor (y la gratuidad lo es en alto grado, y además está presente en multitud de valores) que no vaya acompañada de sus respeectivos contravalores. El más sabio físico ignora muchas más verdades físicas que conoce. Newton ignoraba la teoría de la relatividad y la física cuántica. La gratuidad de cualquier madre, con ser ejemplar, representa solo una partecita del valor gratuidad maternal. En todas las madres hay dosis de in-gratitud maternal. Eso que llamáis soberbia es un contravalor que hace que la gratuidad tenga excrecencias y no sea perfecta. Como sucede en todos los valores humanos. En una viñeta de Chumy Chumez, una mujer emperifollada da una limosna a un pobre anciano tirado en la cera mientras le dice: "Tenga, para el ataúd. Y que no me entere yo que se lo gasta en drogas". ¿Cuánta in-gratitud había en esa pequeña gratuidad de la señora ricachona? Pues en mayor o menor grado sucede con todas las gratuidades/in-gratitudes.

  • Comentario por saruce 22.02.17 | 14:41

    No es mi deseo erigirme en árbitro, ni agente de circulación, de los diferentes comentarios que van surgiendo, y animando, por cierto, este post.
    Pero permitidme decir que observo que algunas intervenciones son más calmadas que al principio. Que conste que he escrito "calmadas", ya que todas me resultan serenas.
    Recuerdo que a la salida de una misa dominical, en Palma de Mallorca, una amiga nuestra se dirigió a un hombre joven, y le entregó una moneda, en la mano.
    Aquel hombre miró a nuestra amiga, sorprendido, y le preguntó, bastante molesto, la razón de aquel obsequio, que él había tomado como limosna.
    Nuestra amiga, ni corta ni perezosa, se disculpó brevemente, recuperó su moneda de la mano abierta de aquel joven enfurecido, y ni corta ni perezosa, la entregó a un verdadero mendigo, que se mantenía expectante.
    Y ES QUE hay ocasiones en las que, por muy generoso que seas, y buena voluntad que tengas, metes la pata.

  • Comentario por Antonio Manuel 22.02.17 | 14:22

    A Dios solo puedo darle gracias y pedirle que me acoja como hijo suyo. Creo que el mejor ejemplo de dar y recibir, está en lo que decimos cuando rezamos el Padrenuestro, la Oración de las oraciones, la única que nos enseñó Jesús.

  • Comentario por Oliva 22.02.17 | 00:02

    Baldo, ambos hablamos de gratuidad desde presupuestos diferentes. Sobre el hecho de "recibir", sitúas tu análisis en el receptor y sostienes que "la gratuidad no está condicionada por la respuesta del otro". El dador no espera recibir del receptor. Nada que objetar. Pero mi reflexión no se situaba en el receptor, sino en la relación de gratuidad y en el dador. Sobre la relación de gratuidad siempre hay en ella, al menos, un dador (quien da) y un receptor (quien recibe). No he argumentado que deba darse retroalimentación; no es así. Esto implica que en unas relaciones de gratuidad seremos sujeto dador; mientras en otras seremos sujeto receptor. De ese modo, quien crea que solo está en este mundo para dar y que nunca ocupará la posición del receptor en la relación de gratuidad no actúa por amor gratuito, sino por soberbia. Es justo lo que dice Ramón: "Oliva se fija en la actitud (real y plausible) de que el dador se considere superior al receptor y en ese sentido habla de soberbia".

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 21.02.17 | 23:02

    No hace mucho hablé dea tormenta en un vaso de agua. Ahora, el recipiente se ha reducido a un "chupito", ¡jajajá! Oliva y Jairo tocan la gratuidad (y Baldo aclara) desde puntos de vista distintos. Mientras Jairo se refiere a la gratuidad total, estilo divino, y Baldo menciona incluso la reacción negativa del receptor del don, Oliva se fija en la actitud (real y plausible) de que el dador se considere superior al receptor y en ese sentido habla de soberbia. De hecho, hay limosnas que ofenden al justificar la diferencia, ocultando incluso un inconfesable desprecio. De hecho, se puede ser soberbio haciendo regalos. Por lo demás, hasta Dios, el supremo dador, se revela como receptor en la parábola de los talentos al pedir resultados. Todos recibimos talentos y todos debemos no darlos a nuestra vez sino multiplicarlos para beneficio general. Me quedo con la soberbia lección de Oliva al advertir, con lenguaje desinhibido y rico, que podemos ser soberbios y humillar al dar.

  • Comentario por BALDO 21.02.17 | 22:03

    La gratuidad no está condicionada por la respuesta del otro.  La gratuidad es dar y darse sin esperar recibir. Es cierto que, a la larga, la gratuidad suele proporcionar un enriquecimiento recíproco, pero la gratuidad no se mueve por la respuesta del otro; ésta puede faltar o incluso ser negativa.
    La gratuidad no es un camino de rosas. La relación de gratuidad resulta a veces incómoda, incluso dolorosa y amarga, porque el otro puede mostrar indiferencia, enemistad, agresividad, egoísmo, injusticia, suficiencia, incomprensión, etc. No es infrecuente que los hijos sean ingratos con los padres, que son los que más se preocupan de ellos, simplemente porque ello les exige esfuerzo y responsabilidad. Y cuando reciben un don de sus padres, pueden hasta recriminarlos de que el don no sea mayor. Y es un don

     


  • Comentario por Jairo [Blogger] 21.02.17 | 21:00

    .
    "Entiendo que considerar que el amor gratuito es solo dar es pecar de soberbia" (comentario anterior).

    ¿Será que nuestro Padre es un soberbio de marca mayor? Porque TODO nos lo da GRATUITAMENTE (de balde, pura gracia). Lo que quiere es que disfrutemos de eso que nos da y seamos felices. ¿O estoy equivocado?

    ¿Y dónde esta la lógica de que dar "amor gratuito" supone NEGARSE a RECIBIR? El que ha logrado llegar al "amor gratuito" (no es fácil) estará siempre dispuesto a ABRIRSE GRATUITAMENTE al que llega con bendiciones (gratuitas o no) o con maldiciones.

    El amor a los enemigos no puede existir sin haber llegado al "amor gratuito"... Es más, Jesús de Nazaret fue el "amor gratuito" personificado. ¿Acaso se negó a RECIBIR algo o a alguien? ¡Puro Evangelio!

    ¡Por favor no confundamos al personal...!

  • Comentario por Oliva 21.02.17 | 15:24

    Saruce, creo que nadie busca el lucimiento personal. Entiendo que todos en el blog partimos de que lo recibido es don, es gracia y, por tanto, ¿qué hay que lucir? Nada.
    No me ofende que discrepemos (si es así), Saruce, me lo puedes decir. Sobre la controversia, los debates que ha habido estos días han sido sanos. Tu chiste del otro día vino muy bien al tema y tras él, Ramón dijo palabras muy acertadas: "La verdad es que nunca he visto este blog tan animado de comentarios complementarios, sin polémicas interminables".
    Volviendo al tema de los dones estoy completamente de acuerdo contigo. Cualquier acto de "dar" implica necesariamente que hay alguien que "recibe". Todos damos y recibimos de los dones que nos fueron dados. Entiendo que considerar que el amor gratuito es solo dar es pecar de soberbia. "Recibir" implicar abrirle al otro un espacio para que "de". Si tu amigo te invita a comer a su casa y aceptas "recibir", le estás dando espacio para que "de" lo mejor de sí. Abra...

  • Comentario por saruce 21.02.17 | 14:02

    No voy a indicar destinatario de mis palabras, porque deseo evitar falsas interpretaciones, mi lucimiento personal, y las consiguientes controversias.
    Una pura meditación al aire, vamos.
    Hablamos de dones y bondades que, en la mayoría de los casos, han de servir para ser repartidos a los demás, verdades que deben ser reenviadas a los demás, y trabajos y sacrificios que han de hacerse por los demás...
    Yo creo que en esta vida de acá, la actitud del cristiano es también la de ser esponja, más que de frío buzón de correo, metálico.
    En nosotros "se produce la primera digestión", somos los primeros en catar y saborear la vida con Dios, para después explicarla con nuestras palabras, torpes o sabias.
    No me seduce el papel de transmisor, porque yo también soy obrero de Dios, además de su hijo adoptivo.
    Pienso que amar no es olvidarse de uno mismo, sino hermanarse con el prójimo.
    Como echarse al monte, para estar más cerca del cielo.

  • Comentario por Oliva 21.02.17 | 13:44

    No me da miedo la gente reflexiva y crítica. Me asustan los dogmáticos (por cerriles) y los idiotas (porque no saben que lo son).
    Soy muy burra o bruta, Gacela, pero si alguien tratara de pastorearme, probablemente le partiría el cayado en el coco.

    Un abrazo para ti y otro para Antonio Manuel.


  • Comentario por Oliva 21.02.17 | 13:40

    Y no lo hice, Gacela. La decisión me llevó no pocas oraciones y amarguras, pero finalmente no me integré en ningún grupo, sino que participaba en la parroquia de forma superficial. ¿Sabes por qué? Ese sacerdote solía repetir en sus homilías e intervenciones la misma idea: somos rebaños a conducir. Y yo le argumentaba siempre lo mismo: Si Dios me dio razón, si nos hizo a todos libres e inteligentes, ¿por qué no podemos valernos de ellas?, ¿no es eso menospreciar un don recibido? Al final, elegí gastar suelas sola en lugar de asentarme en la comodidad de un grupo si eso implicaba ponerle un precio al libre razonamiento. No me preocupa que me acusen de anatema o me señalen como hereje. Conducirnos sin miedo racionalmente en nuesta fe-vida no creo que nos condujera a todoa obtener las mismas conclusiones. Pero creo que nos haría menos temerosos a las ideas ajenas, más abiertos y respetuosos con nuestros hermanos y hermanas. Se lo escribí el otro día a Baldo en un comentario.

  • Comentario por Oliva 21.02.17 | 13:09

    Gracias, Ramón. Eso mismo: sed misericordiosos y dadivosos como vuestro Padre lo es. Si me surgiese una duda, no acudiría a Ramón o a Baldo, grandes teólogos, para que me diesen una respuesta contundente y seguirla a pie juntillas (conocimiento-autoridad-poder). Si hiciera eso, esperaría que Baldo o Ramón apareciesen para darme una colleja y preguntarme si soy idiota. Y si no apareciesen para decírmelo, sería yo quien le diese la colleja a los dos y todo lo demás. En su lugar, yo "buscaría a alguien (a Baldo o a Ramón) que pusiese mi mundo del revés y me empujase a cuestionarme mis límites para repensar de nuevo (conocimiento-autoridad-servicio). Voy ahora con un ejemplo, Gacela. En mi adolescencia (dieciséis y diecisite años) tuve la enorme fortuna de recaer en una parroquia maravillosa: gente estupenda y un buen sacerdote. Provengo de un entorno no creyente, llevaba varios años a la espalda de búsqueda y de seguimiento y quería asentarme un poco, compartir y aprender acompañada.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 21.02.17 | 10:51

    Es muy hermosa la forma en que Oliva se refiere al servicio como ocupación tanto de la "autoritas" (talentos recibidos) como del "mando" (misión eclesial). Ambos, telentos y jurisdicción, no nos han sido dados para disfrute personal, para contarlos y recrearse en ellos, como hace el avaro con sus dineros, sino para hacerlos fructificar en beneficio de "muchos", de "todos". Si cada uno de nosotros se construye un "universo paralelo", como acaba de decir pPaco, nuestro universo particular debe ser hogar universal, morada donde todos se cobijen y dispongan de nuestros haberes. Vivimos nutriéndonos y disfrutando de los "valores" de la vida, pero en lucha abierta con sus contravalores, el mayor de los cuales es construirnos un "ego" repelente y dominador, acaparador y tirano. El mayor valor es, sin duda alguna, el de la fraternidad universal y el de la gratuidad total al entregar cuanto somos y tenemos. Esos son, sin duda, el leitmotif y la clave de la vida cristiana.

  • Comentario por Oliva 21.02.17 | 10:00

    lavatorio de los pies y de la parábola de los talentos. Que tú recibas cinco talentos y yo solo tres no significa que tú debas guardar los cinco tuyos bajo tierra porque creas que así está siendo humilde. Tampoco se trata de que los proclames a los cuatro vientos con orgullo (autoridad y poder) y me restriegues por la cara que yo tengo tres. Se trata de comprender que son dones (todo es don) y que se deben poner en circulación para el bien de la comunidad (autoridad y servicio).
    Luego te pongo algunos ejemplos sobre lo que quise decir a Antonio Manuel con mi párrafo, Gacela. Ahora voy tarde.

    ¡Besos!

  • Comentario por Oliva 21.02.17 | 09:46

    Gacela, corazón, disculpa que no escribiese con mayor claridad. Que la autoridad pasa por el servicio es una idea que aparece de forma especial en el lavatorio de los pies (Jn, 13). "Si yo, a quien llamáis Maestro, os he lavado los pies, haced vosotros lo mismo". Con sinceridad, no creo que el mayor problema nuestro sea las ideas trasnochadas que se transmiten generalmente desde el púlpito. Más bien pienso que nos hemos quedado solo con la última parte del lavatorio. Es decir, hemos sacado las hojas y dejado la zanahoria bajo tierra. Me refiero a las palabras que se repiten en distintos pasajes del Evangelio y no solo en el lavatorio: el criado no es más que su amo, ni el discípulo más que su maestro. Hemos terminado por considerar de una forma muy triste que el Pueblo es el la grey, el rebaño domesticado (ignorante y con obligada sumisión) que necesita ser pastoreado (autoridad). Esta forma de entender la autoridad es justo la contrario a la idea del

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