Blog de Jairo del Agua

Querido divorciado I - (Lo que empecé a escribir y palpita ahora bajo la "Amoris Laetitia")

21.04.16 | 08:00. Archivado en Educación, Religión, Amor - Pareja

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"Los católicos tenemos la obligación de preparar y mantener el matrimonio como un bien precioso. Pero no podemos expulsar a los que erraron en su emparejamiento y necesitan corregir su error". JdA.
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Excomunion

Mi querido Andrés: Me cuentas el dolor que te causa no poder comulgar. Estás "excomulgado de hecho" por tu condición de "católico divorciado vuelto a casar".

Así llevas muchos años y, a veces, la culpabilidad te corroe las entrañas. Quieres ser fiel a la doctrina de la Iglesia y no ves salida. Esa doctrina te obliga a permanecer apartado de la Comunión y te anima -farisaica paradoja- a vivir en comunión...

¿Recuerdas quienes sufrían ese "apartheid" en tiempos del Señor? Algunos de aquellos leprosos desafiaron la prohibición y se acercaron a quien podía darles la salud y la paz. Esas experiencias evangélicas deberían darte ya alguna pista.

Las normas generales no siempre se pueden aplicar a todos. Por encima de las normas está la "conciencia profunda". La propia doctrina oficial lo reconoce. ¡Menos mal!

Claro que, antes de nada, conviene distinguir dos clases de divorcios:

1) El "divorcio por capricho" o REPUDIO, que empuja a no aguantar lo más mínimo, a despreciar la adaptación y a dar rienda suelta a la satisfacción corporal y sensible. El voluble egoísmo junta y separa. La pareja no es más que un instrumento para mi satisfacción. Cuando no sirve a mis propósitos la tiro o la sustituyo como sustituyo un sofá demodé.

Señoritas

Los que hemos rebasado con creces los cincuenta conocemos perfectamente la insidiosa tentación sufrida de cambiar a nuestra cincuentona por dos de veinticinco. Desde mucho antes ya nos persigue ese diablo bizco que sólo mira lo apetitoso para el instinto.

Tengo la seguridad de que éste es el divorcio que condena el Evangelio, el que constituye un verdadero REPUDIO unilateral o recíproco.

Pero no es tu caso, ni el de muchos católicos de buena voluntad que se ven abocados a una ruptura no deseada. A los del "repudio caprichoso" les importa un pito comulgar o no.
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2) El "divorcio por necesidad", para poder seguir viviendo, porque la yunta con quien camina en dirección contraria es mortífera. Hubo un error de inicio, se formalizó una boda legal pero no real. Tal vez en una iglesia pero no por la Iglesia.

Allí no había unidad, ni amor verdadero, ni compatibilidad, ni consciencia suficiente. Como mucho fue un precipitado fogonazo de juventud provocado por carencias afectivas, inmadurez, instinto y ceguera. Ni estabas preparado, ni supiste prepararte, ni vislumbraste las espeluznantes consecuencias de tu equivocación.

¿Me voy aproximando a tu caso? ¿Condenarías a alguien a permanecer encarcelado en el "dolor del error" toda la vida? ¿No existe posibilidad de rectificación para los matrimoniados por error? ¿Les condenarías a vagar separados y solos por las estepas de la vida? Tal vez las respuestas a estas preguntas te ayudarán a comprender y comprenderte.

Aclarada esta diferencia esencial, vayamos ahora a las ataduras doctrinales que te privan de los sacramentos. Puede que la Jerarquía (o algunos de sus miembros) no quiera o no pueda variar sus esquemas.

Es muy difícil abrir ventanas en la "doctrina de hormigón" fraguada durante siglos como "autodefensa", imponiendo fronteras y seguridades, en vez de misericordia.

Es muy difícil superar las interpretaciones literales, legalistas, restrictivas, fariseas, desplegadas por dos milenios entre densas sombras.

Es muy difícil -a mí no me lo parece- interpretar el Evangelio en clave de Buena Noticia, de amor, de apertura, de libertad conquistada, de verdad y camino progresivo…
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Divorcio 100

Puede que la Jerarquía no quiera o no pueda variar sus esquemas porque piense que una mayor "liberalización" perjudicaría a la ya liberal sociedad en que vivimos.

Deben advertirnos de la gravedad de los errores en la elección de pareja. La FAMILIA ha de estar protegida de la volubilidad del individuo. Y no pueden ser los hijos los paganos del poco esfuerzo de discernimiento y reconciliación de sus padres.

En situaciones extremas los católicos deberíamos acudir a la propia Iglesia para que analice y resuelva si hubo o no matrimonio verdadero. En mi opinión "hay muchas más nulidades de las que se solicitan y declaran". Los católicos acudimos a los ágiles tribunales civiles y huimos de la parsimonia eclesiástica. Lo uno no quita lo otro. El sentido común me dice que si me casé por la Iglesia, debería también someter mi error a la Iglesia.

Sé que hay circunstancias que hacen esto prácticamente imposible por el tema de las jurisdicciones territoriales y la movilidad geográfica de los separados. También sé que la lentitud procesal de los tribunales eclesiásticos, sus exigencias formalistas, su mermada fama y su imaginaria carestía, disuaden a muchos católicos. ¡Nos equivocamos!

Deberíamos, como mínimo, informarnos. Hace muy bien el Papa Francisco en promocionar "simplicidad" y "agilidad" en los procesos de nulidad. Es el primer Papa que avanza hacia la realidad, sin cerrar los ojos al llanto de los fracasados.

Me cuentas que, en tu caso, no tienes posibilidad real de acudir a esa solución, que eres un "divorciado católico" de tantos que llevan con dolor la situación en que os hemos colocado. Pero eso es compatible con procurar la REALIDAD de una "vida espiritual profunda", aún en contra de la TEÓRICA situación jurídica en que estás atrapado.

Hubo personas importantes en la Iglesia que clamaron por avanzar en la doctrina sobre los divorciados, como el Cardenal Martini que pedía un Concilio -nada menos- sobre este tema.

El Papa Francisco se ha tomado muy en serio vuestro conflicto doloroso. Pero ni un Papa puede romper el "muro de hormigón" de la doctrina tradicional en la que estamos encarcelados. Se le echarían encima y sería causa de un cisma. Hay que aprender de la historia. De ahí la prudencia de la Exhortación Apostólica Postsinodal "Amoris Laetitia" del 19-03-2016, que nada rompe pero abre horizontes nuevos.
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(Continuará en unos días la 2ª Parte)

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Comentarios
  • Comentario por Acton 01.06.16 | 15:12

    Querido JdA: Soy un católico al que han divorciado, mantengo la fidelidad a mi esposa (con la Gracia de Dios) y quiero recordar que el divorcio no está prohibido por capricho de la "jerarquia" ni por "ataduras doctrinales" sino porque nos lo dijo Jesus:

    “Se dijo también: El que despida a su mujer le dará un certificado de divorcio. Pero yo les digo que el que la despide –salvo el caso de unión ilegítima- la empuja al adulterio. Y también el que se case con esa mujer divorciada comete adulterio” (Mt 5, 31-32).

    “Todo hombre que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio. Y el que se casa con una mujer divorciada de su marido, comete adulterio” (Lc 16, 18).

    Vivir la fidelidad en mi situación es la cruz que intento abrazara (no una cárcel) y espero ser testigo del Señor a mi alrededor.

    De acuerdo con agilizar el proceso de nulidad pero admitir los divorcios "por necesidad" ¿quien lo distingue en la practica? no es crist...

  • Comentario por Isabel G 24.04.16 | 17:42

    Gracias OK. Lo más cuestionable de esta actitud intransigente de la jerarquía de la Iglesia es que a aquellas personas que han tenido muchas parejas(sin formalizar su unión por la Iglesia)se las recibe de brazos abiertos cuando deciden contraer matrimonio religioso. Muchos de estos casos corresponden a artistas o deportistas famosos. Sus romances reciben amplia cobertura en los medios .O sea, que en la iglesia se está al tanto de su situación y se hace la vista gorda.

  • Comentario por OK 23.04.16 | 11:14

    De acuerdo con el enfoque de Isabel y lo que dice de "otros temas". A pesar de su trascendencia, aunque no por la comunión en sí sino por la valoración del matrimonio como asunto humano rubricado por el sacramento, el tema es secundario y parcial. Su atisbo de solución llega además muy tarde, pues hay muchos divorciados y vueltos a casar que comulgan regularmente sin tanta parafernalia canónica o autorización expresa. Pasa algo parecido a lo de hace años con el preservativo, nunca bien entendido en su función primaria, y que todavía colea.
    Pues bien, frente a esos "otros temas", este es solo una minucia. El gran pecado de nuestro tiempo se sitúa en el ámbito de la economía: explotación, despojo, acaparamiento, ostentación y despilfarro. Tras el cristianismo, la alimentación humana adquiere caracteres de "eucaristía": donde dos o tres comen juntos, YO como con ellos y ellos Me comen y se comen. La violencia, por su parte, es puro interés frente al desinterés del amor.

  • Comentario por Isabel G 23.04.16 | 02:46

    Totalmente de acuerdo con los comentarios de Jairo, saruce, OK y Jesús Alonso. El tema del posterior matrimonio religioso de los católicos divorciados y el beneficio de la comunión son cuestiones que deberían ser tratadas exclusivamente entre los laicos, pues es a ellos a quienes atañe. El grupo de sacerdotes, que son los únicos autorizados por la jerarquía de la Iglesia a expedirse al respecto, carecen de la experiencia matrimonial. En los altos niveles de la Iglesia hay horror a los problemas que se vinculan con la sexualidad y posiciones muy retrógradas sobre los mismos. Otros temas más graves, como el hambre, la desocupación o la violencia, no reciben la prioridad que se merecen

  • Comentario por Jesús Alonso 22.04.16 | 17:33

    Una vez más, amigo Jairo, una vez más mi alegría por tu evangelio a los divorciados que han puesto todos los medios para querer vivir en comunión y no han podido. Cierto que mi visión sacramental difiere de la tuya, ue veo aún anclada en ritos más que en comportamientos que reflejan a Jesús. De todos modos, insistir en algo fundamental es más que oportuno para todos los casos, especialmente para este tema de los divorciados.. Me refiero a la "conciencia profunda"... Es tema capital aun dentro de la famosa "doctrina de la Iglesia", que no es otra que la doctrina de la Jerarquía. En ella los fieles nada han tenido que ver.... Quien desde esa conciencia profunda siente que está en comunión con su nueva pareja, está viviendo el sacramento de la comunión... También habría que preguntar a una persona divorciada y vuelta casar, el por qué y para qué pide la comunión¡¡ una pregunta que rara vez se hace pero que veo muy importante. Por que si solo es rito... de nada sirve...

  • Comentario por OK 22.04.16 | 10:28

    Jairo, haces una reflexión esencial sobre el matrimonio y su trascendencia social y religiosa. Pero, más que entrar en disquisiciones sobre la validez o no del vínculo, que nunca dejará de ser un "contrato social", sacramentalizado para la consideración cristiana, la Iglesia debería tener muy presente que todo "sacramento matrimonial" que deriva en divorcio es sacramento que se volatiliza debido a causas inherentes a la condición humana, no a veleidades de connotación caprichosa o pasional. En este caso, el divorcio, lejos de ser un divertimento, es un drama y más si hay hijos de por medio. "Excomulgar" por ello a sus protagonistas equivale a echar más leña al fuego. De ahí que, pidiendo perdón a Dios por tanto desmadre, la Iglesia debería no solo no negarles la comunión, sino también facilitar que puedan volver a casarse en dimensión sacramental, si ellos quieren rehacer su vida contrayendo un nuevo matrimonio, pues a veces el divorcio inmuniza contra el matrimonio.

  • Comentario por Saruce 21.04.16 | 12:56

    Hemos tenido la fortuna, es decir, creo que Dios nos ha bendecido a mi esposa y a mí, de tal forma que nos mantenemos enamorados, desde hace muchos lustros, en busca ya de las bodas de oro.
    Nosotros creemos en el matrimonio, como unión sacramental, física y sentimental.
    Pero en nuestro derredor ha habido y hay personas que no han podido, o sabido, mantener ese amor de pareja, por razones que se me escapan, aunque en alguna ocasión haya creído conocer.
    He contemplado familias rotas, por causa de auténticas nimiedades, por razones económicas, y muy especialmente, por ese "amor propio" que no es otra cosa que orgullo herido.
    Pero lo que me ha producido verdadero dolor, ha sido la transformación del amor anterior, en odio militante hacia el otro.
    El mensaje cristiano nos ofrece la remisión de nuestras faltas y pecados, antes de la asunción del odio y la violencia.
    En cristiano, nadie debe ser sujeto de odio.

  • Comentario por saruce 21.04.16 | 12:40

    No pretendo ser más sensible que los demás, ni más "misericordioso" con los demás, pero creo tener muy claro en mi conciencia, que yo no estoy en este mundo para juzgar, sino como último objetivo, dedicar mi vida en amar a Dios y a los demás.
    ¿No es una injusticia atroz, perdonar un horrendo crimen, mientras se condena de por vida, una separación matrimonial?.
    ¿No es acaso un desatino, ofrecer la comunión sacramental a los sátrapas que continúan siéndolo, ante el pueblo que están sojuzgando?.
    Lo he comentado en más de una ocasión, y creo que no está de más reiterarlo: "los asuntos de la entrepierna" están demasiado penalizados en nuestras normas de moral.
    Creo que los religiosos que han optado por profesar el voto de castidad, deberían estar desautorizados para entrar en las alcobas matrimoniales, ya sea de pensamiento, palabra, u obra, y menos aún, para aconsejar a los cónyuges.
    Con "ama a Dios y a tu prójimo", basta.

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