(Imposible comprender la Redención si no partimos de que el Redentor fue un reformador que se rebeló pacíficamente -verdadera oveja negra- contra la ausencia de misericordia y la corrupción de la Religión, único poder civil de entonces.
Esa fue la "causa real y humana" de su muerte cruel. Solo nuestra pequeñez, la tradición judía de la expiación y las disparatadas interpretaciones míticas -aún de buena fe- pudieron imputar a Dios semejante crimen. Ahora podemos verlo. Y debemos pregonarlo al Pueblo creyente, arrepintiéndonos de los ignorantes disparates del pasado.
Si te cierras a la crecida luz de nuestro tiempo, estás rechazando la luz que brota del Redentor, que también nos redime de ignorancias y fantasías míticas. Precisamente porque Él nos encaminó hacia la plenitud humana. ¡Ojalá este cuento y mis próximas meditaciones te sirvan para profundizar, durante la Cuaresma, en tema tan esencial para los cristianos!).
Dicen que es verídico, que un "piadoso" forajido colgó en su guarida un crucifijo monumental, robado en una iglesia. Para no sentirse interpelado por la imagen la rodeo con una vieja canana y dos pistolas. Así convirtió al cristo en su colega, su cercano reflejo. Al fin y al cabo también él era un perseguido. De esa manera nació el insólito "cristo de las pistolas" a la lumbre de la tergiversada piedad de un bandido.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo