.
En los prados de Belén han florecido pañales. El arroyo, coronado de madres lavanderas, hila cadejos de espuma.
Un airecillo remedador llora y balbucea entre las casas blancas. Hay perfume de cunas, de madres, de alegrías.
Hay huellas de Reyes. Hay paz.
Hay quienes, para enaltecer la pobreza, aseguran que la familia de Jesús fue pobre y presentan el nacimiento en Belén como un signo evidente. ¡No lo creo! Una cosa es ser pobre -careciendo de lo necesario- y otra vivir desprendido de ambiciones materiales. Esto último es lo que llamamos "pobreza espiritual". ¿Por qué el recelo hacia la vida próspera al tiempo que esforzada, honesta y generosa?
¡Bendecid siempre pues para esto habéis sido llamados para ser herederos de la bendición! (1Pe 3,9)
¡Hola Clara! Me llamo Gabriel y vengo a ayudarte.
¡No mujer, no te asustes! No hay nada de extraordinario en esta visita, forma parte de mi rutina.
No mires la vidriera... ni la hornacina. ¡Estoy aquí, en tu cielo! ¿No llamáis cielo a la morada de Dios? Pues desde ahí te hablo.
Que no Clarita, que no es arriba. Te hablo desde tu interior, ahí donde bullían ahora mismo tus aspiraciones. Por eso he venido. ¿No querías aprender a bendecir?
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo