Dicen los sicólogos -también los confesores- que la PAZ es el mejor síntoma para saber si se actúa en conciencia (me refiero a la "conciencia profunda" y no a la "cerebral" o "social").
Pues os confieso que, con motivo de las dos últimas meditaciones publicadas, he recibido con muchísima paz la avalancha de descalificaciones, excomuniones, condenas y empujones que me han llegado. Pero es que, además, espero con paz más de lo mismo en mis meditaciones de Cuaresma.
(Esta meditación es larga y densa pero muy gratificante. Necesitarás tiempo y relectura)
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No deja de sorprenderme que todavía haya católicos y clérigos de distinto rango que insistan en hablar del demonio (el enemigo) y nos alerten sobre su peligrosa y oculta actividad.
Me incomoda enormemente la falta de actualización de esas personas y me duele que se sigan contando "cuentos" al Pueblo de Dios para amedrentarlo con una imaginación tenebrista, "la loca de la casa" según nuestra santa Teresa.
¡¡Por favor, señores sembradores de demonios, no me hagan daño a la Iglesia y, sobre todo, no me asusten a los niños!! ¿Les parecen pocos los peligros y daños de esta vida terrena para que tengan que importar cornudos e invisibles extraterrestres que nos acosen?
¿Podemos hacer algo por los difuntos? ¿Ellos pueden hacer algo por nosotros? He ahí otro tema de urgente profundización y purificación.
Deberíamos empezar por convencernos de que la muerte, para los cristianos, es una liberación, una meta, una pascua: el paso a la tierra prometida. NO un motivo de tristeza y, menos aún, de penitencia reparadora.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo