El sol del otoño me trae siempre recuerdos del pasado. En la aldea de mi niñez, durante el otoño e invierno, buscábamos el sol al abrigo de una pared de adobe. Aún hoy, tras mis muchos años madrileños, el mejor recuerdo de vida, el que más caldea y alienta mi corazón es esa imagen de unos aldeanos sencillos abrazados por el providente sol y una rústica pared.

Ayer, mientras esperaba, oí este diálogo en una Parroquia madrileña:
- ¿Cuánto cuesta ahora una Misa? Es que hace tiempo que no encargo ninguna.
- Han subido a 8 euros -respondió la señora de la portería-.
- ¡Ah, bien! Tengo 100 euros para las ánimas. ¿Para cuántas Misas me llega?
- Para 12 Misas y le sobran 4 euros.
La portera (encargada del libro de intenciones) había tirado de calculadora sin inmutarse lo más mínimo. Estaba haciendo lo correcto: ayudar a aquella viejita a desprenderse de sus euros por una buena causa…
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Confieso que me sentí abochornado, avergonzado, confundido, mientras me preguntaba: ¿Ésta es mi Iglesia? ¿Aquí se venden Misas?
Un cura listillo seguramente me respondería:
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo