Mi corazón quise dar
y mi sombrero volqué,
rodando lo que guardé
en tantos años de amar:
Estrellas con estrellitas
estallando en blanco brillo
y un tierno amor muy sencillo
brotando de mis manitas.
Fue una noche helada y distinta.
- ¿Noche?
- ¡Día!
- ¿Helada?
- ¡Con escozores de brasas dentro!
- ¿Distinta?
- ¡Igual! ¡Soñera como todas, callada, fría ardiendo y ordinariamente extraordinaria!
Divino juego de paradojas en aquella "noche – alborada".
Virgen del Adviento,
verde y morada,
esperanza encendida,
gloria callada.
Había una vez un médico, totalmente entregado a la salud de sus pacientes, que aplicaba con rigor lo que había estudiado. Un día llegó a su consulta un paciente con fuertes dolores en un dedo del pie. El ilustrado médico diagnosticó rauda y acertadamente: "esto es gangrena". Y repitió lo que decía su libro: "la gangrena no tiene cura, hay que amputar para evitar su extensión al resto del cuerpo cortando por lo sano". Tras urgentes preparativos el enfermo entró en el quirófano y salió con las dos piernas amputadas. Naturalmente aquel celoso médico se quedó sin clientes.
¿No será algo de esto lo que hoy nos pasa en la Iglesia, especialmente con los divorciados?
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo