(¡Perdonadme! Me ha vuelto a salir muy largo. Sin embargo sólo he garrapateado unas sencillas reflexiones para una petición real de una persona real. Con ellas completo lo expuesto en mi anterior meditación "Boda o comedia". ¡Ojalá nos sirva para acercarnos comprensivamente a este punzante problema de nuestro tiempo!)
Mi querido Andrés: Me cuentas el dolor que te causa no poder comulgar. Estás excomulgado por tu condición de "católico divorciado vuelto a casar". Así llevas muchos años y, a veces, la culpabilidad te corroe las entrañas. Quieres ser fiel a la doctrina de la Iglesia y no tienes salida. Esa doctrina te obliga a permanecer apartado de la Comunión y te anima -farisaica paradoja- a vivir en comunión... ¿Recuerdas quienes sufrían ese "apartheid" en tiempos del Señor? Algunos de aquellos leprosos desafiaron la prohibición y se acercaron a quien podía darles la salud y la paz. Esas experiencias evangélicas deberían darte ya alguna pista.
Los que a este Blog llegaren querrán saber -sin leer demasiado- quién lo siembra y cuál es la simiente. Así que he decidido ir insertando las reseñas, que me vayan llegando, de mi reciente libro "Meditaciones desde la calle". Las opiniones sobre un libro son muy importantes para poder situar al autor y a su Blog, que sigue manando agua cristalina o, al menos, eso se pretende.
¿Cuántas veces vas a la peluquería? Pues si una cosa tan simple como el cabello te preocupa tanto, ¿cómo deberías cuidar tu matrimonio? En las anteriores entregas he intentado mostrar un esquema del "matrimonio humano" y del "matrimonio religioso". Ahora quiero advertir que el matrimonio es una planta viva que requiere protección y cuidados permanentes para no agostarse ni ser pasto de las plagas. No basta con "construir" hay que "mantener" día a día ese edificio para que no llegue la ruina y el desahucio.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo