Querida Mª Pilar: Me comunicas con mucha paz la muerte de tu esposo. Me cuentas cómo del sueño temporal pasó al sueño eterno sin enterarse, transportado en volandas ante ese Dios al que servía a su manera. ¡Qué alegría me nace al contemplar ese "abrazo de Dios", como los médicos llaman a esa forma de morir!
(Este artículo es el reverso del anterior. Es una parábola de lo que debería ser el Sacramento del Matrimonio. Lo publiqué hace más de un año pero hoy viene como anillo al dedo al tema que vengo tratando. ¡Ojalá muchas parejas se animen a repetirlo! Es una escenificación realista y luminosa).
¡Vaya invitación, tú! Quien más, quien menos, está invitado a una boda en este tiempo de cerezas y nupcias. Pero sustos no, por favor. Sé que vivimos en una época de oscuridades, desorientaciones y perversiones, mas esto de una boda a tres… se pasa de castaño oscuro.
¿Será que están embarazados? Recuerdo con ternura que, al principio, nosotros inauguramos los “abracitos de dos” que fueron pasando a “abracitos de tres”, a “abracitos de cuatro”… ¡Saldré de dudas! Aunque… no creo que Ana se haya saltado sus sólidas convicciones. ¡Tiene que haber otra explicación!
Muchos se casan "en la Iglesia" pero NO "por la Iglesia". Se visten de gala, celebran el rito, pero NO reciben el "sacramento del matrimonio" porque están cerrados a él, no hay actitud de apertura. Innúmeros ni siquiera saben que existe un sacramento y lo que significa, celebran -como mucho- un "matrimonio civil" con velas, flores y música de órgano. Nada más. Muchísimos es lo que buscan, el adorno.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo