
Aquí estoy, en la orilla del nuevo siglo, intentando orientar mi vuelo por las ofertas de la modernidad.
Me llegan los silbos de sirena televisivos con promesas de felicidad, de poder, de velocidad y hasta de ruptura rebelde. Algunas actualísimas presentadoras se han pasado al destape meretricio y provocan al personal con la carnadura que deberían reservar a sus maridos.
Al finalizar el Año Sacerdotal, vuelvo a ofrecer estos versos a mis queridísimos sacerdotes católicos. En ellos encontrarán un precioso horizonte y una profunda oración.
¿Te has imaginado alguna vez cómo fue la primera oración de Pedro cuando se quedó solo, tras la Ascensión? Un santo sacerdote dominico de nuestro tiempo, Fray José Mª Guervós -mi maestro de juventud y de verso-, la intuyó y escribió.
Tal vez te sirva, porque tú también te sentirás solo alguna vez ante una misión que cumplir y una "Iglesia doméstica" que defender.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo