Blog de Jairo del Agua

Hablemos del dolor II (Las experiencias) Cuando un terremoto te deja sin nada...

26.02.10 | 08:00. Archivado en Religión
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Hemos nacido para ser felices, a pesar de nuestra limitación, de nuestra fragilidad, de nuestra pequeñez. De eso estoy seguro. Basta mirar los ojos de un niño para darse cuenta. La felicidad dependerá de la capacidad de nuestro recipiente interior y no de nuestra apariencia, poder o bolsillo. La alegría ha sido siempre la característica de las personas espiritualmente crecidas, las que logran "hacerse como niños". La sabiduría popular lo tiene acuñado: "Un santo triste es un triste santo", es decir, no lo es. Si santidad es "plenitud humana" -que no otras ilusiones o popularidades- sus signos son la paz y la alegría.

Cuando el dolor es sencillamente un "piloto de alarma", un aviso de que nos alejamos del equilibrio físico o espiritual, entonces es una bendición, un elemento imprescindible de nuestro sistema de defensa. ¡Bendito dolor que me mueve a curar y rectificar!

Pero, con demasiada frecuencia, conducimos nuestra vida obstinadamente. Nos empeñamos en utilizar nuestra libertad para herirnos o para atacar. Permitimos que el dolor se acerque e, incluso, abrimos la puerta a innumerables "caballos troyanos" creyendo que son regalos, bienes que podemos y debemos disfrutar. ¡Ése es el engaño bobo en que caemos una y otra vez! Creemos un bien -por eso lo elegimos- lo que en realidad es un mal o su semilla. Uno de mis "engañabobos" es el dulce, soy un golosón. Suele venir uncido al sedentarismo, otro manjar suculento para quienes disfrutamos de cierta interioridad. Ya me alertaron de los peligros de esas tentaciones. Estoy en guardia y vigilante. Sé lo que debo prever y evitar.

Sin embargo, cuando el dolor adviene sin causa prevista, sin elección posible, se convierte en un misterio. Cuando te diagnostican un cáncer irremediable… Cuando te avisan del accidente de tu esposo… Cuando aquel terremoto te dejó sin nada… Cuando… Entonces las preguntas te llueven como lanzas: ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora que estaba tan bien? ¿Por qué, si Dios es bueno, consiente todo esto? ¿Por qué…?

Un día me di cuenta que nuestra limitada visión no puede penetrarlo todo, que hay respuestas de crecimiento lento, que la razón no es la única fuente de luz. Me zambullí en lo más profundo, dejé de zarandear mi cabecita y esperé respuestas del interior, de la vida, de la experiencia.

- La primera sorpresa fue toparme con la certeza de que el dolor madura, fortalece, hace crecer. Seguramente porque te sumerge en ti mismo, te hace palpar tu propia fragilidad y te empuja a buscar dónde hacer pie. Lo bueno es que lo encuentras, que en el interior más hondo hay sólidas cristalizaciones donde apoyarse y descansar. Esa experiencia te hace más consistente, más lúcido y más humilde. La vida empieza a percibirse de otra manera, a vivirse con más responsabilidad y, curiosamente, con más gozo.

- Más tarde descubrí la cortina del tiempo. Ni el calendario, ni el reloj, ni la agenda son capaces de desvelarnos lo que se oculta tras esa cortina negra o multicolor. ¡Cuántas veces, después de una noche tenebrosa, descubrimos un amanecer radiante! Vivimos con la nariz pegada al tiempo y eso nos impide ver más allá del dolor presente. ¡Cuántas veces un accidente, una enfermedad, una separación o una bancarrota son el comienzo de la paz! La sabiduría popular nos vuelve a iluminar: "No hay mal que por bien no venga".

- Tarda uno en descubrir que, como toda experiencia, el dolor es personal. No caben comparaciones, ni proyecciones, ni recetas, ni compasiones. Cuando el dolor aprieta, cada uno destila su propia esencia. Nadie puede hacerlo por ti. Sin embargo, somos muy proclives a interpretar el dolor de otros desde nuestra sensibilidad, desde nuestras heridas y desequilibrios.

Es decir, caemos en el funcionamiento sensible, nos embarcamos en el globo de la sensibilidad sin lastre y sin amarras, al albur de los cambiantes vientos del momento. Nos ahogamos entonces en la vociferante superficialidad, en la sensiblería, en el dramatismo. Caemos, incluso, en la exasperación y el histerismo. Hay quien piensa que eso es "compasión" y "solidaridad" porque "hay que sufrir con el que sufre". ¡Enorme error! No conseguimos más que hundirnos nosotros y contagiar al sufriente. Lo que realmente ayuda es la fe en el otro, el afecto, la escucha, la serenidad y la solidez del que se acerca al dolor ajeno. Incluso, cuando uno mismo esté concernido en ese dolor (caso del hijo que quiere consolar a su enviudada madre, por ejemplo).

También afilamos el dolor, propio o ajeno, con el funcionamiento imaginativo que agrava, dramatiza y exagera los males presentes o futuros. Me descubrieron un tumor pero, hasta que me dieron los resultados, cuánto miedo, cuánto sufrimiento, cuánta imaginación descontrolada e inútil… La imaginación negativa envenena la realidad, nos la hace insoportable. Muchas ansiedades tienen su secreto origen en este mal funcionamiento. Un proverbio chino lo sintetiza: "El que teme sufrir mañana, ya está sufriendo de temor hoy". Hay quien se compadece tanto desde su sensibilidad o desde su imaginación -suelen ir unidas- que se asfixia. La compasión no es quemarse con el quemado sino echar agua a su fuego o… a su jardín.

Aprendí esta lección cuando, presa de mi delirante imaginación y exacerbada sensibilidad, evadía a mi querida tía Paula, casi ciega e incurable. Se me hacía insoportable acercarme a su imaginado sufrimiento. Un día me armé de valor y fui a verla. Su sonrisa, su paz, su preocupación por mí, me relajaron. Pero, cuando ella me confesó quedamente: "Soy feliz, hijo mío, soy feliz", rompí a llorar como un niño mientras ella me acariciaba. No olvidaré aquella lección porque yo, con mis flamantes éxitos profesionales, no pude decir lo mismo. Ella vivía en profundidades que yo no había descubierto.

Ahora sé que el dolor no se puede medir, ni imaginar, ni comparar. Sólo se puede aceptar y acompañar. Bajo la áspera túnica de lo que llamamos desgracia nos encontramos, a veces, la más genuina felicidad, la que nace de lo que uno es y no de lo que tiene, parece, sabe o hace. Allá en el fondo brotan gozosas realidades que muchos no somos capaces de descubrir.

He mencionado la palabra aceptar, pura sabiduría. Y, ante el dolor, llave de la consolación. Es de locos golpearse la cabeza contra el muro de lo inevitable, de lo inexplicable. Eso no hace sino aumentar el dolor. Considero sabio a quien escribió: "por el abandono a la paz", o aquello otro: "haz el cien por cien de lo que esté en tu mano pero abandona todo lo demás en las manos del Padre" (1).

- Hay todavía un descubrimiento más esencial y definitivo: la inmanencia de Dios en nosotros y, por tanto, en el dolor, en todo dolor. La experiencia, la vida, me han confirmado que Él nos habita, sostiene y conduce desde dentro. Nos rebelamos porque pensamos neciamente que Dios nos ha dejado caer en el abismo. ¿Podrá olvidarnos quien afirmó: "Hasta vuestros cabellos están contados"? (Lc 12,17). La respuesta está escrita: "Aunque tu madre te olvide, Yo no te olvidaré" (Is 49,15). ¿Acaso el padre del "hijo pródigo" no sufrió con el dolor del descarriado? Pero no podía negarle sus derechos, su libertad... Esta otra cita también es luminosa: "Dios no nos salva, cuando nos estamos ahogando, haciéndonos caminar sobre las aguas, sino que nos salva dándonos fuerza desde dentro para nadar" (2).

Quizás este cuento, que circula por internet, resuma lo que quiero decir sobre esa Presencia que siempre habita nuestro dolor, aunque no seamos conscientes, aunque la rechacemos incluso. Con el cuento termino esta breve reflexión. Tal vez nos ayude a intuir lo que no vemos ni entendemos.

"Mariela, una preciosa niña de 6 años, nunca había oído hablar de religión. Sus padres la habían educado en un estricto ateismo. Un día se enzarzaron en una feroz discusión que terminó con la agresión mutua y la muerte de ambos. Los abuelos se hicieron cargo de la niña y, al cabo de un tiempo, la llevaron a catequesis para prepararla al bautismo. El primer día la catequista desenrolló un póster con el rostro de Jesús y preguntó: ¿Quién es éste? Mariela levantó inmediatamente su manita. La catequista, llena de asombro, le dijo suavemente: ¡Bien Mariela, inténtalo! Y la pequeña respondió: Ése es el señor que me abrazaba mientras mis padres se peleaban".
____________________________________

(1) Véase “Por el abandono a la paz” del franciscano P. Ignacio Larrañaga. Ed. Paulinas.

(2) Véase “Cristología para empezar” (pag. 123) del jesuita P. José Ramón Busto Saiz. Ed. Sal Térrae.

41 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Josefa (Málaga-españa) 07.03.10 | 15:33

    Un saludo Ramón.¡¡Es un gustazo verte de regreso!!
    Tienes razón el lo del buen uso del dinero,pero en todos los campos.
    No solo en armamentos (guerras) que no me gustan nada, sino en la responsabilidad de las cosas bien echas.
    Ya ves que mucho dolor se puedo evitar en Haití si sus casa hubiesen sido dignas. En Chile hay también gente que hace mal las cosas y causan mucho dolor. Un edificio sin las medidas de seguridad establecidas es ruina en aquel lugar, muerte y dolor. Por qué no decirlo angustia a sus familias al no saber nada de ellas. La enfermedad nos causa dolor,sabemos que tiene cura,pero los hombre ponemos la puntilla en algunas ocasiones.
    ¡¡Desde aquí, un Sí a la Vida de los Inocentes!!
    Un abrazo a tod@s Josefa

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 07.03.10 | 11:20

    .... nos cantaría si el dinero que se emplea para guerras se empleara para paliar los estragos del cáncer y disminuir los efectos destructores de los terremotos. La humanidad en su conjunto se gasta una cantidad ingente de dinero para flagelarse, para hacer la vida más difícil.
    El día que comprendamos de verdad que la religión es solo amor, pero no de unos pocos, sino de todos los seres humanos, habremos dado un paso de gigante para hacer de la Tierra un auténtico Paraíso.
    El imperativo moral del que debe partir todo credo, toda costumbre y el más elemental sentido común de que es capaz incluso el hombre descerebrado es que "debemos" hacer cuanto favorezca nuestra vida y la de nuestros semejantes. El cristianismo lo ha dejado muy claro: si la religión es el amor incondicional y omnímodo de Dios, Dios se identifica con todo semejante, incluso con el criminal, el terrorista y el de conducta depravada. Es preciso amar y beneficiar a todos sin excepción.
    Buen domingo.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 07.03.10 | 10:56

    Jairo ha puesto como telón de fondo de esta reflexión el cáncer maligno y el terremoto aniquilador, dos terribles azotes, uno interno y otro externo, entre miles de otros que laceran al ser humano. El cáncer escribe en nuestra carne con trazos gruesos la fecha de caducidad; el terremoto nos despoja de todo y demuestra la insensatez de toda codicia. Vivimos solo un instante sin llegar a ser dueños de nada. Quiebra nuestro cuerpo y la naturaleza sigue impávida sus propias leyes.
    Dos azotes, pero dos batallas que poco a poco vamos ganando. La ciencia y la técnica han puesto cerco al cáncer y lo van acotando, domeñando. Pronto, ojalá, el cáncer no será peor que una simple gripe. La ciencia y la técnica abordan también los terremotos: se preveen y se edifica como es debido en su campo de acción. De ahí que no tengan los mismos efectos destructores en todas partes. Ojalá pronto solo sean solo sustos pasajeros.
    Otro gallo (del corral de Terete y mío, jaja).....

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 06.03.10 | 10:57

    ... es dividir aquello que se comparte y, en ese sentido, aminorarlo (el amor es un potente analgésico). Incluso más, porque cuando el dolor es compartido, el amor que lo comparte lo torna incluso gozoso, pero no por sí mismo, sino por lo que el amor conlleva. En cuanto a "orar", nada hay más importante, pues entonces se etablece una profunda comunión entre el doliente y el orante.
    Por incomprensible y repugnante que nos resulte el dolor, es fácil advertir que es consustancial a la vida, al hecho de estar vivo. Sin él, caeríamos muertos en cualquier momento sin darnos ni siquiera cuenta. Jamás apreciaríamos de verdad el valor de salud si jamás nos enfermáramos.
    Por lo demás, conozco personas que, sometidas a fuertes dolores crónicos, se acostumbran afortunadamente a ellos de tal manera que viven como si no los sintieran. ¡Gran misterio de la naturaleza!
    Siempre nos queda el consuelo de la sabiduría popular: "Dios aprieta (amor), pero no ahoga (cariño)".

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 06.03.10 | 10:45

    Gracias, Terete, por el torrente de bondad, de sentido común y de humor que mana incesante de tu alma sensible . Y también del alma de cuantos aquí imprimís vuestra huella. Muy cierto que muchas veces somos nosotros quienes agrandamos como "masocas" nuestro propio sufrimiento, sobre todo por el miedo que nos hace padecer de antemano lo que seguramente nunca ocurrirá. Ahora bien, el miedo es inversamente proporcional al grado de confianza en la Providencia: cuanto más uno se entrega a los brazos del Padre, menos miedo tiene. ¿Tiene acaso miedo un niño cuando su padre lo lanza imprudentemente al aire para cogerlo de nuevo? No, pues se ríe y juega. Eso deberíamos hacer nosotros con mayor razón frente a nuestro futuro: reírnos y jugar con Quien nos maneja.
    Nos sentimos impotentes frente a la persona querida que sufre, pero en verdad podemos hacer dos cosas importantes: hacernos presentes a su dolor para compartirlo y orar. Digo importantes porque compartir....

  • Comentario por Terete (Barcelona) 05.03.10 | 19:14

    (sigue) Je, je, y yo la primera de las "gallinas", aunque no te lo creas. Esto es lo asombroso, que cuando llega la hora sacas valor no sabes de donde, la mano amorosa de Dios se hace palpable...

  • Comentario por Terete (Barcelona) 05.03.10 | 13:06

    ¡Bienvenido Ramón! ¡Ya te echábamos de menos! Gracias por tenernos presentes en tu oración silenciosa y pacificadora… ¡Claro que cuando el cuerpo duele hasta el cerebro se apaga, como muy bien describes! ¡Es que somos una maravillosa unidad! Que hermoso y profundo eso de que “nuestra impotencia nos lleva a su Poder; nuestra indigencia, a su Donación”. Así es y así somos colmados…
    En cuanto al dolor-sufrimiento, aceptando tu clasificación entre físico y espiritual, también estoy de acuerdo con Blanca en que el sufrimiento es algo que podemos considerar como añadido por nosotros mismos inútilmente, por la no aceptación, el rechazo, la autocompasión y el victimismo que le agregamos, utilizando mal nuestra imaginación y nuestra mente configurada en negativo. No hay duda de que eso nos estanca y frena nuestro crecimiento en todos los niveles.
    Pues sí, hay blasfemias que son puro desahogo. Y de "gallinas"...no te preocupes, formaríamos fácilmente un "corral".

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 05.03.10 | 10:33

    Una de las virtualidades de este tema tan quicial, tan atinadamente traído a la reflexión por Jairo, es la provocación que nos ha hecho para que cada cual reflexione desde su propia experiencia. En contraste con las actitudes objetivamente heroicas de la mayoría de los comentaristas (hay veredaderas joyas), confesaré que frente al dolor yo soy un redomado "gallina", más cobarde que un perro apaleado, tanto que, cuando el cuerpo me duele, hasta el cerebro se me apaga. Donante de sangre que fui, tenía que cerrar los ojos cuando me pinchaban. De ahí la preciosa lección que saco de la valentía de muchos de valoosotros.
    Por otro lado, creo que necesitamos moderación a la hora de valorar la mortifiación corporal y el ayuno, castigos voluntarios del cuerpo. De suyo, no son nada y, sin otro contenido, pueden ser aberrantes. Pero, cargados de amor, pueden ser para algunos buenas herramientas espirituales, sobre todo ahora que estamos en Cuaresma.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 05.03.10 | 10:18

    Lenguaje de Dios. Se nos ha dicho que las Escrituras contienen todo lo que Dios ha querido comunicarnos. De ahí que las esudriñemos con tanto esmero y dedicación, tratando de saber qué nos dice y cuál es Su voluntad. Pero lo cierto es que Dios nos habla de infinitas maneras a todos, en todo tiempo y lugar. Y, si bien, su voz es casi imperceptible cuando de placer y gozo se trata, se hace vozarrón, denso y penetrante, cuando de dolor y sufrimiento. Ante estos, tan fuertes, podemos rebelarnos, incluso blasfemar, lo cual no sería, en todo caso, una ofensa sino un desahogo. Pero si los valoramos con serenidad y perspectiva, descubriremos en ellos un Dios que se moja, que desciende a la arena: nuestra impotencia nos lleva a su Poder; nuestra indigencia, a su Donación.
    Por lo demás, al margen de cualquier valoración espiritual, el dolor entraña múltiples virtualidades positivas, físicas y sicológicas, entre las que cabe subrayar que, tarde o temprano, nos iguala a todos

  • Comentario por Ramón Hernández Martín - Asturias 04.03.10 | 21:35

    Amainada mi particular tempestad, ya escampa. Es hora de que el silencio se rompa en palabras cargadas de ilusión, de que las nubes descarguen suavemente su lluvia vital. Desde el silencio, pero con sumo interés, he seguido a diario vuestras andanzas bienhechoras en torno al amor y al dolor. Y, lo más importante, a diario os he mantenido presentes y activos en mi oración.
    Sin adentrarme todavía en las bellas y ricas exposiciones de Jario, permitidme alguna elucubración. He visto manejar los términos dolor y sufrimiento. El dolor connota corporeidad (nos duele el cuerpo) y el sufrimiento, espíritu: enfermedades y agresiones corporales; enfermedades y agresiones espirituales. Pero no hace falta subrayar la diferencia para lidiar el toro de Miura que Jairo somete a nuestra consideración. Dolor se opone a placer; sufrimiento, a gozo.
    Mi clave de comprensión radica en que dolor-sufrimiento y placer-gozo son lenguaje de Dios. Volveré sobre ello. Afectos.

  • Comentario por Josefa (Málaga-España) 04.03.10 | 14:56

    ¡¡No hay de qué amiga Terete.!!

    No es que sepa todo,pero de acompañamiento a personas enfermas tengo algún camino recorrido.
    La capacidad de aceptación es compleja y depende en gran medida de la confianza de la persona y de su entorno, también si la persona es el ombligo del mundo (así tengo una, qué ya no sé que decirle,para que no se cree más enfermedades de las que tiene), pero como Dios nos dio la inteligencia y nos infunde el Espíritu, cuando empieza a ser el centro del mundo, le hago ver que es una gotita en el océano, que su mal es insignificante y que tiene cura. No me desalienta, al contrario creo que me ayuda a superarme y ver que se puede. ¡¡Si fortalece el ayudar a otros, y mucho!! Te olvidas de ti mismo!! (Quizás estas peor) No digo que esto sea lo habitual,sino mi experiencia con la enfermedad,propia y ajena. ¡¡Dios no nos deja nunca de su mano!!

    Un abrazo a tod@s y gracias por enriquecernos con vuestros testimonios.

    Un abrazo Jairo. ¡Buen tema!

  • Comentario por Blanca, de Buenos Aires, Argentina 03.03.10 | 16:57

    Tu artículo me parece muy bueno, Jairo.
    Distingo en este momento de mi vida, la diferencia que hay entre dolor y sufrimiento. El dolor es parte de la condición humana. Cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos vivido o viviremos situaciones de dolor extremo, como las que describes en el artículo.
    El sufrimiento, en cambio, viene del hecho de no aceptar la realidad tal cual es, de querer que sea de otro modo, ese discurrir de la mente que analiza, juzga y condena como malo eso que nos pasa, y después lo tacha de injusto, y entonces sufre, se autocompadece, rechaza. Como decís, no tenemos la vivencia del tiempo en nosotros, en cuanto a que no sabemos lo que pasará. El dolor puede ser una gran ocasión de crecimiento, en humildad, en sabiduría, en amor. El sufrimiento que nos causa la mente con estos juicios, en cambio, nos atasca en el camino. Mejor hacer silencio, adorar y contemplar...De ese modo seremos felices, estemos como estemos.

  • Comentario por Jairo [Blogger] 02.03.10 | 23:05

    De Terete: (Problemas para introducir el comentario)

    Clara, en ningún momento fuiste inoportuna. Tus comentarios son muy hermosos, como cuando afirmas que "El sufrimiento aceptado positivamente, es poderoso abono que hace estallar a la sencilla tierra de flores, de frutos, de colores y perfumes".

    Gracias también, Saruce y Josefa por vuestra amistad, testimonio y buenos consejos de que "no hay que confundir la solidaridad para con los demás, con el abandono de uno mismo". No lo haré, no. Es de sentido común. Puedo ayudar de otras maneras.

    Jairo, al hilo de tu post tengo un interrogante desde mi experiencia de acompañar el dolor de otr@s: junto a muchas experiencias positivas, también compruebo que no siempre “el dolor el dolor madura, fortalece, hace crecer”. Hay personas a quienes les
    destruye abriendo viejas heridas incurables.

    Una experiencia muy dolorosa para quien la padece y para quien intenta estar cerca. Te sientes impotente para inyectar un poco de esperanza. Es otro misterio.

  • Comentario por saruce 02.03.10 | 14:44

    ...Decía que hay que asumir "únicamente" el lote de enfermedades, desgracias y sufrimientos que lleva cada uno, mientras dura el tratamiento quimio y radioterápico. La mente y el corazón deben estar dispuestos para ayudar a la propia naturaleza a vencer la enfermedad.
    No hay que confundir la solidaridad para con los demás, con el abandono de uno mismo.
    Hace un par de años, más o menos, le contaba a otra buena amiga mía (a la que tampoco conozco personalmente), las palabras de un viejo "afectado": "si vieras el placer que me proporciona pisar los charcos de agua, cuando llueve, después de recibir una dosis de radio o de quimio".
    Si, creo que hay que volverse niño, y disfrutar como un niño que nace a la vida, día a día.
    Y es que después de un tratamiento, percibes que tu sensibilidad ha cambiado, que hay un antes y un después.
    Yo no me pregunto nada más.
    "Bienventurados los que sufren...". Y así me considero.

  • Comentario por saruce 02.03.10 | 14:25

    ...De lo primero que deseo hablar es de una persona afectada de cáncer NUNCA debería hacer caso a santeros, sanadores y gurús que pululan alrededor de los enfermos de cáncer, especialmente, recomendándoles sus jarabes y pastillas curalotodo, y abandonándoles a su suerte, cuando observan que empeoran demasiado.
    Una hermana mía, la menor de cuatro hermanos, tuvo un mieloma múltiple de "baja intensidad", de fácil tratamiento, según los oncólogos, y a mitad de la "quimio" se dejó convencer por uno grupo de los llamados sanadores, "dirigidos espiritualmente" por unos personajes llamados canalizadores o algo parecido, que le hicieron abandonar el tratamiento, proporcionándole un jarabe, que no es otra cosa que un complejo vitamínico.
    A los tres meses de abandonar el tratamiento oncológico, falleció enchufada a una máquina dosificadora de sedantes.
    Y de otra cosa que quiero hablar, querida amiga, es de que hay que...

  • Comentario por saruce 02.03.10 | 14:15

    Terete, desearía que me considerases un verdadero amigo, que te habla desde el corazón y desde la experiencia de haberle ganado la primera batalla al cáncer.
    No me agrada dar consejos, porque hay personas cuya sensibilidad es tal que los toman como intromisión de algo tan íntimo como el dolor y la angustia propias.
    Durante mi tratamiento de "quimio" contacté con un grupo de afectados de cáncer, de mi localidad. Vi en ellos una fuerza extraordinaria, unos deseos de vivir "bien", y una actitud de lucha contra la enfermedad, que me enamoraron.
    Junto a ellos aprendí que el cáncer se combate con buena disposición y con los tratamientos adecuados, recibidos en hospitales y clínicas.
    En mi caso, y en el de otros amigos y compañeros, la fe y la confianza en Dios fue muy importante, en el devenir y desarrollo de la fase de curación.
    Hoy, tres años y medio después de la intervención quirúrgica, "estoy limpio", y con deseos de hablar...

  • Comentario por MARCRISPA 02.03.10 | 02:03

    Casi lo comparto todo contigo Jairo, en este hermoso y sensistivo post. Veo que tomaste mi bandera de la necesidad vital del dolor.
    Hay un solo punto que no comparto, pese a que mi padre repetía lo mismo: el dolor por el fallecimiento de un familiar es individual y único, y nadie puede hacer nada realmente para aliviarlo, excepto el doliente... y quizá el consuelo de Dios. No creía él en 'te acompaño en tu dolor'.
    Yo no solo creo en el dolor colectivo, sino que creo percibirlo; por ejemplo en las reivindicaciones de pueblos oprimidos, segregados (como los aborígenes); o los campesinos sin tierras, o los niños sin salud ni educación, o mujeres golpeadas y vejadas en todos los aspectos. No tiene relación con los sucesos climáticos o de la naturaleza; sino con lo que se hace o deja hacer a los hombres en contra de otros.
    ¿No lloró acaso Jesús por Jerusalén, por sus gentes, a quienes quería cobijar como la gallena a sus polluelos.
    Saludos

  • Comentario por clara 01.03.10 | 23:19

    Jesús terminó por decír, Padre hágase tu voluntad y no la mia, que es lo que nosotros rogamos en el Padrenuestro. Anteriormente nos habia pedido que intentásemos ser perfectos,es decir santos, como lo es nuestro Padre celestial.
    Estoy segura de que ahora mismo hay muchos santos vivos.No importa que nunca hagan milagros, ni que nunca los canonice ningún Papa.Con la gracia de Dios, todo es posible.
    Los santos no son estátuas cubiertas de polvo, sino estímulo y ejemplo.
    Algún dia podremos llevarnos muchas sorpresas y veremos que ni son todos los que están ni están todos los que son.
    No nos debe incomodar que nos hablen de lo más perfecto, porque nosotros no queramos llegar.Es verdad que no debemos juzgar a nadie, y menos a los que pasan por sufrimientos extremos.

  • Comentario por Josefa (Málaga-España) 01.03.10 | 21:46

    Amiga Terete.

    Siendo muy respetable tu comentario sobre los lugares donde no se puede ayudar a esa enfermedad del cáncer por falta de medios económicos, no solucionarías el problema de tantas personas abandonando tu tratamiento. Creo que Dios te ha puesto los medios y los debes de utilizar.
    Yo no quería hacer mención a este tema por respeto a los que lo están padeciendo.

    Hace dos años se me murió un hermano en Chile, por dejación de él y falta de recursos, era miedoso para todo, no acudió al médico hasta que fue muy tarde.

    No debes sentirte mal por tener a tu alcance los medios,sino dar gracias a Dios. Yo pido a diario por todos vosotros que sé lo estáis pasando mal.

    ¡¡Mucha fuerza amiga, que Dios te acompaña y saldrás bien con su ayuda!!

    Un abrazo a tod@s Josefa

  • Comentario por clara 01.03.10 | 20:19

    Yo solo quería decir que Dios nos va haciendo a través de todo lo que nos sucede.No pretendía dirigir ni dirigirme a álguien concreto que está pasando por unos momentos reales y duros. Terete, perdona, creo que fuí inoportuna.
    Te admiro y te abrazo con todo mi amor.

  • Comentario por Terete (Barcelona) 01.03.10 | 18:57

    (continuación) No quiero dejar de expresar que en medio de esta enfermedad me siento privilegiada por tener a mi alcance los recursos más avanzados de la medicina, lo cual me hace sentirme agradecida. Pero al mismo tiempo no puedo evitar el dolor que me produce el abrir los ojos a otros lugares del mundo y comprobar la carencia total de estos recursos. Esto sí que duele. Esto no es un alarde de altruismo, no. Me duele la realidad. Me duele vivir en una sociedad opulenta (a pesar de la crisis) que lo es en buena parte a costa de la miseria y la explotación de otros países del llamado Tercer Mundo. A veces me pregunto que si me duele tanto, por qué no soy más radical y me niego a los tratamientos por solidaridad. No soy tan valiente ni sé si solucionaría algo.

  • Comentario por Terete (Barcelona) 01.03.10 | 18:51

    (continuación) En mi situación concreta intento vivirlo con normalidad. Quedan un poco atrás los días de ansiedad inevitable en espera del diagnóstico y con el miedo normal ante lo desconocido de pruebas, intervención y tratamientos por las que te anuncian que has de pasar. Ahora todo va siguiendo su curso, paso a paso, la quimio es durilla por todo el conjunto, pero hay otras situaciones de dolores físicos insoportables, eso sí que tiene que ser duro. En el caso del cáncer el quid de la cuestión es saber si se sobrevivirá o no. Es alto el porcentaje de los que sí y pondré de mi parte al máximo para que así ocurra, pero si es que no, lo tengo asumido. Me digo que si hay tantas personas agnósticas y ateas que asumen la muerte con naturalidad, cuanto más lo debo hacer yo que, además, tengo la fe en Jesucristo. Confío y me abandono a El y esto es lo que me da serenidad y fuerza para luchar hasta donde sea posible.

  • Comentario por Terete (Barcelona) 01.03.10 | 18:49

    Enhorabuena por tu libro, Jairo, y por el post también. Ya lo iré comentando.
    Es difícil hablar del propio dolor, a veces por miedo a cierto exhibicionismo o victimismo que una detecta con demasiada frecuencia cuando acompaña el dolor de otros. De una u otra manera todos pasamos por las diferentes etapas de la vida creciendo con dolor. Después descubrimos su sentido positivo y lo agradecemos. Otras muchas veces sufrimos inútilmente, por nuestra imaginación que adelanta negros futuros que no suceden, como muy bien explica Jairo. Pero "cuando el dolor adviene sin causa prevista, sin elección posible, se convierte en un misterio". Así es. Pueden ser enfermedades u otras situaciones dolorosas. Desde mi experiencia tengo que decir que tener cáncer no es lo peor que a una le pueda pasar, hay enfermedades peores, por ejemplo una esclerosis múltiple, en la que se llega a una parálisis completa. U otras enfermedades con mucho dolor físico. (sigue)

  • Comentario por Josefa(Málaga-España) 01.03.10 | 12:28

    Ciertamente amigo saruce. Los santos no lo son de la noche a la mañana,suben a la montaña,pasan por el calvario,pero no tiran la toalla ante las dificultades vividas.

    Mi modelo de vida es Cristo por excelencia,pero en la vida de estos santo@s tienes un referente.¡¡Ellos fueron coherente con el Evangelio de Cristo!!

    Hoy mi corazón siente dolor, los hombr@s en Chile vuelve a sufrir, me meto en sus carnes, sé lo que es eso y lo que hay que confiar en Dios para superar la fuerzas de la naturaleza ¡¡No las controla nadie!!

    Un saludo cordial. Josefa

  • Comentario por saruce 01.03.10 | 11:25

    Ayer dejé un comentario rápido, de esos que surgen espontáneamente, cuando lees algo que te impacta negativamente.
    No ha aparecido entre los del blog, pero no me alegro, ni me preocupo por ello.
    Quiero dejar caer un argumento que parece necesario.
    Los santos son santos, y la iglesia los coloca en los altares, cuando ya han fallecido, y tras "ponerles a prueba" según normas y ritos en los que ni quiero entrar.
    Pero un santo, mientras está en la tierra, no obra santamente el cien por cien de su vida, creo yo. Es imperfecto y tiene altibajos, no me refiero a otra cosa.
    Deducir que las palabras de un santo son la verdad, es muy arriesgado, cuando se tratan temas tan serios como el dolor.
    Para razonasr sobre cosas serias. ningún referente comno el del mismo Dios encarnado: "Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz".
    No quiero ser repetitivo, pero por favor, olvidemos las elucubraciones sobre los beneficios espirituales del dolor "ajeno".

  • Comentario por Pikaza 28.02.10 | 12:23

    Jairo, felicidades por tu libro... El mío sigue en la rodera que tu has abierto. Voy gozoso, detras de tu estela. Un abrazo. Nos vemos. Xabier

  • Comentario por Jairo [Blogger] 27.02.10 | 17:37

    Recibido de Clara (no le entró el comentario):

    Nunca olvido estas palabras que álguien me regaló hace años. Eran algo así: El encanto de los valles está en su fertilidad. Son tierras bajas que van recogiendo todo lo que se desprende de las montañas.

    El espíritu humano, es un valle muy, muy profundo y muy, muy fértil. Si va aceptando todo lo que le llega de su contorno natural y de las alturas, llega a rebosar de riqueza y esplendor.El sufrimiento aceptado positivamente, es poderoso abono que hace estallar a la sencilla tierra de flores, de frutos, de colores y perfumes.
    Un lugar oculto, para el Señor.

    En resumen:todo lo que nos ocurre, tal vez especialmente el sufrimiento no rechazado, ni negado, ni soportado a regañadientes... nos va enseñando y haciendo.

    T.Queiruga tiene una teoría que encuentro interesante: Dios no desea que suframos, pero ha tenido que hacer un mundo finito, para no crearse a sí mismo, por eso existen el mal y el sufrimiento.

  • Comentario por Josefa (Málaga-España) 27.02.10 | 16:31

    Al leerte Inmaculada, me has echo recordar un acompañamiento de cuatro años de ésta enfermedad, cómo me las apañaba para que mi tía no tuviera tiempo a pensar en ella, no solo la llevaba a los tratamientos,sino que le hacía sentirse importante pidiéndole yo que me ayudara hacer ropa para una parroquia ( yo le decía que la agujas me pinchaban por los dos lados)

    No creo que le quitara el dolor,pero sí la soledad y tiempo para pensar en ella.
    Se aprende más de lo que uno cree, se cuenta más con la ayuda de Dios. Eso no se me ocurrió a mí por las buenas, pero Dios siempre te acompaña. También es verdad que no volvemos a ser los mismo,algo se renueva por dentro.

    Un saludo a tod@s Josefa

  • Comentario por Martha Sialer 27.02.10 | 02:19

    Hola Jairo!!
    Siempre es bueno leerte, aunque a veces no me animo a comentar.
    El tema del dolor... ay! Después de vivir algo, ya todos lo conocemos en alguna de sus facetas, en carne propia o en carne de seres amados.
    Me empeño en ayudar a las personas a sentirse y vivir felices. Sé que es el plan de Dios para nuestras vidas. pero ya sabemos que Él tiene otros ojos para captar y medir la felicidad humana. Sus ojos no son mis ojos.
    Después de leerte voy a empezar a mostrar a las personas algo del "otro lado" del dolor.
    Un abrazo desde el Perú.

  • Comentario por Inmaculada 26.02.10 | 21:58

    No conozco la enfermedad en propia carne, salvo lo habitual (gripes y demás). Pero puedo hablar de la enfermedad de la persona que tienes junto a ti que es, al menos para mí, más dolorosa que si fuera propia. Cuántas veces deseé que aquello que pasaba por mi marido pudiera trasladarse a mí y verlo de nuevo sano. fueron dos años muy duros, en los que pasé por muchas etapas. Desde la rebeldía, el no querer aceptar (¿por qué a él, Dios mío?), la angustia, la rabia, la resignación...y por fin el darme cuénta de lo que habíamos llegado los dos a crecer por dentro durante su enfermedad. No puedo decir que quiera pasar de nuevo por ahí, la cruz es dura y cuesta mucho, pero sé que ni él ni yo seríamos los mismos si esto no hubiera sucedido. Y lo mejor, el acercamiento a Dios como única fuente de esperanza en medio de la desolación.

  • Comentario por mª pilar garcía de Zaragoza 26.02.10 | 21:08

    Cierto, el dolor asumido, es fuente de crecimiento humano, y experiencia amorosa hacia ese Dios Abba, que en cada momento nos lleva entre sus brazos amorosos, cuando a penas somos capaces de caminar, por pura fragilidad humana.

    No hay que asustarse por sentir esa “fragilidad”, sentir cansancio; solo hay que acogerlo con paz, y seguir caminando con mirada esperanzada, en que, todo cuanto nos sucede, podemos llevarlo; si como nos dices, no dejamos volar nuestras imaginativas sombras, y dejamos paso a la “compasión personal” eso es lo que de verdad mina nuestra voluntad de lucha.

    Jamás estamos solos, descubramos ese tesoro que Jairo una y otra vez, nos anima a encontar en nosotros mismos, ahí donde está el agua que nos lleva a ¡¡La Vida!!

    ¡¡Gracias Jairo!! mª pilar


  • Comentario por mª pilar garcía de Zaragoza 26.02.10 | 21:06

    ¡Hermoso art. Jairo! Siempre hay un pero...

    Mi experiencia es; que el largo dolor, agota físicamente, te hace vulnerable, te invita al abandono... ¡que pase lo que tenga que pasar!

    Jamás he pensado que Dios lo quiere, ni he levantado la voz en una queja, por parecerme injusta la situación… ¡No podría!

    Para mí El, es, toda la base de mi vivir, sea cual sea la circunstancia que se presente.

    Nos dices algo importante; “siempre responde, cuando nos abandonamos en lo más profundo de nuestro ser” Siempre sana, nuestra incapacidad de llevar lo que nos “toca” en nuestra vida; restablece nuestra serenidad, gozo interno… aunque a veces humanamente estés agotado.


  • Comentario por saruce 26.02.10 | 20:00

    ../.. Dos puntualizaciones, por ahora.
    1º.- El dolor fuerte tiene algo de catarsis, sí, pero mucho después de haberse ido. Creo haber explicado que durante el dolor, se "pierden muchos reflejos humanos", y la fe es utilizada como nexo de oración o súplica al Padre.
    2º.-Cuando te detectan un cáncer, no sientes dolor, sino anonadamiento. Y es que en realidad, no conoces la gravedad del mismo hasta que te han cosido a pruebas, te han operado, y te han analizado a fondo.
    ¡No podéis imaginar la vitalidad de algunos afectados de cáncer, recién salidos de una "quimio"!. Es que parecen de otro mundo. De veras.
    En los casos de extrema malignidad, que ni te operan siquiera, imagino que te das cuenta de lo que ocurre en tu cuerpo. Conozco casos en los que los pacientes dejaron de alimentarse, y se "entregaron" sin lucha.
    Algún día pondré en la red unos escritos sobre el cáncer, que espero sirvan a más de uno.
    Un abrazo.

  • Comentario por saruce 26.02.10 | 19:48

    Amigo Jairo, esta segunda vuelta al dolor me ha satisfecho.
    Es algo así como más sabio y más contundente.
    Pienso que el dolor te atacó algún día, y como suele suceder en estos casos, no lo olvidaste.
    Y es que olvidar el dolor es tan estúpido y tan imposible, como olvidar el amor.
    Me resulta imposible "tocar" todos los aspectos que expones, pero he de decirte que los considero muy acertados.
    Sin desear mostrarme como experto en el dolor, que no lo soy, aunque lo he sentido muy punzante y continuado, durante una época de mi vida, creo poder comunicar que siempre me sentí junto a Dios, en los momentos más terribles, lo que me confortó y me proporcionó fuerzas para sobreponerme.
    En próximas "visitas al blog" hablaremos de las condolencias, es decir, de compartir el dolor con los demás.
    En esos casos me siento incapaz de ofrecer otro estímulo que mi presencia, mi oración, o mi respeto a quienes sufren.
    ../..

  • Comentario por montse 26.02.10 | 19:28

    Ay! Jairo...como me ha movido, removido y crecido por dentro este articulo. Es dificil acompañar el dolor del otro. Dificil y duro. Uno quisiera tener una varita mágica para quitarle el peso que lleva . Librarle de el. Y aunque acompañar, estar al lado, acoger, confiar....es lo que se supone que al otro le aliviay hace esa carga compartida más ligera.....para mí a veces no es suficiente. Sigo queriendo tener la varita mágica; el camino más rápido y fácil. Yo grito muchas veces ¡no es justo!. Soy de ese espíritu rebelde aunque luego me coloco en mi sitio y me digo; ey! frenate ahi....dónde esta tu confianza ciega, tu fe, tu amor......tu espera. No se si me pido más de lo que soy capaz, pero se que lo que quiero es eso; fe y esperanza. Que lo consiga ya es arena de otro costal.

  • Comentario por María de La Pampa 26.02.10 | 18:47

    Gracias querido Jairo.
    Lo que escribes sobre el dolor me acerca al Eclesiastés.
    "Bajo el cielo del Señor hay tiempo para todo"
    Y es verdad...
    Tiempo para curar ,tiempo para amar ,tiempo para reir y llorar,tiempo para vivir y morir...
    Todo a su tiempo,con la fuerza de la oración y con la presencia de Jesús ,..TODO nos resulta menos difícil.
    BESOS
    Tu estrella pampeana

  • Comentario por Manuel_RH 26.02.10 | 18:12

    Nuestra aceptación valiente y paciente de esas situaciones dolorosas nos asemeja a El por cuanto aceptamos sin entender, no ya la voluntad de Dios, sino el orden y la naturaleza de las cosas establecidas por El, reconociendole dueño y Señor absoluto de la creación; y que como tal, nos hará participar algún día de su Plenitud. Pido a Dios la fortaleza y la Fe necesaria para los que estéis en esta situación, que no desfallezcáis en el momento de la debilidad; y para cuando a mí me pueda suceder, que podamos siempre decir ¡bendito sea Dios!, tanto en la salud como en la enfermedad. Un cordial saludo.

  • Comentario por Manuel_RH 26.02.10 | 18:03

    .....Nos basta saber que Dios no nos dejará hundidos para siempre en el dolor. Al final Dios compensó a Job por los males que había padecido y aunque sólo es una historia, sin duda que será así en la realidad. Muchos creen entender muy bien a Dios cuando dicen “es la voluntad de Dios”; “hay que aceptar la voluntad de Dios”. Nada más lejos de la realidad, Jesús nos ha mostrado cómo Dios se conduele con nuestro dolor cuando se alzó contra la muerte ante el llanto de la viuda de Nahím devolviéndole sano a su hijo...y tantos otros casos. Y al abrazar con amor la crueldad de la cruz se hizo víctima inocente por excelencia, ya que no tenía ninguna culpa, y se solidarizó con la raza humana de tal manera que no creo que nadie pueda decir que ha sufrido más que EL. ................

  • Comentario por Manuel_RH 26.02.10 | 18:00

    Yo de esto no puedo hablar mucho, gracias a Dios, ya que, a lo menos en lo físico no he padecido hasta ahora un dolor de este tipo, y de los demás pues más ó menos que como todo el mundo. Como ya dejé dicho, la propia Naturleza cambiante a la que pertenecemos, nos sitúa en distintas fases de la vida, en unas gozamos y disfrutamos, y en otras lo contrario. En este tema creo que el libro de Job puede ser muy ilustrativo, ya que al pobre hombre se le quitó de golpe todo lo que poseía y de buenas a primeras contaba por desdichas todo lo que antes fue felicidad. Nuestra reacción puede ser la de cuestionar la bondad de Dios, volvernos contra él preguntando por qué tenemos que padecer. La respuesta que Dios dá es que no podemos desde nuestro nivel de simples criaturas, pretender ponernos a su altura para entender el por qué. ..........

  • Comentario por Cruchy 26.02.10 | 17:54

    Estoy totalmete de acuerdo con Josefa, es maravilloso como puedes poner en palabras claras y comprensibles, sentimientos y experiencias que seguramente todos hemos vivido, pero que no es fácil comprender. En lo personal cuando el dolor ha llegado a m vida, nunca he sentido ni pensado que Dios lo desee para mi o que "sea su voluntad", muy por el contrario siempre he sabido en mi interior que a El le duele mas que a mi, que el desea mi felicidad y le he sentido en esos momentos mas cerca que nunca. Como dices en tu reflexión, cuando el dolor pasa ; "Esa experiencia te hace más consistente, más lúcido y más humilde. La vida empieza a percibirse de otra manera, a vivirse con más responsabilidad y, curiosamente, con más gozo." Así es, con mas gozo de cada momento de felicidad, disfurtando mas de la salud, de los detalles de cada día, de la convivencia. Porque aunque el dolor haya pasado, queda la certeza que un día pueda volver, y no porque Dios lo quiera sino por así es la vida.
    Un a...

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