Me preguntaron: ¿Cómo te explicas tú el dolor? Y no pude evadirme sin hilar una respuesta. Después me puse a exprimir mis palabras por si a alguien pudieran ayudar.
Lo primero que habría que advertir es que el problema del dolor es el mismo que el problema del mal. El dolor es un mal en sí mismo y el mal causa dolor. A veces, el mal trae placer inmediato pero, a medio o largo plazo, surge el dolor propio o ajeno. Cada cual podría encontrar ejemplos concretos en su vida. El dolor y el mal son pues el anverso y reverso de la misma moneda.
Por eso la autoagresión es irracional e inmoral por mucha tapadera de penitencia con que se haya sublimado. Las "santas aberraciones" de nuestra historia eclesial son desviaciones a purificar y no a imitar, aún reconociendo la buena intención. Mucho menos a exhibir como ejemplo o prueba de santidad. Una cosa es caminar con constancia -a veces heroica- y otra muy distinta ponerse piedrecillas dentro de los zapatos. Si además se hace con intención de "reparar" los pecados, entonces se convierte en una idolatría. Sólo un "dios sádico" aceptaría el sacrificio y dolor humanos como voluntario agasajo. Entre los cristianos no cabe más "reparación" que hacer el bien ("vencer el mal con el bien" - Rom 12,21). La penitencia auténtica es la "rectificación" de nuestros malos actos y la "rehabilitación" de nuestros malos hábitos.
Pero volvamos al dolor. En una elevadísima proporción el dolor es "dolor evitable". Está causado por la libertad del hombre, su origen está en nuestras libres decisiones.
Somos nosotros mismos quienes cultivamos una insólita variedad de dolores físicos. Es el caso, por ejemplo, del fumador que sufre el zarpazo del tabaco o del bebedor al que tumba una cirrosis. O el de quien desemboca en una osteoporosis por falta de ejercicio. O el aplaudido abanico de los horribles e injustificables traumas de los llamados "deportes de riesgo". ¡Cuántos dolores evitables nos pueden contar los médicos! Bastaría un poco de inteligencia y voluntad a la hora de usar nuestra libertad para minorarlos o desterrarlos.
También cultivamos muchos dolores interiores. Las depresiones, complejos, aversiones, ansiedades, soledades, obsesiones, ambiciones, culpabilidades, etc. suelen ser fruto de nuestros desórdenes o de nuestro olvido de la interioridad. Vivimos hacia fuera, nos importa sólo el disfrute inmediato e irreflexivo. No pensamos en las consecuencias de nuestros actos o nuestras costumbres. ¡Cuántos dolores evitables nos podrían contar los sicólogos, los siquiatras, los confesores o, simplemente, los confidentes de tantas personas doloridas! Bastaría poner los medios para limpiar nuestra interioridad lo mismo que nos lavamos el cuerpo o nos cepillamos los dientes.
Nos engañamos, nos abandonamos, nos arrastramos por la vida y, en consecuencia, sufrimos. La ansiada felicidad sólo se consigue extrayendo los tesoros de nuestra mina interior. En el carnet personal, junto a la fecha de nacimiento, debería advertirse: "Los años no maduran, son sólo el camino. Lo que madura es caminar por los años". Y caminar supone tener metas, tomar decisiones sabias y movilizar energías. Caminar requiere inteligencia y esfuerzo, algo para lo que el ser humano está específicamente dotado. Claudicar, arrastrarse como un gusano o esconder la cabeza como un avestruz, nos degrada a una vida inferior llena de decepciones y dolor.
Las decisiones personales nos acercan o nos alejan del dolor permanentemente. Tuve un médico que insistía en que no existe el estado de salud (concepto estático) sino el camino hacia la salud (concepto dinámico). Solía dibujar una línea horizontal mientras explicaba: "Mira, en este extremo está la enfermedad y en este otro la salud. Nunca estamos parados, siempre nos movemos hacia la enfermedad o hacia la salud. Todas nuestras decisiones nos acercan a uno u otro extremo de esta raya. Por eso nuestras decisiones no son indiferentes. La libertad personal es el vehículo que nos acerca al bienestar o al dolor". Hay, pues, mucho dolor evitable que es consecuencia de nuestras decisiones.
Pero también las decisiones de los otros nos alcanzan. No somos criaturas aisladas, procedemos de unos padres y nos desarrollamos en grupos. Es imposible sustraerse a la influencia, benéfica o maléfica, de los otros, sobre todo de los más cercanos. Pueden alcanzarnos simplemente "por contagio", porque imitamos lo que vemos. El entorno humano (familia, escuela, amigos, etc.) y el entorno material (ciudad o pueblo, abundancia o escasez, geografía, clima, etc.) condicionan nuestra libertad personal y, por tanto, nuestra capacidad para alejarnos del dolor.
Hay una frase terrible que resume esta influencia: "Herimos con lo mismo que nos han herido". Si no cortamos esta fatídica cadena, nos convertimos en sembradores de dolor. Estas influencias nefastas suelen ser más o menos involuntarias e inconscientes.
Pero hay también quienes conscientemente nos imponen sus perniciosas decisiones, derriban nuestra libertad y nos clavan el aguijón del dolor. Es el caso del crimen, violación, robo, engaño, abusos, daños, imprudencias, maledicencias, etc. Quizás con esta óptica del dolor puedan entenderse mejor las llamadas "leyes de Dios" o "normas morales". Es evidente que son diques de contención del mal y por tanto del dolor.
El dolor causado por otros es más cruel, más perverso, menos evitable. Aunque nuestra libertad elija el bien y el orden, otros pueden imponernos el veneno del mal. Pueden ser dolores físicos, infligidos por una violencia más o menos feroz. Pueden ser dolores sicológicos, sutiles a veces, de múltiple pelaje. Son incontables los métodos que el hombre ha inventado para agredir y someter al hombre.
No menos crueles son los dolores de omisión, causados por tantísimos olvidos y dejaciones, por tanta responsabilidad despreciada. Citaré sólo dos dramáticos y actuales ejemplos: los accidentes de tráfico y la paternidad irresponsable -dentro y fuera del matrimonio- tanto en la concepción como en la educación de los hijos.
Desde esta breve panorámica puede vislumbrarse que muchísimos dolores podrían evitarse si suprimiéramos las agresiones propias y ajenas. Quizás desde aquí pueda intuirse por qué el Evangelio (mapa de la felicidad) dibuja las autopistas de la paz (no violencia) y el amor (admiración y donación al otro). Quizás pueda también entreverse por qué se introduce en ese mapa -por primera vez en la Historia- el perdón (cortafuegos de la violencia y diluyente del dolor recibido).

En esa generación del dolor (y del mal) también influye la limitación humana. No somos perfectos y nuestra imperfección tiene efectos: genera dolor propio y ajeno. Hay cosas que hacemos mal, aunque nuestra libertad esté decidida a hacerlas bien. Es la triste realidad de nuestra fragilidad humana que describe Pablo: "No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero" (Rom 7,19).
Sin embargo, aunque nuestra limitación humana haga imposible la erradicación total del mal y el dolor, estoy convencido de que las opciones de la libertad podrían disminuirlo hasta límites insospechados. Nuestra imperfecta naturaleza está muy bien arropada por una inteligencia y una voluntad que asisten a la libertad y convierten al ser humano en una criatura progresiva, perfectible, llamada a la plenitud. El mal (dolor) podría ser mínimo, es decir, evitable en gran medida.
Menos comprensible es el dolor inevitable. Me refiero al dolor causado por las leyes de la naturaleza, por la imprevisible coincidencia de unos genes enfermizos o por una fatídica casualidad. En esos casos el misterio desborda mis limitados razonamientos, mi libertad es inútil. Sólo cabe reconocer la pequeñez del ser humano, incapaz de verlo todo y comprenderlo todo. Sólo puedo acudir a mis intuiciones profundas y a mis experiencias para encontrar un punto de apoyo. De ello seguiré hablando.
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No puedes sonreír a tu hermano, si te has clavado el cilicio, y tu cuerpo responde con un rictus de dolor.
Por muy santa que fuese Teresa, lo de la "catarsis del dolor terminal de otros", si así lo dijo, es una chorrada, y un pensamiento que refleja una falta de humanidad.
El dolor evitable, terminal o no, deberá ser evitado, desde el punto de vista cristiano.
Pero si nos convertimos en verdugos, todo vale...
Termino:
Además tendremos mejor humor para tratar a los demás.
Yo veo todo esto como Jairo y la mayoría de vosotros.
No creo que Dios desee que nos inflinjamos sufrimientos gratuitos. Las penitencias voluntarias van quedando superadas, como tantas cosas del pasado, es necesario ir haciendo crivas con las tradiciones, con los añadidos nuestros no con Jesús.
Realmente, que tengamos a Jesús y su Espíritu nos debe dar tanta alegría que se nos quiten las ganas de ayunar, ya ayunaremos si nos faltan.
Tendremos que sufrír a veces para ser o vivír como cristianos, pero Jesús, el bien...traen felicidad al mundo.
El sufrimiento evitable,hay que evitarlo.
Y tratarnos bien, siendo buenos y buscando honradamente a Dios, nos hará más felices y más sanos, incluso de cuerpo.
Respetando la opinión de Ahumada, estoy muy de acuerdo con Gacela y Manuel (¡qué buena y ocurrente la respuesta dada a la devota tía!) Hay que recordar que Jesús no era un asceta como Juan Bautista, por eso es acusado de comilón y bebedor. Jesús no propone penitencias y ayunos, al contrario, hace pocos días leíamos el pasaje del evangelio en que sus discípulos son acusados de no ayunar como lo hacían los fariseos y la respuesta de Jesús es fabulosa: tienen al novio en medio, no cabe el ayuno porque la presencia de Jesús en medio de nosotros es una fiesta; ya ayunarán cuando les arrebaten a Jesús. Son las penitencias impuestas por las circunstancias adversas... Jesús no nos propone penitencias pero sí nos invita a su seguimiento, que si es hasta las últimas consecuencias... ya sabemos lo que nos toca... pero será sin buscarlo. Quiero mucho a Juan XXIII pero me quedo con Jesús...
......Sin embargo nuestros actos, voluntarios ó involuntarios, pueden tener consecuencias desagradables ó incluso nefastas, tanto para nosotros mismos, como para los demás. El viejo proverbio “haz el bien y evita el mal” resume la sabiduría que entiende el mal que hacemos como causante del dolor propio y ajeno. Los mandamientos no son sino señales de peligro precisamente para evitarnos el dolor y la desgracia que podemos provocar-provocarnos; y una invitación a unirnos a esa “corriente” de Amor que viniendo desde Dios nos permite poder vivir felices, con todos, la Vida que se nos regala. Evitar el dolor, si; tanto el que depende de nosotros como el que nos viene impuesto. Lo cual no significa rehuir de él cuando, en ejercicio precisamente de ese Amor, lo debamos abrazar; como nos enseña magistralmente Jesus en la cruz.
Amigo Ahumada, me parece que nos hemos adelantado un poco al plan previsto por Jairo; ya volveremos a este asunto. Respecto al dolor evitable, que es de lo que aquí vamos, Jesús nos da ejemplo de que Dios no quiere el dolor ya que se pasó la vida remedando el sufrimiento de aquellos que se acercaban a él. Tambien nos dice que el dolor no es un castigo por nuestros pecados:”Ni él pecó ni sus padres; sino para que se manifiesten en él las obras de Dios” , dijo a los que creían que los males naturales eran consecuencia del pecado. Esto tambien nos lo enseña el libro de Job. Porque de Dios sólo puede venir lo Bueno.Yo tuve una tía (muy devota ella) que creía, al igual que otros muchos, lo contrario: que Dios nos castigaba a veces con males físicos por ser pecadores. En cierta ocasión le contesté: Pero tía, ¿no comprendes que si eso fuera así andaríamos todos cojos, mancos ó paralíticos?...
Ahumada creo que es ceñirse a la letra y en cada momento de la hirtoria hay que interpretar las palabras .
La penitencia hay que practicarla cuando ayuda o encamina para ver a Dios en el hermano necesitado ,de todo ,cuando es un recordatorio para ver a Dios en nuestro entorno,cuando se hace para acercarse mas al que sufre ,alguna clase de injusticia, para mi si no es así no tiene sentido .Respeto la penitencia que tu entiendes pero la mía es tambien válida
¿Te parece poca penitencia acercarte al que me es antipático,al que huele mal al ineducado al que está enfermo y solo.?Cuidar a los padres ancianos con cariño,prestarles tu tiempo para que cuenten mil y una vez la misma historia,eso tambien es penitencia...
El Papa Juan XXIII, que dedicó una encíclica a la penitencia, decía así: “Ningún cristiano puede crecer en santidad, ni el cristianismo en vigor, sino por la penitencia. Por eso en nuestra Constitución Apostólica que proclamó la convocatoria del Concilio Vaticano II, urgimos a los fieles a prepararse espiritualmente para este acontecimiento por medio de la oración y otras prácticas cristianas, y señalamos que no pasaran por alto para ello la práctica de la mortificación voluntaria”. Enciclica ‘Paenitentiam Agere’ (De la necesidad de la penitencia interior y exterior), 1 de Julio de 1962.
Creo que sobran las palabras.
Muy buena reflexión, Jairo, sobre el dolor evitable. Aquí te ciñes a esto, ten paciencia –y al mismo tiempo satisfacción – si nuestros comentarios van más allá de lo que aquí afirmas. Realmente llevamos unos ritmos de vida tan estresantes y competitivos que no hacen más que provocarnos sufrimientos evitables si viviéramos con mayor armonía. Por otro lado también soy testigo de no pocos casos de sufrimiento evitable si no fuera por la complejidad de nuestro psiquismo: me refiero a personas hipocondríacas que son capaces de “fabricarse” enfermedades. Solo una matización cuando dices que “el problema del dolor es el mismo que el problema del mal”. Yo no los identificarla porque creo que hay dolores que no provienen del mal. Son dolores inevitables, inherentes al hecho de existir. Mª Pilar y creo que algún otro ya aluden al hecho de que vivimos como seres frágiles y vulnerables en un universo imperfecto y en evolución. No adelanto más, espero el proximo post.
Disculpa mi mala interpretación amigo Manuel.
Un saludo cordial Josefa
…/…
Dejemos a los santos del pasado con sus "santas aberraciones" y su buena intención (que tienen una explicación histórica) e intentemos progresar por el camino de la inteligencia y el sentido común. No vayamos a merecer otra vez las palabras del Maestro: "¿No acabáis de entender ni de comprender? ¿Estáis ciegos? ¿Para qué tenéis ojos, si no veis, y oídos, si no oís?" (Mc 8,18).
En cuanto al dolor del Señor, que trataré en un próximo artículo (2ª quincena Marzo), no tiene ningún sentido expiatorio ni redentor. Fue un dolor impuesto y "aceptado" sólo en nombre de valores evangélicos superiores: Paz y Amor. Fue la manera de "vencer el mal con el bien". Dándonos ejemplo de que hay valores espirituales superiores a la vida física.
Ahora estamos con el "dolor evitable" (la mayoría). En unos días entraremos en el "dolor inevitable". Y más tarde en la Pasión. Tened paciencia. Me explicaré (espero que con claridad).
A los lectores (comentaristas o no) que siguen pensando que la "autoagresión" es una forma de purificación cristiana:
Bastaría meditar la 1ª lectura de hoy: "¿No sabéis cuál es el ayuno que me agrada? Abrir las prisiones injustas, soltar las coyundas del yugo, dejar libres a los oprimidos, romper todos los yugos; repartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que veas desnudo y no eludir al que es tu propia carne" (Is 58,6).
Si aún así no te convences, sigue leyendo el Salmo:
"Tú no quieres ofrendas ni holocaustos; si te los ofreciera, no los aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado, tú, oh Dios, no lo desprecias" (Sal 51,18)
…/…
JOSEFA: eso que trascribes es lo que se enseña... A continuación decía "Nada me parece más ridículo y alejado del conocimiento de Dios, que esta idea importada de la tradición judaica del sacrificio expiatorio. "... Lo siento, a veces no me sé explicar bien... Quería decir que el dolor y la muerte de Jesús no era requerida para que Dios nos perdonara; sólo son consecuencia de nuestra maldad. Creo que Jesús nos redime por su amor, no por su dolor. Un saludo.
Amigo Manuel estas letras son tuyas.""Se enseña que la redención de Cristo se basa en el sacrificio horrendo que tuvo que sufrir, en el padecimiento de su carne atravesada y su alma abandonada hasta del mismo Dios. Así se dió satisfacción a un dios que no perdonó a su propio Hijo...."""
Para mí ,Dios sufrió tanto o más que su Hijo.
Un saludo amigo. Josefa
MANUEL: La mortificación no es, en absoluto una "forma de perfección", ni hace mejor a quien la practica. Unos se mortifican y otros se van de misiones y otros trabajan para sacar adelante a su familia y otros conducen un autobús. Efectivamente, si no entiendes la mortificación, no debes practicarla. Yo creo que la mortificación que puede causar dolor es una comunión con Cristo, pero no algo querido o deseado. ¿Usted cree que Juan Pablo II deseaba el dolor o la incomodidad? No, igual que San Josemaría. Pero a ellos, como otros tantos, les ayudaba --supongo, solo supongo-- a entender el mal y a fundirse con Cristo. Yo no soy capaz de hacer lo mismo, no todos lo entendemos igual. Cristo murió para redimir al mundo. No voy a entrar ahora en las mortificaciones físicas que sirven y han servido para refrenar impulsos negativos.
JOSEFA: no creo haber dicho que Dios condenó a su Hijo...
AHUMADA: Me parece que aquí nadie desprecia a quienes practican la mortificación, a mí me parecen muy respetables, tanto como los que no la practican. Es lógico que muchos no entendamos esa "forma de perfección" tan grande, sobre todo cuando muchos hablais de ella pero nadie da una explicación de por qué. Nadie puede practicar algo que no entiende. ¿Tendría Vd. la amabilidad de explicarnos por qué el sufrimiento gratuíto (un cilicio, un flagelo) ayuda a salvar al prójimo y al mundo? ¿De dónde se puede deducir que Cristo (aunque lo aceptó amorosamente) deseara el suplicio como forma de salvar al mundo?
¿De dónde sabemos que Dios exigía la muerte de su Hijo como chivo expiatorio por nuestros pecados?. El dolor debe ser aceptado cuando viene y no se puede remediar; pero nunca debe ser deseado como medio para alcanzar nada bueno; de hecho, Jesús se pasó la vida sacando a la gente del sufrimiento y de la enfermedad. Un sa...
Muy buena reflexión!
El dolor es importante en la purificación de la vida, recuerdo haber leído de un niño que naciera sin sentido de dolor, un problema genético. Y el terrible daño que se hacía a sí mismo por la falta de dolor. quedaba totalmente lastimado, con los huesos destrozados y él no sentía ningún dolor.
La Madre Teresa, por ejemplo decía que el dolor de los terminales, era purificador, que había que evitar la dopa, en la medida de lo posible, y aumentar la contención afectiva; que serv´´ia de bálsamo
saludos cordiales
¡¡Gracias Jairo!!
Hoy en la Eucaristía lo pensaba, tenemos los dos caminos.
Lo que el hombre desea es la VIDA, dada por Dios, para vividla plenamente.
Tenemos la bendición para haced de ella grandes cosas.
Estas opciones que nos da Dios somos libres de escoger. ¡¡Yo deseo la vida para gozar de Cristo!!
Sé que tengo muchas limitaciones,pero no me vengo abajo sigo escalando.
Un saludo a tod@s. Josefa
La 1ª lectura de hoy (expresada en el lenguaje teocrático de entonces) ilumina el artículo que estamos meditando: "pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, obedeciéndole y estando unido a él. Ahí está tu vida y tu supervivencia en la tierra..." (Dt 30,19).
¿Qué elegiremos? ¿Cuál es el camino que evita el dolor?
Totalmente de acuerdo contigo saruce: inflingirse dolor para "aprender" no se qué, o para "agradar a Dios", es un insulto al Dios que Jesús nos mostró.
Lo que hagan otros, no es motivo de admiración; cada cual tiene su "medida" y comprensión de las cosas, las haga quien las haga; y no por eso son mejores, buenas, malas o inútiles.
Quieres agradar a Dios; no te flageles, arregla el mal causado directamente, y eso si que duele... en… el amor propio, el más intocable le de todos los amores...
"Si tienes algo contra tu hermano, deja la ofrenda en el altar, ¡ve! arréglalo con el, luego vuelves"...
m ª pilar
Decía que hablar de la profundidad del dolor, y hasta de su acción catártica del alma, o curativa del cuerpo, me resulta una memez.
Una persona con dolor fuerte se encuentra prisionera del mismo.
Existen aberraciones que magnifican el dolor, como medio de satisfacciones "raras", que algunos sienten como placenteras, pero como dijo el torero, "hay gente pa tó".
El dolor, como ya he leído más de una vez, es únicamente útil para detectar enfermedades. De cualquier otra forma, es una desgracia, un mal, o un disparate.
No intento corregir la plana a ninguno de los santos del santoral, pero más de una respuesta desabrida de ellos se hubiesen ahorrado, quienes acudían con peticiones, si en lugar de cilicio hubiesen llevado puesto el ropaje cristiano, es decir las manos abiertas, el rostro iluminado por el amor, y emanando paz y confianza de sus rostros.
Me he alargado demasiado, ¿no?. Lo siento.
Otro día seré más breve.
Decía que las palabras de Jesús de Nazaret, mi líder, mi esperanza en esta vida, son un ejemplo de coherencia humana. "aparta este cáliz de dolor", "pero no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Ese sí fue un dolor productivo, aunque no sepamos ni podamos valorar aquel sacrificio generoso. Estaba en juego la salvación de la Humanidad, y Jesús consintió su sufrimiento.
Pero Dios no es un ser sádico, al que le encante contemplar el sufrimiento de sus hijos.
Yo me tengo por buen padre, siempre infinitamente inferior a Dios, y sufro con el dolor de los míos, aunque se trate de la simple torcedura de un tobillo.
No existe dolor poético, ni dolor creativo, por mucho que se empeñen en hacérnoslo creer.
Un solo ejemplo: los dieciocho meses que estuve en tratamiento de quimioterapia, fui incapaz de escribir un solo cuento infantil, o de adultos, o libro alguno. Y escribir es mi hobby en esta vida.
Hablar de la profundidad del dolor, y ...
Perdonad si os incomodan mis palabras, pero creo que el dolor, el verdadero dolor, no es poesía, sino sufrimiento que a veces se hace insoportable.
Habla Jairo en uno de sus últimos párrafos del "dolor inevitable, de genes enfermizos, de fatídica casualidad", y yo añado de situaciones más comunes de las que algunos creen. Un ejemplo de estas últimas, son los diversos tipos de cáncer y sus secuelas. Yo soy afectado de cáncer, de los que han sobrevivido, pero hace tres meses enterramos a un ser muy querido, "ya enganchado a la bomba de sedantes", término coloquial para expresar la última escala de "paliativos".
Yo soporto mal el dolor, pero el dolor inútil, aquel que puede evitarse y no se evita.
Me parece una verdadera equivocación, o estupidez (continuo pidiendo perdón, si molesto), colocarse un cilicio, o darse unos latigazos, pensando que con eso agradas a Dios.
"Padre, si es posible, aparta de mí este calvario", son palabras de Jesús.
Amigo Jairo del Agua, tus reflexiones son extraordinarias (como siempre) pero ¿alguna vez hemos pensado en el dolor que sintió Maria Madre de Dios y madre nuestra, cuando acompañaba a su hijo hasta el Gólgota? y ¿cuando le crucificaron?, ese dolor no se puede comparar con nada porque, aunque nos hemos encontrado alguna vez con la muerte de algun ser querido, no tiene comparación con lo relatado por los evangelistas y apóstoles.
Para llevar mejor nuestros dolores, pensemos en Nuestro Padre Jesús de Nazaret y, nuestros dolores serán menores. Espero que mi humilde comentario sirva de algo.
Supongo que se habla del dolor, por las prácticas de la cuaresma. Creo sinceramente que como la atleta, debemos practicar, ejercitarnos en el dolor, y en la superación de él, no por su ausencia, sino por nuestra resistencia a él, una resistencia que sería un saber convivir con el dolor, de tal forma que no olvidemos el dolor que hemos sufrido por causa de otros, y que al interiorizarlo, concientemente, trataríamos de evitar inflingirlo a los demás.
Mi proposición no es que vivamos colgados de la cruz, sino aprender a llevarla a cuesta, mientras caminamos o corremos; con la certeza que ese entrenamiento no nos desvíe del objetivo de nuestra vida, que es el amor, la construcción de un mundo mejor y más justo.
Es cierto que hay que evitar ciertos dolores, los que no contribuyen a nuestra superación, de la misma forma que una corredora tratará de evitar tropiezos que perjudiquen sus piernas; a la vez nosotros debemos evitar dolores que perjudiquen la ESPERANZA
Considero que el dolor es una faceta de la vida. Ya se nace con dolor. No digo que se debe evitar el dolor a como dé lugar; el tema es que hasta el amar, el renunciar al propio egoísmo para dar al otro es una suerte de negación de uno mismo que produce dolor. Se debe tener cuidado con esas proposiciones de EVITAR EL DOLOR, pues son contrarias a la realidad de la vida. Lo que se debe proponer es desarrollar la forma más efectiva de sobreponerse a los dolores de la vida. Le daré un ejemplo que sería similar (solo similar) a la práctica del silicio y demás autoflagelaciones; se trata del dolor del atleta, la corredora que entrena diariamente, para fortalecer los músculos e ir desarrollando las aptitudes necesarias para la carrera, la competencia; sin olvidar que también entrena su mente, pues al hacer pruebas no logra los objetivos, es casi un fracaso, pero no, la corredora sigue entrenando pese a tanto dolor, pues tiene meta superior: SUPERARSE
Es lógico que no todo el mundo entienda las mortificaciones fisicas. Es algo muy duro, pero una forma de entender a Cristo, de fundirse con él y de redimirse y redimir por él. Pero nadie ha defendido que esto sea el eje central de la vida de un creyente. De hecho, entra dentro de la más estricta intimidad. Despreciar a quienes practican la mortificación es despreciar uno de los misterios de nuestra Fe: sufrir para salvar el mundo, sufrir para salvar al prójimo. Pero Cristo nos habla de vivir con alegría; Juan Pablo II nos hablaba de una vida cristiana alegre y fecunda. Otros carismas en los que se practica la mortificación viven una inusual alegría, con la amabilidad y el amor como frontales. Algunos de esos carismas han sido muy criticados,por cierto
Muy bueno tu post, Jairo, y muy buenos los comentarios. Ya comentare. Tengo el ordenador estropeado y este en el que escribo hay que compartirlo entre bastantes usuarios. Hasta pronto.
Amigo Manuel.
Dios no condenó a su Hijo,fueron los hombre los que no entendieron su divinidad y sus denuncias.
Así la condena a padecer de Cristo es humana (dejando libertad al hombre)
Dios no quiere el sufrimiento de nadie,Él nos creo para la felicidad. La verdad es que la felicidad plena se nos escapa de las manos.
Jesús pasó su vida curando enfermedades, eso no podemos olvidarlo.
Un saludo Josefa
...... Jesús se pasó la vida diciendo “oísteis que se dijo.....pero yo os digo.....”.La antígua ley, los antíguos criterios ya no valen. Vino nuevo requieren odres nuevos.
Jesús nos redime por su gran Amor, y es por ese gran Amor (capaz de disculparlo todo) por lo que aceptó la cruz, consecuencia final de su obra redentora que era una blasfemia para los entonces ortodoxos religiosos. Pero antes había dicho “si es posible, pase ante mí este cáliz”. La aceptación del dolor; pero por causa del amor es lo que nos identifica con Cristo. Darse unos latigazos, o colocarnos un cilicio, el sufrimiento gratuíto, no implica mayor amor a nadie. El hambre cuando compartimos nuestra comida, el sufrimiento cuando aliviamos el de alguien, dedicar a alguien el tiempo que necesito para mí, el sacrificio que implica beneficio para otros, en definitiva el dolor útil es lo que agrada a Dios porque lleva implícito nuestro amor por los demás....Lo contrario es tan aberrante como el placer en sí mismo.....
Una de las cosas que ya dudo de que algún día pueda entender es lo que la Iglesia explica acerca de la redención (ó co-redención) por medio del dolor. Dicen que cuando sufrimos podemos ser co-rredentores con Jesucristo. Pero tengo ganas de alguien explique bien por qué.
Se enseña que la redención de Cristo se basa en el sacrificio horrendo que tuvo que sufrir, en el padecimiento de su carne atravesada y su alma abandonada hasta del mismo Dios. Así se dió satisfacción a un dios que no perdonó a su propio Hijo en su exigencia de un sacrificio como pago por nuestros delitos. De ahí que cuando alguien tiene que sufrir un padecimiento físico se encuentre un gran consuelo en la idea de que Dios nos lo pide ó que podemos colaborar con El en su obra redentora.¡!
Nada me parece más ridículo y alejado del conocimiento de Dios, que esta idea importada de la tradición judaica del sacrificio expiatorio. Uno pecaba y “pagaba el pato” una pobre paloma, un cordero, un buey.............
Comparto tus reflexiones totalmente. Y que decir?; creo que el dolor es también motivo para fortalecer nuestra fe tibia, reconociendo con umildad los enormes apegos que tenemos, poniendo nuestra conciencia desnuda ante El sin ningún temor, rogandole ese Silencio tan necesario para sanarla.
Paz.
Comparto tus reflexiones totalmente. Y que decir?; creo que el dolor es también motivo para fortalecer nuestra fe tibia, reconociendo con umildad los enormes apegos que tenemos, poniendo nuestra conciencia desnuda ante El sin ningún temor, rogandole ese Silencio tan necesario para sanarla
El mal en el mundo, ya es otro tema bien complejo.
El mundo vive en constante alerta de cosas malas,eso lo causamos los hombres.
No podemos olvidar nuestro egoísmo, nuestra falta de compromiso social, nuestro silencio y la inercia a no protestar por tantas injusticias. ¡¡Todo vale!!
Hay días que no se escucha más que muertes y más muertes a manos de los hombres ¿Quién es responsable de tanto dolor y angustia? ¿Por qué no somos valientes y decimos que ya está bien? El dolor externo para mí es peor que el personal, me siento indignada e impotente.
Hagamos como Jesús ,que salió en busca del hombre y de la mujer de su tiempo para ayudarlos.
¡¡Gracias amigo por hacernos meditar en los demás!!
Un saludo a tod@s Josefa
Si tengo que sentir algún dolor voluntario que sea en pos de servir a los demás al tener que hacer algún esfuerzo que podría evitar sino lo ayudo. Es parecido cuando al final de la jornada me siento cansado y agotado por algún trabajo que hice, y sin embargo me siento bien porque el resultado obtenido mereció la pena el esfuerzo.
Por eso estoy muy de acuerdo cuando dices que: "la autoagresión es irracional e inmoral por mucha tapadera de penitencia con que se haya sublimado. Las "santas aberraciones" de nuestra historia eclesial son desviaciones a purificar y no a imitar. Mucho menos a exhibir como ejemplo o prueba de santidad."
Una vez más, Jairo, te estoy agradecido por tus reflexiones. Una vez más tocas un tema muy sensible. Hace tiempo que al meditar sobre la autoagresión que se inflijieron muchos de nuestros santos más conocidos se me atoraba el lógico proceder, y así me fue imposible leer la historia de San Juan de la Cruz. No entendía cómo un santo de esa envergadura tenía un actuar tan poco cariñoso con los que le rodeaban, y es que si alguien se maltrata así mismo será normal que lo haga con los demás. No creo que el ejemplo de un cristiano tenga que ser el ser odioso, ¿cómo alguien podrá evangelizar y presentar al Señor como el Salvador si se encuentra lleno de dolor y miseria? ¿Quién le va a creer? Si me duele la cabeza, las muelas o cualquier otra parte del cuerpo no puedo pensar bien, no puedo ayudar a nadie y lo que quiero es que me dejen en paz.
Hay que contar, que toda evolución tiene sus riesgos, no porque no sea perfecta, es lo natural. Lo que no es natural vivir, sin pensar todo el mal que nos estamos causando; esto nos lleva, a las escandalosas desigualdades, a la muerte por poseer… etc.
Jesús Señor, no se dejó matar, lo asesinaron por defender un camino nuevo, ¡¡Una Buena Noticia!! Viendo en todo cuanto sentía y experimentaba, que el Dios que enseñaban, no era el verdadero Dios de todo lo creado, y también eso lo hemos manipulado a nuestro antojo, en lugar de escuchar su Mensaje, porque este es mucho más radical.
El, descubrió, que este ¡Ser Total! era ¡Dios Abba Amor! Que solo quiere le bien de ¡¡¡todos los seres creados!!! Ayer, hoy, y mañana. ¡¡¡Todos!!!
mª pilar
Hay maneras mas acordes para lo que fuimos creados, que la “penitencia personal” de hacernos “daño” además de que no sirve para nada, es “menos costoso”, que rectificar el mal hecho a uno mismo, o, a las demás personas… ¡eso cuesta más!
Siendo lo único que de verdad sana, y fortalece la verdadera personalidad.
Eso es estar cada día, intentando ser hombres/mujeres en plenitud; mezclamos religión, compromiso, ejemplos de hace V siglos o XX; cada época tiene que avanzar con los nuevos conocimientos, sin perder nunca de vista, el sentido primero de la ¡Creación!
El Creador-Dios_Esencia_Fuerza… Como cada ser lo descubra, gravó a fuego unas leyes naturales, que cada ser la siente, pero las ignora, porque es más sencillo, obedecer su propios caprichos. ¡Y así nos va!
Jairo a expuesto un tema muy serio: el porque del dolor.
Pienso que los seres humanos, hemos sido creados “completos” para llegar a ser, seres en ¡plenitud! Así salimos de las “manos del creador” y… ¡¡libres!!
Estamos desde el principio de los tiempos en constante progresión y cambio, hasta que seamos capaces de entrar en el ritmo por y para el cual fuimos creados.
¿Qué hemos hecho? Visto hacia donde vamos… ¡¡¡hemos herrado el camino!!!
Estamos esquilmando la tierra, nos matamos unos a otros por el afán de poder, de cualquier clase de poder como muy bien explica Jairo.
No crecemos, ni maduramos, nos miramos cada cual a nuestro propio ombligo, sin pensar, que somos parte de un todo, y lo que cada cual haga, tendrá consecuencias para bien o mal.
(Comento esto por que he leído de Ahumada)...creo que está bien pero sin descuidar que mi mayor penitencia es ,no hacer el mal ayudar a todos pero en particular a los que mas cercanos tenemos, pareja hijos hermanos ,que a veces son a los que mas desatendidos tenemos ,porque la convivencia es dura y ahí está mi penitencia ,si luego de haberla cumpildo,soy capaz de privarme de algo EN BENEFICIO del hermano sea bienvenido pero sin descuidar al prójimo(que como todos sabemos es el próximo).Hay casos muy dolorosos que se mortifican la carne y olvidan que el amor mas grande es el horizotal ,el que está a mi lado porque ahí está Dios.Me gustaría mucho oir como hemos encarado el dolor desde nuestras vivencias ,es bueno ,se hacen amigos y se comparten cosas que a mi me ayudan mucho
Sábado, 18 de febrero
Francisco Baena Calvo
Religión Digital
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
FCJE
Josemari Lorenzo Amelibia