
Me gustaría terminar de meditar con los religiosos. El tema que expongo se refiere a los signos externos. Bastantes reacciones -públicas y privadas- han derivado hacia la importancia de las obras. Pero ése no es el tema de hoy. El artículo dice muy claro que las obras se dan por supuestas. El tema es: ¿Supuestas las actitudes y obras buenas, los religiosos deben dejarse ver en la sociedad con algún signo o signos -no he dicho cuáles- que les identifiquen?
Siempre que me hago una pregunta, busco la respuesta en el Evangelio. ¿Qué he encontrado? "Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,14). Por tanto doy por sentadas las buenas obras, doy por ejercitados los carismas. ¿Y qué se hace con la luz? "Nadie enciende una luz y la oculta… la coloca en el candelero" (Lc 8,16).

Para mí la obra más inmediata, la luz primera, el testimonio mudo de los religiosos es su opción radical por el Evangelio. No llego a entender -¡perdón por mi limitación!- por qué han de camuflarse y diluirse en una sociedad descristianizada. Como mínimo, predicar con la presencia.
He leído y releído el discutido artículo. He comprobado que soy libre, que nada subjetivo me empuja a inclinarme por una u otra opinión. He escrito lo que surge de mi fondo más auténtico y lo que observo en la calle. Siento de veras que algunos se hayan ofendido. No era esa mi intención.
Podría preguntarse por último: ¿Qué está ordenado por la Jerarquía? Pero no responderé porque hoy los argumentos de autoridad no se valoran.
Se trata solamente de meditar, no de apalear a unos u otros, ni siquiera al mensajero. Que cada cual analice, reflexione y siga su conciencia.

Empecé escribiendo sobre los signos de los Obispos y su urgente adaptación al Evangelio. Seguí compartiendo la desesperanza de muchos católicos al comprobar la dureza de oído de los clérigos en general y de la jerarquía en particular. Y, como casi siempre, los lectores me han ido empujando hasta las cuerdas. ¿Cómo salir? Como acostumbro: con total transparencia y sinceridad.
No escribo para contentar a las derechas o izquierdas, a los de arriba o abajo, a los de esta cofradía o aquélla. Suelo confesar lo que pasa por mi corazón después de emborracharlo con el añejo de la oración. Si no, sería incapaz de desnudarme en público y contar las intimidades de un pecador. Es decir, de un ser limitado, ignorante y con una historia plagada de errores.
Hablaré un poco más de los signos, aunque algunos de los otrora aplaudidores me tiren tomates. Me ennoblece, si pasa, porque al Protagonista del Evangelio -cuya libertad y autenticidad uno pretende seguir "desnudo y de lejos" (Mt 14,51)- le ocurrió mucho más por mantener el rumbo de su corazón. En mis voceos de adviento remedaba convencido: "allanad sus sendas, que los valles se eleven, que los montes y colinas se abajen…" (Lc 3,4) porque ésa me parece la realidad de nuestra Iglesia. Mientras a los "Obispos" -jerarquía en general- les urge "abajar" sus picudos montes, a los "Religiosos" -profesionales todos de la religión, ellos y ellas, sacerdotes o no- les apremia "elevar" sus valles abismales. Y sólo hablo de signos.
Es inaudito que nuestros religiosos no sientan la necesidad de confesar su fe, de mostrar con santo orgullo su profesión de "sanadores", de "ayudadores", de "evangelizadores", que es tanto como decir "humanizadores". El ambiente materialista que nos inunda los ha evaporado del mundo, no existen, han desaparecido. No hablo de palabras y obras. Sólo faltaría que también ahí fallaran. En un mundo audiovisual, que cierra ojos y oídos a todo lo religioso, hay que hablar con signos, hay que ser "presencia". Sé perfectamente que "el hábito no hace al monje" pero tiene dos enormes ventajas: le protege y le visualiza.
No logro entender que Congregaciones fundadas como religiosas hayan descubierto ahora su vocación laical y como tales se conduzcan. Menos entiendo la envoltura laica de frailes y monjas de las tradicionales Órdenes monacales. ¿Qué sentirán -me pregunto- estos hermanos nuestros cuando miran a sus santos fundadores o viceversa?
Naturalmente no defiendo la vuelta a los manteos, sargas o tonsuras del pasado, ni tampoco el uso de almidón o precintadas tocas que algunas monjas conservan. Simplemente digo que un religioso debería pasear con orgullo su profesión por nuestras calles como signo de espiritualidad, ésa que tanto necesitamos y que otros están empezando a ocupar. Me refiero a las santerías, gurús, videntes, curanderos, sacamuelas televisivos y demás profesional apócrifo.
No logro entender que Primi y Mª Fe -misioneras en la India y en Cuba- paseen su toca católica por un territorio hostil y en nuestra nación, mayoritariamente católica, las monjas se escondan y se cuelguen de nuevo las alhajas abandonadas al entrar en religión. Me da grima ver en los Medios a nuestros curas encorbatados, precisamente cuando -por ejemplo- van a recoger un premio ganado con su religioso esfuerzo. De repente casi todos se han apuntado a mi vulgar laicado.
Es estupendo que haya -y los hay- religiosos santos dentro de sus iglesias, conventos, colegios u hospitales, en sus actividades específicas. Pero no comprendo bien lo que les impulsa a avergonzarse de su vocación religiosa y tener que disfrazar su dedicación a los demás, precisamente cuando salen a la calle donde pululan ésos a los que han decidido dedicarse. Incluso dentro de sus recintos de misión pasean vaqueros, blusas improcedentes -cuando no indecentes- y un variado muestrario textil. Ante tanta acomodación al mundo deberíamos recordar: "Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo" (Jn 17,16).
Nadie entendería que la Policía -por ejemplo- patrullase las calles de incógnito, porque la misión principal de su presencia es "prevenir" y "dar seguridad" a los ciudadanos. Contra la inseguridad, presencia de la Seguridad nacional o municipal. ¿No entienden esta simpleza nuestros religiosos? Con el actual materialismo rampante es imprescindible -más que nunca- mostrar la religiosidad. Es importantísimo que "se visualice" que todavía hay ayudadores, humanizadores, religiosos, personas entregadas a los demás por pura gratuidad, con heroísmo las más de las veces.
Ni el más necio comerciante apaga sus escaparates. Saben que sus vidrios y luces son imprescindibles para atraer a los clientes. Por el contrario, la mayoría de nuestros religiosos no sólo han apagado, sino que han tapiado "a cal y canto" su presencia. Han dejado una angosta puerta para que entre el que les busca y es evidente que somos pocos. Alguien ha escrito que "nuestra Iglesia tiene el mejor producto pero no sabe venderlo". ¡Una tremenda pena y una realidad! "Los hijos del mundo son más sagaces que los hijos de la luz" (Lc 16,8). Mientras nuestras calles se pueblan de chilabas, velos y babuchas, resulta que nuestros religiosos se atrincheran, se despojan y se borran.
Poco me importaría la polémica de los crucifijos si no estuviera sostenida por la intransigencia materialista, por el odio sectario, por la rebelión contra lo mejor del ser humano que es su espiritualidad. Si no fuera porque "los que olvidan nuestra historia están condenados a repetirla". Si no fuera porque hordas dañinas, disfrazadas de civilización laicista y progresista, nos vuelven a acosar con los errores de antaño…
Los políticos necios que, tolerantes con el desmadre, practican el acoso permanente a la religión, son unos ignorantes. Ignoran nuestra historia e ignoran que una cruz es un símbolo universal que no significa más que amor y paz, esencia básica de cualquier sociedad verdaderamente humana. Para nada obstruye la convivencia, sino que la construye. Siempre, claro, que esos crucifijos sirvan para algo más que para coger polvo.
La presencia de los religiosos católicos en los espacios públicos significa exactamente lo mismo. La lástima es que ellos mismos hayan olvidado lo que significan: "¿Acaso se trae una lámpara para ocultarla debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?" (Mc 4,21). Algún día llorarán, como Pedro, su cobardía. "Entonces él comenzó a jurar y perjurar: ¡No conozco a ese Hombre! Y en aquel instante cantó el gallo" (Mt 26,74).
Aquí podría terminar esta meditación. Eso veo y eso escribo. "El que tenga oídos para oír, que oiga" (Mc 4,23). Si te interesa el tema, puedes seguir leyendo la carta que escribí hace unas semanas a un religioso profeso, no sacerdote.
Mi querido Juan: Tú no eres como un médico o un albañil. Ellos tienen su consulta o su cotarro y no necesitan distinguirse por la calle. Pero tú sí debes distinguirte porque "tu negocio" es universal, no tiene tiempo ni lugar. Tu misión genérica es predicar el Evangelio: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Mc 16,15). Tu predicación empieza con tu presencia. Que todos puedan visualizar que eres un "predicador", ése es tu primer signo: subirte al púlpito de la calle.
Sé que es más cómodo ir de incógnito y que nadie pueda "señalarte con el dedo" para bien o para mal. Pero tu profesión no es cualquier profesión. Tú fuiste llamado para ser "testigo" no sólo donde te conocen, sino en el mundo entero. Creo sinceramente que hay que empezar por ahí, por ser "presencia". Por supuesto que vuestras obras y palabras han de ser ejemplares. Pero, con la mano en el corazón, ¿a cuántos llegan? Si eres religioso católico tienes vocación universal, caminas por el mundo siendo -la mayor parte de las veces- testimonio mudo.
Habéis utilizado el argumento de que el Señor "pasó como uno de tantos…" (Fil 2,7). Pero está claro que ese versículo no se refiere a su apariencia sino a su humanidad. En otras traducciones se lee: "haciéndose semejante a los hombres". Olvidáis, además, que Él era laico -tremendo golpe a la prepotencia de la "casta sacerdotal"- y, aún así, nunca vistió como un patán o un astroso. Llevaba una "túnica inconsútil" (Jn 19,23) que, con toda seguridad, le habría tejido su Madre con primor.
De todas formas, el día que de vuestra boca salgan públicamente aquellas "palabras" y de vuestras manos aquellos "hechos", estaréis exentos de otros signos externos. Todos os reconoceremos. El día que un pecador, como yo, os pregunte a qué os dedicáis y podáis responder: mira bien "lo que has visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios…"(Lc 7,22), ese día no necesitaréis más signos. Y, con toda seguridad, oiréis muy dentro: "¡Dichoso el que no se escandalice de mí!" (Lc 7,23).
Mientras tanto, hermano mío querido, necesitamos veros pasear con santo orgullo vuestra "consagración" por las calles ateas o creyentes. Ahí empieza vuestra misión, que después se desarrollará con vuestros carismas particulares y en vuestros ámbitos restringidos.
Los religiosos del siglo XXI -la mayoría- han conseguido por elección propia lo que consiguió el terror de la guerra civil en nuestra desgarrada patria: que nadie pudiera expresar su fe públicamente, especialmente los consagrados. Vosotros mismos os habéis replegado, habéis apagado las lámparas, habéis desaparecido...
Como, a estas alturas ya me conoces, sabrás que te escribo todo esto con gran cariño y admiración por ti. Precisamente porque sé de la bondad y fidelidad de tu corazón, porque sé que escudriñas esa voluntad de Dios a la que te consagraste y la buscas permanentemente dentro de ti.
Es difícil -lo sé- comprender todo esto cuando se ha generalizado la vulgaridad y se han perdido los signos religiosos. Pero es lo que tengo ante mis ojos: el gran hueco que habéis dejado al abandonar las trincheras de la calle. Habéis desertado.
No sé que tipo de signo sería apropiado. Sé que el canónico "alzacuellos" es insufrible en países cálidos o en verano. Otro indicio más de lo torpes que son "los hijos de la luz", aún en las altas esferas. En cualquier empresa ya habrían resuelto el problema con un buen estudio de imagen. No es un tema baladí, deberíais resolverlo. Lo necesitamos, yo lo necesito, muchos lo esperamos. Proponed hacia arriba o aceptad los signos normalizados. Pero, por favor, desplegad las banderas. Os va a ser difícil recuperar el terreno perdido pero hay que intentarlo con valentía.
Podrán quitar los crucifijos de las escuelas o de cualquier otro sitio. Pero nunca podrán arrancarlo de tu cuerpo.
¡Perdona! Al final me he extendido más de lo que pretendía. Y perdona mi insolencia.
Un abrazo inmenso con todo mi cariño.
Jairo
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Yo soy una religiosa que cree que la vestimenta que llevamos no es lo importante, por supuesto que tenemos que vestirnos de una manera sobria, como todo cristiano/a. Jesús no se vestia como los religiosos de su epoca, el iba vestido como el pueblo, en una ocasión hace un comentario de las filactelias que usaban esas personas para hacerse ver y no nos dice que hagamos lo mismo. Creo que el hábito y el velo son herencia de la edad media que quedaron estancas, como muchas cosas en la iglesia. Cuando veía la imagen de Francisco de Asis pensaba que el se vistió como los pobres de su tiempo, todos iban vestidos así, luego los franciscanos creamos un hábito que hoy en día creo que es más caro que vestirse sencillamente como el pueblo, ese es el espiritu de Francisco, eso hubiera querido? El que se desposo con la dama pobreza, creo que muchas veces esa vestimenta nos ayuda a tener privilegios, por ser la hermanita y una ve después como tratan a la gente común.
Comparto este pensamiento,lo veo de plena actualidad.
"El sacerdote que no tiene mucha lástima de los pecadores, es medio sacerdote,
y no tanto estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote:
si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego"
Venerable Cura Gabriel Brochero
Tenemos que estar preparados... ¡La iglesia está en un profundo cambio!
Por el bien de La Palabra Encarnada, espero que suceda pronto; arrastramos, (como nos dice Josefa) normas, costumbres, que entraron en la iglesia, cuando los reyes de esta tierra, se metieron a "mangonear" en ella, y los "altos" clérigos… se contagiaron de ellos, y comenzaron a vivir como reyes de este mundo también. Aquellos grandes y desafortunados polvos, nos han traído estos enormes lodos.
La iglesia, pueblo del Dios Abba de Jesús, tiene que retomar la esencia, el vivir del Maestro, y , sus consecuencias.
Trabajo arto complicado; cuando el ser humano se "relaja", es muy costoso volver a reconocer el camino.
Lo que más me preocupa es, quienes son en realidad los defensores de "ciertos signos" y una tremenda pena se adueña de todo mi ser.
Miremos de verdad al Maestro y Señor, quizá esta sincera mirada... nos aclare la mente. Para mí, finito este t...
Amigo Jairo.
Entendiendo perfectamente tu comentario de los signos, se me ha venido a la cabeza esto.
Jesús cuando mandó a sus discipulos les dijo que no llevasén nada, Es algo que siempre he tenido encuenta, ellos eran el signo visible de Jesús.
Creo que los hábitos, con sus cafias y los sacerdote con sus sotánas costumbre de una época,que en su tiempo dio sus frutos.
Yo creo que el mejor de los signos es la Cruz,pero hecha vida en los hermanos. Dandose uno mismo en todo,no separado al clero ,sino en unión y trabajando por el reino todos.
Seámos Luz en el mundo sin reparo a nadie.
Un abrazo jairo
Jairo, no había aparecido tu comentario mientras mandaba el mío. ¿Quién niega que los signos sean imprescindibles? En cuanto a la persona humana creo que ES TODA ELLA UN SIGNO y no solo las personas “religiosas” sino TODA PERSONA. Teilhard de Chardin dijo esta feliz frase: “Desde que Dios se ha encarnado no hay nada profano sobre la tierra”. Así que todo puede ser signo, solo que hay signos que “hablan” más rotundamente y otros que hablan menos. Solo aspiro a que se reconozca esto. Por lo demás ¡vivan los signos!
Continúa:
En un mundo audiovisual como el nuestro, "lo que no se ve, no existe". De ahí que muchos de nuestros coetáneos (que no pisan una iglesia) piensen que los religiosos son una especie extinguida o en trance de extinción. De ahí que este pecador siga pensando, después de muchas reflexiones y sin contumacia alguna, que los religiosos deberían ser "testigos" en nuestro mundo materializado y hedonista. No sólo con sus obras, sino con sus signos bien visibles para todos.
Los signos no son la realidad, tienen razón los discrepantes. Pero por "el humo se sabe dónde está el fuego", por el signo se llega a la realidad.
Escrito todo lo escrito, sigo defendiendo que cada uno "discierna en conciencia y actúe en consecuencia". Luz y Paz para todos.
Gracias por vuestro interés. No os preocupéis, estoy bien.
Como no me gustan los disimulos ni las excusas, ahí va mi sinceridad. Mi relativo silencio no es debido a la quimio. Es que cuando se han ofrecido aquí magníficos argumentos (Ramón y otr@s no habéis parado en hacerlo) defendiendo una línea integradora en el tema de los signos, en ningún momento negándolos sino situándolos en su lugar, dentro de una jerarquía de valores, y resulta que tal noble intento aun hace más inamovible alguna postura, pues la verdad una calla…por dignidad.
Muy de acuerdo, Ramón, con tu último comentario.
Dicho con todo el amor del mundo y, esta vez, con un poco menos de humor… Terete
¿Cómo interpretar el disenso (en este post) de varios de los "elefantes sagrados" de este Blog? Me lo he preguntado y lo he reflexionado largamente. La respuesta que me viene es: Se trata de gente muy evolucionada, muy madura, se acercan mucho al adorar en "espíritu y verdad". Por tanto no necesitan signos, la religión está muy arraigada en su interior. Por eso advertí (sin ánimo despectivo alguno) que su mirada era subjetiva.
Pero uno, que tal vez sea más infantil y mira con celo al Pueblo de Dios, no puede sino ser muy realista y defender a la mayoría que, como yo, son más inmaduros e imperfectos.
La religión trata de realidades invisibles (Dios mismo es la principal) y sin embargo esenciales para el ser humano. Por eso necesitan expresarse humanamente, es decir, materialmente. Por eso los signos son imprescindibles en religión. Signos son los sacramentos, la liturgia, las imágenes, los edificios religiosos y las personas religiosas, como mínimo.
Antes de que Jairo publique otro post, deseo precisar algo importante. Jairo habla de trincheras contra el mal, una de las cuales es la de los signos. Es una concepción de lo cristiano socorrida, viva y fecunda para diálogos, discusiones, elucubraciones y divertimentos especulativos. La simplidad a la que llevan los años me hace ver la cosa de otra manera. Mi cristianismo es sumamente sosegado, pacífico, sapiencial, sin juicios sumarísimos (el Juicio Final), sin "pecados" (recordad lo debatido), lleno de bondad, de comprensión, de amor y, sobre todo, de oración. Por eso me resulta extraño el lenguaje de trincheras en cualquier orden y, mucho más, de "barricadas", que sería un paso adelante en la idea de lucha contra la secularización.
En fin, veo el cristianismo llevando nuestro ser al deber ser, enriqueciéndolo y llenándolo de amor y de felicidad. Este debate nos habrá servido, al menos, para sacar conclusiones y dar brillo al rostro de Dios.
hermano jairo creo que tienen miedo de dar testimonio fuera de las Iglesias.
me gustaria tambien que nos dedicases una reflexioan a los seglares comprometidos .....que solo muchas veces solo aspiran ha fotogracias y en primera linea de protocolos por ser más suave animo y que El señor te siga dando fuerzas para asi poder denunciarlo . Paz y Bien
Como Jairo, celebro la aparición pausada de Terete por lo que tiene de victoria o encauzamiento de una situación dolorosa. Cuando a diario me sirvo del dolor de todos los seres humanos para una ofrenda en oración, al llegar a la familia de este blog la fórmula que me viene a la mente es: "el dolor de Terete y el de todos los comentaristas de Jairo". Eso sí que es importante: saber que ninguna de las circunstancias que componen nuestra vida ocurre al azar o es insignificante.
Jairo, sin duda, la religiosidad es buena, preciosa, porque adentra la criatura en el Creador, la recoloca, la redimensiona, la lleva del ser a su deber ser o ser como es debido. Ahora bien, ¿quién promociona la religiosidad?, te preguntas. La respuesta es clara: cada uno la suya y todos la de todos, sin óbice para que en en la viña del Señor y en el campo de maniobras del Espíritu Santo haya roles (dones) para todos y para cada uno. Pero solo eso. Lo que nos distingue son solo "roles".
En mi humilde opinión, nuestro blog y la Iglesia en general naufragan en la concepción de la "sacralidad", término polivalente, pero que,en general, se refiere a lo divino. Opuesto a profano, forma con este un tándem parecido a lo sobrenatural-natural. Si debemos "naturalizar lo sobrenatural", deberíamos concentrar lo "sagrado" en lo más preciado del ser humano que es la vida humana, la obra preciosa de Dios.
Todo lo demás es relativo, componenda, conveniencia. El estado sacerdotal y la vida religiosa (la de los tres votos) no son más que formas de "ser cristiano" y ser cristiano, a su vez, es la forma más natural de ser hombre. A partir de la luz de estos principios se ve la enorme relatividad de cuantas cosas ocupan ahora nuestra mente, incluida la del "hábito religioso", bagatela relativa dentro de la relatividad del status mismo de quien deba o no deba vestirlo.
Importa, desde luego, el parecer, pero poco o nada comparado con el "deber ser".
..........Es en ese sentido por lo que creo que Jairo entrecomilla lo de profesionales de la religión, porque ciertamente son personas dedicadas especialmente al servicio de la comunidad. Un servicio que requiere, como he dicho, una respuesta generosa a la especial renuncia y exigencia que conlleva. Una vocación para la que no todos estamos capacitados ni llamados. Por tanto un sacerdote no es uno más, aunque sea importante la labor de todos. Y es bueno que esa vocación de servicio vaya acompañada por un signo externo que lo distinga del resto, de forma acorde con la cultura donde se inserta y el ámbito social donde trabaja; de la misma forma que –como dice Jairo- acostumbramos a hacer para el resto de actividades, profesiones, etc.
A todos os doy algo de razón en lo que decís. Ciertamente somos todos, laicos y seglares, los llamados a trabajar en la viña del Señor, a ser levadura que fermente la masa social para hacer el Pan de Dios. Los laicos somos insustituíbles en nuestro entorno personal: a mi oficina ó a mi comunidad de vecinos no va a venir ningún sacerdote todos los dias a hacernos sentir la cercanía de Dios. Pero los laicos necesitamos el alimento de la Palabra y los Sacramentos que vivimos en la comunidad “servida” por los sacerdotes. Por tanto, Mª Pilar, el sacerdocio no lo entiendo como ningún privilegio, sino como un servicio al cual es preciso dedicarse plenamente, haciendo renuncia a llevar una vida “normal” de familia, que todos lo demás podemos disfrutar..............
¡Qué bien, Terete, que apareces! Eso quiere decir que cabalgas las olas de la "quimio" con mucho valor y entereza. Doy gracias a Dios por ti, por tu energía espiritual más que física y por tu ejemplo de fortaleza.
En cuanto a mi último comentario el "apaga y vámonos" se refiere obviamente a la trinchera de los signos. ¡Claro que hay otras trincheras bien defendidas! Pero, en mi ignorante opinión -quizás soy un idealista-, deberíamos defender todas.
Sé que toda la comunidad de este Blog te está enviando su cariño y su fuerza. ¡Ánimo ya falta menos!
Jairo nos ha hablado muchas veces de ese tema; a Dios lo tenemos que buscar en lo profundo de nuestro ser, descubrir de verdad su ¡rostro! y desde ahí, todo tiene otro "color".
La Eucaristía solo tiene valor, fuerza, rememoración de aquel instante supremo, si cada persona que asiste a ella, la ¡¡vive!! con profundo amor, fe, confianza… La maravilla se hace realidad desde nuestro corazón y experiencia personal, y así sucede con el resto de los sacramentos.
Si solo somos simples asistentes… nada sucederá en ella, que me de fuerza, ánimo, para seguir el camino que Jesús nos dejó.
mª pilar
¿Por qué tiene que ser los "profesionales" de… quienes difundan el Mensaje de Jesús?
(los beaterios, es otra cuestión…) como nos dice Josefa.
Colaboré en Faro, “Centro de ayuda para problemas humanos”. Todas las personas eran laicas; muchos temas, que escuchábamos acogíamos con mucha atención y respeto, para buscar luego la ayuda necesaria... Se asemejaban a una confesión personal...
Nadie del equipo, los enviaba al clero; se atendía con entrega total, para intentar ayudar a la persona, cargada con problemas bien serios; acudían a nosotros quizá, porque no éramos "clero".
¡¡No son distintos!! Ni son bendecidos por Dios de distinta manera; pensar así, es como decir: "Dios les ama más a ellos, porque han seguido ese camino" y eso es una barbaridad.
Amigo Jairo.
La religiosidad, creo que no es ni buena,ni mala,depende de lo que se entienda por ella (por lo menos en Andalucía) Me explico un poquito;Aquí llamán religiocidad pupular a las cofradías y sus procesiones de semana Santa.
Lo que se realiza en los templos son cultos, celebraciones religiosas,oficios divinos....
Me suena mal lo de “profecionales de la religión”, para mí no es una profeción,sino una vocación de entrega y servicio. Por lo que sé, y he vivido codo a codo con ellos ,así lo hacen.
Mira amigo, solo en Haití. había presencia de un gran número de congregaciones y laícos comprometidos.
Un abrazo amigo Josefa
Jairo, perdona que disienta, pero con la misma confianza que he tenido hasta ahora, no puedo dejar de decirte que la apreciación que viertes en la última línea de tu último comentario, me parece injusta por su rotundidad y generalización.
Madrid, Barcelona y otras ciudades que conozco están repletas de proyectos sociales punteros gestionados por religios@s que están en trinchera, sí, en trinchera contra la pobreza y la exclusión y ello a causa del seguimiento de Jesús, como parte insustituible de la evangelización.
Tanto es así que hace unos meses en Barcelona ha habido un reconocimiento público por parte de la Generalitat por la ingente labor social que realizan ellos y ellas, muchos en edad de jubilación, porque es la franja de edad mayoritaria.
No es que sea la mía una opinión diferente, es que hay indicadores reales que están ahí para quien sepa verlos. Las experiencias negativas al respecto tambien son indicadores, pero debemos evitar la parcialidad.
Sigo teniendo la sensación de que en esto de los signos, hay mucho subjetivismo del que me gustaría escapar. Vamos a ver si nos remontamos:
¿La religiosidad es buena o mala? Para mí es dimensión esencial del ser humano. Sin ella está incompleto y materializado. Promocionarla es esencial para su orden, perfeccionamiento y felicidad.
¿Quienes deben promocionar la religiosidad? ¿No serán los "profesionales de la religión" los primeros? Si ellos esconden su religiosidad, ¿qué podemos hacer los demás?
La "trinchera", amigo Ramón, no es para luchar contra nadie. Sólo contra la miseria, la oscuridad y el materialismo, es decir, contra el mal (lo que perjudica al hombre). ¿Merece la pena esa lucha?
Si no merece la pena, entonces "apaga" (lo que han hecho la mayoría de religiosos) y vámonos.
Veo que no me explico. Que sacerdote lleve sotana no le sitúa en una hornacina ni le hace, a priori, mejor. Todos los católicos somo un cuerpo único dentro de la Iglesia, pero los sacerdotes tienen una vocación distinta y una gracia distinta. Claro que son distintos, pero no por mejores, sino porque su misión es distinta. Claro que un sacerdote, durante la Misa, por ejemplo, es distinto cuando consagra, que los fieles que le acompañan.
No creo tampoco que se trate de cobardía, pero sí de compromiso. Vuelvo al ejemplo: estoy casado y no tengo ninguna obligación de llevar una alianza; llevarla no me hacer mejor marido. Pero la llevo para decirle a todo el mundo que estoy casado y que quiero a mi mujer. Hoy en día, aclarar estas cosas resulta especialmente conveniente.
Jairo habla del púlpito y de la trinchera de la calle, ambos abandonados; del vestir vulgar y de cobardía. Son términos, a mi criterio, hiperbólicos, ya que, si bien hemos de hacer de la calle, en cuanto al testimonio cristiano, un púlpito, su legítimo ocupante son todos los cristianos. La metáfora de la trinchera, que connota beligerancia, se opone al amor cristiano esencial. Son más apropiadas las metáforas de la lámpara, la levadura y la sal de la tierra, misiones propias de todo cristiano.
En encuanto a la vulgaridad y la cobardía es una apreciación respetable, pero que no comparto. Mis compañeros religiosos y otros sacerdotes que conozco no tienen en absoluto nada de vulgares ni de cobardes vistiendo completamente de calle, sin distintivos especiales.
Ahumada, claro que es cuestión de experiencias personales, pero prima la sencillez. No se los debe poner en una hornacina. Mª. Pilar tiene razón en lo de "distintos". Son solo "ministros".
¿Que es eso de que son distintos? ¿De que manera son bendecidos por Dios de distinta manera?
Las bendiciones "distintas" los cargos "distintos" para dar “poder” … lo hacen los hombres.
Para enviar a ¡¡Servir!! (como nos dejó dicho…)
Es lo que viene del espíritu de Dios que Jesús nos entregó.
"No he venido a ser servido... ¡¡sino a servir!! Leamos con atención.
mª pilar
Todas las distinciones que ponemos en la voluntad de Dios, ¿de donde vienen? Si seguimos el Mensaje de Jesús, (no toda la paja y el polvo que los humanos según sus gustos han puesto en ella).
Para nada hizo distinciones, hasta aceptó a los que en su nombre echaban demonios y curaban; con el enfado consiguiente de los discípulos... (cosas de humanos, como nosotros aquí… si son galgos o son podencos)
Jairo nos ha empujado constantemente a comprende La Palabra Encarnada en Jesús, con claridad y sencillez; pero cada cual busca en ella "cosas" bien distintas, y entonces "manipulamos” La Palabra a nuestro antojo,
El no hizo diferencia alguna, a todos nos invita al seguimiento. El camino que cada cual elige, es ¡libre!
Dependerá, de cómo lo mire, lo ame cada cual, y desde ahí, su manera de seguirle, casado, soltero, cura, religioso etc. etc. ¡¡Todos/as somos llamados/as!!
El blog de Fortea es precisamente para tener más elementos de juicio en este debate. Hay cosas que comparto y otras no. Pero creo que seguimos sin centrar del todo la pelota. Nadie duda que para obrar como un buen sacerdote la ropa no es importante. Eso lo tenemos todo claro. Lo que se trata es de ver una sotana o un hábito como un signo de compromiso, ejercido libremente. Compromiso, valentía, llamémoslo como queramos. Ahora bien, según mi experiencia personal, la gente reacciona al principio con prevención ante una sotana, pero luego se abre más y mejor (claro que hay casos para todos, pero hablo de mi experiencia). Y otra cosa: un sacerdote, pongámonos como nos pongamos, no es como cualquier otra persona: la vocación y la gracia las proporciona Dios. Además, es su representante en la tierra, y eso los hace especiales y únicos. Así que mejor que se VEA que son lo que son.
.......... y acepta de buen grado las distintas posturas.
8º) Lo más gracioso y concluyente es justificarse diciendo que, ya que muchos hablan contra la obligación de vestir de una determinada manera, alguien tendría que decir algo a favor.
9º) En cuanto a la “obligación canónica del vestir sacerdotal", piénsese en el corto recorrido que tiene una norma que contradice la costumbre general.
En fin, atento al contenido propio del Evangelio, me es indiferente que el sacerdote se eche encima una arroba de vestimentas distintivas o que se pasee en traje de baño. Digo esto último porque a Él, al Crucificado, lo muestran siempre con una humilde banda para cubrir sus partes.
Insisto: la vestimenta "sacra" para sacerdotes y religiosos es polivalente, es decir, lo mismo puede favorecer su misión que entorpecerla. Nuestros tiempos apuestan por la sencillez. No viene a cuento establecer un paralelismo con los uniformes que vemos a diario (policía, etc.)
...
Ahumana, siguiendo tu consejo, he leído el largo escrito de Fortea e incluso sus crípticos y extraños comentarios. He necesitado valor. Con total sinceridad y honradez he apreciado lo siguiente:
1º) Yo creía que cosas así ya no se atrevía a escribirlas nadie. De ahí, mi sorpresa: me ha parecido un escrito muy peregrino, infantiloide.
2º) El simbolismo que expone es rebuscado, oportunista, circunstancial.
3º) El despropósito mayor es ver la mano del Demonio en la vestimenta laica del sacerdote.
4º) La argumentación teológica es débil, sin consistencia ni calado. Los sacerdotes en el sentido que utiliza son el pueblo de Dios.
5º) La “sacralidad” específica del sacerdote es meramente “instrumental”.
6º) En lo positivo, ese escrito tiene interés por los datos históricos sobre las distintas vestimentas.
7º) Fortea, aunque muy cerrado de criterio, parece muy abierto y tolerante de mente, pues no escribe contra nadie y acepta de buen grado las...
Querido hermano:
Primera vez que no estoy de acuerdo 100% contigo.
Humildemente, estoy en contra de todo lo que divide. Blanco/negro flaco/gordo lindo/feo religioso/laico.
Llevo a Jesus en mi corazon, "amense los unos a los otros como yo los he amado", lo amo en mis hermanos igual que un cura o una monja, ni mas ni menos. Curas y laicos por igual me enseñaron a llevar esa "llamita que El encendio" en nuestro corazon que contagia felicidad, igual que los primeros cristianos. Dios me bendijo haciendome conocer a sacerdotes, sin habito, que cuando hablan con alguien que no los conoce, creyente o no, sienten Su presencia. No te imaginas la cantidad de catolicos alejados que han vuelto cuando encontraron a un cura vestido como ellos, hablandoles de igual a igual, no poniendo distancias. Te he comentado en distintas oportunidades que no me gusta hablar de religiosos y laicos, que encontramos algo que nos une, la palabra "discipulo".
Un fuerte abrazo,
Para este debate, recomiendo la lectura del blog: "porquedebodeirvestidodesacerdote", del padre Fortea.
No caigamos en el tópico de que Jesús no se diferenciaba en su ropa de los demás. Eso ocurrió hace 2.000 años, y después los cristianos moría en el circo romano, y después ganaban indulgencias y perdones penales si iban a las cruzadas, y después el estado expropió los bienes de la iglesia, y después... Cada tiempos tiene su afán. Vestir de forma que se identifique a un religioso es un signo de compromiso, nada más; no lo hace mejor ni peor. Pero en la época más estética de nuestra historia, donde nadie se avergüenza de llevar una enorme marca en la camisa, o una bufanda de su equipo de fútbol, o la cilindrada de su coche bien visible, pedirle a un sacerdote que se mimetice es una contradicción
Dicho lo anterior, no quiero dejar de lado el tiempo que estamos viviendo, el de la oración por la unidad de los cristianos.
¿Por qué no nos unimos ya, siendo la unidad tan necesaria? Porque vemos todavía obstáculos insalvables. Pero los vemos nosotros, que hemos nacido y crecido, cultural y reliosamente, en una división supuestamente dogmática. De hacerlo, nos sentiríamos "infieles a nuestra fe y la de nuestros mayores". Por eso, hasta que no desaparezcamos, por lo menos, la dos o tres generaciones de quienes depende dar los pasos necesarios, la unidad seguirá siendo un "desiderátum".
Cuando alcancen el poder los que ahora comienzan a crecer cultural y espiritualmente en los "encuentros ecuménicos" y dejen de lado como antiguallas nuestros prejuicios, puede que les resulte fácil extender sus encuentros a todos los ámbitos de la vida, incluida la fe, y entonces llegará posiblemente la unidad deseada, que nunca será uniformidad, pero que será el auténtico testimonio.
El hábito y el monje.
Cuando Jairo introdujo su "llanto", yo había releído con sosiego este post. La impresión que me dejó fue que Jairo reduce a la unidad del testimonio la trinidad del pensar, obrar y vestir del "religioso". Naturalmente, si uno de los pilares falla, se deshace esta peculiar trinidad. Por eso, la falta de signos identitarios de lo religioso no puede obedecer más que a un quiebra, a un camuflaje cobarde de quien en todo momento debe dar el testimonio que se espera de él, algo así como si el religioso se despojara de los signos que lo identifican para andar a sus anchas, sentirse a gusto sin que lo molesten y, llegado el caso, "pecar" más fácilmente.
Sin embargo, la realidad es más compleja ya que la unidad de testimonio no quiebra por ello si se lleva una vida cristiana. Sin duda, cabe el camuflaje y la cobardía, pero también la adaptación al medio en función de la eficacia del testimonio. En cuanto a "pecar", muchas veces el hábito lo facilita.
Manuel: no sé si su pregunta es del todo válida en este contexto. Jesús no necesitaba ropaje especial, se distingúia porque “los ciegos ven, los cojos andan....y los pobres son evangelizados”. Todo en El es signo de que el Reino está presente entre los hombres. Ojalá fueramos todos como Jesús y tuviéramos sus dones; o por lo menos tuviérmos la fe suficiente; pero me temo que esto se dá sólo en unos pocos....
Sigo y termino:
Todo esto es secundario, lo que de verdad importa por parte de laicos y religiosos,de las gerarquias ya poco se espera , lo que se precisa ¡INDECIBLEMENTE! es hablar, hacer y sobre todo SER cristianos. Que todos pudiesen decír asombrados: "Mirad como se aman". ¡Que vestidura!¿verdad?
Anunque seguramente la cuestión no tenga una enorme importancia y menos tal y como están las cosas: si tienes un cancer terminal, poco importa si te sale un granito poco atractivo.
De todos modos, merece naturalmente ser estudiada,y es de suponer que así lo estarán haciendo las personas y comunidades directamente implicadas,al menos la mayoría no andarán a tontas y a locas, espero.(!)
Como laica, pienso que las vestiduras religiosas deben ser camaleónicas, dependiendo de la comunidad, la persona, la circunstancia...p.ej, está bien que los sacerdotes lleven algún pequeño distintivo por si se les necesita ,los religiosos en momentos poco activos y comunitarios están bien de hábito, si se quiere. Los activos, están mejor con ropa cómoda...
Personalmente, encuentro distanciadores y anti estéticos algunos atuendos religiosos, anacrónicos y artificiales, aunque me gusta ver discretos símbolos distintivos. Pero hay ropas religiosas, que en el momento y lugar adecuado me c...
Respecto a los medios de comunicación.
Un autentico evangelizador sólo saldría en callejeros cuando algun periodista pasase por casualidad por allí
Jairo, se me viene una pregunta:
¿En qué se distinguía Jesús en el vestir respecto a los de su época?
Sr.Ximo: me parece que achaca a Jairo algunas cosas que hemos dicho otros. En cualquier caso creo que es vital que permanezcamos atentos sobre la autenticidad de nuestras actitudes religiosas y nuestra imagen en el mundo, sobre todo en estos tiempos de crisis espiritual, en los que no sólo no es arrogancia sino necesidad. La arrogancia la tienen los que creyéndose en posesión de todas las verdades, no consideran necesario cuestionarse y reafirmarse contínuamente en su proceder a la luz del evangelio. El día que demos todo por bueno habremos dejado de evolucionar. ¿No es esto lo que tristemente está pasando en nuestra Iglesia, estancada y mirando hacia el pasado, incapaz de influir en la sociedad como lo hizo en otros tiempos? Lo que necesitamos es precisamente de hombres que nos señalen los fallos y nos espoleen valientemente hacia la perfección. El mundo es siempre cambiante y no nos podemos acomodar nunca a una posición permanente. Un cordial saludo.
No sé por qué devolvería el correo.
No quiero polemizar, pero a mí me parece que hablar ¿despectivamente? de "curas rncorbatados" o de los que "pasean vaqueros, blusas improcedentes -cuando no indecentes- y un variado muestrario textil. Ante tanta acomodación al mundo...". es una ironía inncesaria y me suena a descalificadora. ¿Está seguro de que lo hacen "por acomodación al mundo"?
También me suena a arrogancia el querer decir a todos lo que tienen que hacer... e ironizar contra lo diferente. Con esas formas, no me suena limpio el "hermano mío querido..." Saludos en el respeto en la diferencia.
Para Ximo: Me devolvieron el correo. La dirección que pusiste debe ser errónea. Te respondía:
Hermano mío querido: Mis artículos son algo así como “mis cuentas de conciencia”, el resultado de mis búsquedas. No los publico para convencer y mucho menos para dogmatizar. Lo hago para ayudar a muchos católicos que me aseguran, una y otra vez, que les sirven de luz.
Si a ti no te sirven, sigue con tus intuiciones y tu camino. Si quieres, guárdalos en algún rinconcito de tu memoria. Tal vez algún día puedan servirte.
Por otro lado “descalificar” sin más no es bueno, ni cristiano. Argumentar sería lo correcto. La Palabra es esencial para cualquier cristiano por eso la utilizo para contrastar con la realidad. No puedo entender que eso ofenda a alguien.
Gracias por tu comentario. Estoy a la escucha y en camino.
Sábado, 18 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos