
Fruto de la generosidad ajena tengo dos calendarios sobre mi mesa de trabajo. Los encuentro cada mañana al llegar a la oficina y leo sus diarias reflexiones. En uno, los mensajes son del tipo: "si haces algo bueno por alguien, alguien empezará a exigir más" o "si algo puede fallar, fallará". Y en el otro: "todo lo bueno que das vuelve a ti acrecentado y multiplicado" o "transformo cada experiencia en una oportunidad". Ante tal disparidad de criterios, no hay día que no me pregunte: ¿Yo que creo de esto? ¿Qué voy a vivir hoy?

Me gustaría terminar de meditar con los religiosos. El tema que expongo se refiere a los signos externos. Bastantes reacciones -públicas y privadas- han derivado hacia la importancia de las obras. Pero ése no es el tema de hoy. El artículo dice muy claro que las obras se dan por supuestas. El tema es: ¿Supuestas las actitudes y obras buenas, los religiosos deben dejarse ver en la sociedad con algún signo o signos -no he dicho cuáles- que les identifiquen?
Este Blog no es de noticias y no suele hacerse eco de la actualidad. Como mucho, tiene en cuenta el calendario litúrgico y medita en sintonía. Pero hoy no puedo más, me ahogan las noticias.
Esta mañana he llorado. He llorado de impotencia, de oscuridad, de compasión ante el dolor de Haití. Yo no comprendo los terremotos, sólo sé que siembran pánico, dolor y muerte. Los muertos no me preocupan, me consta que han sido recogidos y desembarcados en buenísimas manos. Me duelen los vivos sufrientes, perdidos y desesperanzados.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya