Mi corazón quise dar
y mi sombrero volqué,
rodando lo que guardé
en tantos años de amar:
Estrellas con estrellitas
estallando en blanco brillo
y un tierno amor muy sencillo
brotando de mis manitas.
Fue una noche helada y distinta.
- ¿Noche?
- ¡Día!
- ¿Helada?
- ¡Con escozores de brasas dentro!
- ¿Distinta?
- ¡Igual! ¡Soñera como todas, callada, fría ardiendo y ordinariamente extraordinaria!
Divino juego de paradojas en aquella "noche – alborada".
Virgen del Adviento,
verde y morada,
esperanza encendida,
gloria callada.
Había una vez un médico, totalmente entregado a la salud de sus pacientes, que aplicaba con rigor lo que había estudiado. Un día llegó a su consulta un paciente con fuertes dolores en un dedo del pie. El ilustrado médico diagnosticó rauda y acertadamente: "esto es gangrena". Y repitió lo que decía su libro: "la gangrena no tiene cura, hay que amputar para evitar su extensión al resto del cuerpo cortando por lo sano". Tras urgentes preparativos el enfermo entró en el quirófano y salió con las dos piernas amputadas. Naturalmente aquel celoso médico se quedó sin clientes.
¿No será algo de esto lo que hoy nos pasa en la Iglesia, especialmente con los divorciados?
(¡Perdonadme! Me ha vuelto a salir muy largo. Sin embargo sólo he garrapateado unas sencillas reflexiones para una petición real de una persona real. Con ellas completo lo expuesto en mi anterior meditación "Boda o comedia". ¡Ojalá nos sirva para acercarnos comprensivamente a este punzante problema de nuestro tiempo!)
Mi querido Andrés: Me cuentas el dolor que te causa no poder comulgar. Estás excomulgado por tu condición de "católico divorciado vuelto a casar". Así llevas muchos años y, a veces, la culpabilidad te corroe las entrañas. Quieres ser fiel a la doctrina de la Iglesia y no tienes salida. Esa doctrina te obliga a permanecer apartado de la Comunión y te anima -farisaica paradoja- a vivir en comunión... ¿Recuerdas quienes sufrían ese "apartheid" en tiempos del Señor? Algunos de aquellos leprosos desafiaron la prohibición y se acercaron a quien podía darles la salud y la paz. Esas experiencias evangélicas deberían darte ya alguna pista.
Los que a este Blog llegaren querrán saber -sin leer demasiado- quién lo siembra y cuál es la simiente. Así que he decidido ir insertando las reseñas, que me vayan llegando, de mi reciente libro "Meditaciones desde la calle". Las opiniones sobre un libro son muy importantes para poder situar al autor y a su Blog, que sigue manando agua cristalina o, al menos, eso se pretende.
¿Cuántas veces vas a la peluquería? Pues si una cosa tan simple como el cabello te preocupa tanto, ¿cómo deberías cuidar tu matrimonio? En las anteriores entregas he intentado mostrar un esquema del "matrimonio humano" y del "matrimonio religioso". Ahora quiero advertir que el matrimonio es una planta viva que requiere protección y cuidados permanentes para no agostarse ni ser pasto de las plagas. No basta con "construir" hay que "mantener" día a día ese edificio para que no llegue la ruina y el desahucio.
Querida Mª Pilar: Me comunicas con mucha paz la muerte de tu esposo. Me cuentas cómo del sueño temporal pasó al sueño eterno sin enterarse, transportado en volandas ante ese Dios al que servía a su manera. ¡Qué alegría me nace al contemplar ese "abrazo de Dios", como los médicos llaman a esa forma de morir!
(Este artículo es el reverso del anterior. Es una parábola de lo que debería ser el Sacramento del Matrimonio. Lo publiqué hace más de un año pero hoy viene como anillo al dedo al tema que vengo tratando. ¡Ojalá muchas parejas se animen a repetirlo! Es una escenificación realista y luminosa).
¡Vaya invitación, tú! Quien más, quien menos, está invitado a una boda en este tiempo de cerezas y nupcias. Pero sustos no, por favor. Sé que vivimos en una época de oscuridades, desorientaciones y perversiones, mas esto de una boda a tres… se pasa de castaño oscuro.
¿Será que están embarazados? Recuerdo con ternura que, al principio, nosotros inauguramos los “abracitos de dos” que fueron pasando a “abracitos de tres”, a “abracitos de cuatro”… ¡Saldré de dudas! Aunque… no creo que Ana se haya saltado sus sólidas convicciones. ¡Tiene que haber otra explicación!
Muchos se casan "en la Iglesia" pero NO "por la Iglesia". Se visten de gala, celebran el rito, pero NO reciben el "sacramento del matrimonio" porque están cerrados a él, no hay actitud de apertura. Innúmeros ni siquiera saben que existe un sacramento y lo que significa, celebran -como mucho- un "matrimonio civil" con velas, flores y música de órgano. Nada más. Muchísimos es lo que buscan, el adorno.
Hoy día muchos ni se plantean esta pregunta porque nunca fueron creyentes o simplemente dejaron de serlo. Otros, sin embargo, prefieren casarse por la Iglesia -como suele decirse- o por otra confesión religiosa. Sus motivaciones son variopintas: no quiero dar un disgusto a mi familia, no soy practicante pero soy católico de toda la vida, queremos que Dios bendiga nuestro matrimonio, la ceremonia es más bonita y brillante en la iglesia, es un matrimonio más serio e indisoluble, etc.
Continúo y termino:
7. ¿Cuál es la FINALIDAD del matrimonio?

- PROCREACIÓN y EDUCACIÓN de los HIJOS
- AYUDA MUTUA
Supongo que no es necesario demostrar que el matrimonio es la fuente de los hijos y que todo hijo engendrado tiene derecho a ser educado, a ser conducido a la plenitud o, al menos, a ser puesto en camino de conseguirlo por sí mismo.
Sería estupendo poder expandirme en la esencial misión de educar pero excede el propósito de este artículo. Quizás en otra ocasión.
Continúo con esta penúltima parte, un poco larga, pero esencial para comprender y gestionar los problemas de pareja. Merece la pena leer detenidamente.
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6. ¿Cuáles son las DIFICULTADES del matrimonio?
Las TENSIONES y los CONFLICTOS
Caigamos en la cuenta de que las dificultades pueden ser externas e internas, pueden venir de fuera o surgir dentro de la pareja. Pero sólo serán verdaderas dificultades las que se conviertan en internas y contaminen, distorsionen o rompan la vida de pareja.
Continúo:
5. ¿Cómo llegar al conocimiento mutuo?
Por LA COMUNICACIÓN.

He aquí un sillar de enorme volumen y peso para cualquier pareja. Por mucho que lo pondere no llegaré a expresar la indispensable necesidad de este elemento.
La comunicación debería ser la actividad principal del noviazgo. Pero es tarea de toda la vida.
A veces hay complementariedad, hay pareja, pero no se ve por falta de comunicación, porque la complementariedad ha quedado oculta, entorpecida por problemas externos.
Continúo:
3. ¿Cuál es el elemento específico del grupo pareja?
LA COMPLEMENTARIEDAD
Si no hay complementariedad no hay pareja. Por eso a la complementariedad la llamamos "ser de pareja", lo esencial, el hueso de la pareja. Podéis llamarla si queréis "amor complementario" siempre que tengáis en cuenta que la palabra "amor" está hoy devaluada y se aplica tanto al amor verdadero como a sus contrarios (egoísmo y dominación). Hay muchos tipos de relaciones afectivas (amistad, parentesco, ayuda, educación, afinidad profunda y misión). Algunos de estos amores convergen en la relación de pareja. Pero lo que distingue el "amor de pareja" es la complementariedad.
"La falta de construcción del matrimonio es camino cierto hacia el divorcio"

¿Estáis casados? ¿Seguro? ¡Ah, ya entiendo! Os dijisteis palabras bonitas ante una autoridad civil o religiosa, formalizasteis vuestra convivencia socialmente, seguro que hasta compartisteis tarta de pisos… Pero todo eso no es más que la bandera que se pone al "cubrir aguas" en una casa o, si queréis, la inscripción en el registro de la propiedad. Lo realmente importante es: ¿Existe la construcción? ¿De qué materiales está hecha?
La cuarta y última consideración básica que nuestra "responsabilidad humana" debe tener en cuenta es que la sexualidad es para unir y no para picotear. Veámoslo brevemente.

4. La sexualidad es unidad: No existe unión más íntima, ni más completa, entre un hombre y una mujer que la unión sexual humana. Digo lo de "humana" para destacar que no hablo sólo de la "unión física" sino de la "unión plena", es decir, física, sicológica y espiritual. Así vivida es una verdadera unión mística. De ahí tantos cantos místicos de inspiración sexual, incluso en la Escritura. No hay mayor expresión de unidad.

He resumido anteriormente dos consideraciones básicas que nuestra "responsabilidad" debe tener en cuenta en el uso de la sexualidad. Veamos la tercera:
3. La sexualidad está atada a la afectividad. Por eso el popular "hacer el amor", aunque con demasiada frecuencia sea sólo una salida hacia el otro para deglutirlo y habría que hablar de "hacer el amor propio", algo parecido a una egoísta "masturbación recíproca". Por ahí se corrompe la afectividad y la sexualidad se deshumaniza.

¿Por qué no? Cuando un hombre y una mujer adultos deciden libremente darse un refrigerio, no parece que haya limitaciones. De hecho, la ley civil así lo contempla: libertad total para el sexo consentido entre adultos.
La gran mayoría de la gente piensa así, especialmente los jóvenes, influidos por el pansexualismo reinante. Sin embargo eso es un "sofisma", una afirmación aparentemente verdadera que contiene una gran falsedad, además de específicos perjuicios personales y sociales, como veremos.

Por la proyección que tiene este escritor en Internet, organizamos un "encuentro virtual" en el que los lectores pudieran plantear sus preguntas y observaciones. Algunos han enviado sus comentarios sobre "Meditaciones desde la calle" u otros temas.
Tras un tiempito de reflexión -sin prisas, como le gusta a Jairo- os ofrecemos las intervenciones que han llegado y las respuestas del autor. Que las disfrutéis.
(Las fotos corresponden a la firma de ejemplares en la recién celebrada Feria del Libro de Madrid).
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He insistido -a tiempo y a destiempo- que en la oración más que "pedir" hay que "expresar". ¿Qué expresar? Lo primero que sale de nuestra fragilidad humana son las NECESIDADES. Poner en las manos del Padre nuestras necesidades, quejas, tristezas, limitaciones, heridas, etc. es positivo y ayuda. Siempre que busquemos las respuestas en nuestro interior y no nos conformemos con "colgarle" nuestra palabrería (bastante frecuente, por desgracia). Hay que partir del convencimiento (fe) de que Él ya nos lo tiene todo dado. Como muy bien decía nuestro hermano Agustín de Hipona: "La oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros". ¡Cuán lejos estamos de esa certeza y cuánto se predica en contra!

Aquí estoy, en la orilla del nuevo siglo, intentando orientar mi vuelo por las ofertas de la modernidad.
Me llegan los silbos de sirena televisivos con promesas de felicidad, de poder, de velocidad y hasta de ruptura rebelde. Algunas actualísimas presentadoras se han pasado al destape meretricio y provocan al personal con la carnadura que deberían reservar a sus maridos.
Al finalizar el Año Sacerdotal, vuelvo a ofrecer estos versos a mis queridísimos sacerdotes católicos. En ellos encontrarán un precioso horizonte y una profunda oración.
¿Te has imaginado alguna vez cómo fue la primera oración de Pedro cuando se quedó solo, tras la Ascensión? Un santo sacerdote dominico de nuestro tiempo, Fray José Mª Guervós -mi maestro de juventud y de verso-, la intuyó y escribió.
Tal vez te sirva, porque tú también te sentirás solo alguna vez ante una misión que cumplir y una "Iglesia doméstica" que defender.
Hablar con Jairo del Agua siempre es una experiencia enriquecedora. Con pasión va hilvanando experiencias que le han configurado y que aparecen de manera reiterada en su nueva obra: Jesucristo, oración, importancia de la Palabra, vida abundante, ayudar, hijos de un Padre millonario... Encontrarse con Jairo merece la pena. Por eso, esperamos que sus recién publicadas "Meditaciones desde la calle" hagan posible el encuentro entre el autor y sus lectores.
Para que nos hable de su obra, hemos charlado un rato con él y os ofrecemos lo que nos dijo.

A mi ordenador llegan muchas confidencias, consultas, testimonios… No sé cómo, este chisme se ha convertido en un invernadero de preciosas flores de perfumes y colores inusitados. Generalmente son confidencias que se quedan en mi jardín y me empujan a crecer. Pero hoy quiero compartiros el diálogo con una madre de familia, con cuatro hijos adolescentes, que me parece beneficioso para todas las madres. Ella misma en su último correo afirma: "Ojalá que un mensaje, como el que tú me das, pudieran recibir todas las madres católicas (y no católicas) del mundo".
"Cuando el Señor cambio la suerte de Sión
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas
la lengua de cantares"
(Salmo 125)

Cuando el Señor me dijo claramente
el infinito amor que me tenía
y me invadió con su mirada en gloria,
se me llenó la lengua de cantares.
Nadie pudo enterarse,
fue en secreto.
Nadie lo vio
pero hasta los extraños
igual que los cercanos, los de casa,
se asombraron de verme rebosante
de aquel sereno gozo
en paz profunda.

Insisto en la difusión de este artículo porque me parece un buen resumen de la doctrina de la Redención tal como hoy se enseña en casi todas las Facultades de Teología. Naturalmente tiene un enfoque y redacción muy personales.
Vuelvo a recordar aquí que la Redención está en la Luz y no en la cruz. Ésa -así con minúscula- la pusieron los asesinos y, de ningún modo, fue querida o impuesta por el Padre como expiación. Sólo podemos escribir Cruz -con mayúscula- cuando se convierte en Luz, deja de ser ensangrentado patíbulo y se constituye en progresivo Camino de Salvación. Y los caminos -ya se sabe- son para caminarlos.
Es un artículo largo para meditar despacio desde lo hondo. No pretendas bebértelo como un refresco.
A la vida hemos venido para aprender, para desarrollarnos, para conquistar la plenitud. No nos podemos conformar con sobrevivir. Esta premisa me acompaña cada mañana camino del trabajo. Allí, en el entorno hostil de la gran empresa, he profundizado mucho más en el ser humano de lo que nunca imaginé.
Hemos nacido para ser felices, a pesar de nuestra limitación, de nuestra fragilidad, de nuestra pequeñez. De eso estoy seguro. Basta mirar los ojos de un niño para darse cuenta. La felicidad dependerá de la capacidad de nuestro recipiente interior y no de nuestra apariencia, poder o bolsillo. La alegría ha sido siempre la característica de las personas espiritualmente crecidas, las que logran "hacerse como niños". La sabiduría popular lo tiene acuñado: "Un santo triste es un triste santo", es decir, no lo es. Si santidad es "plenitud humana" -que no otras ilusiones o popularidades- sus signos son la paz y la alegría.
Cuando el dolor es sencillamente un "piloto de alarma", un aviso de que nos alejamos del equilibrio físico o espiritual, entonces es una bendición, un elemento imprescindible de nuestro sistema de defensa. ¡Bendito dolor que me mueve a curar y rectificar!
Me preguntaron: ¿Cómo te explicas tú el dolor? Y no pude evadirme sin hilar una respuesta. Después me puse a exprimir mis palabras por si a alguien pudieran ayudar.
Lo primero que habría que advertir es que el problema del dolor es el mismo que el problema del mal. El dolor es un mal en sí mismo y el mal causa dolor. A veces, el mal trae placer inmediato pero, a medio o largo plazo, surge el dolor propio o ajeno. Cada cual podría encontrar ejemplos concretos en su vida. El dolor y el mal son pues el anverso y reverso de la misma moneda.

Invitación al vuelo
fue siempre en mí para ti
hondo y perenne deseo.
Contigo trenzar las nubes
en lo más alto del cielo.
Hacer nuestra vida juntos
brotando en el hijo nuestro.
Perseguir los horizontes
al trote de luz y cierzo.
Navegar todos los aires
dándonos mutuo aliento.
¡Esposa y amada mía,
enamorada mía y del viento!
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¡¡ AMAR es impulsar y ayudar al amado a volar con sus propias alas !!
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Se llamaba Flavia y era una joven escultural. Vestía sus dieciocho años con escasez y atrevimiento. Sabía del tirón de su cuerpo e intentaba enjaretarme como un camafeo. Conquistar a un muchacho inexperto era pan comido para aquella chica vivaz. Con mis veintidós años creí que aquella morenaza era el amor de mi vida. Mi cuerpo la retrataba con toda clase de aceleraciones. Enorme era el esfuerzo para no ceder a la gula de devorarla.
Fue mi primer enamoramiento, si así puede llamarse aquella fiebre primera. Veía por sus ojos, la defendía, la valoraba, a pesar de su superficialidad. Su coquetería la hacía acortar sus faldas al ritmo que abría sus escotes. Se mostraba segura, atrevida y dominante. Yo le seguía como un pelele embrujado. Pero me resistía a viajar sus valles y colinas con la premura que los hervores de mi cuerpo solicitaban. Al fin y al cabo yo era un joven de principios y los efluvios íntimos debían quedar para después del matrimonio.

Fruto de la generosidad ajena tengo dos calendarios sobre mi mesa de trabajo. Los encuentro cada mañana al llegar a la oficina y leo sus diarias reflexiones. En uno, los mensajes son del tipo: "si haces algo bueno por alguien, alguien empezará a exigir más" o "si algo puede fallar, fallará". Y en el otro: "todo lo bueno que das vuelve a ti acrecentado y multiplicado" o "transformo cada experiencia en una oportunidad". Ante tal disparidad de criterios, no hay día que no me pregunte: ¿Yo que creo de esto? ¿Qué voy a vivir hoy?

Me gustaría terminar de meditar con los religiosos. El tema que expongo se refiere a los signos externos. Bastantes reacciones -públicas y privadas- han derivado hacia la importancia de las obras. Pero ése no es el tema de hoy. El artículo dice muy claro que las obras se dan por supuestas. El tema es: ¿Supuestas las actitudes y obras buenas, los religiosos deben dejarse ver en la sociedad con algún signo o signos -no he dicho cuáles- que les identifiquen?
Este Blog no es de noticias y no suele hacerse eco de la actualidad. Como mucho, tiene en cuenta el calendario litúrgico y medita en sintonía. Pero hoy no puedo más, me ahogan las noticias.
Esta mañana he llorado. He llorado de impotencia, de oscuridad, de compasión ante el dolor de Haití. Yo no comprendo los terremotos, sólo sé que siembran pánico, dolor y muerte. Los muertos no me preocupan, me consta que han sido recogidos y desembarcados en buenísimas manos. Me duelen los vivos sufrientes, perdidos y desesperanzados.
Jueves, 16 de febrero
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Margallo
Jesús Mauleón
Javier Madrazo Lavín