Blog de Jairo del Agua

Pecar en verano (De normas y pecados)

30.08.09 | 00:00. Archivado en Religión
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Caminábamos con gozo y esfuerzo por los montes cántabros. Durante un tiempo avanzamos, como césares, bajo un interminable arco verde de árboles frondosos. Nos refrescaban e impedían que nos tocase un solo alfiler del sol. Cuando llegamos a los acantilados unas empalizadas acotaban el camino. Mi hijo me preguntó: ¿Aquel triángulo vallado en medio de la maleza qué significa papá? Probablemente es un pozo o la boca de una sima, le respondí. Estas vallas laterales y aquella triangular nos avisan de un peligro.

Son como los preceptos morales, cuyos finos trazos sobre el papel no impiden que podamos quebrantarlos, pero nos están advirtiendo de peligros concretos. Pecar no es saltarse la norma, pecar es “causarte daño o causárselo a los demás; ponerte en peligro a ti mismo o a otros”. A veces no es fácil renunciar al peligro. Ahora mismo nuestra curiosidad podría hacernos saltar estas sencillas maderas para ver mejor el acantilado, pero con peligro evidente de caernos por él. Por eso quien pone las empalizadas y las normas nos hace un favor. De sabios es respetarlas.

¿Pero, papá, pecar no es ofender a Dios? Yo creo, hijo mío, que pecar es ofender al hombre a quien Él ama. Ningún ser humano es capaz de ofender a Dios porque no le puede alcanzar. Nosotros no nos ofenderíamos si una gaviota nos sacase la lengua. ¿Te lo imaginas? Nos reiríamos con ganas.

La “ofensa a Dios” tiene su origen en sociedades poco humanizadas en las que el temor al Ser Supremo motivaba la conducta y frenaba los atropellos a las personas. Para los cristianos la motivación debería ser el amor a nosotros mismos y a los otros. Esa es la concreción del amor a Dios. De ahí nacerá no sólo el respeto a las normas (evitar el peligro) sino la solidaridad (ayudar a quien cayó en el daño). Esa es la síntesis de nuestra moral. Lo decía San Pablo: "No debáis nada a nadie; amaos unos a otros, pues el que ama al prójimo ha cumplido la ley…, todo se reduce a esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El que ama no hace daño al prójimo; así que la plenitud de la ley es el amor" (Rom 13,8). Lo dice el Evangelio: “Cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos pequeños conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

¿Entonces, los deberes para con Dios? Veamos, hijo mío: ¿Tendrá un niño pequeño obligaciones para con la madre que le alimenta y le cuida? Lo que quiere la madre es que el niño crezca, se desarrolle y sea un adulto feliz. Exactamente lo mismo que quiere Dios para cada uno de nosotros: “He venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn.10,10). Dios no es un ser abstracto o un frío concepto. Es la Vida que, desde dentro de nosotros mismos, nos impulsa a ser más y mejores. Es el Amor que nos está creando y proyectando hacia la plenitud para que seamos nosotros mismos, plenamente humanos. Prescindir de Dios a quien realmente perjudica es al propio hombre, lo mismo que a una planta le perjudica carecer de luz.

En la catequesis debería explicarse, por ejemplo, que la “obligación” de ir a Misa no es un deber para con Dios, sino una mínima condición de supervivencia para el individuo, necesitado de alimentar su vida interior. Porque -querámoslo o no, sepámoslo o no- Dios es el reactor nuclear de nuestra vida, la energía que nos empuja hacia la plenitud. Negarse a recibir esa energía es optar por la debilidad o la muerte. El Padre no llora por su honor olvidado sino por nuestro daño, lo mismo que una madre llora desconcertada ante el hijo que rechaza el alimento. Tal vez sólo una madre, que ha perdido un hijo, sea capaz de intuir lo que Dios “siente” cuando nos despeñamos.

Lo he visto claro cuando mi amigo Juan me contó su último problema: un desliz de su hija con el novio y… embarazo al canto. Mi amigo estaba triste, dolorido, abatido. Quise animarle y le dije: un error lo tiene cualquiera; hoy la sociedad comprende mejor estas cosas, nadie le va a poner etiquetas; además, el que esté sin pecado que tire la primera piedra…

No, si no me importa el que dirán, respondió. Ni siquiera me importa que mi hija haya olvidado los principios que con tanto amor le hemos enseñado. Lo que realmente me importa es ella, la prematura carga que ha echado sobre sus hombros. Conseguir la autonomía personal y económica ya es suficientemente difícil en el mundo en que vivimos, con la responsabilidad sobrevenida de un hijo le va a ser más duro. Lo que me duele realmente es el dolor de mi hija, sus dificultades futuras. Y me duele, además, el quebranto de los derechos del hijo. Este niño tiene derecho a una seguridad material, a una seguridad afectiva y a unos padres suficientemente adultos. Me temo que todo eso no lo tendrá completo.

Fue entonces cuando se me encendió la luz. A mi amigo Juan le pasaba lo que al Padre del hijo pródigo. No hay reproches, no hay juicios, no hay recortes de libertad, no hay rígidas normas que cumplir para recibir la herencia. Sólo hay dolor por la ausencia, dolor por el perjuicio que el hijo se causa a sí mismo, dolor por el dolor del hijo. No se siente ofendido, ni acumula correcciones, venganzas o castigos. El pecado ya trae su penitencia.

Sufre con el que sufre y complica su propia vida. Se duele por el hijo millonario que malvive como un mendigo. Y espera, siempre espera, abiertos los brazos y horneados los besos.

Mientras pecamos y nos sentimos culpables por haberle ofendido, he aquí que el Padre sólo se preocupa del rasguño o el desgarro por el que se nos infecta la vida. Mientras repasamos las cuadrículas morales que hemos roto, el Padre busca los agujeros abiertos -en nuestra vida o en la vida del otro- para detener la hemorragia apretando con su abrazo. Mientras nos empeñamos en pasar hambre y arrastrar la vida, nuestro Padre Dios siempre nos espera con nueva vida y la mesa puesta. Mientras nos apuñamos el pecho por la ofensa proferida, Él se inclina y nos pregunta solícito: ¿Hijo mío, te has hecho daño?

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32 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Antonio Lagarda 10.09.09 | 12:46

    Dios, el gran desconocido que se esocnde en su silencio... Pero cómo se nos va revelando a través de sus criaturas, de la belleza que nos rodea, de la bondad que brota por doquier, del amor, de la palabra. Y nos sigue iluminando con las enseñanzas que brotan de la pluma de un maestro de la espiritualidad.
    De qué distinta manera se nos hablaba en otros tiempos, que nos llenaban de temor y angustia. Cómo con tus palabras nos regalas un remaso de paz y confianza en quien tanto nos ama. Ojalá lleguen a muchos corazones. Gracias.

  • Comentario por Pilar 08.09.09 | 20:38

    Martha, desde la perspectiva de la encarnación, Dios sufre ... pero en el hombre. No hablamos del dios de los filósofos sino del Dios encarnado en cada persona, que es no sólo imagen suya, sino hijo amado en quien él se complace.
    Somos espíritus encarnados, por tanto no ofendemos a Dios directamente, sino en sus hijos. Es el dolor mayor, y quien sea padre o madre bien lo sabe.
    Por eso las palabras finales de Jairo... ¿Hijo mío, te has hecho daño? son la clave de todo el texto. El sufrimiento de Dios es el sufrimiento del hombre, de todo hombre o mujer que no consigue participar de su divinidad, de su vida divina, bien por desconocimiento, por ofuscación, por dejadez, por egoísmo o frivolidad....
    Dios sufre, sí, pero en el hombre; en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre y en cada uno de los que formamos el cuerpo de Cristo, la humanidad toda. Como un miembro influye en otro, somos a la vez sufridores y causantes del dolor ajeno. A esto llamamos pecado original, uni...

  • Comentario por Josefa 08.09.09 | 16:14

    Gracias por los comentarios; Ramón y Martha y todos los demás.

    Si nos vamos fijando en los escritos, todos reconocemos que el pecado es ausencia de Dios; porque si andamos o actuamos de espaldas a Él, quiere decir que no vamos por la senda correcta.

    Cómo nos afecta; personalmente muy mal, me siento vacía, me falta la paz, no es lo mismo que cuando vivo en comunión plena con Dios.

    Muchas veces me pregunto por los pecados de omisión…creo que pasamos, por los pecados de injusticia social… lo vemos y miramos a otro lado.

    Decía Santa Teresa de Jesús; Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor.

    Un abrazo a todos Josefa


  • Comentario por Ramón Hernández Martín 07.09.09 | 16:20

    ... (continuación) El suicidio no es negar a Dios su condición de “Creador”, sino salir por puerta falsa de una situación de insoportable frustración, la falta de agallas para tirar para adelante.
    El “pecado” es, por tanto, algo de tejas abajo, imputable a la acción humana como error en la elección: anteponer, por ejemplo, el placer al deber, la codicia a la solidaridad. Si elijo el placer y el dinero no es por ofender a Dios sino porque ambas cosas me favorecen, aunque haciéndolo degrado mi condición humana. “Pecar” es solo eso, optar por el camino que lleva a la oscuridad y al precipicio en vez de caminar por el que conduce a la luz y al mirador panorámico. “Pecar” es un error que se paga muy caro antes o después, o como se dice vulgarmente: “En el pecado se lleva siempre la penitencia”. Es muy bonito eso de pensar que Dios “sufre” por nuestros pecados y querer consolarlo, pero carece de sentido. Nuestra única relación razonable con Dios es la de amarlo con todo el corazón.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 07.09.09 | 16:15

    La hondura de los comentarios me lleva a insistir.
    “Dios” y “pecado” son dos conceptos muy oscuros para abordarlos en mil caracteres con alguna claridad y precisión. Cuanto decimos de “Dios” lo expresamos de forma negativa (“infinito=sin fin) o metafórica (“padre”), aunque sabemos que Dios es infinitamente más que el mejor padre, tanto que de Él recibimos todo: nuestro mismo ser y existencia. De ahí que sea metafísicamente imposible poder e incluso querer “ofenderle”: no podemos ofenderle como no puede hacerlo la pulga al elefante o, en el artículo de Jairo, la gaviota al hombre; tampoco queremos hacerlo porque ello contradeciría nuestro mismo ser y existencia.
    La blasfemia, por ejemplo, como “ofensa directa”, es un simple flatus vocis, un desahogo inoportuno de mal gusto por alguna contrariedad: si me cae un martillo en el pie, lo oportuno y correcto sería no blasfemar sino aguantar el dolor y reprocharme mi propia indolencia o falta de destreza... (sigue) T

  • Comentario por Martha Sialer 07.09.09 | 04:17

    ...el honor debido a la voluntad de Dios.
    * Y real que no podemos entender ni la grandeza de Dios ni su amor por nosotros, pero su dignidad y su amor existen y al pecar nosotros los despreciamos. Hay ofensa.
    Y aunque muchos piensan que la inmutabilidad de Dios es una "frialdad superior", lo sabemos tierno y sensible, por lo que sabemos que "sufre" por nuestros pecados.
    Lo ofendemos y lo dolemos. Lo dolemos y lo ofendemos. Sólo pido que saber de su amor no me lleve a la falsa confianza en que nunca llegará un día en que ya no sea la misericordia sino la justicia con lo que tenga que enfrentarme.
    Con cariño desde Lima,
    Martha

  • Comentario por Martha Sialer 07.09.09 | 03:58

    Querido Jairo :
    Nuevamente aquí para comentarte algo. Tu artículo me llegó y me motivó a leer algo más.Cumplió su misión.
    Y, al respecto, quiero compartir algo sobre pecar, ofender, dañar.
    * Realmente la esencia negativa del pecar está en el daño que nos infringimos a nosotros y a los otros, y a la creación toda. Sin duda es el punto crítico. Y -posiblemente- verlo así nos ayudaría (aunque fuera por el propio bien) a pecar menos.
    * ¿Y dónde queda la ofensa a Dios? Esa que nunca nos ha movido el corazón con suficiente fuerza como para evitar el pecado, ahora y antes, cuando el Dios Padre era de reacciones fuertes y visibles.
    * Estoy leyendo y encuentro algo que quiere repetir. Santo Tomás de Aquino decía que "el pecado ofende a Dios en lo que perjudica al hombre".
    * Real que no somos quienes para "ofender" al Señor, como si se tratara de un prójimo más.
    * Pero también real que pecar significa una "injusticia" nuestra al no prestar el honor deb...

  • Comentario por ivri 04.09.09 | 18:41

    Muy bueno, felicidades al autor de este articulo.

  • Comentario por Martha Sialer 04.09.09 | 03:53

    ¿Qué decir? Solo que me encantó. Y eso que tú sabes que me gustan los escritos cortos. Este tuyo no será corto pero es...clarísimo!!
    Solo tengo una pena. Y es ¡¡cuánto mejores personas seríamos si los padres supieran enseñar esta situación de pecado como lo que es, una situación de daño , propio o ajeno!!
    Creo que tuve una madre que me inculcó algo así, pero... la formación "oficial" casi me echa a perder.
    Abrazos desde Lima,
    Martha

  • Comentario por Cruchy 03.09.09 | 06:22

    Hola Jairo
    Me encantó tu escrito, y además estoy completamente de acuerdo con todo lo que nos dices, es algo que siempre he sentido, pero como tu lo explicas es clarísimo, me gustaría que fuera así como se explicara en todas las catequesis, a todos lo niños, para que nadie crezca temiendo a Dios, o obrando por temor, sino que todos podamos crecer cada día mas en el Amor y actuar por amor.
    Como siempre te agradezco tus escritos y te deseo que nunca dejes de compartirnoslo.
    Un abrazo.

  • Comentario por Pilar 02.09.09 | 23:27

    Siguiendo la aportación de Terete sobre el pecado como fallo o error en el tiro, quiero apuntar que cuanto màs pendientes estemos de no variar la trayectoria para no errar, con màs facilidad lo haremos. Los que practican tiro con arco lo saben bien. Aplicado al caso del pecado, mejor nos centramos en dirigir bien la mirada hacia la diana que en preocuparnos por no dar en el centro. AsÍ, actuando siempre con amor podemos equivocarnos, pero la flecha irà en la dirección correcta.
    Mientras que si estamos pendientes de la norma, posiblemente tendremos màs fallos. Por eso decía S. AgustÍn que mientras amemos con toda el alma, podemos hacer lo que queramos, pues es imposible pecar.
    La norma es como la técnica en el tiro con arco: necesaria siempre en el aprendizaje, pero una vez aprendida no hay por qué estar pendientes de ella porque resta energías para lo que realmente debemos hacer: amar y despreocuparnos de si acertamos o no, aunque no siempre demos en el blanco.

  • Comentario por Terete 02.09.09 | 13:46

    (Continuación)
    Gacela y Josefa: creo que aportáis un dato nuevo cuando apuntáis al ser humano como imagen de Dios y desde ahí creo que podría decirse que se ofende a Dios, como se ofenden unos padres a cuyo hijo se denigra.
    Decís: “…ofender al hombre porque en él está Dios”… “ofendemos a Dios en sus hijos, cuando toleramos las injusticias... no llega la ofensa directa a Dios, pero lo seguimos crucificando en los demás”. Así es desgraciadamente.
    Lida, me gusta que nos recuerdes que “el pecado social es mucho más grave que el pecado individual…” Sí, es el que impide toda relación de justicia, de paz, de comunión en la fraternidad.
    Mª Pilar y otros habláis de la culpabilidad que tanto daño nos ha hecho. Sería un tema monográfico... bien interesante.
    Y lo que apuntas, Pilar, sobre el tema teológico de la expiación, ¡puf! habría tema para varias mesas redondas... Y apasionantes...
    Gracias a Jairo y a vosotr@s por vuestras aportaciones tan enriquec...

  • Comentario por Terete 02.09.09 | 11:34

    Desde este telón de fondo me resuenan como ecos certeros tus afirmaciones,Jairo,y las de los comentaristas: el hijo pródigo errando el camino con su ruptura radical de las relaciones que le sustentaban.
    Ramón,hablas del pecado como “destrucción de la condición humana” y así es: el hijo pródigo acabará relacionándose con los cerdos y será menos que ellos al serle negadas las algarrobas que comen.
    Josefa,a mí también me sedujo el libro que citas y desde entonces esta parábola me conmociona profundamente. Es tan completa con el contraste intencionado del hermano mayor que ha regido su vida por las normas y así su corazón está reseco por falta de amor.
    Blanca, qué bien expresas estas 4 relaciones que nos configuran como personas y que según la parábola este restablecimiento es pasar de muerte a vida: “experimentar que somos uno con Todo. Con nosotros mismos, con los demás y lo demás, con Dios”, pues con el pecado “se daña la unión”
    Eso es, la unión y la armonía con...

  • Comentario por Miguel Ángel Velasco Serrano 02.09.09 | 11:33

    De acuerdo. Así es Abba, así es Jesús, así estamos llamados (invitados) a vivir. Y así también es la Iglesia, Madre y Maestra, aunque algunos se empeñen en meternos a todos en cintura, el miedo en el cuerpo y las leyes, normas y deberes hasta en la sopa.

    Sólo no se me alcanza lo de “verano”. ¿Será que para el otoño sean convenientes otras reflexiones? Permaneceré expectante…

  • Comentario por Terete 01.09.09 | 22:08

    Jairo, tu escrito como siempre refrescante y liberador... Gracias.
    Recuerdo algunos contenidos de un curso bíblico sobre el tema y lo asocio a lo que tan bien expresas en tu artículo y a los ecos de algunos comentaristas.
    En el lenguaje bíblico “pecar” no significa transgredir normas ni tener puntualmente un comportamiento indigno, sino “errar el camino”, como la flecha que en su trayectoria hacia la diana se desvía y no da en el blanco. Es optar por el camino equivocado que lleva al extravío humano en todos los órdenes. El Deuteronomio ya nos presenta la vida como camino que se bifurca en dos, ante los cuales nos hemos de decidir: por el camino del bien o por el del mal.
    Desde esa perspectiva el pecado sería una ruptura radical con las cuatro relaciones fundamentales que nos configuran como personas: ruptura con uno mismo, con los demás, con la Naturaleza y con Dios.
    (Continuaré)

  • Comentario por Andrés Buedo Ballesteros 01.09.09 | 11:51

    Jairo, cuando leo tus reflexiones (cada vez me gustan más) me pregunto ¿no serás tu el profeta enviado por Dios para su segunda venida?.Yo tengo el honor de conocerte personalmente, sé de tus emociones contagiosas con nosotros y, puedo decir que, los comentarios hechos en tu blog se quedan cortos ¡que sabiduría!, ¡que sencillez! poniéndote a la altura de todos nosotros cuando es necesario hacerlo. Es cierto que el pecado nos hace más daño a nosotros que a Dios. Dios nos ama sobre todas las cosas, aunque seamos pecadores porque, dice el Evangelio de la adúltera ¡El que está libre de pecado que tire la primera piedra!. Me quedo con el Dios amor.


  • Comentario por jose antonio tolosa 31.08.09 | 21:34

    Que sencillez, y que certera reflexión.Me recuerda aquello conocido de que, La Gloria de Dios es que el hombre viva. Por orto lado, cuanta veces hemos endiosado esas vallas, y hemos centrado la moral cristiana en esas vallas, descuidando la experiencia del amor.

  • Comentario por Terete 31.08.09 | 18:31

    ¡Qué buenísimos el escrito de Jairo y los comentarios a los que me uno plenamente!
    Ramón, me ha encantado y divertido tu punto crítico sobre la gaviota que algunas comentaristas han recogido.
    Para mí es muy positivo indicar algo crítico o no pertinente -como dices- pues ello es signo de libertad en la expresión de nuestro pensar y sentir, ayudando a evitar lo monocorde en un diálogo. Los puntos de disenso han de ser siempre bienvenidos, pues nos amplían los horizontes mentales. Así que gracias.
    En pura lógica tienes razón: la gaviota no tiene conciencia ofensa; tampoco el niño pequeño que estira compulsivamente los cabellos a su madre hasta hacerle daño; si fuera un adulto sí que la ofendería. Seguramente Jairo ha puesto como símil la simpática gaviota para mostrar la diferencia de nivel entre nosotros y Dios,con lo cual no podríamos ofenderle, para ello tendría que ser otro Dios, como bien dices.
    Saludos a todos,mañana continúo si puedo,decís cosas tan intere...

  • Comentario por Josefa 31.08.09 | 15:13

    ¡¡Muchas gracias Ramón por tu aclaración!! No te había entendido bien.

    Debo confesar que yo he tenido suerte, he sentido más la misericordia que el temor de Dios. Al sentirme hija, he puesto mi confianza en Él, claro que me ha dado regañinas, ¡no faltaría más! Ya que no siempre he seguido el camino correcto.
    No le he pedido explicaciones ¿Quién soy yo para ello? Si perdón y fuerzas para no acortar mi cruz.
    Hace un par de años leí; El regreso del hijo prodigo (Basado en el cuadro de Rembradt)
    Sentí tan cerca a Dios de todos, en todas las circunstancias de nuestras vidas, para nada era un Dios aterrador.
    Gracias por vuestros comentarios que me hacen reflexionar.

    Un abrazo a todos Josefa

  • Comentario por miguel 31.08.09 | 12:04

    Felicidades Jairo y gracias por escribir. ¿ Me das licencia para usar tus textos en catequesis? gracias de nuevo

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 31.08.09 | 10:28

    Vuelvo, seducido por los comentarios. El tema es peliagudo y transcendental para el enfoque de la vida humana y cristiana. Josefa, es "atrevido" por novedoso, por reducir el pecado a un asunto "intramuros", es decir, "intrahumanos". Pilar tiene mucha razón al hablar de la imposibilidad de profundizar en estos temas en mil caracteres.
    Como mero apunte, en mi peculiar visión del hombre y su trayectoria os diré que "pecado" y sus concomitantes "infierno" y "diablo", aunque los valoro como conceptos vacíos, sin contenido plausible, han sido a lo largo de nuestra desgraciada historia poderosísimos instrumentos de dominio y tortura, mucho más contundentes que cualquier otro de tortura corporal. Si hoy fuéramos capaces de enfocar nuestra vida humana y cristiana sin ellos, tendríamos que salir a la calle a dar brincos de alegría por nuestra liberación. Jairo lo está haciendo, pues eso es su artículo: un brinco de alegría, un grito de libertad. ¡Ojalá nos contagie su visión y su entusiasm...

  • Comentario por Laila 31.08.09 | 05:11

    En la vida, tal vez no haya nada mejor , que la paz hallada al transmitir a nuestros hijos todo lo que somos. Yo soy maestra, y siempre he estado convencida de que no enseñamos lo que sabemos, sino lo que somos. Nuestro aprecio por la vida, la felicidad al contemplar la Naturaleza. La alegría de ver crecer y tornarse en adulttos a nuestros retoños. El marco ideal para una conversación con un hijo, posiblemente, sean los monte cántabros.

  • Comentario por MARCRISPA 31.08.09 | 00:17

    ¿Será que esas vallas que marcan el límite del no amor, son bien visibles?
    A tantas infracciones como hay hoy en día a esas normas... parecería que son invisibles

    Saludos

    desde Asunción del Paraguay


  • Comentario por Blanca 30.08.09 | 20:32

    La oración silenciosa y profunda nos permite experimentar que somos uno con Todo. Con nosotros mismos, con los demás y lo demás, con Dios.
    El pecado que cometemos contra otro, nos hace daño a nosotros mismos, ya que el otro es uno con nosotros en esa unión. Se daña la unión. Dios es amor, y no experimenta ofensa, porque esas son emociones de nuestra condición humana.
    Jairo. Esto que has escrito revela muy bien tu madurez en la fe. Jesús vivió mostrándonos con su vida el amor que Dios nos tiene. Por ser consecuente con lo que expresaba, murió asesinado en la Cruz. No conviene mucho alguien que se atreve a decir la verdad del modo que lo hizo, y a mostrarla con su propia vida. El amor de Dios es tan inmenso y gratuito, que trasciende todo lo que humanamente parece imposible. Pecar para mi es no reconocer ese amor en mi, ni en los hermanos.
    Gracias por compartir estas hermosas palabras que salen de tu experiencia personal.

  • Comentario por Gacela 30.08.09 | 20:21

    Veo Jairo que las vacaciones dan para mucho ,entre otras cosas para estar paseando con la familia y hablar con tranquilidad.
    Con respecto a tu escrito te diré que me ha gustado mucho .Pecar no es saltarse la norma ,como dies(que nos oprimía )sino ofender al hombre porque en el está Dios Si señor .. y no cuantas veces? ¿con quien ?¿has ido a Misa el domingo?
    Pecar es ponerse la careta y vestirse de carnaval,aparentar, engañar ,no atender a los mas débiles y necesitados .Hoy nos decía el Evangelio" lo que de verdad hace al hombre impuro es lo que sale de dentro del corazon...."! Vaya menos mal que hemos cambiado la idéa de pecado! y como todos no percibimos las palabras de igual manera me ha encantado el simil de la gaviota Así de sencillo

  • Comentario por mªpilar garcía 30.08.09 | 20:02

    (Continuación)

    Esto, en La Palabra Encarnada en Jesús, está muy claro, pero las religiones (la nuestra en grado extremo) ha formado a personas “menores de edad”, haciéndolas seguidoras de un "cumplimiento"... "cumplo y miento".

    La verdad central, básica, como nos dice Jairo, es "El Amor" y la única medida para saber que ese Amor es para dar ¡Vida! es, si se refleja en los demás; solo así tendremos una medida verdadera de por donde estamos caminando; respeto a nosotros mismos y a los demás.
    ¡¡Gracias Jairo!! mª pilar

  • Comentario por mªpilar garcía 30.08.09 | 20:01

    Hay una gran pega en las "religiones": se han enseñado más como un "cumplir" unas leyes, normas etc. Y se ha olvidado el detalle sabroso que Jairo, explica con claridad meridiana.

    Al hijo, le llaman la atención las vallas, "aviso de peligro"... como nos dice Jairo, lo primordial es, como las personas reaccionamos ante estas llamadas de atención.

    Jairo pone las "cosas" en su sitio; y con gran sencillez le responde a su hijo, donde está el verdadero sentido de nuestras decisiones, ante las “llamadas” “avisos! de peligros.

    Las religiones, explotan hasta la saciedad la "culpabilidad" que conllevan nuestros actos, poniendo a Dios, como al verdaderamente ofendido...
    (sigue)


  • Comentario por pilar 30.08.09 | 17:25

    Dice Ramón que sólo Dios podría ofender a Dios y es cierto; mas en esa lógica entra la teorÍa de la expiación. Suponiendo que el hombre pudiera ofender a Dios, sólo Dios puede perdonar el agravio, de ahí la encarnación del mismo Dios en su hijo, que no deja de ser una versión cristiana del mito del chivo expiatorio. En este caso cordero pascual inmolado. Esto da para màs de mil caracteres, Jairo. Y si hacemos una mesa redonda?

  • Comentario por Pilar 30.08.09 | 17:11

    Mucho podríamos decir del binomio pecado-culpa y de como la Iglesia quiso suavizar esta última mediante la confesión y las indulgencias como signo visible de que Dios nos perdona. Pero me temo que lo agravó con abusos e intromisiones en el recinto sagrado de la conciencia y cuando pudo enmendarlo admitiendo la absolución comunitaria, se arrepintió. Ahora son pocos los que se confiesan y muchos los que pedimos perdón públicamente en la eucaristía junto a los demás hermanos sin otra intermediación que la asamblea.
    Tras los comentarios de Ramón y Josefa (creo que nos conocemos, amiga), con los que me identifico plenamente, nada que añadir por ahora. Saludos a todos.

  • Comentario por Josefa 30.08.09 | 15:52

    Yo no sé que es lo atrevido, pero acepto tú comentario Ramón.
    Solo que a mí, no me dice lo mismo lo leído. Lo de la gaviota me ha gustado como ejemplo de las cosas que hacemos sin meditarlas.
    También creo que sí ofendemos a Dios en sus hijos, cuando toleramos las injusticias, aceptamos como borregos leyes que matan. Ofendemos con la usura a los más necesitados, no dejamos arrastrar por leyes que son injustas con la dignidad de nuestro ser.
    Porque no reconocer que en muchas ocasiones nos creemos superiores y pisamos fuerte al que tenemos cerca.
    Yo sé que el hombre no llega a la ofensa directa a Dios, pero lo seguimos crucificando en los demás.
    Jairo me has emocionado y he tenido un rato de revisión de mi conciencia.
    Un saludo a todos. Josefa

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 30.08.09 | 10:44

    Soberbio y atrevido enfoque de la categoría moral, muy lúcido y esclarecedor. Aunque el ejemplo de la gaviota no sea pertinente, pues ella no tiene conciencia de la moralidad, el pecado como "ofensa a Dios" es una monstruosidad conceptual. No sabiendo ni quién ni cómo es Dios, es de ilusos pretender atacarlo o herirlo. La lógica nos dice que, a este nivel, solo Dios podría ofender a Dios.
    Sin embargo, la idea del pecado como "ofensa a Dios" ha sido utilizada como contundente instrumento de dominio de las conciencias. Cuando la religión entienda que el pecado es minoración o destrucción de la condición humana del hombre y emplee su imensa fuerza en conseguir que el hombre se humanice, será religón de luz, de vida y de esperanza, ya que, por nuestros intereses a ras de tierra, tan ávidos del gozo material de lo inmediato, nunca dejaremos de ser "hijos pródigos" frente a un Padre con los brazos permanentemente abiertos.
    Feliz domingo para todos.

  • Comentario por Ilda de Río Tercero (Cba. ARGENTINA) 30.08.09 | 06:38

    Precioso el texto, querido Jairo, y lleno de humanidad y esperanza para la frágil condición humana... Claro que sí: el pecado nos ofende más a nosotros que a Dios, por eso considero que el pecado social es mucho más grave que el pecado individual, en el que tanto énfasis puso siempre la Iglesia. Lo realmente importante es manejarnos por la Ley del Amor, como nos enseñó Jesús, y de esta manera seríamos compasivos, solidarios, respetuosos y estaríamos siempre dispuestos a ayudarnos unos a otros... ¡Gracias por tanta reflexión refrescante y generosa! Un abrazo.

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