
Soñé que nuestra santa Iglesia era una inmensa y preciosa parcela. Sobre ella muchísimas personas y grupos se afanaban por encontrar el agua que mana hasta la vida eterna. Unos medían, otros proyectaban, otros dirigían, algunos excavaban. Había quienes teorizaban sobre la naturaleza del agua o la tierra a perforar. Todos iban y venían, se agitaban, discutían, competían por el lugar exacto del manantial verdadero.
Este señor está pasado de moda. ¡Eso era antes! Me refiero a Jorge Manrique cuando escribe: “Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida / cómo se viene la muerte / tan callando”.
Ahora la muerte es buscada a ritmo de “rock”, jaleada, invocada, cortejada sin el menor rubor. No se piensa en el zarpazo que tan mala compañía puede dar. Baste mirar los caídos por “éxtasis” o los millones de envenenados por el beso del alcohol, la droga o la velocidad.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo