Hace ya mucho tiempo paseaba yo con un cura bueno por el jardín de una casa de ejercicios. Mira Eladio -le decía- siento por los sacerdotes y religiosos un amor especial, una preocupación preferente. Se me impone desde dentro una reciprocidad a vuestra entrega. Mis manos de laico y padre de familia se me escapan como mariposas para bendeciros. Me sorprendió la rauda respuesta: “Eso es un don, Jairo Javier, eso es un don. No dejes de ponerlo en práctica. Los sacerdotes lo necesitamos”.
Sí, le estoy haciendo caso. A lo largo de mi vida les he volcado mi afecto y mi sinceridad. No he discriminado entre hombres y mujeres, diocesanos o profesos, jerarquías o simples legos. Siempre les he tenido un cariño especial, no lo he disimulado nunca. Pero también les he pedido coherencia, como mínimo.
¡Pues sí que se ha armado oiga! Este artículo ha levantado ampollas y me han llovido improperios. Aunque fueron muchas más las bendiciones. Me ha causado especial dolor la acusación de escandalizar a “los sencillos”, porque camino entre ellos huyendo de los simples. Me es imposible callar “lo que he visto y oído” (He 4,20) precisamente porque ansío ayudar a “los hambrientos”, a los que buscan con sencillo corazón. “Los hartos”, estáticos en su hartura, llenos de sabiduría y rutina, inmunes a toda conversión, no me interesan. No es mi carisma.
Confieso mi sorpresa por las descalificaciones, insultos, ironías y ataques a mi catolicidad. Quienes así se manifiestan se sitúan fuera de la caridad y, por tanto, fuera del Evangelio. Aunque debo agradecerles sinceramente su vacuna contra toda vanidad.
Mis artículos se publican en diversos medios para hacer el bien. Los escribo con el corazón más que con la cabeza, desde experiencias más que desde teoría o ciencia. Son “confesiones de un pecador en proceso de conversión”, con muchos años y errores a su espalda. ¡Que nadie se ofenda, por favor! Si no te hace bien lo que escribo, deséchalo. ¡Busca lo que te contagie vida! No dicto lecciones y mucho menos dogmas. No hago más que exprimir mis pequeños descubrimientos. Pero vayamos a las siete aclaraciones.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo