Blog de Jairo del Agua

¿A quién oramos? II (Beneficios de la oración de petición)

30.04.09 | 00:00. Archivado en Religión
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Me había quedado en que la oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros, como afirma rotundamente san Agustín. ¿Contradice eso al Evangelio? En él se lee claramente: "Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque el que pide recibe; el que busca encuentra, y al que llama se le abre" (Lc 11,9).

Para empezar, esas palabras me parecen una preciosa llamada a la constancia. Nada se construye sin permanecer en el proyecto. No se puede llegar sin permanecer en el esfuerzo de caminar. Quien pide, busca o llama está identificando sus aspiraciones, sus objetivos, y es lógico pensar que estará dispuesto a poner los medios para alcanzarlos. Lo confirma la "parábola del juez injusto" (Lc 18,1). Otra lección magistral sobre la perseverancia y NO un retrato del rostro de Dios, en nada parecido a un juez injusto y comodón.

La súplica tiene además otras ventajas:

1.- Reconocemos a Dios, su existencia, su superioridad, su cuidado.

¿Qué gritamos instintivamente cuando tenemos un dolor o un disgusto? ¡Ay madre! Aunque ella no esté, incluso aunque haya muerto. Llamamos instintivamente a nuestro apoyo, nuestro auxilio, nuestro amor. Eso nos consuela y sostiene sicológicamente.

Cuando una parturienta grita no es que pida nada, puesto que está rodeada de sus cuidadores y tal vez de su esposo. Grita por el esfuerzo de alumbrar una vida. Es el instintivo desahogo, el impulso para su esforzada aventura. Algo parecido ocurre cuando suplicamos a Dios: "Gritamos mientras empujamos". Quien invoca se hace consciente de esa Presencia invisible que nos rodea, nos tutela y nos impulsa desde dentro. Él conoce, mejor que nadie, nuestra sicología y por eso nos dice “pedid”, agarraos, cógete de mi mano y... camina.

2.- Reconocemos nuestras necesidades (limitación, pobreza, fragilidad, ceguera, inconstancia…) y nuestras aspiraciones (deseamos ser buenos, generosos, pacíficos, justos,
fuertes, sabios...).

Eso es un gran avance porque nuestra vida suele estar embarrada en la inconsciencia y sólo las necesidades instintivas nos son evidentes. El identificar nuestras aspiraciones y necesidades es el primer paso para poner los medios y actuar. El más importante: mantener el rumbo. La oración nos recordará que no estamos solos, que Él rema a nuestro lado, nos sostiene, nos ilumina, nos abraza y nos protege siempre, siempre, siempre.

3.- Reconocemos las necesidades de los otros y nuestra aspiración a colmarlas. Así expresamos nuestra solidaridad, nuestro cuidado, nuestro amor gratuito. Eso abre el corazón, amplia nuestra mirada, pone nombre a la ayuda y nos predispone a actuar.

La "oración de petición", cuando la vivimos bien, nos pone en nuestro sitio: Seres pequeños y limitados pero llamados a la inmensidad. Oscurecidos pero en camino hacia la luz. Temerosos pero a la conquista de seguridad. Apretados por el tiempo pero con vocación de eternidad. Sumergidos en los vaivenes de la vida pero abrazados por la paz en nuestro mismo centro.

La súplica nos alienta, nos motiva, nos sumerge en las aspiraciones profundas, nos ayuda a conocernos, a acercarnos al tesoro interior. Quien aspira -por ejemplo- a ser pacífico pedirá paz. Con esa petición estará descubriendo y alimentando la paz de su interior que clama por crecer y manifestarse. Podría afirmarse: “Dime qué pides y te diré quién eres”.

En síntesis, la eficacia de la oración -de toda oración- se manifiesta en estos tres movimientos: actuar frente a lo remediable, aceptar lo que no tiene solución y dejarse envolver, es decir, dejarse acoger, amar e impulsar por esa Madre Dios que nos habita y sostiene. Nadie conoce los planes divinos, se nos van mostrando a medida que caminamos: “Mis planes no son vuestros planes, ni vuestros caminos mis caminos” (Is 55,8). Pero lo que nos da seguridad, paz y gozo es sabernos dando pasos de regreso al Padre, estar convencidos de que "todo es para bien de los que aman al Señor" (Rom 8,28). Eso es realmente lo que "recibiréis" y no exactamente el objeto de vuestro capricho, necesidad o congoja. Se explicita en este otro pasaje: "Pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa" (Jn 16,24).

Las consecuencias de la oración son alegría, paz interior e impulso para actuar, y no necesariamente que el niño apruebe o te toque la lotería. En realidad nos está diciendo: "abridme y os saciaré", equivalente al "estoy a la puerta y llamo..." (Ap 3,20). (Cuando uno se decide a abrirle de verdad, la “oración de petición” decae y pierde casi todo su sentido. Entonces rezas “Señor ten piedad” pero en realidad estás sintiendo “Señor abrázame”. Y en verdad que te sientes “abrazado” y “abrazándole”).

Estoy hablando, por supuesto, de la oración de petición interiorizada, sentida, personalizada. La otra, la rutinaria, distraída o interesada, sirve para muy poco o para nada. Y, por supuesto, la superstición es pura imaginación baldía (cadenas de fotocopias o PPS, comerse o coleccionar imágenes, los fetiches religiosos, los milagros garantizados, las canonizaciones a la carta, etc.). Hacer “oración de petición” es zambullirse en el regazo del Padre y dejarse sentir su misericordia, su cuidado, su amor. Como el grano de trigo se hunde en la madre Tierra para descubrir su potencial de vida, así el ser humano necesita sumergirse en el corazón de Dios, sentirse ínfimo y efímero ante su Creador, para poder abrirse al impulso de Vida.

Cuando pedimos: ¡Señor ten piedad!, no es para arrancarle a Dios la piedad. Es para sentirnos pequeños y abrirnos a la piedad que el Padre nos regala permanentemente. Necesitamos ponernos de rodillas y suplicar, gemir, llorar. No para conseguir nada, sino para abrirnos al Torrente que nos regenera, fortalece y alimenta, para sentirnos protegidos por el abrazo de Dios. “Nunca es más grande ni más fuerte el ser humano que cuando está de rodillas ante su Hacedor”. Para eso es el “pedid y recibiréis”. Lo que no niega otros efectos que “se os darán por añadidura” (Mt 6,33).

Por desgracia, muchos cristianos pretenden conseguir de Dios lo que ellos mismos no quieren hacer, lo que no se esfuerzan por conseguir. En realidad pretenden chantajearle, negocian con Él, intentan manipularle: Si me concedes esto, empezaré a ser bueno. Si me curo, no volveré a fumar. Si me concedes dinero, empezaré a trabajar. Si me das, me pongo en camino… Cuando el proceso humano es el inverso: Si te pones en camino llegarás, si cambias de vida te irá mejor.

Finalmente conviene advertir que la "oración de petición" sólo es la bocamina. Habrá que adentrarse en la "oración de impregnación" -otros le dan nombres distintos- para alcanzar lo mejor de nosotros mismos, nuestras riquezas interiores, nuestro "santa santorum". Porque sólo en lo profundo se produce el encuentro y el abrazo con el Dios que nos inunda. Quien se conforma con la "oración de petición" (habitualmente oración vocal) se ha sentado al borde de la bocamina sin llegar a tocar los tesoros de su yacimiento interior.

Trataré en el próximo artículo de un tipo de súplica sobre la que me han preguntado: la intercesión. En mi opinión desvirtúa el verdadero rostro de Dios. Lo someteré a vuestra consideración.

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17 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por marcelo fabricio pastor sanchez 30.06.09 | 00:26

    pido oracion por salud por empleo por sabiduria por liberarme de maldiciones por parte de mi mama por tenr mi casa propia negocios un auto por prosperar grandemente por ser util a la sociedad por tener suerte con las mujeres por tener dones talentos sabiduria fortaleza por tener mi titulo universitario por vivir 100 años por viajar al mundo por casrme con flor mirella lopez arcentales que esa mujer me ame me ayude se case conmigo que cambie su caracter que no me mienta no me lastime igual que mi mama juanit sanchez que cambie sua cracter fuerte sea bendecida por dios igual que a mi por tener salud igual que mi familia entera salud y prospseridad que deje vicios de l sexo no ir a prostibulos ni esas cvosas negativas

  • Comentario por Terete 09.05.09 | 19:25

    Prometí algo sobre el “fondo”. Ahí va. Los tres ingredientes que presenta Jairo como ventajas en la oración de súplica me parecen fundamentales en toda oración que pretenda ser cristiana: 1º El reconocimiento de Dios. 2º El reconocimiento de mis necesidades 3. El reconocimiento de las necesidades de los demás.
    El espiritualismo tenderá a prescindir de lo 2º y de lo 3º: las necesidades propias y ajenas.
    El individualismo pasará olímpicamente de las necesidades de los demás.
    El “no hace falta rezar sino comprometerse, que eso ya es oración” tenderá a prescindir de Dios .
    Ninguna de las tres son del todo oración cristiana, aunque seguramente la que esté más cerca de ella sea la tercera, por eso de que “obras son amores” y sobre todo porque ahí está Mateo 25 rotundo e indiscutible, defendiendo a los que quizás no habían sido muy rezadores, pero habían actuado a favor del prójimo con amor y misericordia. (continuaré)
    (Pilar, qué acertado todo lo que dices. ...

  • Comentario por M Luz 09.05.09 | 00:08

    Gracias de nuevo por este artículo tan cercano y con tantos matices para poder crecer y caminar. Buscar el silencio y mirar hacia dentro, nos lleva a ese encuentro con el Señor. Yo digo que siempre nos espera en nuestro jardín interior para envolvernos de amor. Nada más tenemos que escucharle y poder transmitirlo a los demás.

  • Comentario por Pilar 06.05.09 | 19:23

    .. el lector a modo particular).
    La explicación está en que es preciso que pongamos nosotros medios, que Dios los hará producir, los multiplicará a veces 30, otras 40 y hasta el ciento por uno.
    Por tanto, hay varias fases por las que hemos de pasar para llegar a orar debidamente.

    1º Hay que sentir la necesidad propia o ajena y esta condición se llama: humildad.
    2º Aportar y compartir lo que tenemos, nuestros "cosas" y posesiones, pero sobre todo, entregar nuestros talentos, es decir, lo que somos... y hacer todo esto por y con amor. Esta condición se llama: solidaridad o compasión, agape.
    3º Sólo después, podemos esperar que Dios suplirá nuestra pobreza, nuestras contradicciones, nuestras debilidades y ... llegará el milagro.
    Porque la fe se pone de manifiesto por las obras, como dice la carta de Santiago en el capítulo 2: "Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras...

  • Comentario por Pilar 06.05.09 | 19:15

    Qué cierto es, Jairo, que para pedir hay que sentir previamente la necesidad, la carencia, la impotencia. Una persona satisfecha o soberbia jamás pedirá nada. En definitiva, hay que ser pobre de espíritu y por tanto humilde.
    Saberse débil es condición necesaria para acudir a solicitar ayuda en la confianza que el otro estará dispuesto a socorrernos.
    Cuando Jesús, viendo aquella muchedumbre habrienta, siente compasión de ellos -porque andaban como ovejas sin pastor- dice a sus discípulos: dadles vosotros de comer. No apela a la magia ni a lo sobrenatural para sacarlos del atolladero. Al contrario, les insinúa que son ellos -nosotros- los que hemos de salvar la situación.
    Por eso a continuación pregunta: ¿tenéis algo para comer?. Lo cual significa aportar y repartir.
    ¿Por qué pedir que traigan lo que tienen?. ¿Por qué no hacer aparecer los panes y los peces de la nada?. ¿Qué pueden resolver cinco panes y dos peces?. (Aquí encaja bien lo que te replica el lector...

  • Comentario por Jairo [Blogger] 06.05.09 | 19:07

    Un lector me ha tirado de las orejas en privado. En este delicado tema de la oración, me dice, "cada uno hace lo que puede" y es muy respetable. ¡Tiene razón! No se puede hacer más que lo que uno puede. ¡Cierto!

    Pero... el ser humano es progresivo, está llamado a crecer y madurar ("sed perfectos..."). El poder del hombre está llamado a crecer a medida que profundiza y madura. No se puede caminar toda la vida con los zapatos de la primera Comunión.

    Por eso a mí me encanta romper horizontes de papel, decorados de purpurina, tinglados de colegio, para intentar abrir libertades encogidas, culpabilidades crónicas, parálisis infantiles.

    Lo que se pueda, sí. Pero sin olvidar que estamos llamados a poder mucho. Nuestro interior y nuestro crecimiento no tiene límites, desemboca justo en la Trascendencia. Ahí está nuestro origen y nuestro límite. ¡Que nadie se canse de caminar! Nos queda un largo recorrido. ¡Buen camino!


  • Comentario por Terete 05.05.09 | 20:35

    Me parece un artículo magnífico, que completa el anterior. Creo que es muy pedagógico empezar presentando la cara oscura o negativa de una realidad, para proponer a continuación la otra cara luminosa y positiva. Así, Jairo, nos ayudas a pensar, a distinguir, a comparar, a clarificar, a “probarlo todo y quedarnos con lo bueno”.
    También me gusta la estructura de tus artículos: hay un hilo conductor claro y firme, sabes por dónde empezar y por dónde acabar sin perderte en las ramas.
    Y otra cosa que es muy de agradecer: tus escritos son cortos y no empachan. El hecho de que algunos temas nos los ofrezcas por entregas parciales, hace que no decaiga el interés, muy al contrario, es una buena estrategia para que se mantenga viva la expectativa y para que la espera haga más deseable aquello prometido...
    Encima, escrito con lenguaje bello. ¿Se puede pedir más?
    Bueno, hoy me he despachado con la “forma”. Continuaré con el “fondo” en otro comentario.

  • Comentario por María Cristina 04.05.09 | 00:59

    ¡¡Qué maravilla lo que escribiste!!
    Coincido totalmente contigo.
    Ansío el próximo,..espero que con lo que publiques,se me aclaren muchos interrogantes.
    Paz y bien para tí,un fuerte abrazo y muchas gracias.

  • Comentario por Joel Eli Padròn Ibañez Mèxico 02.05.09 | 05:22

    En verdad hermano Jairo que la oración no es palabreria sin sentido como muchas veces se hace la oracion mas larga nos es la mas eficaz. la oracion con fe y sentido mueve montañas. Gracias por tomarse el tiempo de escrubir y compartir este muy valioso material TEOLOGIA PURA.. Que el Espiritu santo le siga inspirando.... Dios le siga colmano de ternuras y cariños. Joel

  • Comentario por EVA 01.05.09 | 09:25

    Me ha encantado el artículo ( junto con el anterior). Coincide plenamente con lo que siempre he pensado y no he sabido expresar. Gracias, Jairo.

  • Comentario por Gines 01.05.09 | 02:32

    Has sintetizado, ordenado y clasificado muchas (puede que todas) la ideas, intuiciones y reflexiones sobre la oración que he ido construyendo a lo largo de mi vida.
    Espero con impaciencia tu próximo articulo.
    Creo que desde la oración confiada es desde donde podemos vislumbrarlo todo, es el espacio desde el cual voy tomando conciencia de mi propia realidad (sea de pecado o sea de gracia y don), de la realidad de la Presencia del Señor en mi vida y en la de los que me rodean, es el espacio desde el cual al contemplar la vida nos vamos aproximando, vamos aprendiendo, como mira El Padre al mundo, a los hombres, y las situaciones; vamos descubriendo lo que El Padre espera de nosotros, surgen las intuiciones y las respuestas concretas, los silencios llenos de contenido....
    Me atrevería a decir que la oración que surge en ese entorno siempre tiene respuesta. Puede que se haga esperar, puede que no la recozca hasta pasado un tiempo, y puede que resulte sorprendente.
    G...

  • Comentario por Evaristo 01.05.09 | 00:56

    Cuando pedimos solemos obtener. Por esto yo aconsejo no pedir nada, porque no sabemos muy bien lo que nos corresponde o sienta bien. Conozco muchos casos que pidieron y ahora no están contentos con lo dado. Y los que no reciben están tristes porque se sienten abandonados. Se de un camino mejor "hagase tu voluntad". NO pedir nada pues el nos provee de todo, solo hay que descubrirlo y saborearlo. Solo hay que buscar lo que es justo y luchar por la justicia y todo lo demás se nos da por añadidura.

  • Comentario por Blanca 30.04.09 | 23:32

    No me publicó el final, que era una bendición y beso, así que lo mando aquí. Es muy bueno compartir estas cosas. Blanca

  • Comentario por Blanca 30.04.09 | 23:28

    Abrirle las puertas es para mí esa oración silenciosa que me envuelve, ya que allí me siento terreno disponible para que sea Él quien decida. Mis palabras no se interponen.
    Antes hacía oración de petición vocal, y fueron momentos muy buenos que me llevaron al borde del silencio. Ahora ya las palabras quedaron inservibles.
    Es como si hubiera utilizado un bote para atravesar el lago, y al llegar a la orilla, el bote quedó allí, y yo me adentré por tierra.
    Del silencio en su presencia me nace la confianza, y esa confianza me conduce al silencio. A lo mejor el silencio es mi grito mientras empujo. No?
    Gracias por aclararme las cosas, porque en este camino, nadie está más adelantado que otro. Todos vamos hacia la meta que elegimos, que en este caso es Él, y caminamos aprendiendo de la experiencia de los otros y de la propia, porque el único verdadero Maestro para mí, mora en el interior de cada uno.
    Espero la próxima entrega con la oración de intercesión.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 30.04.09 | 16:49

    Asombran la fluidez y la facilidad con que Jairo esclarece conceptos teológicos y despeja caminos sicológicos para darle consistencia a las relaciones entre Dios y el hombre.
    Para amantes de la simplicidad como yo, no hay más que un tipo de "oración", el que nace del amor y es pura comunicación. El cristianismo se condensa en dos conceptos: amor y oración, y estos, a su vez, se resumen en uno solo: comunicación con Dios.
    Nada tiene que ver con ellos el amor-placer ni la oración-mercadeo. El verdadero amor es "donación" y la oración, "conversación". Por eso, solo hay un tipo de oración, por más que maticemos su forma y su alcance. En la conversación lo mismo podemos decir "santificado sea tu nombre" que "danos el pan necesario para hoy", o simplemenete callarnos y dejar que nuestro ser fluya hacia el Suyo o, mucho mejor, que el Suyo inunde el nuestro. Desde la madre dolorida que implora la ayuda divina para sus hijos hasta la unión mística, todo es oración si nos conecta con...

  • Comentario por mª pilar garcía 30.04.09 | 10:00

    se cortó) "fiarnos y abandonarnos en El.
    Un abrazo entrañable. mª pilar

  • Comentario por mª pilar garcía 30.04.09 | 09:57

    ¡Que hermosa manera de explicar el camino para llegar al verdadero final... ¡¡Beber el agua de nuestro pozo interior!!

    ¡¡Genial lo de "gritamos mientras empujamos" y después vendrá el "abrazo íntimo, profundo, desde el abandono silencioso en El".

    Que gozo siento, cuando se nos acerca a Dios Abba con esta fuerza, sencillez, "sentido común", sin magia, sin trato, sin manipulación... Porque ciertamente, este Padre Amor, que nos lo da todo sin pedir nada, no es manipulable...

    Es preciosa la manera de presentar nuestra pequeñez y fragilidad... de ahí la necesidad a veces de "llamar, gemir, gritar"... como Pedro en el lago... ¡Señor, me hundo!, ¿no te importa?...

    ¡¡Hombre de poca fe, toma mi mano, ven!!

    ¡Gracias Jairo, por este regalo tan valioso, para aprender a caminar confiados y seguros de que El, siempre está con sus brazos abiertos acogiéndonos, estrechándonos fuertemente en un abrazo constante, hasta que sepamos fiarn...

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