
Un amigo mío me confesaba: De niño aprendí que "orar es levantar el corazón a Dios para pedirle mercedes"; de mayor he comprendido que "orar es fabricar `mercedes´ para ofrecérselos a Dios". Tras el chiste, hay mucha teología de la buena.
En nuestro subconsciente late la idea de que Dios está en las alturas y hay que alcanzarle con esforzadas oraciones para que nos haga llegar su favor desde allá arriba. Estoy convencido de todo lo contrario: Dios es la cercana luz que quiere traspasar nuestras oscuras barreras y atraernos a sus brazos. Somos nosotros los que tenemos que dejarnos alcanzar y no a la inversa. Es Él quien llama "con gemidos inenarrables" (Rom 8,26) a su desorientada y amadísima criatura: “Estoy a la puerta llamando: si me oís y me abrís, entraré en vuestra casa y comeremos juntos” (Ap 3,20). Sólo hay que abrir y dejarle pasar.
Habitualmente pretendemos que nuestra oración mueva a Dios y nos resuelva los problemas, mientras nosotros esperamos el favor o el milagro sin utilizar nuestros dones, sin saber siquiera que los tenemos. Con demasiada frecuencia acudimos a la oración de petición sin acertar a pasar de ahí o, lo que es mucho peor, sin percatarnos de que oramos a los ídolos. Citaré algunos, sólo como ejemplo:
- El dios de la manga, al que imaginamos en el Olimpo, distraído, absorto en sus cosas, incluso encolerizado por nuestros pecados. Y necesitamos llamar su atención, tirarle de la manga, para que se acuerde de nosotros y nos escuche: ¡Eh, que estamos aquí, auxílianos! O como decimos en las preces litúrgicas: "Te rogamos, óyenos". Pero los problemas no se resuelven e inconscientemente nos vamos convenciendo de que es sordo. Incluso hay quien habla del "silencio de dios", también es mudo. 
- El dios grifo, que nosotros abrimos a nuestro antojo con la oración y se cierra automáticamente cuando no nos acordamos de pedir. Sólo obtendremos el líquido deseado si apretamos el botón o giramos la llave. Si no responde a nuestra petición, pensamos que es un mal grifo, que está seco o que otros -más buenos- le han agotado.
- El dios negociador, al que ofrecemos algún sacrificio, alguna promesa, alguna vela, a cambio de la deseada concesión. Negociamos de mil maneras para conseguir aquello que deseamos. Negociamos incluso con nuestro dolor: si me disciplino o uso cilicio o camino de rodillas, seguro que le conmuevo.
No nos damos cuenta de que ésos son dioses falsos, ídolos, que ni ven, ni oyen, ni entienden. El Dios verdadero sólo quiere nuestro bien y nuestra felicidad sin precio alguno, totalmente gratis. Basta con que lo busquemos por el camino correcto y nos dejemos inundar porque “mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,30). 
Hace poco leí en la portada de una revista católica algo que me estremeció: "Un milagro arrancado a Dios a base de oración". ¿A qué "dios de granito" ora esa gente? ¿Cómo es posible pensar que hay que alcanzar la mano de Dios con escoplo y martillo? Yo creí que estas cosas no podían siquiera pensarse en nuestra Iglesia, y mucho menos publicarse.
El Dios en quien yo creo declara abiertamente: “encuentro mis delicias con los hijos de los hombres” (Pro 8,31). Nos creó con todos los recursos, nos ha dado preciosos dones, que debemos descubrir y explotar. Somos nosotros los que hemos de movernos, conocernos, hacer fructificar nuestros talentos, los que Él nos regaló cuando nos pensó desde la eternidad. Nuestro Dios, normalmente, no nos da peces, sino que nos proporciona la mejor caña (nuestros dones personales) y nos enseña a pescar (con su vida, su palabra y sus luces puntuales). Decía Martin Luther King: "Dios, que nos ha dado la inteligencia para pensar y el cuerpo para trabajar, traicionaría su propio propósito si nos permitiese obtener por la plegaria, lo que podemos ganar con el trabajo y la inteligencia".
Y en Mateo se lee: "No todo el que dice: ¡Señor! ¡Señor!, entrará en el reino de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial... El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a un hombre sensato que ha construido su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se echaron sobre ella; pero la casa no se cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Y todo el que escucha mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre insensato que ha construido su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se precipitaron sobre ella, la casa se cayó y se arruinó totalmente" (Mt 7,21).
Son por tanto las obras, las actitudes, la “decidida decisión de volver al Padre" lo que hará nuestra vida sólida como una roca y exitoso el camino de regreso. Nuestra apertura interior a su llamada, la andadura decidida y esforzada hacia sus brazos, es lo que conseguirá colmar nuestros anhelos. No el palabreo rutinario e interesado.
Juan nos advierte: "Todo lo que pidamos, Él nos lo concederá porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada" (1Jn 3,22). Es decir, el resultado está ligado a la aceptación de su maternal cuidado, de su amor gratuito. Lo mismo que la luz y el calor están asegurados para quien se expone al sol. Mateo insiste: "Al rezar, no os convirtáis en charlatanes como los paganos, que se imaginan que serán escuchados por su mucha palabrería. No hagáis como ellos, porque vuestro Padre conoce las necesidades que tenéis antes de que vosotros le pidáis" (Mt 6,7).

No, nuestro Dios no es un grifo, ni un buhonero de feria con el que se pueda hacer cambalache. Sería un dios muy pequeño. Nuestro Dios es un torrente que se vierte permanentemente sobre nosotros. ¿Qué hacer para obtener su agua? Abrirse, ensanchar el recipiente, vaciarse de estorbos, reconstruir las grietas. Si no, estarás bajo el Torrente pasando sed o recogiendo tu pequeñísima medida o perdiendo al instante lo recibido por tus múltiples ranuras...

Afirmaba san Ignacio: "Haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en el resultado como si todo dependiera de Dios". Y san Agustín es todavía más rotundo: "La oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros" (Carta a Proba).
Cuando hablo o escribo estas cosas siempre hay alguien que pregunta: ¿Entonces por qué dice el evangelio "pedid y recibiréis"? En el próximo artículo mi modesta respuesta.
BLANCA ME PASO TU ARTICULO SOBRE LA ORACION DE INTERCESION. ESTOY DE ACUERDO CON TUS CONCEPTOS. SEGURO DE QUE DIOS NOS QUIERE SIEMPRE LIBRES Y EN CONSTANTE CRECIMIENTO.
NO ACEPTO ATADURAS A REGLAS CREADAS POR LOS HOMBRES. MUCHAS VECES ME SIENTO PELIGROSO PARA EL PENSAMINETO DE MUCHOS CATOLICOS, PERO TRATO DE SER FIEL A CRISTO.
TUS REFLEXIONES ME AYUDAN A SEGUIR ADELANTE.
GRACIAS A DIOS Y A BLANCA QUE TE PUSO EN MI CAMINO.
Los caricaturas de Dios.....no negociemos con Dios, con Dios no se negocia.....novenas, cadenas, promesas. todo hay que hacerlo por amor a Dios " Dios es amor"...no tengamos falsos ídolos....nuestras
crrencias populares nos llevan a ello, volvemos la religión caasi una magia, y nuestros santos unos amuletos...nos llenamos de bichos, de fantasmitas y asi Dios no nos dá nada...Jesús dice " pedid y se os dará". pero ese pedid es a vuestro Padre Celestial, que solo da cosas buenas.
Para ignaciano: consultado personalmente con la compañía, la respuesta es: "esta frase se le atribuye a Ignacio de Loyola, pero no está registrada como tal en ningún escrito".
mª pilar
Mi querida Blanca: ¡Qué gozo leer tu comentario! Creo que Él te respondería: "No estás lejos del reino de Dios". Espera si quieres la 2ª y 3ª parte de este artículo. Pero, sinceramente, tengo muy poco que enseñarte. Eres tú la que me has enseñado a mí.
No hagas caso a los que te empujen con el "pedid y recibiréis". Ésa es sólo la puerta y tú ya estás dentro. ¡Abrázale de mi parte!
Con todo mi cariño y la alegría de tus palabras, te bendigo desde Madrid:
El Señor te bendice y te guarda
en la palma de su mano.
Te acompaña en todos tus caminos.
Y hace prósperas las obras de tus manos.
Amen.
Jairo
En mi camino de oración, la confianza en el Dios de Jesús, ha ido en aumento. Mi oración es silenciosa. Y a este mi Dios en el que confío, qué le puedo pedir? Toda palabra queda silenciada, porque Él está presente y sabe mucho más que yo, qué es lo mejor para mí y para los que amo. Confiar, para mí, es dejarlo hacer su obra sin poner yo las condiciones, y mirar asombrada lo que Él hace.
No pedir me lleva a vivir cada momento de mi vida con más plenitud, tal cual se presenta, y me da la claridad para actuar en lo que deba yo hacer, eso que tal vez antes esperaba de Dios.
Muy buena la entrada, y espero tu explicación del "pidan y recibirán", que tantas veces me anteponen cuando comparto estas cosas.
¿Dónde dice eso San Ignacio?
está claro que Dios no necesita de nosotros, somos nosotros los que necesitamos a Dios.
Mis hijas viven en otra ciudad y cuando hablamos en nuestro ratito diario, se desahogan de sus cargas y problemas aunque ya me las hayan contado muchas veces. Eso ya me lo contaste ayer -respondo- y siempre me dicen, pero mamá.... ¡escúchame!.
Así nosotros también rogamos: ¡escúchanos!, y no porque Dios sea sordo a nuestras oraciones, sino porque necesitamos hablar con Él, confiarle nuestros asuntos y aclararnos en su presencia.
Pero hay algo más importante que hablar a Dios: escucharlo. Escucharlo cuando nos habla, escucharlo por medio de las palabras de otros, de las necesidades ajenas, de los acontecimientos y de su Palabra escrita en nuestros corazones.
Dios habla siempre y escucharlo significa hacerle caso. Etimológicamente escuchar significa obedecer, seguir las indicaciones. La oración principal para un Judío es, Shemá Israel..
Escuchar y seguir al Señor es mejor ayuda que contárselos. Él ya los sabe y tiene la respuesta adecuada para cada uno. Escúch...
Precioso artículo, Jairo.
Somos instrumentos en manos de Dios, o expresado de otra forma, somos el medio divino por el cual Dios actúa.
Sólo falta que abramos el corazón y dejemos que en Espíritu ore en nosotros para saber pedir bien, pedir aquello que Jesús nos enseñó: venga tu reino, perdona nuestras deudas, líbranos del mal, danos el pan diario ...
Si ponemos en práctica las bienaventuranzas, el Reino se va haciendo realidad, se va extendiendo dentro y fuera de nosotros y la voluntad de Dios se cumplirá en nosotros y en el mundo.
Pero hay veces que nos vemos tan impotentes, somos tan poca cosa cuando faltan las fuerzas, que acudimos a Dios para descansar en Él. Le confiamos nuestros asuntos en la confianza y seguridad de que Él nos escucha como escucha un padre que ya sabe de antemano las necesidades de sus hijos.
Mis hijas viven en otra ciudad y cuando hablamos en nuestro ratito diario, se desahogan de sus cargas y problemas aunque ya me las hayan con...
He leído su artículo y le doy las gracias porque presenta una visión de Dios muy "razonable". Dejarse seducir por Él es algo que tenemos que descubrir todos. Creo que Dios nos ama porque Él es bueno, no tenemos que hacerle bueno nosotros. Dejemos que Dios nos llene para mover nuestros sentimientos hacia el otro. Gracias de nuevo por su artículo.
MLz
Hno Jairo. Admiro su valor para escribir de esa manera desafiante, para romper con posturas viciadas que tenem,os y seguimos fomentando tanto asi que llegan a ser falsas teologias . Dios nunca se aleja ni lo haría El es fiel. Quienes nos alejamos y dejamos de verlo y despreciamos sus manos Paterno Maternales somos nosotros.
Dios le siga inspirando para hacernos entrar en razón, razón que esta inspirada en el Buena Noticia del Evangelio . Dios le bendiga Joel Elì
P.D. Espero su siguiente articulo donde vendrá su respuesta.
(sigue) ¡Qué necesidad de una reforma de los textos litúrgicos: lecturas y oraciones y de una pedagogía de la oración!
Jairo, qué buenas las citas bíblicas y también las otras citas de san Ignacio, san Agustín, M.Luther King… y las tuyas:
“Nuestro Dios es un torrente que se vierte permanentemente sobre nosotros”
Sí, es “el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos ha sido dado” en formulación paulina.
Por otro lado qué horrible creer que “arrancamos” a Dios un milagro gracias a nuestras oraciones.
O sea que somos nosotros los buenos y no Dios, somos nosotros los que nos preocupamos de los que sufren y no Dios que se olvida de ellos y necesita que se lo recordemos;
hemos conseguido “arrarcarle” a Dios algo muy difícil, algo humanamente imposible:
¡qué omnipotentes somos! Somos más que Dios…
Pero El, obstinadamente, no para de hacer, sin que se lo pidamos, esos milagros cotidianos que solo la fe y el amor descubren…...
Excelente artículo,Jairo. Es un tema que me apasiona desde que leí otro de Torres Queiruga también muy crítico al respecto. Sufro por la formulación de muchas oraciones litúrgicas dirigidas,como muy bien describes,a un ídolo y no al Dios de Jesús. Me repugna el mercadeo en la relación con Dios y el intento de manipularle,intento fallido porque Dios no se deja manipular.
Si miramos a Dios como a Alguien que nos lo da todo gratuitamente y si “es de bien nacidos ser agradecidos”, lo natural, lo espontáneo es que nos salga una oración de acción de gracias. Orar sería, desde esta perspectiva, “descubrir sus mercedes para agradecérselas”. Si miramos a Dios como a un ser al que podemos domesticar y manejar a nuestro antojo, poniéndolo al servicio de nuestros intereses mezquinos,nos saldrá una oración pedigüeña.Quiero salvar la posibilidad de una oración de petición auténtica. Implica y cuestiona el tema de la religiosidad popular.Pero no me adelanto.Espero el próximo artículo.
Gracias Jairo, por la profundidad de la reflexión! El amor de Dios se manifiesta en el artículo, al propio tiempo, no pierde la impronta del mensaje de Jesús de Nazareth con relación a orar y horadar. Tal vez, sería bueno que se refiera en su próximo artículo a las siguientes desviaciones que nos alienan de Dios y del prójimo: oración "latreútica" a los ídolos; a la oración "eucarística" (sólo para los que están en "gracia"); oración "impetratoria" (a la cual usted se refirió); y oración "propiciatoria" (la más difícil por el carácter sacrificial y cruento que tiene el sentido de esa oración que no se compadece con la religión del amor predicada por el nazareno). Un cordial saludo en Cristo.
Gracias. Muy necesaria reflexión. E imprescindible seguir con lo de "pedid y recibiréis".
Un ámbito del problema está entre los católicos deficientemente formados... y otro, amplísimo, entre los "religiosos" (es decir, personas con religiosidad natural barnizada de cristianismo) que mezclan devociones tradicionales católicas con prácticas directamente paganas.
No se trata de condenar a nadie ni de ridiculizar... pero sí de señalar claramente cuál es el nuevo estilo de oración, incluida la de petición, que nace de aquel que -además del Padre nuestro- nos enseñó cómo es la esencia de toda oración: "Abba, Padre; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" (Mc 14, 36).
Si ahondamos en el contenido esencial de la oración como "comunicación", veremos que también esta, como todo lo cristiano, es "amor": orar es amar, porque quien ama se comunica con el amado, se da a él. De ahí que toda la vida del cristiano y también del hombre a secas debe ser oración.
Esta perspectiva nos ayuda a descubrir que existimos desde siempre y que lo haremos para siempre, pues desde siempre hemos sido amados y lo seremos para siempre. ¿Dónde comunicarse con Dios? En cualquier parte, pues la naturaleza está vestida de su figura (San Juan de la Cruz) y cada hombre es encarnación de Dios. A quienes no ven a Dios por ninguna parte es preciso gritarles que Dios los circunda y los inunda, pues está a su alrededor: vivimos rodeados por seis mil trecientos millones de "dioses" y Dios habita en nuestro ser. Dios es padre y, como tal, no da opción a la devastadora soledad que nos acosa y aniquila. Visto así, Dios es el amigo más fiel, el compañero mejor.
¡Que cierto es cuanto nos narra Jairo en este art. Esta es la consecuencia de estar "parados" "atrofiados" en las antiguas enseñanzas sobre La Palabra Encarnada en Jesús.
Hemos hecho a los creyentes o seguidores o bautizados, un pueblo dependiente, informado a medias, y llenado la mente y el corazón, de "obligaciones" baldías, alejadas del proyecto de este Dios Abba que nos Ama sin límites.
El tristemente olvidado (para algunos) Vaticano II, comenzó abrir puertas y ventanas con aires nuevos que llenaban de Vida, especialmente a los pequeños (los que más sufren dependencia)pero hace algún tiempo hemos vuelto a siglos ya pasados... ¿por qué?
Creo sinceramente, porque hacer lo que Jairo nos expresa de manera clara y comprensible a todos/as compromete más, y a la vez libera...
¡¡Hacer que los hijos Vivan desde el conocimiento claro y abierto del rostro de este Dios Abba, sin falsas ataduras. ¡¡Gracias por la esperanza!!.
mª pi...
Lunes, 9 de noviembre
Pedro Tarquis
Rodrigo del Pozo Fernández
Francisco Margallo
Julián Moreno Mestre
Juan Fernandez Krohn
Mario Bruzzone
Manuel Mandianes
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Escuelas Católicas