De las películas de mi niñez recuerdo con ternura aquélla en que un valiente guerrero volvía maltrecho y exhausto de luchar con el dragón. En el castillo le esperaba una linda dama que curaba sus heridas, le preparaba una tina de agua humeante y le ofrecía reparadores alimentos.
Para mí la cuaresma se parece a la experiencia del galán de mi película. No ignoro que cuaresma viene del latín "cuadragésima" y significa 40 días. Que tradicionalmente se ha entendido que son los 40 días en que "se preceptúa ayuno y abstinencia en memoria de los cuarenta días que ayunó Cristo en el desierto". Que los clérigos suelen sembrar la cuaresma de reflexiones teóricas un tanto tétricas. Que la liturgia (color morado, ceniza, ausencia de adornos…) y las prácticas cuaresmales (vía crucis, ayunos, procesiones…) insisten en el sentido penitencial.
En las carnavaladas modernas algunos se disfrazan de aquello que habrían querido ser y no han sido. Otros se apropian de personajes o símbolos para ridiculizarlos. Otros, finalmente, buscan la ocultación para conseguir impunidad y anonimato a su conducta desinhibida, abusiva, grotesca o delictiva. Sin embargo, estos desahogos puntuales tienen menos repercusión en nuestra personalidad que los disfraces que nos fabricamos para vivir, habitualmente subconscientes.
En la vida ordinaria solemos usar distintas caretas que podemos sintetizar en estos cuatro tipos: la negra, la negra con purpurina, la brillante y la transparente.
Ya me gustaría a mí que todos los enamorados supiesen “quién es”, de verdad, la persona a la que dicen amar. Por desgracia nos fijamos más en detalles externos que en las maravillas del interior, las que de verdad definen la persona. Nos atrae una cara linda o… embadurnada, un cuerpo exuberante, una sonrisa afable o, simplemente, una sexualidad precoz y desbordada. Pero eso no es todavía amor, es instinto. Quienes se emparejan sólo desde los atractivos epidérmicos o desde la sensibilidad hambrienta son candidatos seguros a la larguísima cola de divorcios: uno cada cuatro minutos en nuestra nación.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo