Blog de Jairo del Agua

Todo lo hizo bien

15.01.09 | 00:00. Archivado en Religión
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Cuentan que a los novicios de hace años se les ordenaba plantar las lechugas boca abajo para probar su obediencia. Hoy esta anécdota histórica nos hace sonreír. Sin embargo, en la formación religiosa actual, todavía se insiste en consejos estereotipados y fuera de época que se oponen al sentido común.

Ayer mismo -por ejemplo- mi profesora de Teología Mística, una santa anciana, inteligente, laica, madre de ocho hijos y abuela interminable, insistía en el olvido de sí mismo para avanzar por las moradas del castillo interior y llegar a la santidad. Al terminar la clase, me acerqué y le susurré al oído: ¿Sabes que la Sicopedagogía actual afirma que la plenitud consiste en llegar a ser uno mismo? Me contestó con una evasiva. Lo entiendo, no podemos cambiar la mentalidad de nuestras abuelas. Pero tampoco podemos pretender que los jóvenes -y menos jóvenes- acepten hoy las lechugas invertidas del pasado.

¿Cómo puede uno olvidarse de sí mismo, machacar el yo, anularse, desaparecer? ¿Quién es, entonces, el sujeto de la santificación propuesta? ¿No habrá que reivindicar con urgencia el yo -monosílabo maldito- tan maltratado y mal entendido por muchos autores religiosos? ¿No habrá que distinguirlo del "ego", ese fantasma invasor que suplanta y arruina precisamente al yo? ¿Cómo podemos concebir un “dios” que sólo crece a costa de nuestro sufrimiento y la ruina de nuestra personalidad? Comprendo que el lenguaje de algunos santos recoja la influencia de su época y los errores bien intencionados de su ambiente. Sin duda la “sabiduría interior” superó con creces la negatividad circundante.

Es menos comprensible la rígida inercia que hoy nos hace repetir consignas y conceptos, contrarios a la realidad de la vida y a los signos de los tiempos. Si queremos llegar a nuestros coetáneos, tenemos que hablar en positivo. Tenemos, por ejemplo, que ayudar a descubrir el yo, a construir la personalidad, a vitalizar más que a mortificar, a elevar la autoestima, a fortalecer la voluntad, a usar la libertad, a cuidar el cuerpo, etc. Es decir, a vivir en orden y valorar la vida.

Seguimos pensando que al Creador le salió una chapuza, a pesar de la Escritura: “creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó” (Gen 1,27). Y subraya: “vio Dios todo lo que había hecho y he aquí que todo estaba muy bien” (Gen 1,31). Sin embargo, insistimos en tener al ser humano bajo sospecha. No caemos en que, al borrar al hombre, borramos la “imagen real” de Dios y levantamos entelequias. El que no encuentra lo admirable de la criatura humana -propio y ajeno- es imposible que la ame. Y el que no ama a la criatura humana -empezando por uno mismo- no puede amar a Dios: “El que no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios al que no ve” (Jn 4,20).

Esa certeza me empuja a repetir que necesitamos menos Teología y más Humanología. El camino para descubrir a Dios es el descenso al ser del hombre, ahí donde no llega la contaminación, donde todo es positivo, porque el mismísimo Creador lo constituye y dinamiza. Juan de la Cruz lo expresó: “¡Oh cristalina fuente / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados / que tengo en mis entrañas dibujados!” (Cántico espiritual, v.11).

No podemos seguir pensando que Dios es un alfarero fracasado al que se le quemó su primer cacharro. El Padre, “que tengo en mis entrañas dibujado”, todo lo hizo bien. Nos creó con todas las potencialidades para llegar a la plenitud, es decir, a la felicidad. Pero nos creó a su imagen y por tanto libres. Como Padre amantísimo nos hizo partícipes de sus dones, incluso de su libertad. Esa es nuestra grandeza y también nuestro riesgo: podemos hacer lo que queramos, incluso despeñarnos. Podemos elegir ser hijos pobres de un padre millonario. Lo cuenta con detalle la parábola del hijo pródigo. Nunca, nunca, reprobó el Creador a su criatura, ni la olvidó, ni la abandonó, ni la castigó. Somos nosotros los que nos construimos o nos arruinamos con nuestras opciones. Y, como vivimos en grupo, nuestras decisiones afectan irremediablemente a los otros.

Lo que conduce a la plenitud es la opción por ser uno mismo, por desarrollar todas nuestras potencialidades, por encontrar y desplegar la misión concreta para la que estamos hechos. "Ser uno mismo es llegar a ser lo que descubrimos que somos en lo más profundo de nuestra persona". No tiene nada de egoísta o idolátrico. Del ser -instancia más íntima de la persona- brota precisamente la apertura a los otros y la entrega de uno mismo. A ser uno mismo y desarrollar nuestra personalidad nos llama el Evangelio: “sed perfectos…” (Mt 5,48) con la utilización de todos nuestros dones, como enseña la parábola de los talentos: “negociad mientras vengo” (Lc 19,13). A conocernos y desplegar nos llama Pablo: "no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que Dios gratuitamente nos ha dado" (1Cor 2,12).

No hay que temer que un humanismo así se detenga en el hombre. Toda persona es un pozo sin fondo, está abierta a la Transcendencia, late en ella la “imagen y semejanza”, la nostalgia de la Madre que la amasó en su corazón. Aunque me aleje de la profundidad, aunque tapone el pozo con mis desastres, no podré evitar la llamada a ser más y mejor, la dulce voz de paz y seguridad. Me emociona, cada vez que lo recuerdo, aquel verso de un agnóstico confeso: “Dios oscuro ven, no hace falta que digas nada…”.

Si queremos ser coherentes, hay que desterrar de nuestra Iglesia el lenguaje trasnochado, clerical y absurdo, que patentiza la desconfianza en la obra de Dios. No podemos seguir repitiendo benevolentes consignas raídas por la rutina. Ni abusar de grandilocuencias, florilegios, abstracciones y principios de autoridad. Nos engañamos al evadirnos de la realidad y evocar un “dios” teóricamente bueno pero inaccesible, abstracto, exigente, mortificante, ausente y silente. He aquí una de las graves dificultades de nuestra Iglesia para llegar al pragmático hombre de hoy.

Deberíamos volver menos la cabeza y atrevernos a mirar dentro y al frente. Atrevernos a soñar con una Iglesia -pueblo caminante- en la que prioricemos la construcción y reparación del ser humano concreto, real y actual. En la que comencemos recuperando la fe en el hombre, hechura de Dios. Realmente “somos pordioseros dormidos sobre riquezas inconmensurables, desvanecidos sobre un manantial de energía, paralizados sobre una corriente de vida”(1) Una Iglesia con menos andamio intelectual para subir al cielo -como en Babel- y más bocamina para, por fin, descender humildemente a las entrañas de la persona y recuperar el rostro de Dios, esa “imagen” que Él nos grabó al engendrarnos. No repitamos el error de Agustín: “Tarde te amé / Hermosura tan antigua y tan nueva / Tarde te amé / Y es que Tú estabas dentro de mí y yo fuera / Y por fuera te buscaba”.

Atrevernos a soñar, sí, con el día en que los eclesiásticos -verdaderos testigos despojados de toda relación de poder- ayuden a sus hermanos a descubrir al Hijo del Hombre, al Humano, con el “mapa de humanidad” -su buena noticia- en las manos. Podríamos llegar, sin duda, a confesarnos unos a otros, como sus vecinos a la Samaritana: “No creemos ya por lo que tú nos has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y estamos convencidos de que éste es ciertamente el Salvador del mundo” (Jn 4,42).

___________________

(1) André Rochais: Sacerdote católico francés, sicopedagogo y fundador del organismo de formación PRH, Personalidad y Relaciones Humanas (www.prh-iberica.com).

11 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Terete 29.01.09 | 20:30

    Es verdad que nuestra cultura es egocéntrica, como dice Renunciante. Pero de lo que habla Jairo es de otra cosa: es el machaqueo de nuestro yo auténtico, reprimiéndolo y anulándolo. Ni siquiera al ego lo podemos machacar y anular por esa vía represiva. El ego se va neutralizando a base del amor desplegado por el yo profundo. Por aquí creo que va la renuncia evangélica, la propuesta de Jesús y el dicho tan certero de San Agustín: “ama y haz lo que quieras”. Ya se entiende que no se refiere a los caprichos del ego. Podríamos traducirlo así: ama desde la profundidad de tu yo verdadero y desde esa libertad profunda haz lo que quieras, sin temer al ego que, por la fuerza del mismo amor se irá retirándose del centro del escenario, desde donde busca ser aplaudido...
    Por último recordar que Jesús no fue asceta como Juan Bautista y de eso se quejan sus opositores, porque “come y bebe” y va a bodas, haciendo que el buen vino corra alegre...

  • Comentario por Terete 29.01.09 | 20:23

    Creo que en el artículo se distingue muy bien el yo auténtico del “ego” y está claro que el egoísmo no viene del yo profundo sino del ego, “ese fantasma invasor que suplanta y arruina precisamente al yo”, dice Jairo. Sobre la renuncia opino que Renunciante puede tener su parte de verdad, pero creo que confunde los planos del yo y del ego. Todos comprobamos que a veces la vida nos impone renuncias (muertes de seres queridos, reveses económicos, de salud, etc) Otras veces somos nosotros los que optamos por ciertas renuncias, como cuando perseguimos unas metas, que sin duda tendremos que renunciar a lo que nos impide alcanzarlas: deportistas, artistas, investigadores, etc. Otras veces –cuando vamos madurando desde el yo auténtico, renunciamos POR AMOR (noches sin dormir a la cabecera del hijo enfermo, privarnos de un capricho para que a otro no le falte lo necesario, etc) En estos casos la renuncia engrandece nuestro yo.
    Pero de lo que habla Jairo es de otra cosa:

  • Comentario por Jairo [Blogger] 27.01.09 | 08:19

    ¡Gracias José por tu reconocimiento! Yo también llevo muchos años formándome en Sicología y Sicopedagogía que me han abierto un horizonte nuevo para comprender al hombre y, lo que es más sorprendente, para vilusbrar a Dios y el camino de vuelta al Padre.

    Ya ves, por algunos comentarios, que no todos lo comprenden y siguen en sus trece del pasado. Siguen aferrándose a la renuncia (negativo) en vez de a la libre decisión (positivo) con la que debemos construir (no destruir) nuestras vidas y nuestra personalidad.

    Gracias por tu apoyo de experto. Un abrazo cordial. Jairo.

  • Comentario por de a pie 27.01.09 | 00:06

    No es nesesario,tantas fraces para centar un punto o criterio a lo relacionado a la contradision del espiritu o alma y el cuerpo carnal. los yoes son mascaras para precentar el cuerpo en el circulo deceado en la sociedad. lo espiritual lo resumo como lo dijo un gran patriarca. QUE GRAN TONTO ESCIDO. buscando a DIOS y EL dentro de MI

  • Comentario por renunciante 26.01.09 | 21:14

    Creo que el autor quiere afirmar algo bueno (el desarrollo sano de nuestras potencialidades humano-divinas) negando otra cosa buena: la doctrina ascética tradicional de la renuncia a uno mismo, que tiene hondas raices evangélicas y coincidencias con otras venerable tradiciones religiosas (véase el budismo) . Para cualquier creyente que mire honestamente a su corazón es evidente que para descubrir quién soy yo tengo que renunciar al ego que me he construido con mis deseos, proyecciones, ideas y comportamiento. Tengo que vaciar el corazón para que el espíritu pueda resonar en él y revelarme quién soy (hijo de Dios) haciendóme clamar "Abba" (papá) al Misterio de Dios que me habita y me une a los otros seres humanos y al resto de la creación, dejándome al mismo tiempo ser distinto, poseer una personalidad. Como cristianos no podemos, en nuestra espiritualidad, renunciar a la palabra "renunciar" sólo porque suene un poco fuerte o negativa a oidos de nuestra egocéntrica cultura.

  • Comentario por Jose RA 26.01.09 | 19:57

    Gracias, Jairo,por tu excelente artículo. He sido formador muchos años y estoy de acuerdo contigo en todo lo que expresas. Me formé en Psicologia Profunda (Jung) y esta me abriò un horizonte nuevo en mi visiòn de la persona humana.
    Desde Amèrica-Brasil, un abrazo

  • Comentario por Terete 18.01.09 | 20:07

    Jairo,dices que "necesitamos menos Teología y más Humanología".Yo creo que no se contraponen, sino que pueden y deben ir juntas. Desde luego que necesitamos menos teología de la oscurantista a la que se agarran –resucitándola- parte de la actual jerarquía que detenta su misión de magisterio como un superpoder,amordazando a los teólogos que presentan una visión de Dios, del mundo y del ser humano desde una teología y una antropología cristiana del todo positiva,en la línea que tú explicas.Cuando leo a José Antonio Pagola en su “Jesús, aproximación histórica” no hago más que constatar la enorme humanología que rezuma en cada línea.(Sin ánimo de hacer propaganda ¿eh?, no cobro comisión...) La verdad es que teólogos como éste son condenados y sancionados por mostrar un Jesús,según ellos “demasiado humano” que oscurecería su divinidad.Es una pena que no crean de verdad en el misterio de la Encarnación y proyecten sobre otros las supuestas herejías en las que quizás ellos incurrerren.

  • Comentario por Terete 18.01.09 | 19:54

    Gracias, Jairo, es precioso el artículo. No sé si soy demasiado optimista, pero creo que somos much@s,dentro y fuera de la Iglesia,los que apostamos por esta visión positiva de Dios, del mundo y del ser humano dentro de él. Cuando Dios nos crea no somos una realidad acabada, sino un PROYECTO con todos los medios para desarrollarlo y llevarlo a plenitud, como lo explicas tan bien. Por otro lado, todo esto tan hermoso y verdadero tiene que convivir con el problema del mal tan evidente y tan punzante, que provoca tales interrogantes que todas las explicaciones para justificarlo resultan insuficientes. Muchas veces se desculpabiliza a Dios pero a costa de cargar toda la responsabilidad del mal en el ser humano supuestamente libre, pero ¿no será la falta de libertad -la auténtica, la que Dios nos da como proyecto-, la que nos impide escoger el bien? Con esto apoyo al 100% la estupenda tarea liberadora de la actual Psicopedagogía. Dices que "necesitamos menos Teología y más Humanología"

  • Comentario por Facundo 18.01.09 | 19:33

    Seguro, D. Jairo, que ha oído hablar de las "paradojas evangélicas", ya sabe, lo de, por ej., para ganar, perder; lo de ser el último para poder subir; lo de perder la vida para ganarla... Claro que estoy de acuerdo con lo que dice la psicopedagogía, pero más con el Ev. bien entendido, que marca el camino a seguir como principio de lo que esa ciencia pone como resultado. Creo que hay que tener cuidado con los adjetivos y valoraciones que se ponen o hacen de la ascesis, sobre todo de las llamadas 'virtudes pasivas', que son morales, no infusas, y hay que trabajarlas, aunque ciertas pedagogías hayan sido nefastas, por ignorancia de los pedagogos.- Y vuelve Ud. a cargar con las homilías. Debe Ud. sufrir horrores en las misas dominicales, pues me da que se fija más en la forma que en el fondo, que algo bueno tendrá, digo yo. También aquí, el buen oyente completa al mal hablante. Además, sus críticas, directas o indirectas, creo ayudarán poco a esa autoestima del predicador de que Ud, habla

  • Comentario por Mª Pilar García 15.01.09 | 23:27

    Suena en mis oídos, como corriente de agua fresca que me llena de ¡Vida! Creo que hemos llegado a un tiempo, donde ¡¡urge!! recuperar el "Mensaje de Jesús" con esta claridad, sencillez, "humanidad" conque nos acercas el camino por donde nos encontraremos cara a cara con El; dices hermosamente: "descender... y recuperar..." El pueblo de Dios gime hoy, de manera inenarrable, porque le ahoga la sed, la angustia, la soledad... en este mundo, donde como tan bien explicas, Dios, nos dicen está, como a la espera, para castigar, ordenar...etc. etc. Si fuéramos capaces de seguir los pasos que tu nos señalas, el mundo cambiaría de color, olor y sabor... seríamos capaces de mirarnos, comprendernos, amarnos, ayudarnos; y llevaríamos a cabo, el verdadero sentido del Reinado de Dios Abba aquí y ahora. ¡¡Gracias!! por el gozo que nos traes en tu manera de exponer el Mensaje. Un abrazo mª pilar

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 15.01.09 | 11:47

    Valiente y trascendental postura, Jairo, la de darle un enfoque eminentemente positivo al fenómeno religioso, a la fe. Es como si, de repente, le extirparas a la religión el método, tan cuestionable, de la eficacia del "miedo". Muchas entidades han logrado imponerse y cosolidarse basándose en su fuerza "maligna". Sabiendo que Dios habita en todos los hombres y es, al mismo tiempo, su fuerza para mantenerse en pie y su alegría de vivir, puede que descubramos el valor y la importancia primordiales de la caridad, y la razón por la que está por encima de cosas tan efímeras como los dogmas y los cielos, que pasarán mientras ella permanecerá. Hay que hacer la lectura pertinente de los dogmas y, sobre todo, de la moral, desde la perspectiva positiva que apuntas: en vez de hablar de "pecado original" y echar en ese lóbrego saco cuanto pasa para explicarnos "la maldad del mundo", deberíamos hablar de la "gracia original" para comprender nuestra grandeza y saber que podemos cambiar a mejor.

Miércoles, 30 de mayo

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Mayo 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031   

Sindicación