Cuentan que a los novicios de hace años se les ordenaba plantar las lechugas boca abajo para probar su obediencia. Hoy esta anécdota histórica nos hace sonreír. Sin embargo, en la formación religiosa actual, todavía se insiste en consejos estereotipados y fuera de época que se oponen al sentido común.
Ayer mismo -por ejemplo- mi profesora de Teología Mística, una santa anciana, inteligente, laica, madre de ocho hijos y abuela interminable, insistía en el olvido de sí mismo para avanzar por las moradas del castillo interior y llegar a la santidad. Al terminar la clase, me acerqué y le susurré al oído: ¿Sabes que la Sicopedagogía actual afirma que la plenitud consiste en llegar a ser uno mismo? Me contestó con una evasiva. Lo entiendo, no podemos cambiar la mentalidad de nuestras abuelas. Pero tampoco podemos pretender que los jóvenes -y menos jóvenes- acepten hoy las lechugas invertidas del pasado.

- ¡Me llamo Claridad y te estoy hablando! ¡Sí, no te asombres!
- ¿Tú? ¿La de los guiños radiantes? Sentí que querías decirme algo, pero… las estrellas no hablan. Debo estar soñando…
- ¡Te equivocas! Hablamos a quien nos quiere oír, a quien ansía la luz, a quien busca. Yo soy la estrella de los buscadores.
- ¡Anda ya coquetuela! ¿Cómo vas a saber si busco y lo que busco?
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo