Blog de Jairo del Agua

Salario máximo - Al hilo de la actual crisis del capitalismo.

25.10.08 | 00:00. Archivado en Empresa
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Dicen que soy un poco brujo. No sólo porque suelo intuir el fondo positivo de las personas sino porque presiento el futuro. ¡Se equivocan! Lo mío no es brujería, es sentido común. Hay cosas que se ven venir.

Ahora resulta que la actual crisis global nace de la "codicia". Y hasta un eminente banquero diagnostica que la causa son los "excesos". ¡Es urgente, dicen, refundar el capitalismo! ¡Hay que limitar prebendas y pernadas de los magníficos! ¡Hay que volver a la realidad y salir de los fuegos fatuos!

Vuelvo a ofrecer esta reflexión -escrita también hace años- por si cae en manos de algún político inteligente y se la apropia. No me importaría. Porque, efectivamente, el capitalismo salvaje y el neoliberalismo a ultranza son por sí mismos "excesos" que la Humanidad no se puede permitir y que necesitan unos límites claros, razonables y éticos. Ahí va mi reflexión de entonces por si arroja luz al futuro.

Ha caído en mis manos la relación de sueldos de los altos ejecutivos de un Banco. ¡Realmente bochornoso! Recurriré a las extintas pesetas para no perderme. Hay sueldos anuales de 1000 millones (83 al mes), 500 millones (42 al mes) y el más modesto de 300 millones (25 al mes). Aparte están las dietas, los consejos, las comisiones, las atenciones, etc. Naturalmente estos sueldos los deciden ellos para ellos sin ruborizarse. Además los publican en un noble ejercicio de virtud… Ellos se lo guisan, ellos se lo comen.

Sin llegar a los alucinógenos sueldos citados, hay asalariados de postín que perciben 25, 50 y más millones al año. Es decir, 14, 28 ó más veces lo que percibe un asalariado mínimo. A los jubilados ni les nombro. La distancia entre unos trabajadores y otros es sencillamente impúdica, deshonesta, escandalosa e inmoral. Uno se pregunta si esos superhombres no comen, no duermen o no tienen un límite de 24 horas. Se argumenta -con razón- que cada uno recoge lo que con su capacidad y esfuerzo ha sembrado. Aunque no siempre, porque hay quienes no hacen sino quemar los oropeles de la cuna. Otros avispados ni capacidad, ni esfuerzo, ni familia, puro fraude.

Es verdad -le decía yo a un encumbrado amigo- que tú te quemabas las cejas estudiando mientras otros mamaban botellón. Es verdad que renunciaste a aquella novieta temprana porque sólo era un juego que te distraía de tus estudios. Es verdad que te privaste de mucho sueño y fatua diversión por cumplir tus objetivos. Realmente te has merecido un buen sueldo, una buena casa, un buen nivel de vida. Pero pregunto: ¿Dónde conseguiste la capacidad? ¿Qué hiciste, por ejemplo, para no nacer ciego o deficiente? ¿Elegiste tú la familia y el ambiente que te ayudaron a triunfar?

¡Hombre ya! -me respondió-. Pero los impuestos redistribuyen la riqueza y yo pago religiosamente mi 45%, una barbaridad. Está muy requetebién -continué- pero, restándole esa barbaridad, tu sueldo neto sigue siendo un 3000% mayor que el de la orilla pobre. Es decir, ganas 30 veces más que un obrero de mínimos. No ganas para vivir bien, ganas para derrochar y aún te sobra. A lo que hay que añadir otra gran diferencia: mientras tú trabajas con comodidad y satisfacción, otros trabajan dejándose la piel, el sudor e incluso la vida. La distancia entre tu real y meritorio esfuerzo pasado y el actual esfuerzo del pobre es excesiva.

Por eso es necesario acortar esa distancia y poner un límite a la ambición de los mejor dotados. Por eso es necesario que la Ley marque un techo, como lo hace para los altos cargos de la Administración. El Presidente del Gobierno, por ejemplo, gana unas 6 veces más que el más humilde funcionario. Mientras que en las empresas existen muchísimos sueldos superiores al del Presidente patrio y a años luz de sus compañeros ínfimos. Es imprescindible fijar un sueldo máximo como se fija un sueldo mínimo. La distancia entrambos no debería ser más de 10 ó 15 veces el sueldo mínimo. Jamás se llegará a una mínima justicia social si no se limita la distancia entre una y otra orilla.

La misión principal de los Sindicatos no debería ser otra que vigilar la equidistancia entre el sueldo máximo y el sueldo mínimo. La tensión de los dirigentes por aumentar sus ingresos arrastraría la subida de todos los demás. Hoy ocurre todo lo contrario: Mientras los dirigentes justifican cínicamente desproporcionadas subidas para sus salarios, reprimen la elevación de los de abajo porque perjudica costes e inflación. Ciertamente hay que controlar costes e inflación, pero el esfuerzo ha de ser compartido e incluso mayor para quienes vuelan muy por encima del imprescindible nivel de supervivencia.

No se trata de dar a todos igual, ni de olvidar el mérito, el esfuerzo, la iniciativa y el liderazgo. Que cada cual cultive sus pocos o muchos talentos y reciba en consecuencia. Pero las diferencias no pueden dejarse al arbitrio de la insaciable voracidad de los mejor situados. Hay que partir del hecho de que todos somos humanos y, por tanto, limitados. No pueden justificarse diferencias cósmicas por la supuesta productividad de los semidioses. Quienes toman o ejecutan decisiones desde el vértice lo hacen subidos sobre el esfuerzo y la sabiduría de una pléyade de subordinados.

Se trata de imponer, por ley, una proporcionalidad racional entre los trabajadores ínfimos y supremos. Todos participamos de la misma frágil humanidad, todos colaboramos en los fines del grupo. Se trata, incluso, de hacer llegar los frutos del trabajo a los que no pueden conseguirlo, a los que están discapacitados, incapacitados o marginados. Confiar esta misión al libérrimo dios Mercado es peor que nombrar al zorro gerente del gallinero. El despiadado Monstruo impone la salvaje ley del más fuerte y condena sin pestañear a la cámara de gas a los ínfimos (pobres de ingenio, figura, fuerza, normalidad o familia). En esa cámara homicida no alcanzan una rápida muerte liberadora sino la lenta tortura del olvido, el desprecio, la marginación y la negación de sus más elementales necesidades humanas.

Si los trabajadores millonarios -sean del sector que sean- imaginaran alguna vez su reencarnación en la piel de sus compañeros mínimos, ellos mismos pedirían a gritos la limitativa “ley de sueldo máximo”. Si realmente fuéramos humanos, gritaríamos la urgencia de acortar la distancia abismal entre los de abajo y los de arriba. Quienes consideran su fortuna consecuencia de su inteligencia deberían “entender” que todos somos “ínfimos y efímeros pero necesarios, obreros de un porvenir sin fin, perdidos en lo innumerable pero únicos, limitados por todas partes, inacabados por naturaleza…” [1]. El que no quiere verlo se encenaga en su propia miseria y algún día se topará con la realidad de su bolsa llena y sus manos vacías.

[1] Marcel Légaut, profesor, escritor humanista y agricultor francés (1900 – 1990).

6 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por yo mismo 29.10.08 | 15:10

    Que mala es la envidia.

    Si alguien tiene un buen sueldo, pues... mejor para él !!!!

  • Comentario por Antonio Javier Roldán 26.10.08 | 21:07

    Quizás haya que reducir los salarios -para igualar- y también renunciar a una parte de nuestras comodidades para que la humanidad tenga un desarrollo sostenible y justo. Otro mundo es posible.

  • Comentario por manuel 26.10.08 | 07:50

    La pregunta del millón sería: ¿Esos millones de personas que cobran 1000 veces menos que esos otros, si tuviesen esos cargos millonarios se lo rebajarían? Pura naturaleza humana.

  • Comentario por Ramón 25.10.08 | 21:25

    Ya lo había leído. Tiene fundamento, está muy justificado. Es una reflexión muy loable, pero utópica. En los ss. XVII y XVIII se cazaba y maniataba a los negros como esclavos; en el XX y XXI, el Capitalismo salvaje, enrocándose en el salario mínimo, y Hacienda, con sus impuestos injustos, cazan, maniatan y manejan a muchos ciudadanos. La "humanidad" no mejora.
    El Capitalismo es genial, muy fecundo. Fundamenta el verdadero progreso económico y social. Fija los activos de la empresa: Capital, Herramientas y Trabajo. Siendo las Herramientas parte del Capital, debería serlo también el Trabajo. El trabajador es parte esencial de la empresa. La única justicia posible es que reciba un salario acorde con su productividad. Pero nadie, trabajando, produce 500 mil euros al mes, pero tampoco solo 500. No es cuestión de cobrar sino de ganar.
    Los incapacitados deben recibir del Estado (fin primordial de los impuetos) lo necesario para la vida digna que no pueden ganarse. Solidaridad soci...

  • Comentario por Terete 25.10.08 | 18:36

    Estupenda tu reflexión, Jairo. Veo que te "mojas" en lo socio-económico. Gracias. Sigue hablando, por favor,no te calles. Ya ves que ahora andan queriendo "refundar" el capitalismo. Pero ¿qué capitalismo? ¿El salvaje? De los mismos que la parieron y la han apurado hasta el paroxismo, ¿se puede esperar un engendro con entrañas? ¿No ha llegado el momento de empujar entre tod@s el nacimiento de una criatura radicalmente nueva?
    Mª Pilar, estupendo también tu comentario, que dice en buen parte lo que querría decir yo. Gracias
    Para ampliar recomiendo la nota "Basta de hipocresía" de Lucía Caram en su blog, hablando de las prisas de los gobiernos para "inyectar" dinero a los bancos: "¿Quién inyectará dinero para paliar la situación de los tres mil trabajadores de Nissan que van a la calle, o los doscientos cuarenta y ocho de Pirelli, o los de SEAT, o los de la empresa que sean?"

  • Comentario por Mª Pilar García Mz. de Aguirre 25.10.08 | 00:37

    ¡¡Formidable!! es mi sueño dorado de mi ya larga vida... y en ella, solo e conocido un pequeño empresario con esos sentimientos... pero... le duró poco; al compartir beneficios con sus trabajadores, el, no "medraba" lo suficiente y se rindió al brillo del oro a costa de lo que sea. Me llena de gozo tu art. y creo que no hay otro camino, pero también sé... que no se realizará jamás. Solo mirar un poco, las atroces necesidades de la mayor parte de nuestro mundo, sabiendo, que sin gran esfuerzo, sería posible una justicia más equiparada para todos... cada vez, los pequeños... están peor, y esos pocos (y no siempre más eficaces e inteligentes) son cada día más poderosos, sin ninguna vergüenza ni rubor. Incluso, se permiten pagar sueldos de miseria, a quienes, como muy bien dices, les levantan sus imperios. ¡¡Cuanto me alegra tu sentir y la valentía de comunicarlo!! ¡¡Gracias!! Un abrazo mª pilar

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