Islamológica

Algunas reflexiones (i). Sobre la simplificación

31.01.15 | 17:15. Archivado en Autor

[Hace unos días un amigo me comentó si seguiría escribiendo en el blog. Inicio pues una serie de reflexiones, no sé con cuánta frecuencia, pues la tinta de mi pluma no es muy húmeda.]

Uno de los elementos que introduce más distorsión en la percepción de todo lo relativo al islam – y de todo lo relativo a cualquier fenómeno religioso y humano – es la excesiva simplificación.

Más allá de una intuición espiritual primigenia expresada en el testimonio de la fe (šahāda), cuya comprensión cabal requiere de una lenta transmutación interior y que en general permea lo islámico, cuando este adjetivo refiere a la religión, y más allá de algunos referentes comunes aceptados por todos los musulmanes, pero abiertos ya a interpretaciones muy diversas, hablar de ‘islam’, ‘islámico’ o ‘musulmán’ requiere hacerlo evitando simplificaciones y generalizaciones pues tratamos de un fenómeno extremadamente complejo y variado – como complejo y variado es todo lo humano –, un fenómeno que se manifiesta y articula en contextos muy diferentes y de maneras muy diversas.

Cuando era joven y daba mis primeros pasos en el estudio de las humanidades, y entre ellas en el estudio un poco libre de diversas tradiciones religiosas, me permitía imaginar las religiones como si se trataran de bolas y compararlas como quien las sitúa en un tapete de billar. “Porque el cristianismo es así y el islam asá; que si el budismo, que si el judaísmo…” Es decir, me permitía tomar fenómenos complejos que atañen a lo más íntimo de miles de millones de personas, que abarcan civilizaciones y cuerpos políticos y sociales tan dispares como cambiantes, que se extienden a lo largo de cientos cuando no miles de años, que incluyen miles de corrientes intelectuales diversas cuando no abiertamente contradictorias y que además pueden ser estudiados desde perspectivas muy variadas, y simplificarlos en dos palabras descontextualizadas: ‘el islam’, ‘el cristianismo’, ‘el judaísmo’. Pecados de juventud. Como cualquier estudioso de las humanidades, hoy sé que no es posible simplificar a vuelapluma siquiera el pensamiento de un autor menor sin traicionarlo. Todo tiene contrapesos y matices. Todo tiene contextos. En cualquier caso, cuanto más consciente se es de la complejidad de un fenómeno, de la irisación de sus matices, más difícil se hace hablar de él, a no ser que uno consiga anestesiar la profunda incomodidad que produce hablar sin rigor siendo consciente de ello. Quizá mis simplificaciones de juventud sean etapas naturales en un proceso de aprendizaje y hoy sea el heredero de aquellos balbuceos. De todas formas, aquellas afirmaciones, lejos de aprehender la realidad, sólo hablaban de mí, de la arrogancia de mi ignorancia. Y es que, cuando no está respaldada por el conocimiento, una afirmación que simplifica la realidad no dice nada de ella. Únicamente introduce ruido. Su único valor estriba en lo que ella dice sobre nosotros al expresar nuestros miedos, prejuicios y anhelos, nuestra arrogancia y nuestra ignorancia.

Cuando hoy leo columnas de opinión, noticias y comentarios con grados de empatía diversos, tanto de musulmanes como de no-musulmanes, en los que se menciona ‘el islam’, ‘lo islámico’ o ‘los musulmanes’, así en general, como quien habla de un concepto unívoco ahistórico y descontextualizado, no puedo por menos que pensar en mis bolas de billar y en la banalidad de mis afirmaciones de juventud. La mayoría de las generalizaciones y simplificaciones que se dicen y escriben en los medios de comunicación sobre ‘los musulmanes’ o ‘el islam’ son sólo ruido. Son simplificaciones que no transmiten conocimiento, pues detrás no hay un conocimiento que las respalde, sino meras impresiones, miedos colectivos que olvidan la irisación de la realidad. No tienen más valor que el de expresar nuestros miedos y nuestros prejuicios, si bien con el inconveniente de que, al aparecer en los medios de comunicación, quedan amplificados. No quiero con ello negar la existencia de graves problemas en el islam contemporáneo ni criticar a los medios de comunicación por el hecho de ser medios de comunicación, pues publican colaboraciones muy valiosas que evitan generalizaciones y que, sin tener que estar necesariamente de acuerdo con ellas, nos enriquecen. Mi crítica se dirige a un modelo basado en columnistas, tertulianos multiuso y redactores no especialistas que, sin dudar de la mejor de sus intenciones ni de su profesionalidad, inevitablemente caen en generalizaciones al carecer de la formación y, quizá lo más importante, de la reflexión necesaria, amplificando con ello el ruido. Al igual que el artista troca su vida en su obra, comprender una pequeña parte de una disciplina en toda su complejidad de manera cabal requiere trocar una vida en la aprehensión de su objeto. No hay atajos. Requiere tiempo, paciencia y dedicación. Tal como reza el proverbio: “No abras los labios si lo que vas a decir no es más bello que el silencio”, pues no hay belleza en la injusticia y no hay justicia en la simplificación y la generalización.

Hoy evito formular afirmaciones generales que atañan a ‘los musulmanes’, ‘el islam’, ‘el cristianismo’, ‘los americanos’ o ‘los neozelandeses’, pues inevitablemente caeré en una simplificación y no haré justicia al objeto del que hable. Poco o nada podré aportar. Cuando leo o escucho frases que empiezan con sujetos generales (si no se trata de una obviedad del tipo ‘los neozelandeses son los ciudadanos de Nueva Zelanda’), inevitablemente mi interés deja de ser lo que se dice, pues no hay auctoritas en la generalización, para pasar a quien lo dice, pues en la ingenuidad de su arrogancia desvela sus miedos.

En definitiva, la generalización, la simplificación nada dicen de su objeto, sino que hablan de nuestros miedos colectivos y de nuestras creencias. Pueden ser interesantes para un psicólogo social, pero dificultan, cuando no impiden, la comprensión de la realidad.


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Comentarios
  • Comentario por Bernardo 06.01.16 | 21:39

    Toda su disertación puede resumirse ( que no simplificarse ) en una palabra: nada.
    Usted no dice nada.
    Podría haber ahorrado el 99 por ciento de su exposición y se le entendería lo mismo.
    Ya sabemos que la simplificación no es atribuible a fenómenos complejos y esto es así en la ciencia. Hay que mamar los conceptos, las reglas, los algoritmos... Pero hablando de religiones - que no son ciencia sino como fenómeno sociológico independiente de cualquier creencia - la cosa cambia. Porque se le huele a distancia y mucho me temo que para comprender al islam hay que tragarse sus preceptos, sus reglas y sus mandatos.
    Por eso su discurso está trasnochado y carece de valor. Islam está asociado a religión, a creencia, a asunción de preceptos, reglas y visiones que carecen de rigor científico y usurpan al individuo su existencia a cambio de algo tras la muerte.
    Vamos. El timo de la estampita de siempre. Se le ve el plumero a distancia.

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