Muchos cristianos se ven perseguidos en las democracias occidentales (no voy a hablar de los que se juegan la vida en las naciones musulmanas) en una lucha que se presenta como la razón frente al oscurantismo, donde colocan los detractores a nuestro credo. Junto a los indiferentes y escépticos, cada vez más numerosos, hay unos militantes ateos que nos persiguen, esgrimiendo el argumento de que ninguna persona inteligente puede ser cristiana, ya que pertenece al club de los estrechos, dogmáticos e intolerantes.
Lo más curioso es que nuestros acusadores han tomado lo peor de nuestra religión medieval con sus inquisiciones y caza de brujas. Han convertido la fe en Dios, en otra creencia que es la confianza absoluta en la ciencia, algo que ya postulaba Condorcet en el siglo XVIII “No hay fronteras para la mejora de la raza humana. La posibilidad de perfección del ser humano es infinita”. Todos ellos creen que anulada la religión, se puede conseguir el reinado del hombre en la tierra.
En los últimos tiempos y desde la obra de Carol Gilligan, In a Different Voice (1982), se ha escrito mucho sobre el cuidado, algo fundamental dentro de la vida humana que abarca todos los gestos hechos por las personas para mejorar o mantener esa vida. Los estudios se han hecho desde la antropología, desde el aspecto socio político y desde la ética. Yo pretendo relacionarlo, muy sucintamente, con el cristianismo.
Uno de los relatos creacionales del Génesis nos dice, que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza para que mandara en su nombre sobre todo lo creado. ¿Qué tipo de mando tenía Dios en mente? No creo que fuera un dominio frío y calculador, como desgraciadamente en ocasiones se llevó a cabo, sino que debe de ser cuidadoso, para no estropear su obra y conducirla a su culminación. Un camino semejante al que nos inspira la palabra cuidado.
El otro día estuve viendo un programa de televisión, que trataba de esos grupos marginales, cuya religión les impulsa a rechazar los progresos que acepta la sociedad. Se trataba de los Amish y de alguna secta menonita. La cámara nos paseaba por pueblos con coches de caballos, gentes vestidas a la usanza del siglo XVIII en algunas partes de Europa, mujeres con cofias o sombreros en la cabeza, calles sin anuncios de neón o tiendas de las multinacionales, habitantes vestidos con gran semejanza y dando sensación de eficientes trabajadores. Esta diferencia, que marcaban sobre el resto de la sociedad en la que vivían, se hacía en nombre de la religión y, en última instancia, sobre Jesús de Nazaret, ya que su credo es cristiano.
A los pocos días de ver el programa, tuve una gran sobremesa con un grupo de amigas y salió el tema a relucir. Yo mostraba mi extrañeza por un tipo de vida tan dispar, y cerrado a las novedades que aporta la técnica, hasta que una compañera me hizo caer en la cuenta, que muchas órdenes religiosas contemplativas, en nuestro país, son iguales. Si dejáramos caer los muros de sus conventos, nos encontraríamos con mujeres ataviadas con raros vestidos antiguos, confeccionados sólo con lana, con cofias y uniformadas, con jofainas para el lavado personal, electricidad reducida… En ambos casos, se trataba de vivir como lo habían hecho los fundadores, de parar en el tiempo sus costumbres
Este artículo reciente de Leonardo Boff y publicado en Koinonía, me ha parecido de interés pues todos en la vida necesitamos de cuidados o hemos sido cuidadores.
“Las primeras y más antiguas cuidadoras han sido nuestras madres y abuelas, que desde el principio de la humanidad han cuidado de su prole. Si no hubiera sido por ellas, ninguno de nosotros estaría aquí para hablar de cuidado.
En este contexto queremos mencionar dos figuras, verdaderos arquetipos del cuidado: el médico suizo Albert Schweitzer (1875-1965) y la enfermera inglesa Florence Nightingale (1820-1910).
Un amigo virtual, conocido en la red gracias a esta página, Manuel Bonet, me manda este artículo sobre la judía Etty Hillesum, que me ha parecido merecía la pena de reproducir. Es un trabajo de síntesis del arzobispo de Westminster y las frases entre paréntesis son de Bonet. Trata de ofrecer un personaje que responda a una fe profunda y convencida y nos expone a esta mujer (para conocerla mejor Etty Hillesum: A Life Transformed, Patrick Woodhouse 2006).
Etty, nació en 1914 y creció en Amsterdam, en el seno de una familia desestructurada, con gran inestabilidad emocional y caótica vida, sexual y social. Pero en los dos años y medio que transcurrieron desde febrero de 1941 hasta su muerte en noviembre del 1943, está mujer alcanzó una profunda fe y libertad interiores. Lo consiguió, al principio, gracias a un proceso de dirección y terapia (bajo el quiropráctico Julius Spier) que le permitió alcanzar un intenso conocimiento de si misma. Pero la gran transformación llegó con el descubrimiento de la práctica de la contemplación, presencia silente ante el profundo misterio de su vida que acabó reconociendo como (“ella”), Dios.
He estado leyendo las comunicaciones de varios teólogos del Tercer Mundo promocionada por EATWOT, que se reunieron en el mes de septiembre del año pasado en Belo Horizonte (Brasil). Se trataba de analizar la situación de las religiones en sus países con especial interés en la católica. Participaron Gilbraz Aragao, Victor Codina, Josef Estreman, Ivone Gebara, Grazio das Neves, Deivit Montealegre, Alejandro Ortiz, Juan Diego Ortiz, Luigi Schiavo, Tina Balasuriya y María Corbi, la mayoría de América Latina.
Las intervenciones fueron diferentes pero se percibía un tono de fondo común: los creyentes se estaban dividiendo en dos campos, aquellos que se habían instalado en las tradiciones del pasado y los que, tras la crisis de su fe, habían optado por un paradigma pos institución. Desgraciadamente éstos últimos crecían continuamente, un aumento en paralelo con el avance de sus estudios y el abandono de la fe infantil, superando con creces a los otros. Este análisis de la religiosidad de estos países emergentes, me pareció muy semejante a la trayectoria que han sufrido las naciones occidentales de Europa.
Con respecto a nuestra Iglesia, algunos consideraron que su discurso jerárquico, dualista y con pretensiones universales, no invitaba a la autonomía del sujeto, razón por lo que era rechazada. Todas las teologías protegen el poder “Tú eres Pedro” pero olvidan que puede ser corrupto “apártate de mí, Satanás” Para otros, el desafío está en no ofrecer lo divino mediado a través de la jerarquía, sino tratar de que los individuos se relacionen directamente con Dios pues es más importante que los hombres aumenten su espiritualidad, que convencerles de la bondad o dogmas de nuestro credo. En cuanto a éstos, la revelación se tendrá que comprender como un espíritu no ligado a la letra, de aquí que el nuevo paradigma que emerge, hereda una tradición a la que no tiene que quedar sumiso.
Como conclusión conjunta ofrecen la idea de que las religiones son construcciones históricas, contingentes y cambiantes que no hay que confundir con la espiritualidad. Su origen está en nuestro mundo, aunque se haya colocado en manos de Dios y al ser construidas por nosotros, tenemos el derecho a cambiarlas, a dar nuestra propia interpretación para que no dificulten la espiritualidad de nuestros contemporáneos. La humanidad vivió sin religiones la mayor parte de su existencia y no fue una catástrofe.
Estamos viviendo un tsunami religioso con abandono de gente y pérdida de credibilidad en muchas religiones. Algunas jerarquías, prefieren defenderse numantínamente con la mejor intención, pero hunden a sus propias instituciones al impedir su evolución. Es el fin de un mundo, el de determinadas religiones agrario - neolíticas y tenemos que volver a reinventarnos. Ayudemos a lo que tiene que morir, sin pena, para que pueda nacer lo nuevo que facilite a que la gente pueda vivir su espiritualidad en profundidad. Lo difícil es encontrar donde está esa novedad necesaria para parar la sangría y que los hombres encuentren a Dios.
Las últimas palabras de este colectivo, preocupado por la deriva que ven en sus pueblos, son una petición de ayuda para un futuro trabajo colectivo sobre “Propuestas prácticas sobre las que trabajar”. Yo no estoy en condiciones de valorar su análisis, pero algunas de sus conclusiones me han dado que pensar. Es una realidad que muchos católicos están abandonando los templos y buscan, en otros lugares, calmar su sed de Dios lo que me hace preguntarme ¿En nuestra Iglesia, damos más importancia a las creencias y a los ritos, que a fomentar la espiritualidad de nuestros fieles? ¿Estaríamos dispuestos a renunciar a parte de nuestra tradición, si viéramos que era un impedimento para el crecimiento de la espiritualidad? ¿No habría que crear muchos más ministerios para la atención de los católicos que, en muchos lugares, están como rebaño sin pastor?
A quién le interese profundizar en el tema puede entrar en esta página http:internationaltheologicalcomission.org/Voices que ofrece todas las intervenciones.
Una vez más hemos visto horrorizadas "la evaluación doctrinal" o llamada de atención o castigo dirigido por la Congregación de la Doctrina de la Fe a quien, según ella, sale fuera de la observancia de la correcta doctrina católica. Solo que en esta ocasión el dedo acusador no señala solo a una sola persona, sino a una institución que agrupa y representa a más de 55.000 religiosas de Estados Unidos. Se trata de la Conferencia Nacional de las Religiosas, conocida por su sigla LRWC – Conferencia de Liderazgo Religioso Femenino. Estas religiosas a lo largo de su historia desarrollaron y aún desarrollan una amplia misión educativa por la dignidad de muchas personas y grupos, dentro y fuera de los Estados Unidos.
La mayoría de estas mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones nacionales e internacionales, además de su formación humanista cristiana, son intelectuales y profesionales en diferentes campos del conocimiento. Son escritoras, filósofas, biólogas, teólogas y sociólogas, abogadas; tienen un amplio curriculum y competencia reconocida nacional e internacionalmente. También son educadoras, catequistas y promueven la práctica de los derechos humanos.
La congregación para la doctrina de la Fe, ha ordenado a la mayor organización de religiosas norteamericanas LCWR que modifique sus estatutos, programas y afiliaciones para que sean acordes con las enseñanzas y disciplina de la Iglesia. Incluso para dirigir el cambio ha nombrado a un obispo de Seattle, Peter Sartain, por un periodo de 5 años.
Dentro de las cosas más importantes que Levada pretende cambiar están: el contenido de las conferencias anuales a la asamblea, la disidencia a nivel de congregación sobre las enseñanzas sexuales de la Iglesia y temas de agenda feminista. Por lo visto, a Levada le habían llegado cartas de superioras de algunas órdenes, pidiendo un cambio sobre la ordenación de las mujeres y el trato a los homosexuales “que las colocaba fuera del pensamiento eclesial y las convertía en mal ejemplo para sus comunidades”. También les echa en cara, que no hicieran eco de la carta apostólica de Juan Pablo II, Ordinatio Sacerdotalis, que prohibía la ordenación femenina.
Anda el patio muy revuelto con la historia de los homosexuales. Unas personas están de acuerdo con las palabras de monseñor Reig en la retransmisión de la misa del Viernes Santo, otras desde Barcelona se muestran contrarias y la televisión, se plantea si pedir explicaciones a la conferencia episcopal. No juzgo al obispo de Alcalá porque lo que dijo en la homilía es lo que piensan muchos católicos viejos, es lo que nos enseñaron de niños pero la ciencia ha avanzado y los tiempos han cambiado, obligando a modificar un discurso que ha quedado obsoleto.
Me ha interesado leer un caso semejante (en el National Catholic Reporter) ocurrido recientemente en Austria. En una parroquia pequeña, Florian Stangl, de 26 años de edad, fue elegido por gran mayoría para formar parte del consejo parroquial, pero no pudo acceder al cargo porque el párroco Gerhard Swierkek, sacó del cajón el derecho canónico y le pidió que renunciara. ¿El motivo? Que convive con una pareja masculina estable.
Estoy pasando la Semana Santa en un pueblo andaluz y por la mañana me despiertan los tambores, son los chicos de un pueblo que ensayan con entusiasmo su contribución a las procesiones. La mañana es fría y llueve, una lluvia que cae como jarro de agua fría sobre los corazones de los cofrades, que miran al cielo con temor ¿Podrán sacar los pasos a la calle? Han estado todo el año preparando el manto de la Virgen, restaurando lo dañado el año anterior, arreglando las flores y las velas, determinando el turno de los costaleros, cosiendo túnicas y capirotes… ¿Habrá sido en vano, tanto trabajo? A pesar de los negros presagios del hombre del tiempo, no se tomará la decisión final hasta que llegue la hora.
Año tras año, me impresiona la fe de este pueblo, una fe distinta y para muchos incomprensible, pero que conecta a sus fieles con Dios. Sin discusión, la primacía de la devoción se la lleva la Dolorosa, una imagen de mujer joven y bella, que sigue el paso de su hijo crucificado, sin que las imágenes respeten la diferencia de años, entre ambos. El único dolor que se ve en la cara de la madre, es un brillante bajo los ojos, que hace las veces de lágrima. Y sin embargo, a pesar de los anacronismos, el espectáculo es bellísimo e invita a levantar los ojos al cielo.
Muy conocido en España por su paso por la nunciatura, Monteiro de Barros ha sido recientemente nombrado cardenal por Benedicto XVI. Por lo visto, según un artículo de Ana Vicente publicado en Portugal, el día antes de formar parte del colegio cardenalicio, Monteiro hizo unas declaraciones a dos periódicos portugueses, Ao Correio da Manha y al Jornal de Notícias, en las que hablaba sobre su manera de ver a las mujeres y a la familia.
Cree monseñor que los estados deben dar más apoyo a las familias para “que las mujeres se puedan quedar en casa, o si trabajaran fuera, lo hicieran en horario reducido, de forma que se puedan aplicar a su función esencial, que es el cuidado de los hijos. Un país depende mucho de las madres pues quienes forman bien a los hijos son las madres, no hay mejor educadora que una madre”. Más adelante de su intervención afirmó que si la mujer “tiene que trabajar por la mañana o por la noche cuando su marido llega a casa, y quiere hablar con ella, no tiene con quién hablar.”.
Revolviendo papeles encontré un artículo de Javier Gomá, que publicó la Tercera de ABC en la Navidad del 2010. Lo había guardado porque me gustó y ahora su encuentro me ha dado la posibilidad de volver a disfrutar con sus líneas. Pienso que como a alguno de los lectores de este blog se le habrá pasado leerlo merecía la pena copiarlo en una nueva entrada
“HAY un momento en la vida —más o menos, al entrar en la treintena— en el que uno empieza a preguntarse qué tipo de persona es y prueba a verse a sí mismo como lo ven los demás. De niño, unos pocos individuos protectores llenaban su universo, en el que él ocupaba el centro absoluto; ahora descubre que el mundo lo pueblan seis mil millones y que él sólo es uno más en una muchedumbre innumerable. Y por primera vez desea contemplar las cosas con objetividad, incluida su propia posición relativa en el conjunto, y enjuiciar autónomamente las ideas que ha recibido por educación y por cultura. Y eso también afecta a la visión religiosa que le han transmitido. Poco a poco, deberes profesionales, familiares y ciudadanos de urgente cumplimiento van difuminando la religiosidad que adquirió en el colegio o en casa. Mientras su experiencia de la vida y sus conocimientos del mundo han crecido y madurado con la edad, su idea de Dios ha quedado detenida en la infancia sin progresar en paralelo y, al contrastarla con la realidad que conoce, le resulta obligado, en conciencia, retirarle su íntimo asentimiento. Mira a su alrededor y comprueba que, en la cultura contemporánea, la existencia de Dios ha dejado de ser evidente y que los más prestigiosos nombres de la filosofía, la literatura, la ciencia y el arte no son hoy cristianos. Y en cuanto a la naturaleza, las miserias de la vida y la abundancia de sufrimiento irracional le convencen, con Hume, de esta «grande y melancólica verdad»: el mundo está mal hecho. ¿Quién lo imaginaría así si, antes de entrar en él, le dijeran que lo ha confeccionado una voluntad omnipotente y bondadosa? Una inteligencia mediana podría mejorarlo.
Miércoles, 30 de mayo
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo