Invidente pero visible

Cuidemos las palabras

06.11.11 | 23:42. Archivado en Autor

Es indudable que todo evoluciona muy rápidamente y cómo no, también las palabras. Yo que ahora estoy escribiendo estas líneas con un ordenador adaptado, me encanta me llamen “ciego”, ¿pero…, porqué todo el mundo prefiere llamarnos invidentes, término más petulante en vez de la clásica “ciego”?.

Los dos términos son sinónimos pero parece que ciego hace más daño y con invidente es más delicado el tratamiento. Si aceptamos el argumento anterior, ¿porqué no llamar a los sordos, “inoyentes”?.

Con estas palabras nuevas, acuñadas por cualquiera, pueden pasar situaciones grotescas como una vez en la que iba montado en un taxi y el conductor me preguntó:
- ¡perdone!, ¿le podría hacer una pregunta indiscreta?
Temiéndome lo peor accedí a dicha interpelación y el taxista lanzó:
- ¿usted es “televidente”?
Aluciné a colores y le respondí:
-bueno, también me gusta mucho la radio.

La evolución etimológica es enorme. Hace muchos años éramos todos “inválidos” o también se empleaba el vocablo “subnormal” que desgraciadamente todavía se sigue usando. Con el paso del tiempo derivó a otro término muy utilizado incluso todavía que es el de “minusválido” acuñado y promovido oficialmente por la O.M.S. aunque parezca mentira. Y entonces pregunto yo…:
¿Menos válido…, ¿en relación a quien?, ¿de qué?

Las personas con discapacidad, que es como debería de llamársenos, porque sólo con discapacitado también parece que falta algo, tenemos además otra serie de capacidades que parece que en muchos casos son tapadas por la propia discapacidad. No es un juego de palabras pero eso sí, hay cuestiones indudables como por ejemplo la lentitud en realizar las cosas y por eso reivindico que se nos podía denominar como “minusrápidus”.

Ante todo hay que potenciar la palabra persona por encima de otros términos porque somos individuos con necesidades especiales y que nos hace diferentes la discapacidad. En las más severas, cuando la persona se encuentra por ejemplo en silla de ruedas, tiene complicaciones en el lenguaje oral o debe de apoyarse en sistemas de lecto escritura como el de signos o el dactilológico de los sordociegos, la discapacidad tapa a la persona, o mejor dicho, la sociedad tapa con la discapacidad a la persona y nos sentimos desamparados porque se ve más al ciego, sordo, cojo que a Mariano, Miguel o a Beatriz.

Lo último que se ha puesto de moda es llamarnos: “personas con diversidad funcional” que afortunadamente como veis, conserva como decía anteriormente la palabra “persona” pero eso de… “funcional” me suena como las funciones de los ordenadores que si pulsas f9 te baja el correo electrónico, f 3 el buscador y así muchos más como si fuéramos comandos de una computadora de la población que selecciona: f1 los ciegos, f2 los autistas, etc.

Pero como quiero ser positivo, hasta tengo una propuesta más razonable: ¿por qué no llamarnos por ejemplo: “personas con capacidades diversas” y así, potenciamos las capacidades que toda persona posee y no las discapacidades para avanzar también en el ámbito lingüístico en positivo…?

En definitiva, a nosotros no nos importa que nos llamen como lo que somos, mudos, mancos o ciegos como es mi caso, que es una palabra preciosa, e inclusive si se combina con invidente tampoco pasa nada pero no tengáis miedo a expresaros con naturalidad porque esa es la clave y sino estáis dispuestos…, entonces como castigo, yo os llamaré “bidentes”, y no porque veáis mejor que yo, ya que os habréis fijado que he cambiado la v por la b, y no es una falta ortográfica,, es al no cuidar las palabras que pueden decir de vosotros que tenéis sólo dos dientes.


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