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Criminales, víctimas y verdugos

09.11.11 | 13:23. Archivado en Sobre el autor y la publicación

portada«¿Se puede conocer un período histórico a través de los crímenes que lo conmocionaron? Hay una historia oficial, formada de fechas solemnes y nombres destacados, grandes decisiones políticas y trascendentales cambios económicos. Pero también hay una intrahistoria que palpita en la trastienda social, en la forma como se gestionan la ley y el orden, en las biografías de los individuos que deciden o se ven abocados a la criminalidad, en la vida de sus víctimas, en la manera en que el poder protege a estos y persigue y castiga a aquellos, y en el modo en que la sociedad percibe y juzga a unos y otros más allá o más acá de los tribunales. La criminalidad en una época determinada parece el espejo invertido de la sociedad de ese tiempo». Así se inicia este libro.

Criminales, víctimas y verdugos
La crónica negra de la España de Franco (1939-1975)
PENÍNSULA, 2011 | COLECCIÓN ATALAYA | PVP: 22,00 € CON IVA | ISBN: 978-84-9942-107-0 | PÁGINAS: 368. RÚSTICA CON SOLAPAS | 15 X 23 CMS. | EN LIBRERÍAS 15 de septiembre.

SOBRE EL AUTOR

José Catalán Deus (Madrid 1949), periodista y escritor, tiene una larga trayectoria profesional como reportero, comentarista y director de publicaciones. En la última década ha sido corresponsal en Londres y Roma. Actualmente, publica Infordeus y es analista en diversos medios de comunicación. Autor de la novela 'Marzo del aquel año' y del poemario 'Testimonium. De trascender milenios'. Entre sus obras de ensayo figuran 'La cuarta guerra mundial: terrorismo, religión y petróleo en los inicios del tercer milenio', 'El Príncipe del Renacimiento: vida y leyenda de César Borgia' y Después de Ratzinger ¿qué?'(Península, 2009).

DEL PRÓLOGO DEL LIBRO

Nuestro propósito es rememorar un largo período de la historia reciente sirviéndonos de una decena de casos criminales cuyo recuerdo conlleva el de la época en que sucedieron. A través de criminales y víctimas surge la sociedad de aquella época, las formas de vida, los anhelos y preocupaciones de un período que siendo tan cercano parece haberse hundido en la noche de los tiempos. Y en la respuesta de las autoridades, en el como fueron perseguidos, juzgados y sentenciados aquellos graves delitos, surge la esencia de aquel Régimen, sus mecanismos de poder y sus objetivos de control.

La dictadura franquista ocupó un largo período del siglo XX y atravesó diversas fases que se reflejan en esta crónica negra. En la represión del crimen compartió los mecanismos que Occidente aplicaba en aquella época, la dureza de las legislaciones y un abuso de la pena de muerte que hoy parece inconcebible. La no existencia de un Estado de Derecho permitió abusos inauditos por parte de policías y jueces. Pero, no obstante, a la hora de juzgar debemos tener en cuenta el tiempo transcurrido, los enormes cambios sociales y psicológicos que nos separan de aquella época.

Hemos pasado en medio siglo del moralismo a la permisividad. De la rigidez al libertinaje. De más de un centenar de ejecuciones por sentencia de muerte en delitos comunes durante el franquismo, a la supresión de la pena de muerte al comienzo de la Transición. De una sociedad que se horrorizaba por un simple apuñalamiento, a crímenes múltiples y a menudo espeluznantes todos los días. Es lógica la actitud nostálgica que experimentan unos, es comprensible el rechazo que este pasado produce a otros.

Paragonando la célebre frase bíblica, 'Por sus obras los conocereis', podemos decir que por sus crímenes puede conocerse una época y un país en un momento dado. Se tiende a hablar erronéamente del franquismo como si fuera una etapa homogénea de la historia de España, idéntico de principio a fin, sin tener en cuenta que su larga duración, 36 años, apenas tiene parangón en la reciente historia occidental, y que por tanto debió pasar ineludiblemente por diferentes períodos desde sus inicios tras una guerra civil a su conversión/disolución final en una monarquía parlamentaria.

A la postguerra estricta, 1939-1946, siguió la etapa puente de la afirmación (1946-1953), a la que continuó la de la consolidación (1953-1960) con la admisión en la ONU, los acuerdos con EEUU rubricados en la vista del presidente Dwight D. Eisenhower, y el saneamiento económico de la Estabilización. Luego llegaría la dácada feliz de los Sesenta con la espita de la emigración, el milagro del turismo, el surgimiento de las clases medias, los planes de desarrollo y el nombramiento del príncipe Juan Carlos como sucesor a la Corona de España. Finalmente, entre 1969 y 1975 sería la etapa final del tardofranquismo en la que la ofensiva de la oposición hizo fracasar los intentos continuistas y potenció un enrrocamiento del Régimen que terminaría de manera espantosa con los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975, un doloroso suicidio del continuismo franquista que parió el pacto entre los evolucionistas del Régimen y los reformistas de la oposición, para alumbrar una larga e inconclusa transición a la democracia que ha dado lugar a la actual monarquía parlamentaria en forma constitucional de Estado Social y Democrático de Derecho.

Cada etapa tuvo sus crímenes representativos, y el análisis de aquellos sucesos que conmovieron a la gente entonces, refleja los cambios, las tendencias y las tensiones de la sociedad de la época.

LOS AÑOS CUARENTA

En 1939, España era un país arruinado. Diezmada demográficamente, el hambre y la extrema necesidad eran la realidad cotidiana de una gran parte de la población. El final de la segunda guerra mundial en 1945 supuso la condena internacional del régimen de Franco como aliado del Eje derrotado y su aislamiento casi completo. No le cupo más solución que agarrarse a la autarquía, una política económica basada en la búsqueda de la autosuficiencia económica y un completo control estatal. El intervencionismo del Estado se extendió por gran parte de la economía nacional. El Estado fijó los precios agrícolas y obligó a los campesinos a entregar los excedentes de sus cosechas. Se creó el Instituto Nacional de Industria (INI) en 1941 para impulsar la exangüe industria española y se estableció un rígido control del comercio exterior.

Los años de la posguerra marcaron una tremenda regresión en el terreno económico. El hundimiento de la producción agrícola e industrial fue acompañado de una vuelta atrás histórica: el sector primario volvió a superar el 50 por ciento de la renta nacional. En un contexto de escasez e intervención estatal, el mercado negro, el estraperlo, y las corruptelas y sobornos para obtener licencias de importación y exportación, suministros al Estado, etc., se apoderaron de la economía del país.

Los dirigentes republicanos huidos del país en 1939 mantuvieron un gobierno de la República en el exilio tratando de mantener la legalidad surgida de la Constitución de 1931. Sus esperanzas estaban depositadas en que la derrota de Hitler supondría la intervención de las tropas aliadas y el fin de la dictadura de Franco. Según las tropas franquistas fueron ocupando las diferentes regiones del país pequeños núcleos de combatientes republicanos, huyendo de la represión, se "echaron al monte" formando grupos de guerrilleros, los maquis. Las acciones guerrilleras se intensificaron tras la derrota nazi en 1945. Los maquis trataban de colaborar con la anhelada intervención de los aliados en España. La dura represión y el final de las esperanzas de una intervención exterior llevaron a que en 1948 el PCE renunciara a la lucha armada y llamará a los guerrilleros a huir del país.

La represión de la guerra y la posguerra desmanteló los cuadros políticos y sindicales de la izquierda. Las primeras huelgas en 1946-1947 fueron duramente reprimidas y la oposición continuó silenciada. De esta primera etapa de posguerra no ha quedado testimonio siquiera de sucesos luctuosos que conmocionaran aquella sociedad, por cuanto pasaron desapercibidos en medio de conmociones telúricas como la represión masiva de los vencidos, el hambre y la miseria generalizada, y los intentos desesperados de derribar al Régimen mediante guerrillas semi espontáneas y hasta una invasión en toda regla por los Pirineos que terminaría aplastada en el valle de Arán en 1946.

Cuando queda claro que los vencidos son mucho más débiles que los vencedores y que el nuevo estatus quo surgido de la segunda guerra mundial cuenta con el régimen de Franco, se afianza una sociedad que comienza a recuperarse. El crimen de Carmen Broto nos da testimonio del resurgimiento de las clases altas, del medrar de nuevas fortunas por medio del estraperlo imprescindible en una sociedad autárquica, de una eclosión del placer y del lujo entre los beneficiados de la guerra.

LOS AÑOS CINCUENTA

Desde los inicios de la década se produce un giro en la política económica. Se aplica una liberalización parcial de precios y del comercio y la circulación de mercancías. En 1952 se puso fin al racionamiento de alimentos. Estas medidas trajeron una cierta expansión económica. Finalmente, en 1954 se superó la renta por habitante de 1935. Se habían necesitado dos décadas para superar los efectos de la guerra civil.

El caso de El Monchito, refleja una normalidad creciente en la que son enormes las mayorías excluidas, y el triángulo sangriento de Tardáguila en ese mismo año es reflejo de la pervivencia de una España rural oscura y atávica.

La guerra fría y el consiguiente cambio en la política internacional norteamericana propiciaron que desde 1951 comenzara a llegar ayuda económica norteamericana. Aunque inferior a la recibida por los países beneficiarios del Plan Marshall, esta ayuda permitió importaciones de bienes de equipo imprescindibles para el desarrollo industrial.

El incipiente desarrollo trajo, sin embargo, una fuerte inflación que propició un fuerte malestar social. Ese mismo año de 1951, el boicot a los tranvías de Barcelona por la subida de tarifas constituyó la primera protesta de masas en la historia del franquismo. La necesidad de reformas estructurales en la economía era evidente.

Al mismo tiempo las esperanzas de los derrotados en la guerra civil y de los exiliados vinieron a su fin cuando España ingresó en la ONU en 1955.

En la universidad, las tensiones fueron creciendo en demanda de más libertad en las cátedras y en las aulas. El malestar universitario culminó en los incidentes de la Universidad Complutense de Madrid en 1956 con enfrentamientos entre los estudiantes y los falangistas del SEU. Estos incidentes, que provocaron la dimisión del ministro de Educación Ruiz-Giménez, mostraron la aparición de una nueva generación, formada esencialmente por los hijos de los vencedores, que iniciaba su oposición a la dictadura.

El país está cambiando y ya hay delincuentes que se atreven a realizar atracos, especialmente en establecimientos poco protegidos como estancos y farmacias, y jóvenes emprendedores que piensan hacerse ricos jugando a las quinielas. La emigración masiva a las ciudades crea una nueva clase social, la de 'Las que tienen que servir', y en la que alguna criada ensayará el atajo del envenenamiento para suplantar a su señora. El puritanismo asfixiante de día permite una pujante vida nocturna, en cuyos pudrideros nace la figura de Jarabo, paradigma de la innmoralidad, de la maldad sin límites, de la frialdad sin arrepentimiento.

Franco, tras veinte años de políticas económicas nocivas, ha permitido la entrada en el gobierno en 1957 de un grupo de tecnócratas del Opus Dei. Estos nuevos ministros diseñan el giro definitivo en la política económica: el Plan de Estabilización de 1959, elaborado siguiendo las indicaciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

LOS AÑOS SESENTA

Se trataba ante todo de liberalizar la economía, acabando con el período autárquico e intervencionista. Se recortó el gasto público y disminuyó el intervencionismo del Estado, a la vez que se abría la economía al exterior, devaluando la peseta y liberalizando las inversiones extranjeras. Las consecuencias se apreciaron en poco tiempo. A partir de 1961, tras reducirse el déficit del Estado y recibir abundantes inversiones del exterior, España inició un acelerado crecimiento económico.

La apertura económica provoca un verdadero aluvión de inversiones extranjeras atraídas por los bajos salarios. El desarrollo industrial desencadenó una intensa emigración de mano de obra campesina hacia las ciudades y hacia Europa. A la vez que la agricultura se modernizaba, amplias zonas del interior quedaban abandonadas. En el terreno comercial, España alcanzó un superávit en su balanza de pagos. El tradicional déficit de la balanza comercial se vio compensado por los ingresos procedentes del espectacular desarrollo del turismo, las inversiones extranjeras y las remesas enviadas por los emigrantes en Europa.

El período 1961-1973 estuvo marcado por un gran desarrollo económico, inserto en un marco general de expansión europea y mundial. Ese contexto exterior favorable permitió abundantes inversiones extranjeras, una masiva llegada de turistas y la eliminación del paro mediante la emigración a Europa. Para tratar de encauzar el crecimiento económico, el gobierno aprobó a partir de 1963 varios Planes de Desarrollo. Basados en los incentivos fiscales y en las ayudas estatales, tuvieron un resultado evidente, aunque inferior al previsto, con previsibles fallos en una planificación dirigista, y creciente desequilibrio interregional.

En lo referente a la opisición antifranquista, mientras que el PSOE se convirtió en un partido casi virtual y dividido entre sus dirigentes del exilio y del interior, el PCE pasó a constituirse en el principal de la oposición con una fuerte estructura clandestina. Por su parte, los anarquistas, así como los republicanos, prácticamente desaparecieron. Lo más destacable es el nacimiento en 1962 de las Comisiones Obreras, propiciadas por el Partido Comunista, y basadas en el aprovechamiento de las fisuras legales que permitía la legislación franquista y en la infiltración en la Organización Sindical. Los sindicatos históricos, la UGT y la CNT, apenas tuvieron presencia durante la dictadura.

La década de los sesenta eleva el nivel de vida de la población de forma ostensible, pero subsisten bolsas de marginación que en el terreno colectivo darán lugar a la sublevación de los quinquis y en el plano individual crearán la figura del inadaptado por excelencia, el Arropiero.

LOS AÑOS SETENTA

Cuando llegan los años setenta, el Régimen está agotado, irrumpe una modernidad difícil de integrar en un sistema paternalista, un capitalismo a caballo entre estructuras viciadas y nuevos mecanismos de corrupción y lucro que estallan en 'matesas' variados y nos dejan como recuerdo la misteriosa muerte del presdiente del club de fútbol de Málaga, paradigma de empresario de aquella época en la que irrumpe el poder máximo de la industria de la construcción que aún sigue dominando España.

Se está produciendo un acelerado cambio social. Más de un millón de españoles se han desplazado a Francia, Alemania, Suiza, Bélgica y otros países europeos, y van a iniciar el retorno. La emigración trajo consecuencias positivas como la reducción del paro o el ingreso de las abundantes remesas enviadas por los emigrantes. Al mismo tiempo, hubo un fuerte incremento de la población. A la vez que se reducía la tasa de mortalidad, la tasa de natalidad se mantuvo en valores muy altos e incluso aumentó. Pero el gobierno no aumentó el gasto público lo que llevó a que los servicios públicos fueran claramente insuficientes. El crecimiento demográfico provocó un enorme déficit en vivienda que trató de resolverse mediante grandes operaciones inmobiliarias en las ciudades españolas. Estos nuevos barrios nacieron a menudo sin equipamientos sociales y urbanos básicos.

Pese a sus limitaciones, el desarrollo económico propició la aparición de la sociedad de consumo en España. Dos tercios de los hogares tenían televisión en 1969, y un cuarto de las familias españolas poseían un automóvil . Pero esta nueva sociedad, caracterizada por el acceso a más información y por una mayor movilidad, trajo, especialmente entre los jóvenes, una nueva mentalidad que chocaba con el tradicionalismo del Régimen. Aparecen nuevas pautas de relación entre los sexos, y foráneos gustos, costumbres e indumentarias que atentan directamente al conservadurismo reinante.

Los cambios sociales y la proximidad de la muerte del dictador facilitaron la extensión de las actividades de oposición a la dictadura. El Vaticano II favoreció la extensión del antifranquismo entre fieles y clero. Los movimientos de protesta de trabajadores, estudiantes y profesionales, el renacer nacionalista en Cataluña, la irrupción de ETA, y diversos brotes revolucionarios confluyeron en el período final del franquismo. A lo largo de 1975 se producen diversos ataques mortales contra las fuerzas del orden y el 27 de septiembre son fusilados tres militantes del FRAP y dos de ETA.

Para simbolizar la agonía del Régimen en aquel verano de 1975, nada más paradigmático que la tragedia de Los Galindos, donde el atavismo rural se funde con las películas de Hollywood, un desafío al orden en forma de crimen quíntuple que al Régimen moribundo ya no interesa y que la trastabilleante democracia que lo sucede dando muestra clara de su impotencia congénita nunca acertará a resolver.

Sin poder derrumbar al régimen franquista, los movimientos de oposición consiguen crear una amplia red social de contestación a la dictadura que aflorará tras la muerte de Franco y que será clave para la transición a la democracia.

CRÓNICA NEGRA

En fin, la crónica negra del franquismo es el envés de una época, el reflejo trágico y a veces tragicómico de un período de la historia que hemos arrinconado en la memoria pero que merece la pena recordar. Los crímenes de la época ofrecen un escenario de tenebrismo social, de esperpento ciudadano, la posibilidad de evocar una época de forma tangencial, elusiva, metafórica, y por tanto más capaz de captar la esencia de la misma que los ejercicios racionales siempre lastrados por prejuicios y creencias.

La crónica de sucesos ha reflejado siempre la parte oculta de la vida social, el envés oscuro de una convivencia siempre difícil. Comenzó de forma vergonzante, casi escondida en el interior de los periódicos, y ha llegado hoy a ser un componente esencial de las noticias, a medida que el espectáculo sustituía al análisis, lo superficial eclipsaba las razones profundas, y el sensacionalismo se convertía en el gancho para atraer a unos consumidores siempre apresurados. Puede decirse que a fuerza de repetirse y generalizarse, las conductas antisociales pronto dejarán de ser noticia.

Mientras tal cosa ocurre, sirva la crónica negra del franquismo para enriquecer nuestra memoria y conocimiento de aquella época.


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