La desinformación por saturación es la táctica más usada en los momentos actuales para imponer determinada opinión en las mentes de ese magma ignorante llamado opinión pública. Diversos filósofos y especialistas, como Paul Virilio, lo han denunciado desde hace tres décadas. Todo el mundo es consciente de que la abundancia actual de información en cantidad se corresponde con su menor calidad y fiabilidad.
“La información y la desinformación se entremezclan. No es posible separarlas: la desinformación se convierte en una información como otra cualquiera, cosa que hay que tener muy en cuenta. Hay tres maneras de desinformar: el silencio absoluto, muy difícilmente practicable hoy día, la falsa información, y finalmente, la saturación, que tiene mucho mas porvenir. Se dicen demasiadas cosas, se asfixia al adversario con imágenes, con hechos, con cifras” (Paul Virilio, autor de ‘L’inertie polaire’, en ‘Actuel’ de marzo, 1992).
Lo peor hoy de los medios de comunicación es que crean una desinformación mayor que en el pasado sobre las bases de una saturación unilateral y una tergiversación semántica machacona, de tal modo que la gente se cree informada y sólo está intoxicada.
Hemos puesto en práctica los tres atributos de los divino: la ubicuidad, la instantaneidad y la inmediatez, opina Virilio. Se debilita la idea de ser, de significar, y se incrementa la sensación de transitoriedad y la disolución de toda certeza.
Miércoles, 30 de mayo
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo