La crisis europea, como el resto de las crisis que nos aquejan, son crisis sistémicas, son síntomas del cambio de era y de paradigma que los visionarios esperaban para el año dos mil y sólo se ha retrasado una década. La Unión Europea agoniza de sobredosis geográfica y anemia competencial. El euro no ha podido solventar las enormes diferencias internas. Se mantendrán las apariencias, pero una Europa Unida queda aplazada por las diferencias irresolubles entre el norte y el sur, entre el este y el oeste, entre las grandes naciones, entre las grandes y las pequeñas, y entre las pequeñas entre sí.
Miércoles, 30 de mayo
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo